Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 31, Volumen XXVIII, 1991
 

El conjunto monumental de Mongui 


(texto fotos)  

Tres comunidades indígenas fueron reunidas en un solo poblado por orden del visitador licenciado don Luis Enríquez, y en 1601 fue fundada la población de Monguí, a una jornada de distancia de Tunja, y en un punto estratégico para la posterior comunicación con los llanos del Casanare. Su nombre proviene, según una hipótesis, del chibcha y traduce “baño de la esposa”, o según otra, es una transformación de Monjuitch (en Barcelona), lugar de procedencia de antiguos misioneros (1) .

Los oficiales de albañilería Rodrigo Yánez y Pedro Gómez empezaron a construir en 1603 una primitiva iglesia de una nave, de 47 varas de largo, 9 de ancho y 6 de altura, con el fin primordial de albergar el milagroso cuadro de Nuestra Señora de la Concepción, regalado desde mediados del siglo XVI por el rey Felipe II al cacique de la localidad (2). Cuenta la tradición, recogida en 1690 por fray Ignacio Guzmán, que el rey envió una imagen de san Martin para Mongui y otra de Nuestra Señora para Sogamoso, las cuales fueron colocadas con gran solemnidad en sus iglesias. Un buen día ¡os cuadros resultaron trocados: san Martín estaba en Sogamoso y Nuestra Señora en Monguí. Retornados a su lugar de origen, el cambio se volvió a repetir y se entendió que esa era la voluntad divina. Desde entonces la Virgen permanece en Mongui, y gracias al milagro, fue posible que en este pueblo pequeño y alejado se edificara un imponente conjunto de convento e iglesia, cuyas torres dominan el perfil del poblado (3) .

El primitivo templo tuvo el carácter de doctrinero, según constatación documental de Arbeláez Camacho, aunque no se conservan vestigios de capillas “posas”, así llamadas porque se utilizaban para “posar” el Santísimo durante las procesiones alrededor de la plaza. La estructura adolecía hacia 1636 de distintas fallas, ocasionadas por la humedad del terreno y por defectos constructivos. Durante los restantes años del siglo XVII demandó reparaciones, pero se siguió deteriorando paulatinamente. Varias paredes estaban derrumbadas y la sacristía no era utilizable, dificultando mucho la vida de los abnegados franciscanos. Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos (1638-1711), al parecer, pasó una temporada en Mongui contratado por los religiosos, después de los disgustos que tuvo con los Figueroas. De 1671 data el óleo La Anunciación, el único fechado con precisión, aunque se estima que pudo haber pintado unos cuarenta cuadros conservados en el templo (4) .

Gracias a las investigaciones documentales de Jaime Salcedo, sabemos que para 1699 la construcción fue examinada por los albañiles Marcos de Ayllon, Pablo Patiño y Pedro Patiño, al primero de los cuales se ¡e adjudicó la realización de las reparaciones necesarias por la suma de setecientos patacones (5) . Según un informe del arzobispo de Santafé, fray Ignacio Urbina, fechado en 1701,

La Iglesia se halla prevenida de reduplicados y muy sobresalientes ornamentos y demás ador­nos esenciales, estándolo de molduras y dorados desde el presbiterio hasta la puerta de uno y otro lado. Y actualmente se están fabricando torres y frontispicio de piedra labrada, obra que merecerá La primacía de todo el reino, costeada con las limosnas que al mismo tiempo que crece la devoción van en aumento (6)

Al año siguiente, una real cédula autorizó la fundación de un convento, adjunto a la iglesia, en virtud de la petición que la orden franciscana habia hechos desde 1698. El convento debía servir de lugar de reposo y curación para los religiosos provenientes de las misiones de los Llanos. A la sazón se construían en la iglesia las torres y el frontispicio que se han conservado hasta hoy.

