Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 32, Volumen XXX, 1993

 

Clase nocturna de acuarela en el Colegio Mayor de San Bartolomé (Tomado de: El Papel Periódico Ilustrado, núm. 82, 1884).

En lo esencial de la vida interna y de los criterios frente al problema de la selección social de sus aspirantes, el inmovilismo de los procesos tradicionales continuaba mucho después de 1810 en los colegios de Santafé. Esto se comprueba de manera sencilla si recordamos que hasta más o menos 1840 las formas de selección seguían presentando las mismas características que hablan dominado en el período anterior. Tanto en el Colegio del Rosario como en el de San Bartolomé se puede comprobar el uso continuado hasta los años 40 del tradicional sistema de informaciones para calificar las calidades sociales, tal como se había conocido durante los siglos XVII y XVIII. Sólo a partir de la década del 40 se produce el cambio en este punto, cambio que consistió principalmente en que los criterios de selección se desplazaron de los ascendientes y padres al sujeto que buscaba entrar en la institución, con la transformación consiguiente de los antiguos criterios de hidalguía y nobleza. Y se puede también rastrear un comienzo de transformación en cuanto a los criterios del testigo o informante, cuyas garantías de verdad ya no dependerán exclusivamente de sus títulos sociales.

 Pero volviendo al contenido general del proceso en la segunda mitad del siglo XVIII, repitamos que lo fundamental en este punto es poder comprender ese proceso de descomposición de una forma de selección de elites como un proceso de lucha, en donde el rasgo más distintivo fue la gran resistencia frente al cambio que mostraron los tradicionales colegios universidades de Santafé. Se trata de entender también que en esas luchas y en torno de esas luchas se alinearon bandos diversos de la intelectualidad y se expresaron formulaciones ideológicas que estarían presentes de diversas maneras en los movimientos de independencia nacional. Se trata sobre todo de renunciar a la visión de las universidades santafereñas como la "cuna natural" de la Independencia, según la versión que promueven esas mismas instituciones y los suplementos literarios de los periódicos capitalinos el 20 de julio.

En particular, en torno al punto de la selección de elites a través de la educación, el carácter de larga transición que adoptó el proceso debe verse principalmente como expresión de las resistencias de la corporación universitaria; como debe recordarse que los centros escolares que con mayor facilidad comenzaron a acceder a las nuevas condiciones, después de 1780, fueron los de ciudades distintas de Santafé, en donde el "señorío estamental" iba siendo ya afectado por diversas condiciones inéditas de la economía y de la sociedad.

Para que comprobemos en el caso santafereño el tipo de resistencias de la corporación y hasta dónde permitía avanzar a quienes padecían faltas en sus calidades sociales, analicemos, en principio, el expediente de José Ponciano Ayarza, quien intentaba hacia 1794 lograr su grado, después de haber cursado las facultades de filosofía y derecho.

Ayarza se dirigía al virrey recordándole un decreto oficial por el cual "se dignó vuestra excelencia declarar extinguida mi condición de pardo", en consideración a los méritos y servicios del padre y de la conducta del agraciado, resultando de ello la autorización para que pudiera acceder a los estudios y a los grados respectivos. De la misma opinión favorable del virrey era el propio tribunal de la Real Audiencia, en donde Ayarza esperaba legitimarse como abogado, pues este tribunal encontraba

 [...] muy razonable los fundamentos que apoyan esta solicitud (de grado) y en beneficio del suplicante que merece ser particularmente atendido por su notoria buena conducta y buenos procedimientos que influyeron en parte en el primer indulto que se le concedió [...] y le han traído el buen concepto y general estimación de que goza en la capital (10) .  

 

 

De español a mestizo, castizo, obra de Miguel Cabrera, Museo de América en Madrid (Tomada de: historia de España, 1. XXXI).

 

Pero el motivo para que Ayarza se esté dirigiendo al virrey es que lo que éste como primera autoridad ya ha aprobado, y aprueba también la Real Audiencia, en donde Ayarza aspira a entrar como litigante, es negado de manera terminante por los colegiales del Rosario y San Bartolomé, reunidos en forma de claustro en la Universidad Tomística, que era la autorizada para otorgar los grados, condición necesaria para el "pase" al tribunal de la Real Audiencia y poder ejercer la profesión de abogado. Reunida en claustro, y en contra de las determinaciones oficiales, la universidad santafereña acordó

 [...] ser inadmisible la insinuada pretensión por obstarle al interesado la calidad notoria de mulato y estar inhabilitados para graduarse los de esta clase (11) .

 Consideremos en extenso un caso más, en 1800, en el Colegio de San Bartolomé, para comprobar aquí no sólo las resistencias de la institución universitaria, sino para poner de presente el discurso con que justificaba su proceder. Se trata de la repulsa dada a Luis y a José, hijos de Francisco Lombana, quien habla sido militar de carrera. El motivo de la repulsa era la ilegitimidad de la madre, aunque Lombana padre había conseguido del rey una dispensa especial que favorecía a sus hijos. Iniciado el litigio, y para comprenderlo en términos de discurso tendremos que multiplicar las citas, el primer expediente a que acudió el colegio es aquel que puede denominarse la "corporación por que sí", ya que, decía el rector,

 [...] según nuestra cristiana costumbre se omiten por honestos motivos las causas, para evitar la deshonra de los mismos interesados (12) .

