Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 31, Volumen XXVIII, 1991
 

A semejanza de las veladas musicales de los años inmediatamente posteriores a la Independencia, las audiciones de la Sociedad Filarmónica se limitaron al restringido círculo de sus asociados. La música no se liberaba aún de los lazos estamentales. El concierto no se hacía acontecimiento público; es decir, todavía no ingresaba a la esfera del mercado. Pero ahora el círculo de usuarios recogía casi a toda la elite económica, intelectual y política de la capital, excluyendo, por otra parte, a quien no perteneciera a ella. Allí, junto a sus señoras, se daban cita habitualmente los comerciantes, los hacendados, la cúpula de la administración burocrática del gobierno y el cuerpo diplomático de Bogotá. La Sociedad Filarmónica se constituyó entonces en la principal institución mediadora entre la música y el público. Por primera vez, una misma institución albergaba en su interior los tres elementos de la mediación: orquesta, concierto y público. El ejercicio de la música aún no lograba emanciparse del proteccionismo unilateral que le imponía la elite santafereña.

Partituras manusctiras del director de la Filarmónica. Enrique Price.

Otro elemento de similitud respecto a las veladas posindependentistas fue la ausencia de relación comercial o salarial entre consumidores y músicos. Los músicos no recibían ningún tipo de retribución material por su trabajo, pues, por un lado, gran parte de los integrantes de la orquesta eran miembros de las familias acomodadas o del cuerpo diplomático, impulsores de la Sociedad y que participaban en la orquesta en calidad de músicos aficionados; y por otra parte, los músicos profesionales estaban, igual que los primeros, convencidos del carácter filantrópico del proyecto de la sociedad (8) ; utilizaban los conciertos como vitrina en la cual exponían sus virtudes ofreciendo, de esta manera, sus servicios para labores recreativas o docentes, ante los posibles compradores, reunidos todos en un mismo sitio.

Programas de mano originales de diferentes conciertos de la Sociedad Filarmónica: conmemoración de la independencia, conciertos 3o., 6o. y 9o.

La composición interna de la orquesta de la Sociedad Filarmónica mostraba también el carácter de transitoriedad que la caracterizó. No era el conjunto musical de los Hortúas o los Quevedos, sin intereses comerciales, ni tampoco la orquesta de músicos profesionales que hizo aparición posteriormente. Se trató de una orquesta que reunía tanto a diletantes como a músicos de profesión. Su finalidad fue artística y social, no económica.  

Los rasgos novedosos de esta sociedad eran coherentes con el nuevo espíritu que se respiraba en los otros campos de la vida social. El hecho de que fuera una institución que canalizaba la iniciativa privada y era impulsada por ésta y no por la acción gubernamental estaba de acuerdo con las nuevas tendencias librecambistas que aspiraban a que el libre juego de la concurrencia individual fuera el motor de la prosperidad general. La Sociedad Filarmónica fue un ejemplo temprano de las nuevas tendencias, y el primer esfuerzo asociativo en el país.

La nueva concepción del Estado excluía cualquier idea intervencionista, y los ciudadanos tampoco concebían la idea de exigirle apoyo financiero para las empresas del arte. La capacidad financiera y organizadora de la acción estatal sólo fue solicitada para estimular los procesos artísticos hacia el final del período liberal, en el decenio de los 1870.

Programas de mano originales de diferentes conciertos de la Sociedad Filarmónica

El tamaño de la orquesta y la ampliación del círculo de receptores exigían la construcción de un local adecuado para las audiciones. Aquí también el vacío tenía que ser llenado por la iniciativa de los particulares y la mejor manera, inédita hasta ese momento, de canalizar esos esfuerzos, fue basándose en una empresa por acciones. Para la construcción del salón de conciertos de la Sociedad Filarmónica se constituyó en el país la primera empresa por acciones.

El diseño de la obra correspondió al pintor Carmelo Fernández, y los planos fueron elaborados por el arquitecto Tomás Reed. Artistas, empresarios y accionistas se unían para sacar adelante este proyecto cultural. La idea, lanzada en septiembre de 1848, despertó un importante entusiasmo, pues, en pleno preludio de las reformas liberales, representaba una demostración de la eficacia de esta clase de empresas para realizar grandes obras (9) . El fracaso de la obra implicó la ausencia de un verdadero apoyo al arte musical y la manifestación del estado de barbarie en que aún se encontraba la vida social santafereña. Durante casi todo el resto del siglo, las ruinas de la obra, cuyo primer piso alcanzó a concluirse hacia 1850, se alzaron irrespetuosas en pleno centro, como homenaje permanente a la inconstancia de la ciudad.

 

(continuar)

8 "La mayoría de estos musicos eran pobres, pelo se sujetaban de buena gana a tocar sin remuneración alguna en gracia a la simpatía y los fines que impulsaban la sociedad, que no dejaba de paladearlos después de los conciertos con un frágil agasajo, consistente en una copa de cerveza, emparedados, queso de flandes y cigarrillos de Ambaleina". José I. Perdomo Escobar, op. cit., pág. 67. (regresar 8)

9 El 20 dejuliode 1849 en solemne acto, en cl que participó el presidente José Ilario López, se colocó la primera piedra dcl salón de conciertos. "He aquí la obra de la civilización: sobre los derruidos muros de un templo católico abandonado, profanado quiza, va a levantarse otro dedicado al cultivo de la música, por cuyo intermedio también se elevan al cielo las plegarias fervorosas dcl cristiano". El Siglo, Bogotá, 29 de julio de 1849. (regresar 9)