La iglesia que reparara Ayllon debió someterse a nuevas refacciones hacia 1732, pues estaba prácticamente en ruinas. Martín Polo Caballero tasé los costos en 3.685 patacones, suma que da lugar a pensar que en realidad se rehízo la iglesia, con mejor fábrica y mayor amplitud, acorde con su importancia como centro de peregrinación y convento (7) Los dos primeros cuerpos de la torre sur y la llamada escalera imperial de tres rampas con marco rococó, fueron concluidos entre 1715 y 1718. Esta última es considerada como una de las maravillas de la arquitectura colonial de la Nueva Granada, y como el principal espacio del conjunto, pues sus dimensiones y atributos contrastan con la pobreza franciscana de la orden (8) .

Fabricada en 1711 por el alférez de Santafé Juan Manuel Moreno, la coro­na de la Virgen costó 165 pesos de oro, y tenía 335 esmeraldas y 104 perlas. Para 1755, la joyería con que estaba adornada la Madre y el Niño, ascendía a “648 gotas de aceite, 17 amatistas, 800 perlas, 744 de rostrillo, 18 rubíes, 145 máporas, 7 jacintos y muchas otra de menor cuantía, fuera de mil castellanos de oro y unos quinientos de plata” . (9) Según documentos descubiertos por el padre Alonso Ojeda y citados por Jaime Salcedo, se puede ubicar definitivamente la fecha de iniciación de la actual iglesia de Monguí: 9 de octubre de 1736, después que cuatro años antes se demoliera el antiguo templo de una nave, conservándose las torres y el frontispicio para la nueva construcción de tres naves (10) .

Proveniente de Santafé, Martin Polo se asentó en Monguí y, previa autorización oficial abrió tienda de pulpería en 1737. Dos años después, firmó el contrato para la construcción de la iglesia, el cual no finalizó, pues murió en 1740. Todo parece indicar que dejó terminada la cabecera del templo y posiblemente algunas pilastras de la nave. Polo utilizó el sistema de pagar a los canteros por cada sillar labrado. Hoy se han identificado diferentes marcas utilizadas por éstos para identificar su trabajo, localizadas principalmente en la parte inferior del cuerpo de la iglesia, que constituye un nivel muy diferenciado de la parte superior, trabajada en ladrillo, al parecer a partir de la segunda mitad del siglo XVIII (11) .

A la muerte de Polo Caballero, ocasionada por accidente de trabajo, fray José Camero de los Reyes habría sido quien supervisó los trabajos hasta 1749, cuando también falleció.

Para mediados del siglo XVIII, Basilio Vicente de Oviedo informó que la milagrosa imagen atraía a fieles devotos de todo el reino y a toda clase de personalidades, lo que colocaba a la población en un lugar de primer orden. De la iglesia dijo que “está para acabarse, con dos capaces naves; tiene 74 varas de largo y 24 de ancho, de piedra de cantería bellísima que parece mármol. Tiene ricas preseas y adornos, todo a solicitud de los Reverendos Padres de San Francisco, a cuyo cargo y cuidado está este sagrado santuario. Tiene convento alto de dichos padres, muy bueno, pues sólo su escalera no la hay mejor en Santafé” (12)

La construcción del conjunto de Monguí siguió a un ritmo sumamente lento, por la escasez de fondos y de impulsores del proyecto. Esto se reflejó en los resultados finales, caracterizados por una mezcla de estilos, tanto en el frontis como en el cuerpo de la obra. A medida que se agotaban los recursos económicos, se fue dejando de utilizar la costosa piedra tallada por artesanos, y se reemplazó por simple ladrillo revocado, tal como se puede observar al comparar los niveles alto y bajo del claustro, obra que fue terminada en 1805, presumiéndose que para entonces ya estaba concluida la iglesia (13) .

Tres naves muestra la planta definitiva de la iglesia. La de la izquierda o nave del Evangelio, parece estar regida por santo Domingo. Desde la fachada se encuentra su imagen y el escudo de la orden dominica. La nave derecha o de la Epístola, está presidida por san Francisco, cuya imagen y escudo de la orden están en el frontis colocados de manera simétrica con los anteriores. El eje central está formado por una vertical iniciada por María Madre y seguida de un crucifijo, el anagrama de María y un serafín. Llama la atención la presencia de balcones en el frontis, que presumiblemente cumplirían la función de púlpitos exteriores, equiparables a los interiores (14) .

