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Boletín Cultural y Bibliográfico , Número
29, Volumen XXIX, 1992
DE YOKOHAMA A BUENA VENTURA
Isabel Yae de Nikaido era
una joven señora de veintidós años cuando llegó a Colombia
8
. Al decidir su viaje era
improbable que supiera de la proclamación de Jinunun, más de dos mil años atrás:
"Construiremos nuestros hogares por todo el mundo y el orbe será nuestra
residencia"
9
. Pero sí recordaba la perorata
de su profesor en la escuela de la aldea:
[...] ustedes no saben
nada, como los micos de la montaña. El Japón es un país muy estrecho, así que salgan a
trabajar al extranjero, si se les presenta la oportunidad
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Así, incómodos por la
estrechura del país y después de "pelear con los vecinos por diferencias de centímetros de tierra"
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hombres y mujeres como la señora de Nikaido se regaron por distintas partes
del mundo. En 1897 se produjo la primera inmigración a Latinoamérica, al arribar a la
región mexicana de Chiapas
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Bahìa y Puerto de Buenaventura (Tomado de: Le Tour du Monde, ParIs, 1877).
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un grupo
de japoneses provenientes de Hawai. En 1899 llegó al Perú la primera oleada de los miles
de japoneses que posteriormente escogerían este país como segunda patria. Y el 18 de
junio de 1908 llegaron al Brasil, a bordo del vapor Kasatu Maru, los primeros cinco
colonos de lo que sería la más masiva de las corrientes migratorias a Suramérica durante el presente siglo
12
. Así que los que decidieron viajar a
Colombia en 1929 hablan recibido la influencia de los otros navegantes: "como
escuchaba con mucha frecuencia los planes de viaje al Brasil a los amigos de mi hermano
mayor, yo también de alguna manera anhelaba salir al exterior
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Yokohama fue el punto de
partida. Para los campesinos de Kyushu el gran puerto fue toda un experiencia. Se alojaron
en posadas ellos recuerdan incluso el nombre de esos hospedajes
14
,
y a la espera del comienzo de
la travesía, en ocasiones varios meses, estuvieron inmersos en el ambiente portuario. De
las muchas descripciones que podrían traerse a cuento, tal vez la más sugestiva sea la
de Pierre Loti:
Desciendo de a bordo
un poco antes del amanecer, porque la fragata que me ha traído está anclada muy lejos de
tierra. Sobre la rada, un cielo claro y frío, con las últimas estrellas. Mucha brisa
contraria; por lo que mi bote avanza penosamente, rociado por el agua salado.
A esta hora el muelle de
Yokohama está aún algo oscuro y desierto: solo algunos vagabundos a caza de lo
imprevisto[...] los puertos se abren; se ve, en el fondo, lámparas encendidas; se oye
cantar la Marsellesa, el
God save, el aire nacional americano. Todos los marineros
que tienen licencia para pernoctar en tierra están aquí, despertándose para volver a
bordo. En el camino me cruzo con algunos de mi buque que regresan,
extinguida su noche, acomodándose como unos señores, en su djin-richi-cha...
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El
ejemplo japonés: hombres, mujeres y niños en las labores del campo.
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Después
el largo viaje por el Pacífico. Arrimaron a Hawai, San Francisco, Los Angeles, México y
Panamá, a bordo del Rakuyo Maru el primero y el segundo grupos de inmigrantes, y del
Heiyo Maru el tercero
16
. Fue un viaje alegre: "En Hawai y Los
Angeles fuimos agasajados por nuestros compatriotas [...]. En Los Angeles recibimos
muchas frutas de nuestros coterráneos de Fukuoka"
17
, En nada se pareció esta
travesía por el Mar del Sur a la difícil navegación vivida por un grupo de marineros
japoneses a bordo del galeón Matsu Maru a finales de 1613, cuando el capitán Hasekura
cruzó el Pacifico, cumpliendo una misión encomendada por el shogún Yyeyasu, y el 28 de
enero de 1614 ancló en la bahía de Acapulco, en un poco conocido episodio de la historia
del Japón, y también de México, y que fue el primer viaje documentado de una
delegación nipona a Latinoaméricá
18
Sólo al arribar a
Buenaventura, el festivo recorrido de los inmigrantes comenzó a parecerse, por los
inconvenientes, al remoto precedente de la época del shogunato:
[...] desembarcamos pero en ese
entonces no había muelle en el puerto de Buenaventura y el buque ancló fuera de la
bahía. De allí transbordamos, haciendo grandes acrobacias como en el circo, en pequeñas
canoas con capacidad para cuatro o cinco personas. Así tocamos
tierra...
