Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 31, Volumen XXVIII, 1991
 

“Tuvo diez hijos en el primer matrimonio y diez en el segundo...”


Retrato de un patriarca antioqueño:
Pedro Antonio Restrepo Escovar (1815-1899).
Abogado, político, educador y fundador de
Andes.
Jorge Alberto Restrepo R.
Banco de la República, Bogotá, 1992, 469 p
ágs.
[ilustrado con fotografías]
 

Se ha dicho una y otra vez que en Colombia no ha existido la tradición de dejar un registro privado de las vivencias en forma de diarios o de memorias. Y en términos comparativos esto es cierto, si pensamos en lo extendida que estuvo esta costumbre en Europa desde el siglo XVIII y en el auge que experimentó durante el siglo XIX y la primera mitad del presente. En contraste, el género no arraigó con la misma fuerza ni en España ni en América Latina. Sin embargo, por lo menos en el caso colombiano, quien se ponga en la tarea de empezar a recopilar de una manera sistemática esta clase de textos —en gran parte inéditos, o publicado en ediciones de circulación restringida— se llevará la sorpresa de descubrir que existen muchos más de los esperados.

Entre las autobiografías conocidas predominan las memorias de militares, políticos y empresarios. De antioqueños que vivieron en el siglo pasado sólo han sido publicadas las de José Manuel Restrepo, María Martínez de Nisser, Camilo Antonio Echeverri, Martín Restrepo Mejía y Jaime Mejía y Mejía. Así que el hallazgo del diario del polifacético dirigente antio­queño Pedro Antonio Restrepo Escovar (1815-1899), en el cual registró sus preocupaciones, apreciaciones y actividades cotidianas durante casi medio siglo (1859-1899), es un hecho importante para la historiografía de la región. El diario original —conservado por su familia— consta de 6.997 folios repartidos en 37 volúmenes o cuadernos. Uno de los hijos de Pedro Antonio, Carlos El Restrepo, presidente de 12 la república entre 1910 y 1914, fue el primero en rescatar dicho manuscrito. Al final de su vida alcanzó a transcribir 1.800 folios, y redactó algunas notas aclaratorias. Para el libro aquí reseñado, se cotejó dicha trascripción —la cual reposa en la Fundación Antioqueña para los Estudios Sociales (Faes)— y se transcribieron los 17 años que habían quedado pendientes Su autor complementó la información de los diarios con datos extraídos de otras fuentes primarias: prensa y revistas publicadas en Antioquia entre 1848 y 1900; archivos municipal, notarial parroquial de Andes; y en Medellín, el Archivo Histórico de Antioquia, el archivo de la gobernación y el archivo de Carlos E. Restrepo (Universidad de Antioquia).

Pedro A. Restrepo E. “no fue el protagonista de primera línea por el estilo de Pedro Justo Berrío...” (pág. 8), y para muchos sólo es conocido por haber fundado la población de Andes (Antioquia). Sin embargo, se destacó en los campos legislativo y educativo de Antioquia durante la segunda mitad del siglo pasado, y además tuvo una vida interesante y variada que ratifica, a la vez que cuestiona, algunos de los estereotipos sobre los “patriarcas” antioqueños.

Fue austero, enemigo del desorden, defensor de las costumbres tradicionales, la educación, la religión y el respeto al derecho ajeno; tuvo diez hijos en el primer matrimonio y diez en el segundo, conoció la prosperidad pero también las dificultades económicas, y careció del espíritu empresarial exitoso atribuido a los antioqueños. Fue liberal hasta 1849, cuando, a raíz del conflicto entre Iglesia y Estado, su postura en defensa del clero lo acercó al bando conservador. A mediados del siglo inició una brillante carrera parlamentaria como miembro destacado del grupo congregado alrededor de Mariano Ospina Rodríguez. Los cambios en la composición del conservatismo después del triunfo de Tomás Cipriano de Mosquera en 1860, y el nuevo estilo de política que impuso en Antioquia Pedro Justo Berrío (1864-1873) motivaron su retiro de la política activa. En 1863 se retiró a Andes, población que había sido fundada por él en 1852, en terrenos que adquirió al ganar un pleito contratado por el cabildo de Titiribí. Allí su vida cambió por completo: picaba caña para las bestias, sembró café, plátanos, bananos, yuca, y sus hijas se tuvieron que poner a hacer velas y jabón y a coser ajeno para ayudar a sostener la numerosa familia. Además, durante estos años Pedro Antonio lideró una cruzada en pos de la moralización y la educación de los habitantes del pueblo.

