|
Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
30, Volumen XXIX, 1992
Como se ha explicado, de acuerdo con los andoques, la "etiología
de la enfermedad del bugeo" es diversa. En ciertas
situaciones el mismo bugeo actúa "para vengar
la muerte de los pescados". En este sentido, los
curanderos consideran que la "guerra contra los
pescados" es la responsable de los síntomas
de la enfermedad. En otros casos, un brujo se transforma
en bugeo, copulando con la mujer y ocasionándole
también esta suerte (o, incluso, con un hombre,
presentándose en forma de mujer).
Si la mujer se la juega al marido, también puede
caer en manos del bugeo. Los andoques sostienen que
el bugeo preside la relación familiar; de acuerdo
con su pensamiento, controla las relaciones incestuosas,
particularmente la relación padre-bija; esto
significa, posiblemente, que, en caso de presentarse,
los protagonistas se transformarían en bugeos,
con todas las consecuencias trágicas para la
vida personal. Esta situación puede ser coextensiva
al grupo de hermanos (un grupo actualmente cohesionado
y en cierta forma independiente de otros).
Cuando se "roban" una "muchacha", a esta joven le envían
la enfermedad de los bugeos, con lo cual se controlan
simultáneamente las relaciones sexuales y sociales
entre los grupos.
Antiguamente la enfermedad tema otras modalidades, ante las cuales los casos
actuales aparecen de menor escala. Los andoques relatan
que antaño subían por el Caquetá
hombres-bugeos en varias lanchas que atracaban en los
puertos de las diferentes comunidades (especialmente
de la gente andoque cacambra que vivía en las
orillas del Caquetá desde el río Quinché
hasta Araracuara). En este caso, los bugeos incitaban
a todos los habitantes de una localidad para que se
embarcaran en las lanchas y se trasladaran río
abajo. Cuando llegaban a los raudales de La Pedrera,
las lanchas se hundían, "pereciendo"
o perdiéndose para el mundo de los bugeos sus
ocupantes (Pineda C., 1985, 97).
¿Es aventurado sugerir que estos bugeos son un símbolo de los comerciantes
portugueses que remontaban el Caquetá o, más
ampliamente, del mundo blanco cuyo principio se encuentra,
también, en el oriente?
Los huitotos cuentan algo similar. Cuando una mujer ha sido untada y tocada con
la manteca y con el colmillo del delfín, siente
"frío", "escalofrío",
y se torna como loca: /hiride/. En las primeras horas
de la tarde, por ejemplo, sufre diversos ataques, se
priva, y experimenta diferentes visiones. Cree que un
amante llega, por la noche, a su casa y ella puede,
incluso, intentar sumergirse con él en el río
vecino, exponiéndose a ahogarse. El testimonio
de un huitoto sostiene que una joven que estaba cerca
de él hablaba sola, diciendo:
¡ Yo quiero mucho a ese hombre bora que viene y toca mi sexo!
y ante la mirada de los presentes, intentó lanzarse
al río próximo.
En otras ocasiones, la mujer ríe, llora, etc., dormida, porque percibe
el espíritu del bugeo, el cual, en figura de
hombre, llega y cohabita con ella.
A veces tiene visiones como si otro hombre estuviera parado frente a ella:
¡Yo te quiero! ¿Por qué no vino ayer? ¿Por qué no viene?
Pero también [aclaran los huitotos] así
viene la gripa, el dolor de cabeza, la enfermedad.
El mismo efecto puede
sufrir, mutatis mutandi, un hombre que tenga relaciones
con mujeres-bugeos. Muchos pescadores se dice
se atreven a copular con ellas, las que a menudo se
presentan bajo la figura de una mujer ya conocida. Como
consecuencia, el hombre puede morir o enloquecer; no
le apetece trabajar y se la pasa deambulando. Aquél
no debe tener relaciones con su mujer, porque ésta
podría quedar contagiada de la misma "enfermedad".
LA CIVILIZAClON DE LOS DELFINES
Los delfines viven en zonas subacuáticas, en mundos encantados, que han
sido percibidos y visitados ocasionalmente por los hombres.
En la época de los caucheros, el hijo de un indígena acusado de
haber hecho brujería a un capataz fue llevado
compulsivamente a Iquitos. Cuando ascendía por
el río Amazonas cerca de la desembocadura del
Napo, vio un pueblo en la ribera, que sus compañeros
de viaje no percibían, aunque de allá
si observaban el barco. Muchos de los ribereños
llevaban sombreros, y tenían la ropa extendida
a la orilla del río, como si se estuviesen lavando.
De regreso de Iquitos donde había sido
bien librado contó a sus paisanos del Caraparaná
su experiencia. Algunos habitantes de El Encanto le
indicaron que se trataba de una ciudád de bugeos;
que estos provenían de dicho lugar, a través
de los ríos, que constituían sus caminos.
