Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 32, Volumen XXX, 1993

 

El caballero Don Luis de Caicedo: 
un empresario criollo del periodo le la crisis del régimen colonial en la Nueva Granada*

HERNÁN CLAVIJO OCAMPO
 

Profesor de historia de Colombia, Universidad del Tolima


INTRODUCCIÓN

COMO OBJETO DE ANÁLISIS HISTÓRICO a escala regional las interrelaciones entre lo económico y lo político, a fines de la dominación colonial en la Nueva Granada, tienen en la política fiscal, particularmente en el estanco de aguardiente, la economía agraria y la conducta política de sectores de las elites, aspectos cuya dinámica y contenidos específicos son todavía insuficientemente conocidos, después de los estudios de Gilma de Tovar y de Margarita González (1) .

 En efecto, si bien en lo general es válida la afirmación de Gilma de Tovar (2) en el sentido de que el estanco de aguardiente afectó intereses de diverso orden económico y social, la precisión de esos efectos en la estructura social exige análisis regionales y locales que permitan conocer mejor las relaciones de las elites con el estado colonial, sobre todo después del movimiento comunero y de la Revolución Francesa.

El estado colonial controló factores, ritmos, mecanismos y magnitudes de procesos de acumulación-desacumulación entre las elites a la vez que creó pugnas y conflictos entre ellas. Desde lo que se conoce como una de las grandes innovaciones de la política fiscal borbónica en sus colonias: los estancos del tabaco y del aguardiente, especialmente la implantación del sistema de las reales fábricas de este último producto desde 1778 y el consecuente sistema de contratos de abastos de mieles, los grandes productores de éstas, hacendados esclavistas, presionaron fuertemente para que se les otorgara la exclusividad del abasto. Sin embargo, las variaciones de la política internacional, de la política comercial de la corona española, así como la competencia entre hacendados y hasta las catástrofes naturales, terminarían por afectar de manera importante la relación generada por dicha reforma, entre sectores de las elites y el Estado colonial.

Entre los casos de dichos hacendados, es bastante significativo el de don Luis Dionicio de Caicedo y Flores, miembro de la elite santafereña, propietario de la hacienda Santa Bárbara de Contreras, situada en la jurisdicción de Ibagué, sobre cuyo cabildo, y el de Purificación —Villa en donde tenía su hacienda ganadet de Saldaña y extensas montañas (Cunday), ricas en quina— ascendientes descendientes suyos ejercieron gran poder de influencia. Según Restrepo Sáenz don Luis era, "después de la figura del marques de San Jorge, la más brillante entre las de los habitantes de Santafé a finales del siglo XVIII" (3) . Caicedo era pariente de don Jorge Lozano de Peralta. 

El análisis de caso quiere precisar algunos de los efectos que la política económica virreinal tuvo en sectores de la estructura social y agraria de La provincia de Mariquita, desde la expatriación de los jesuitas hasta los primeros años de la independencia. Concretamente se sugiere que, cuando dichos efectos fueron persistentemente adversos a los intereses de algunos criollos poderosos este hecho ejerció marcada influencia sobre su conducta política. En particular se plantea que, no obstante los intereses terratenientes y esclavistas de Caicedo, éste adhirió al proyecto de liberación nacional liderado principalmente por don Antonio Nariño.

 

Manuel Antonio Flórez, II Virreinato, 1776-1782 (Colección de miniaturas de la Biblioteca Luis-Angel Arango.  

El esquema que desarrollaremos en este artículo es el siguiente: en primer lugar se intenta identificar algunos ascendientes de don Luis en función de su actividad económica y de su poder político local, a la vez que describir la formación y evolución de sus haciendas, en especial la de Santa Bárbara de Contreras, como también la incidencia del funcionamiento del estanco del aguardiente en las haciendas de caña. Además se analizarán las contratas del abasto de miel a la real fábrica, y el papel de éstas en las ganancias de don Luis, así como los hechos que favorecieron su movilidad política. En segundo lugar, se identifican y analizan las resistencias y límites a su empresa productora de miel por sus pretensiones monopólicas y sus conflictos políticos en Santafé de Bogotá. En tercer lugar, se describen y evalúan los proyectos que concibió como alternativa a esos límites y se intenta una explicación de las resistencias contra Caicedo, en el marco de las tensiones entre el gobierno y un sector de la elite criolla desde 1796 hasta su desenlace en 1810. De este desenlace se hace especial consideración de momentos y hechos significativos de la política local, así como del destino de una parte de la riqueza de Caicedo. Finalmente se elaboran algunas conclusiones.