19.
¿Acaso el monte Fuji no se apreciaba
esplendorosamente, al salir de la bahía de Tokio, entre las nubes del crepúsculo, el
día de la partida del Japón, haciendo emocionar a los integrantes de las cinco familias
del primer grupo de inmigrantes, que consideraron esta visión como una bendición de su futuro?
20
Pero
ahora, el 16 de noviembre de 1929, bajo el quemante sol del trópico, las cosas no se
veían bien:
Cuando llegamos a Buenaventura, al ver
por primera vez a los negros en sus casas lacustres de madera, parecía que habíamos
llegado a un país salvaje [...]
Al contemplar la vida de los negros en sus
barracas, a lo largo de la carrilera, me dije: ¡a qué sitio llegamos! Me llené de
incertidumbre al pensar en cÓmo podría vivir yo en semejante sitio. En fin, me pareció muy miserable...
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Undokai:
torneo de sumo en el Valle del Cauca en los años treinta.
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¡La misma reacción de
otros viajeros! El bello nombre de Buenaventura siempre ha contrastado con su apariencia.
Pareciera como si las bondades que evocara para quien no lo conoce hicieran más brutales
de lo que ya son, su pobreza y su abandono. Lo que escribió Gaspar Mollien sobre el
puerto mantuvo su vigencia durante el siglo pasado y buena parte del presente:
Por la importancia y
por la belleza de su situación, Buenaventura debería ser una ciudad considerable; un
comercio activo debería dar animación a su puerto; una población rica e industrial
debería llenar sus calles, y numerosos barcos deberían entrar sin cesar, pero sin
embargo no hay nada de eso. Una docena de chozas habitadas por negros y mulatos, un
cuartel con una guardia de once soldados, tres piezas puestas en batería; la casa del
Gobernador, lo mismo que la de la Aduana, es de paja y de bambúes; situada en la islita
de Cascajal, cubierta de hierbas, espinos, fango, serpientes y sapos: eso
es Buenaventura
22.
¡Qué contraste entre el
punto de partida y el de llegada! Y la fea impresión que causaba Buenaventura constituía
una especie de premonición de las penas por las que tendrían que pasar los campesinos de
Fukuoka para establecerse en el Valle del Cauca. Lo lograrían puesto que venían de un
mundo en convulsión y traían consigo elementos culturales que les permitirían
someterse, sin vacilación, a las más duras contingencias.
CONTINUAR
8 Los pasos... (regresar8)
9 Will Duran, op. cit. (regresar9)
10 Los pasos...(regresar10)
11 Ibid.
(regresar11)
12 Carlos Kasuga,
Los japoneses hacen la América, en Revista Progreso, julio-agosto de 1985. (regresar12)
13 Los pasos.. (regresar13)
14 Ibid (regresar14)
15 Pierre Loti, El
Japón, Editorial Cervantes, Barcelona, s.l. (regresar15)
16 Los pasos... (regresar16)
17 Ibid. (regresar17)
18 Shusako Endo, El
samurai, México, Edivisián, 1986. lIna novela histórica de gran fidelidad a los hechos.
(regresar18)
19 Los pasos... (regresar19)
20 ¡bid (regresar20)
21 ¡bid
(regresar21)
22 Gaspar Mollien, Viaje
por la repéblica de Colombia en 1823, Bogotá, Biblioteca Popular de Cultura
Colombiana, 1944. (regresar22)
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