En la portería del convento sorprende una columna ajena al estilo de los demás soportes, hasta el punto de que se ha especulado sobre la posibilidad de que se hubiera traído de otro sitio. Se trata de la famosa columna “panzuda”, así llamada por disponer de un cuerpo o fuste ligeramente abultado, decorado con una cuidada estilización de hojas, y que no guarda ninguna proporción con las dimensiones de la base y el capitel. Todo ello permite establecer una concurrencia del manierismo con motivos aborígenes (15) . En una de las caras de los arcos que recibe la columna, se encuentra una pintura mural de la familia seráfica, y a continuación puede observarse el techo, profusamente decorado con pinturas de flores.

Otro soporte muy particular es un fragmento también monolítico, en el que probablemente el artesano indígena dio su versión de la llamada “columna salomónica”: alrededor de una espiral que recorre el fuste, aparecen relieves ingenuos de pájaros, racimos y hojas.

Ejemplos del mestizaje artístico pueden seguirse en otros elementos decorativos de Monguí. Este proceso posiblemente tuvo importante resonancia allí, por la dilatada construcción de la iglesia y el convento, que demandó la participación de diversos ejecutantes a lo largo del tiempo. El retablo lateral izquierdo de la iglesia es una seña­lada muestra del gusto decorativo heterodoxo, resultante de la confluencia indígena y española, dada por la presencia de colores adicionales al rojo y al dorado, y por la parafernalia del barroco popular de la península (16) La transformación de la venera o concha renacentista en un medio abanico, es un módulo ornamental que se repite en retablos y mobiliario, y de nuevo constituye un ejemplo de la fusión activa de dos culturas (17) . Otros elementos decorativos que merecen destacarse son las pinturas de la Virgen de los Dolores en el techo de la entrada de la iglesia. Allí, las vigas y los espacios que quedan entre ellas cuentan con asuntos vegetales, donde se observan dorados, ocres, verdes, azules y rojos. En el intradós (superficie cóncava) del arco toral, aparecen espejos y rosetones. En los demás arcos puede encontrarse ornamentación vegetal y geométrica, así como espejos e incrustaciones de porcelana, muy del gusto rococó, en la capilla del Tránsito y en el altar de san Antonio. Resultan de gran interés la cocina y el refectorio del convento; la campana de la estufa es una cúpula apoyada sobre cuatro columnas, cuya linterna forma la chimenea. El lavadero es un monolito labrado, así como el lavamanos (18) .

El conjunto monumental de Mongui sufrió varias reformas desde su terminación. Muchas de las alhajas que fueron inventariadas en 1757 han desaparecido, entre ellas retablos, imágenes de bulto y sus respectivos adornos. De los quince altares que se registraron en 1856, sólo subsisten hoy dos retablos con muchas modificaciones: el mayor y el de san Juan Nepomuceno. En 1858 se modificó la media naranja de la cúpula. La iglesia fue empañetada y enyesada en 1882, cubriendo muchos enlucidos y varios frescos. Los arcos ciegos de la iglesia fueron abiertos en 1903 y en 1927 se le agregó a la torre sur un campanario idéntico al de la torre norte (19) .

Hacia 1963 un grupo de alumnos de arquitectura de la Universidad Javeriana, dirigidos por Carlos Arbeláez, se dio a la tarea dc estudiar el templo de Mongui, buscando crear conciencia sobre sus valores arquitectónicos y culturales, dentro de un programa de investigaciones sobre la arquitectura colonial colombiana (20) . Más recientemente, las observaciones del arquitecto Jaime Salcedo revelaron que la bóveda falsa con que se cubrió la nave principal sufría diversos defectos que afectaban la obra (21) .

El primer trabajo emprendido con el apoyo de la Fundación para la Conservación y Restauración del Patrimonio Cultural Colombiano del Banco de la República, fue la restauración del conjunto monumental de Monguí (22) , Gracias a una cuidadosa intervención que recuperó la estructura original y consolidé la cimentación, el conjunto logró salvarse de la ruina, sumándose a nuestra historia del arte como peculiar testimonio del mestizaje cultural.