 

ESTANCO, PODER Y ACUMULACIÓN

En los inventarios de la mortuoria del teniente coronel Joseph de Caicedo y Pastrana (4) , abuelo de don Luis, practicados en 1741, aparece, entre otros bienes, la hacienda de San Mateo de El Mene, ubicada en la viceparroquia de San Luis, jurisdicción de Ibagué. Se trataba de un trapiche con 120 mulas, 27 esclavos, capilla y tierras. Su valor calculado fue de 12.000 patacones. Ciertamente era una hacienda pequeña en comparación, por ejemplo, con las del empresario santafereño capitán Antonio Vásquez Forero, contemporáneo de don Joseph y abastecedor de aguardiente a Santafé. En efecto, las haciendas de Buenavista y San Jerónimo, en jurisdicción de Tocaima, tenían hacia 1742 un total de 158 esclavos y eran avaluadas en cerca de 40.000 patacones (5) .

Su hijo, don Fernando Joseph, quien compró el cargo de alférez real de Ibagué en 1743 ( 6) , poco antes de convertirse en el arrendador del estanco de aguardiente de Purificación e Ibagué, heredó y conservó el trapiche hasta su muerte, en 1762, cuando la baja utilidad, los excesivos gravámenes que tenía cargados y el no existir en la jurisdicción quién la comprase, al menos a censo redimible, obligaron a su albacea a vender por separado los bienes de dicha hacienda con el fin de redimir parte de los censos que la gravaban.

La depreciación de esta hacienda refleja al parecer una situación general a raíz de los bajos precios que tuvieron las mieles cuando fueron arrendados los estancos y éstos tendieron a quedar en manos de comerciantes, quienes aprovecharon la expansión de trapiches entre arrendatarios de las haciendas.

A escala regional el fenómeno fue constatado y sus efectos analizados por don Joseph de Mesa y Armero, quien había sido arrendador del estanco de esa ciudad desde 1754 y era, además, hacendado esclavista. En efecto, a través de una representación del cabildo de Mariquita, Mesa y Armero advirtió que los bajos precios de la miel habían producido una crisis en la hacienda de trapiche de esa jurisdicción y provocado la transformación de ella. En dicho escrito se lee: "[...] al presente solo existen tres haziendas de trapiche con quadrillas de esclavos [...] que aora pocos años dava duplicados frutos y al presente los diere, sino se halla en las mieles (hace años) precio tan ínfimo, que nos persuadimos sea la causa primaria, de haverse extinguido en el todo mas de diez haciendas de trapiche con quadrillas de negros, q’ tenían los vezinos [...] aviendo destinado los esclavos y tierras a siembras de cacaguales, o bendiéndolos para otros servicios, siendo publico y notorio lo dho, como también haber dejado muchos libres, que trabajaban en siembra de caña, sus plantíos por no tener consumo de las mieles...” (7) .

Esta situación se modificaría con la creación del sistema de las reales fábricas de aguardiente, pues esto significó que el Estado se convertía en un agente económico que demandaba cantidades importantes de materias primas, principalmente de miel.

 

Antonio Nariño, dibujo de Chaudo (El Gráfico).  

Las expectativas que entre los hacendados bien informados produjo la inminente implantación de dicho sistema pueden conocerse en el caso de don Luis de Caicedo. Este, usando de su preeminencia y ambiciones, buscó aprovechar el negocio, ya proponiendo, a través de su principal aliado en Ibagué, el establecimiento de la fábrica en esta ciudad, ya adquiriendo tierras a propósito para el cultivo de caña. En este sentido Caicedo negoció la compra de una hacienda de cacagual y caña a don Joseph de Prado, ubicada en el sitio Callejón de Contreras, jurisdicción de esa ciudad,
en precio de 3.500 patacones pagaderos en tres contados continuos, uno por año
(8) . Esta transacción fue objeto de un prolongado litigio. En 1775 esa hacienda tenía 3.000 árboles de cacao, 10 o 12 almudes de caña dulce, casa, trapiche y otros bienes (9) . El apoderado de Prado dijo que el negocio le era lucrativo a Caicedo y dañoso a su parte: "quando solo los tres mil árboles de cacao sin el casco de la tierra en el comun sentir de los cosecheros y hacendados de esta planta se estima cada árbol de aquellos en un peso [...] y las demás tierras [...] son de la mayor estimación en aquel distrito por su amenidad y fertilidad con que producen los frutos, como por las buena proporciones de que gosan [...]" (10) .