El diario contiene referencias a sus negocios, a los motivos íntimos y a las consecuencias en su vida personal de las posiciones políticas que asumió, y, en especial, a la forma como las frecuentes guerras y revueltas alteraron su rutina cotidiana. Llaman la atención las constantes alusiones a los lazos con su familia, vínculos que, según muestran las investigaciones sobre la región en la segunda mitad del siglo pasado, son claves para desentrañar el sentido de la vida económica y política, el carácter de la educación, y para entender por qué en Antioquia los liberales apoyaron al clero. La riqueza de detalles sobre la vida doméstica en el manuscrito de P. A. Restrepo tal vez se deba a que no parecen haber sido escritos para ser publicados, sino más bien como desahogo y como canal de comunicación y guía de conducta para su extensa familia, que residía parte en Andes y parte en Medellín.

El libro consta de dos grandes sec­ciones: la primera informa sobre la vida de Pedro A. Restrepo antes de iniciar los diarios (1815-1859), y la segunda sobre los siguientes cuarenta años de su vida, durante los cuales adoptó la costumbre de consignar por escrito sus impresiones cotidianas.

La primera parte está dividida en siete capítulos que avanzan en orden cronológico. Se abre con una descrip­ción del ambiente familiar en que transcurrió la infancia de Pedro A. Restrepo. A los seis años su padre —Felipe Restrepo Granda, hermano medio de José Félix de Restrepo— enviudó, quedando siete hijos, que al poco tiempo fueron repartidos entre sus suegros y cuñadas, cuando aquel optó por el sacerdocio para poder educar a su prole. Luego se describen los años de estudio en el Colegio de la Provincia, y su formación como abogado en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, en Bogotá. Posteriormente se narran sus primeros pasos en el ejercicio de la profesión y en el mundo de la política. Hacia 1850 su desempeño como abogado en el pleito que tuvo el cabildo de Titiribi con el presbítero José María Vélez y los herederos de Salvador Escobar, lo convirtieron en un gran terrateniente. Más tarde se describen sus actividades como colonizador y, por último, su papel de educador en calidad de rector en el Colegio de Estado (hoy Universidad de Antioquia).

La segunda parte comprende otros seis capítulos que empiezan con la muerte de su primera mujer, Concepción Ochoa Arango, tragedia que marca el comienzo de una época de “mala racha”. Es en esta época cuando se vuelven sistemáticos los apuntes que el mismo tituló “Diarios”. También esta parte del libro tienen una estructura cronológica, y la división por capítulos corresponde a los hechos que marcaron la vida de P. A. Restrepo: la crisis económica, su labor como patrono moral de Andes, la hegemonía conservadora y después la dominación liberal, y de nuevo la restauración conservadora, ya en los últimos años de su vida.

Aparte del texto principal, el libro trae una “introducción”, donde se cuenta quién fue Pedro Antonio Restrepo, y se comentan las circunstancias y motivos que lo llevaron a escribir su diario. Al final hay un “Epílogo”, donde se hace un balance de los temas de la historia antioqueña, a los cuales aporta elementos esta fuente documental. En seguida viene una lista del material consultado, separado en fuentes primarias y secundarias. Por último están los “Anexos”; un catálogo de los volúmenes con la transcripción del diario original de Pedro A. Restrepo, y otro con la transcripción de Carlos E. Restrepo, ambos presentados con los títulos de cada cuaderno original, las fechas en que fue escrito y el número de folios que contiene. El tercer anexo es un índice onomástico.

La edición es cuidadosa y se le pueden poner pocos peros: trae las notas de pie de página al final de cada capitulo y no al pie de página, donde le quedan mas cómodas al lector; las páginas con láminas piden un papel un tris mas fino; y hace falta una lista o índice de las ilustraciones (retratos de los principales personajes mencionados en el libro, dos mapas de los terrenos de Pedro A. en Andes y unas fotografías que muestran cómo son las portadas y páginas interiores de los cuadernos en que están los diarios originales).

En suma, se trata de una buena biografía que brinda nuevos elementos sobre los complejos matices que tuvieron las luchas políticas, las relaciones entre la Iglesia y los partidos políticos, los vaivenes de la educación, y que de paso ofrece interesantes descripciones acerca de la vida doméstica de aquel entonces en Antioquia. El autor apro­vechó e integró muy bien la documentación en un texto ameno, sintético y fluido. Todo esto con la ventaja de estar contando a partir del recuento intimo y directo de un testigo presencial que a la vez fue protagonista de los hechos narrados. Este rasgo le confiere un gran atractivo, incluso para lectores no especializados, pues son muchos los que sucumben al encanto que tiene el relato de vidas ajenas.

PATRICIA LONDONO V.