En otras ocasiones, cuando se navega por el río aparece, de súbito,
una lancha sin saberse de dónde viene. Así
mismo, de pronto desaparece sin que nadie oiga grito
alguno. Sus tripulantes parecen personas pero son en
realidad peces y bugeos transformados temporalmente
en humanos. En sus localidades se tiene un estilo de
vida blanco: así que en muchos raudales o lagos
se oyen, con frecuencia, ruidos de automóviles,
cantos de gallos, ladridos de perros, relinchar de caballos,
golpes de cortar leña. De esta forma, quien los
recorra debe hacerlo con precaución, de manera
tal que no provoque rayos o aguaceros, y no se arriesgue
a enloquecer, o le aparezca el "viejo" dueño
del lugar, que impide que uno pesque allí.
Los bugeos visitan, también, las casas y poblados, vestidos de blanco,
con sombrero puesto, para ocultar como se dijo
el orificio de su cabeza. Su relación isomórfica
con el mundo blanco es, incluso, más estrecha,
si nos atenemos a una descripción que de su propio
atuendo y sus principales instrumentos nos hace Eudosio
Huitoto.
| Sombrero |
la raña /koreño/ |
| Corbata |
pescado colacha /uife/
|
| Ropa |
piel de la boa /nui-o/ |
| Reloj
|
cangrejo /koño/ |
| Dinero |
(billete) pedazos de piel de boa /hui-oigoi/
|
| Moneda
|
escamas del pescado pirarucú /gayo/
|
| Zapatos |
carachamas /chinikoño/ |
| Colorete (para pintar la boca) |
pescado /hifiru/ |
| Disco |
mojarras grandes |
| Cuchillos |
pescados picalones |
| Mesa
|
charapa /meniño/ |
| Ollas de barro o aluminio |
animal /kareño/? |
| Luz |
luciérnaga /ebiño/ |
| Asientos |
caimanes |
El bugeo posee también lancha (una boa) con motor silencioso (el cual
consiste en la cola de la boa).
LA MANTECA DEL BUGEO
Como se ha dicho, el delfín no debe ser pescado ni muerto, ya que se
sufrirían los efectos propios del síndrome
del delfín. No obstante, los indígenas
han focalizado su interés en una parte especial
del cuerpo: la manteca del mismo.
|
|
| Desnudo, óleo de Oscar Rodríguez
Naranjo, Bucaramanga, 1984 (Catálogo exposición,
Banco de la República, Bucaramanga, 1988).
|
Ciertamente, el interesado mata con arpón al bugeo, y se extrae la manteca
del lado del corazón (ya que allí está
su fuerza), como también sus dientes. Durante
el mismo lapso, la persona debe contar con la ayuda
de un chamán "instructor", quien podrá
eventualmente defenderlo; aprende los cantos, rezos
y procedimientos para neutralizar su efecto (empleando
conjuros y tabaco, entre otras plantas).
La cacería debe hacerse en ayunas, absteniéndose de orinar durante
la madrugada. La manteca debe ser disuelta sobre una
piedra, al calor del sol. Cumplido el plazo y
siempre bajo la conducción de un veterano
se prueba la pócima que se ha preparado: se mezclan
unas pocas gotas con casabe y se da de probar a un perro
bravo. Si éste se vuelve manso, la pócima
es efectiva. De lo contrario, éste podría
destrozarlo a uno. En pocos días se sabe si tiene
realmente poder para aplicarla a la "muchacha".
Unas pocas gotas de manteca de "bugeo rojo"
son apenas suficientes para que la mujer quede prendada
de aquel que lo aplica.
Se supone que en tres días "la manteca" debe surtir efecto.
Si al cabo de este período (en el cual el aceite
de bugeo ha sido untado a la mujer, dándole la
mano, o tocándole, simplemente el cuerpo) no
surte efecto, se debe insistir de nuevo. Si no reacciona,
la preparación ha fracasado. Pero debe dosificarse
la manteca, porque de lo contrario la mujer puede "enfermar",
presentando los síntomas anotados.
En gran parte el bugeo se caza para extraer su manteca, si bien se comercializan,
en la región, otras partes de su cuerpo (como
los ojos y los dientes).
Este otorgamiento de propiedades mágicas a su cuerpo es similar al existente
en los Andes, según el cual a la manteca de los
"salvajes" se le atribuyen, así mismo,
calidades chamánicas (Taussig, 1988, cap. XII).
Como Taussig refiere, la manteca de los cuerpos nativos
fue utilizada por los españoles para curar sus
heridas o las de sus caballos, de manera que los indios
temían morir y ser transformados en aceite para
los conquistadores. Esta aprehensión existe aún
en la zona andina peruana, donde los pobladores nativos
del altiplano piensan que un fantasma, generalmente
blanco o mestizo, los aniquila para venderlos como pócimas
en las farmacias o para lustrar los rostros de los santos
(ibíd., cap. XII).
La manteca se proyecta, a su vez, sobre el cuerpo de la mujer (el objeto del
deseo), y se puede pensar como realmente sucede
que esta mujer no tiene por qué necesariamente
ser nativa, sino que podría ser, igualmente,
extranjera. Uno está tentado a considerar que
la manteca del bugeo es también el medio mágico
para controlar todo lo que el bugeo como fantasma
de la mercancía representa, posee y provoca.