El expediente del pleito contiene, además, varias quejas del apoderado de Prado y Plaza contra las autoridades de la Villa de Purificación, donde la notoria preeminencia de Caicedo impedía las diligencias judiciales. El apoderado decía "[...] este caballero se halla emparentado con las familias de maior valimento distinción de esta ciudad [y los jueces] conciben estas circunstancias en grande recibo y temor, para demostrarle vasallaje y consagrarle en todo cuanto quiera y de ningún modo oponerse a lo que pueda resultarle en su contra [...] (11) . No parece exagerada esta opinión y más bien confirma el prestigio y el poderío que en los vecindarios de Purificación e Ibagué hablan acumulado hasta entonces tres generaciones de la familia Caicedo. En efecto, en 1743, siendo alcalde de Ibagué don Fernando Joseph, padre de Luis Dionicio, desacató y se resistió a obedece los actos de autoridad del visitador provincial en justicia y real hacienda. Según éste, las autoridades de esa ciudad "todas estan pendulos de su boz [...] tenemos los juezes bendida la vida en cualquier resoluzión de justizia y mucho mas no abiendo respaldo en los superiores..." (12) .

Vista frontal de la capilla de la Hacienda Santa Bárbara de Contreras (Fotografía de David Oviedo).  

En el otro sentido, a la vez que eran terminadas las obras de la nueva fábrica de aguardiente de Honda en 1777, considerada como de las mejores del reino por su capacidad y diseño (13) , el teniente de gobernador de Ibagué, Ignacio Nicolás de Buenaventura, posiblemente asesorado por don Luis de Caicedo, propuso al virrey la creación de una real fábrica de aguardiente en Ibagué con capacidad para producir 5.000 botijas de ocho frascos de a cinco libras, o sea 40.000 frascos, con las cuales se darla abasto a los partidos de las jurisdicciones dc Ibagué y de Purificación, los pueblos de Coyaima, Venadillo, Piedras, Cuello Coloya y mbalema (14) . La propuesta se apoyaba en cálculos de la ventaja comparativa del sistema de administración directa sobre el de los estancos en proporción de 4 a 1.

Caicedo, quien por entonces fomentaba con esclavos su trapiche en el valle de Contreras, era, además, asentista del ramo de aguardiente en la parte socioeconómicamente más rica de la jurisdicción de Ibagué (valle de San Juan, San Luis, Chaparral y anexos). Como tal, había apoderado en 1775 al doctor don Juan Agustín de la Castilla, propietario de la hacienda Páramo de la Miel, en la banda oriental de la villa de Purificación, para que le administrara el estanco del partido de Chaparral. Por esos años también tenía contrato con el administrador de la renta de tabaco de Purificación para transportarle en mulas el producto que le enviaren desde Ambalema cobrándole a cuatro patacones el flete por mula, cargada o no.

 

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* Este artículo pertenece a un trabajo sobre las elites locales en el Tolima (1600-1930), cofinanciado por Colciencias, lcfes y otras entidades. (Regresar a *)

(1) Gilma de Tovar, Aguardiente y conflictos sociales en la Nueva Granada, siglo XVIII, Bogotá, Universidad Nacional, Centro Editorial, 1988. Margarita González, "La política económica virreinal en el Nuevo Reino de Granada", en Anuario Colombiano de Historia Social y de la cultura, núm. 11, Bogotá, Universidad Nacional, 1983, pág. 173. (Regresar a 1)

(2) Gilma de Tovar, op. cit., pág. 181. (Regresar a 2)

(3) José M. Restrepo Sáenz, Gobernadores y próceres de Neiva, Bogotá, Academia Colombiana de Historia, pág. 422. (Regresar a 3)

(4) ANC, Notarías de Bogota, Notaría 3a., t. 1734-1800, 2° grupo, f 126r. La hacienda de Saldaña tenía en ese año 7.400 reses, 33 bueyes de barbacoa y mas de un millar de bestias. Su valor total era de 23.826 patacones, suma en la cual la compró su hijo Fernando (ibid.). (Regresar a 4)

(5) ANC, Notarías de Bogotá, t.166 ff. 62v-65v, año 1743. (Regresar a 5)

(6) AHI, Colonia, caja 1, legajo II, doc. 12, ff. 59-67 (Regresar a 6)

(7) ANC, Aguardientes Tolima t. 3, ff. 592v-593r. Gilma de Tovar, op. cit., pág. 68. (Regresar a 7)

(8) AHI, Colonia, caja 11, leg. 1, doc. 20, ff. 163-173r. A su vez Prado y Plaza habia comprado esas tierras en 1748 en 600 patacones a censo redimible. (Regresar a 8)

(9) Ibid., f. l65r.v.(Regresar a 9)

(10) Ibid., f. 169 r.v. (Regresar a 10)

(11) Ibid., 1. 171v. ANC, Tierras Tolima, t. 13, ff. 959-983. (Regresar a 11)

(12) ANC, Miscelánea, t. 6, f. 184v. (Regresar a 12)

(13) ANC, Aguardientes Tolima, t. 1, ff. 553-555v. (Regresar a 13)

(14) ANC, Aguardientes Tolima, t. 7, ff. 83-158. (Regresar a 14)