 

De castizo y española, español, serie étnica del Museo de América en Madrid (Tomado de: Historia general de España y América, 1. XI-I).

 

Pero convertido en público el motivo del litigio, el apoderado del colegio alegará que la dispensa de ilegitimidad de la madre era simplemente para poder heredar, "pero que de la mancha no dispensa a sus hijos y descendientes", y que el colegio los había recibido pero en calidad de escolares externos, ya que bajo esta condición 

[...] han cursado y estudian actualmente jóvenes de todas las calidades, y aún los pardos [...] y los Lombanas [...] (13) .

 

Ante esta declaración, que era presentada como un acuerdo de todos los colegiales, el padre de los Lombanas, tan duramente tratados, volvió a reaccionar, pues en su opinión "ya no quedan libres de esta nota ni las venerables cenizas de los muertos, ni la buena reputación de los vivos", e insistía bajo todas las formas posibles en el talento, inclinación y compostura de sus hijos, aunque para el rector "las buenas esperanzas no pueden afincarse en otra cosa que en la limpieza de sangre", pues para un joven que "apenas anda buscando el camino del honor, es indispensable deducirlo de la estimación de sus progenitores" y con mucha mayor razón no podrán ser seminaristas los ilegítimos,

 [...] en quienes el derecho canónico halla la imagen de sus mayores, temiendo justamente que han de ser herederos de la incontinencia paterna (14) .

Para el rector es claro que las leyes del Reino no han querido nunca mezclar "el hijo del ministro con el del artesano", "el joven ilustre con el de baja extracción", "el descendiente de nobles progenitores con el nieto de humildísimos plebeyos", y existen otras casas de educación para las gentes del común, y así en cada colegio "se junten precisamente los jóvenes de una misma esfera". Pero no en el de San Bartolomé, ya que el colegio cuenta entre sus ilustres alumnos con

siete hijos [...] de vuestros presidentes, y uno de virrey. Más de veinte hijos de ministros de esta Real Audiencia, treinta y seis caballeros cruzados, sin contar los muchos hijos y descendientes de los que han sido de varias órdenes militares, siendo digna de ilustre memoria la circunstancia de que vuestro ilustre arzobispo de Tucumán y Trujillo [...] que hizo sus estudios vistiendo la beca de este colegio, era inmediato descendiente del glorioso español San Francisco de Borja, cuyo entroncamiento es bien sabido con la real sangre de Aragón y de Castilla (15)

 

De español y negra, mulato, obra de la serie étnica del Museo de América en Madrid, u. XVIII (Tomado de: Historia general de España y América, 1. XI-I).

 

Quizá más que lo anteriormente copiado, producto de la pluma del rector del San Bartolomé en el curso del litigio, sea una nueva afirmación suya la que nos permita ver con claridad uno de los puntos ya decisivos del problema, en este año de 1800: 

Pero intentar un absurdo tan temerario de reunir miembros de clases diferentes no es otra cosa que preparar en los jóvenes un pernicioso espíritu de igualdad y subversión, colocándolos juntos [...] (16) .

 

El litigio fue largo e intensamente disputado, e incluso el rector del Colegio de San Bartolomé, a pesar de que declaraba defender "los intereses de la tranquilidad pública y el fomento y conservación de la casa de educación literaria más importante de la ciudad", recibió la sanción fiscal de 20 ducados por negar el tratamiento de "don" a los Lombanas, y porque consultados cuatro colegiales sobre sus votos en el litigio, tal como lo dijera el concepto del fiscal de la Audiencia. Pero pese a todo ello y al apoyo que los Lombanas recibieron de diversos funcionarios en la Junta de Estudios, el colegio hizo prevalecer su voluntad, con lo cual seguía demostrando la fuerza de sus decisiones, su gran poder social y el inmovilismo de sus criterios.

[...] consta [que] no asistieron ni fueron citados [...] y que si se juntó el claustro (que se duda con mucho fundamento) estuvo incompleto y por consiguiente nulo lo acordado, que no es el claustro el que repudia sino el Rector [...] (17) .

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(10) A.G.N., Col., Curas y obispos, t. XXXI, f. 462v. (Regresar a 10)

(11) Idem, Col., Colegios, t. II, f. 231. (Regresar a 11)

(12) Idem, Anexo, Ins. Púb., t. III, f. 264. (Regresar a 12)

(13) Idem, f. 566v. (Regresar a 13)

(14) Idem, Col., Colegios, t. 1, f. 351. (Regresar a 14)

 (15)   Idem, f. 569 y v. (Regresar a 15)

(16) Idem , f.578. (Regresar a 16)

(17) Idem, f. 614v. (Regresar a 17)