SANTIAGO LONDONO VÉLEZ

 

1 Carlos Arbeláez Camacho, EI conjunto monumental de Mongui. Análisis histórico arquitectónico”, en Boletín de Historia y Antigüedades, vol. 52, núm. 604-605, Bogotá, pág. 157; Jorge Luis Arango, “La galena de Vásquez Ceballos”, en Luis Jorge Sáenz, Monguí, Tunja, 1967, pág. 75. (regresar 1)

2    Una transcripción del contrato con Yánez y Gómez se encuentra en Jaime Salcedo Salcedo, “Nuevos datos sobre la evolución arquitectónica de Mongui” (primera parte), en: Apuntes, nuon. 17, Bogotá, 1981, págs. 30 y siga. (regresar 2)

3 Juan Manuel Pacheco, Historia eclesiástica, en Historia extensa de Colombia, vol. XIII, t.II, Bogotá, 1975, págs. 545-546. (regresar 3)

4 Jorge Luis Arango, “Las obras de Vázquez Ceballos en Monguí”, en Hojas de Cultura Popular Colombiana, núm. 25, Bogotá, 1953. (regresar 4)

5 Jaime Salcedo, op. cit., pág. 14, donde puede seguirse en detalle los informes de los albañiles. (regresar 5)

6    Citado por Juan Manuel Pacheco, op. cit., págs. 546 y siga. (regresar 6)

7 Salcedo, op. cit., págs. 14-17 y 27. (regresar 7)

8 Arbeláez, op. cit., pág. 159. (regresar 8)

9 Gabriel Camargo, “Arte y sociología de la villa”, en Luis Jorge Sáenz, op. cit., págs. 48 y 49. (regresar 9)

10 Jaime Salcedo, “Nuevos datos sobre la evolución arquitectónica del monasterio de Mongui” (segunda parte), en Apuntes, núm. 18, Bogotá, 1981, págs. 23 y siga.; Salcedo, op. cit. (primera parte), pág. 18. (regresar 10)

11 Salcedo, op. cit. (primera palle), págs. 18- 21. (regresar 11)

12 Basilio Vicente de Oviedo, Cualidades y riquezas del Nuevo Reino de Granada (1763), Bogotá, 1930, págs. 122-123. (regresar 12)

13 Salcedo, op. cit. (primera palle), pág. 29; Germán Tellez, “Las órdenes religiosas y el arte”, en Historia del arte colombiano, Barcelona (España), Salvat, 1977, pág. 767. (regresar 13)

14 Salcedo, op. cit. (segunda parte), págs. 14, 15, 16. (regresar 14)

15 María Teresa Auli, “Los elementos decorativos y fantásticos en la iglesia franciscana de Mongui”, en Luis Jorge Sáenz, op. cit., págs. 90 y 91; Santiago Sebastián. La ornamentación arquitectónica en la Nueva Granada, Tunja, 1966, págs. 61 y 62. (regresar 15)

16 Francisco Gil Tovar, citado por Carlos Arbeláez y Santiago Sebastián, Las artes e n Colombia, vol. XX, t. 4, de la Historia extensa de Colombia, Bogotá, 1967, pág. 389.  (regresar 16)

17 Historia del arte colombiano, Salvat, t. 5, págs. 964, 1094 y 1153. (regresar 17)

18 Auli, op. cit., págs. 95 y sigs., donde se puede seguir un recuento completo de las decoraciones; así mismo, Santiago Sebastián, op. cit.; Guillermo Hernández de Alba, citado por Jorge Luis Arango, op. ci t. (regresar 18)                     

19 Salcedo, op. cit., págs. 10 y 21. (regresar 19)

20 Carlos Arbeláez Camacho, “Iglesia y convento en Monguí, en Proa, núm. 163, Bogotá, 1964. (regresar 20)

21 Jaime Salcedo, “La preservación del conjunto monumental de Monguí”, en Apuntes, núm. 13, Bogotá, 1976, págs. 8-11, donde hace un balance detallado de los daños. (regresar 21)

22 “Restauración del templo de Mongui”, en Apuntes, núm. 15, Bogotá, 1978, pág. 4. (regresar 22)