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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
31, Volumen XXVIII, 1991
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Partitura
manuscrita de la zarzuela
Las Brujas,
compuesta por Juan C.Osorio contribuyente de la Sociedad
Filarmónica.
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La elite ilustrada llegó
en este período a una etapa de desarrollo que exigía una vida social y cultural más
allá de las veladas domésticas. De ahí que los mejores años de la Sociedad
Filarmónica fueran los de 1846 a 1852,
tras los cuales sobrevendría la decadencia
(10)
. Como
asociación institucional de consumidores artísticos musicales, pudo ensancharse hasta
cierto limite, el cual alcanzó hacia 1852. Después, dada la presión ejercida
sobre ella por los nuevos círculos de la elite ilustrada, por el aumento de la demanda
potencial de la cultura musical, tuvo que desintegrarse, dejando el campo abierto para que
fuera el mercado artístico, libre de ataduras estamentales o gremiales, el que entrara a
satisfacer las necesidades musicales.
La Sociedad
Filarmónica, como asociación estamental, como orquesta y como proyecto para la cultura
musical bogotana, fue un momento feliz que, debido a sus propias características y a la
evolución de la elite ilustrada, tenía necesariamente que ser fugaz. Nunca antes y
hasta mucho tiempo después no volvería
a repetirse esta
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Partitura
manuscrita de la Misa de
Gloria de dos voces
compuesta por
Julio Quevedo Arvelo, primer
violín
de la Sociedad.
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experiencia
había tenido Bogotá una orquesta tan numerosa. La de la Sociedad Filarmónica llegó a
tener más de cuarenta intérpretes
(11)
Caicedo Rojas nos informa que con esta orquesta
"fue cuando conocimos el poder mágico que ejercen gran número de instrumentos de
cuerdas que tocan unísonos sus respectivos papeles"
(12)
. Esta nueva capacidad orquestal introdujo importantes
cambios en el "gusto musical" de los receptores, que se limitaban a oír valses
y contradanzas
(13).
Con la Filarmónica oyeron trozos de óperas
desconocidas, algunas obras menores del repertorio musical, preferentemente de
compositores italianos, y en pocas ocasiones obras de Beethoven, Mozart, Weber y Haydn.
La orquesta de la Sociedad
Filarmónica, en sus once años de labores, fue dirigida por cuatro músicos, tres de
ellos extranjeros. Uno de ellos, Henry Price, también pintor de la Comisión
Corográfica, trató de impulsar una escuela de música que, no obstante sus esfuerzos y a
pesar de la ausencia de instituciones similares en la ciudad, tuvo corta vida.
Durante estos once años,
la orquesta creó la necesidad de hacer del concierto una institución estable, por lo
menos dentro de la elite ilustrada de la ciudad; constituyó el primer proyecto serio de
hacer permanente la actividad musical en la capital, proyecto que pudo realizar por una
larga temporada; formó el "gusto musical" de toda una generación de bogotanos
y creó un grupo de músicos que, una vez desaparecida la orquesta, educaron y suplieron,
individualmente o en grupos, las necesidades musicales de Bogotá en los siguientes
treinta años. También la actividad de la orquesta hizo posible que algunos de sus
miembros se lanzaran por el camino de la composición y que sus obras fueran interpretadas
por ella, siendo ésta un importante estimulo a la labor creadora musical en Colombia.
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El 20 de julio
(Canción Nacional), tnusica de Joaqnin Guarín y se presume que la letra era de José
Caicedo Rojas, presidente de la Sociedad.
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El hecho de que los músicos
tocaran gratuitamente posibilitó que el dinero recolectado mensualmente, aportado por los
socios, se destinara a importar de Europa un nuevo repertorio musical y a renovar muchos
de los instrumentos de los músicos
(14)
.
Con la Sociedad Filarmónica se arraigó la
costumbre de ir a conciertos y se impusieron algunas como aquella, no usada antes, de
asistir a los actos sociales y a las reuniones públicas vestidos, los hombres, de frac,
corbata y guantes blan
cos, y las
señoras, elegantes aunque sin ostentación
(15)
. A partir de entonces se observan una vida social más
animada y la imitación de los mobiliarios y de las costumbres de Paris y Londres.
Los vínculos
estamentales creados para la recepción musical y expresados con nitidez en la Sociedad
Filarmónica se rompieron, y ésta se disolvió hacia 1857. Pero la disolución de la
Filarmónica no se puede explicar solamente por las desavenencias entre los músicos
bogotanos o por las diferencias políticas entre sí, como lo insinúa Perdomo Escobar,
guiándose por opiniones corrientes en la época. Ciertamente, las revoluciones de 1849,
1852 y 1854, interrumpieron parcialmente la actividad de la Filarmónica. Pero, como se
vio, era una institución transicional, que ya desde 1852 mostraba síntomas de
disolución y cansancio, no por las peleas internas, sino porque desarmonizaba con las
necesidades de la elite ilustrada, que se habla ampliado en esos años y que presionaba
por evolucionar hacia una nueva y menos restringida forma de mediación entre producción,
reproducción y recepción musical.
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Partitura manuscrita de
Jorge Price, fundador de la Academia Nacional de Música de Bogotá.
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Forma que, ante la
imposibilidad de pasar del mecenazgo colectivo privado al mecenazgo estatal,
necesariamente tenía que ser la del mercado artístico como tal, libre de cualquier traba
estamental o gremial pero, a la vez, inestable e imprevisible. La etapa posterior a la
desaparición de la Sociedad Filarmónica se distinguirla por la presencia de pequeñas e
inestables orquestas que competirían entre sí por sobrevivir en el reducido y débil
mercado artístico de la ciudad. Sólo hacia fines del siglo el Estado entraría a apoyar
tímidamente los esfuerzos de aquellos que trabajaban por consolidar la actividad musical
en Santafé.
(continuar)
10
De
los 54 conciertos que la Sociedad Filarmónica ofreció en sus once años de labores, 42
fueron realizados entre 1846 y 1852.
(regresar 10)
11
En el primer concierto la orquesta
tenia 32
músicos. El Día, Bogotá, 15
de noviembre
de 1846.
(regresar
11)
12
José Caicedo Rojas, "Estado actual
de
la música en Bogotá, en El
Semanario,
Bogotá, 6 de mayo de
1886. (regresar 12)
13 El
Día, Bogotá, núm. 428 de 1847. (regresar 13)
14 No se
tiene información sobre los criterios de selección de los miembros de la Sociedad
Filarmónica Sin embargo, hay indicios de que no se aceptaba a todo el mundo. Por ejemplo,
Cordovez Moure, en sus populares Reminicencias, menciona cómo a los conciertos
sólo asistían individuos de conducta intachable:
"En una ocasión se presentó ,una señora casada,
que de soltera había dado lugar a habladurías mas o menos merecidas, y en el momento,
sin escándalo le advirtió el presidente que el concierto no empezaría hasta que ella no
saliera del salón, corno en efecto lo hizo". J. M.
Cordovez Maure, Reminicencias de Santafé y Bogotá,
Bogotá, Librería Americana, 1899, pág. 14.
(regresar 14)
15
Ibíd.,
pág. 13. (regresar 15)
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