En los bugeos se proyectan los símbolos de la modernidad: las mercancías,
los barcos, los espacios de la ciudad, los gestos y
vestimentas..., las enfermedades, tal y como son percibidas
por los indígenas de esta periferia del mundo.
La relación entre las sociedades indígenas con la historia de
su inserción en el mundo colonial moderno se
media a través de la acción mágica
del bugeo y, en particular, de su manteca, sus ojos,
sus dientes y quizá otras partes de su cuerpo.
Estos objetos se transforman en mercancías mágicas, y se comercializan
por medio de las lanchas y las embarcaciones que recorren
los ríos de la región, como pócimas
que mitigan o multiplican los modos de vida de la modernidad,
tal como es vivida contemporáneamente por los
nativos.
El bugeo funciona como álter ego de la sociedad blanca dominante, pero
también de las sociedades indígenas. En
la alteridad de este mundo mágico, accesible
a través de diversos caminos (el amor, la muerte,
la justicia, el chamanismo, la envidia, la pasión,
etc.), se constituye la identidad de la sociedad indígena
seducida por este mundo pero a la vez crítica
del mismo, en una actitud irremediablemente ambivalente.
|
|
| Dificultad inicial, díptico, acrílico
sobre tela, Bibiana Vélez, 1988 (Colección
Biblioteca Luis-Angel Arango). |
La mujer enferma de amor por el bugeo (de las mercancías) puede ser curada;
pero también, por medio de la manteca o la visita
chamánica al mundo de los bugeos, se puede controlar
y dominar ese mundo de los blancos representado en el
bugeo. No por nada el nativo llevado a Iquitos sale
bien librado de su suerte en esa ciudad de muerte para
los indígenas del Putumayo, sede del capitán
Arana, después de una experiencia de ver una
ciudad-bugeo: así mismo, se nana que en tiempos
de la Casa Arana un indígena que se sumergió
en el agua, tal vez huyendo, solamente regresó
para dar cuenta, brevemente, de la existencia de ese
mundo alternativo.
El mundo del bugeo contribuye a ordenar la visión nativa sobre el mundo
moderno que lo circunda y penetra, hasta la misma intimidad
del cuerpo y espíritu de los hombres y mujeres
nativas. Así mismo, como espacio de muerte constituye,
también, un espacio de transformación,
de experiencia personal y "psiquiátrica"
que permite trascender los sentimientos de transferencia
e identificación con ese mundo de "mercancías".
Las mujeres se enferman por amor, pero la manteca de
ese mismo símbolo que aman permite seguramente
desviarlas de su amado bugeo, o prevenir por anticipación
su pasión. En la vida cotidiana los nativos viven
negociando permanentemente su identidad personal y colectiva
con los animales y la historia. La vida amorosa con
los hombres-bugeos plantea el peligroso reto de entregarse
a la modernidad o de asumirla mágicamente pero
con libertad.
BIBLIOGRAFIA
CORREDOR, Blanca de, La maloca, Departamento de Antropología,
Universidad Nacional, vols. I, II, III, Bogotá,
1986.
FREUD, Sigmund, Totem y Tabú, Madrid, Alianza Editorial,
1979.
LANDABURU, Jon y PINEDA C., Roberto, Tradiciones de la gente del Hacha. Mitología
de la gente andoque de la Amazonia colombiana, Bogotá,
Instituto Caro y Cuervo - Unesco, 1984.
LEVI-STRAUSS, Claude, El pensamiento salvaje, México, Fondo de
Cultura Económica, 1979.
OLIVEIRA, Adelia Engrácia de, O mundo encantado e maravilloso dos
indios Mura, Belém, Academia Paraense de
Letras, 1984.
PINEDA C., Roberto, Historia oral y proceso esclavista en el Caquetá,
Bogotá, Finarco, 1985.
REICHEL-DOLMATOFF, Elizabeth, La danta y el delfín: Manejo ambiental
e intercambio entre dueños de maloca. El caso
yukuna-matapí, Bogotá, Comité
de Investigaciones, Facultad de Humanidades y Ciencias
Sociales, Universidad de los Andes, 1987.
TAUSSIG, Michael, Shamanism, colonialism and the Wild Man, a Study in Terror
and Healing, Chicago, The University of Chicago
Presa, 1977.
___________ Orden y desorden en ritos Curativos neocoloniales, Brech, Benjamin
y el desorden mismo, traducción de Carlos
Alberto Uribe, Bogotá, Departamento de Antropología,
Universidad de los Andes, 1987 (Taussig, op. cit.,
cap. 27).
TURNER, Víctor, La selva de los símbolos, México,
Siglo XXI, 1983.
_________ Encounter with Freud. The Making of a comparative Symbolist,
en SPINDLER (comp.), The Makipzg of Psychological
Anthropology, San Francisco, University of California
Presa, 1980 |