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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
32, Volumen XXX, 1993
La propuesta de Buenaventura y Caicedo, de haber sido aprobada, hubiera provocado
la disminución de la demanda de miel a los hacendados de Honda, Mariquita y Guaduas en
beneficio de este último. La propuesta fue negada.
Una vez
terminada la nueva fábrica de Honda, en 1777, la contrata del abasto de mieles
constituyó un acontecimiento social y político en la economía agraria de las
jurisdicciones de Honda, Mariquita e inclusive la villa de Guaduas.
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Portal
de la capilla de la Hacienda Santa Bárbara.
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En efecto,
el establecimiento de la fábrica revivía el problema entre hacendados y arrendatarios
cultivadores de caña; en otros términos, el problema de los precios de la miel, según
la oferta de grandes y pequeños productores. A diferencia de Santander, donde se formaron
centenares de pequeños trapiches, en Tocaima y Mariquita los hacendados insistieron en
quejarse del excesivo aumento de "trapicheros" y "pegujaleros", o sea
del campesinado arrendatario que "se limitaba a cultivar una corta porción de
cañas, sin otro caudal que su personal trabajo, ni mas seguridad de
cumplir lo qe ofrecen, que la inútil obligación que contrahigan"
(15)
.
Según
Hermes Tovar, en 1754, a instancias de los hacendados, se elaboró un informe donde se
lee: "apenas se hallara en toda la tierra caliente [...] individuo alguno
hasta de la calidad de mestizos, mulatos negros y zambos que no tenga entable de los tales
trapichitos, siendo los mas de estos abrigo de gente malévola, vagabunda desenfrenada, e
inobediente a la justicia [...] y como no tienen esclavos reciben como fuerza de
trabajo a reos, esclavos profugos e indios demorados fabricando miel a
ínfimos costos"
(16)
.
En
últimas, la pretensión de los hacendados esclavistas de Mariquita y Tocaima era la de
que se legalizara exclusivamente en ellos el comercial cultivo.
A fines de
1776 fue promulgada una instrucción del virrey que mandaba a los administradores de las
reales fábricas hacer padrones de los cosecheros existentes en su jurisdicción y que de
acuerdo con la demanda de miel se repartiese proporcionalmente a su capacidad por períodos de cinco años al precio que convencionalmente acordare
con ellos
(17)
. Las cantidades contratadas debían ser
inalterables.
Sin embargo,
en los hechos eran las fluctuaciones que el contrabando imponía a las ventas de
aguardiente el factor que determinaba las cantidades de miel que realmente consumían las
fábricas, por lo cual los administradores se veían obligados a solicitar autorizaciones
para disminuir las cantidades pactadas con los cosecheros. Por ejemplo, a principios de
1778 el administrador de la fábrica de Honda escribía al virrey informándole del exceso
de miel, debido a "que todos los dueños de trapiche que como V.m. sabe
son muchos en esta juriszn, a un mismo tiempo han empezado a traer [la miel]..."
(18)
. Con base en ello le pidió que aplazara por
tres meses el recibo.
Naturalmente,
don Joseph de Mesa y Armero, por entonces el mayor abastecedor, reaccionó contra la
disminución de su cuota para dar participación a los hacendados de Guaduas. Su apoderado
dijo: "[El] trapiche de dho dn Joseph [es] bien acondicionado y con bastante gente
para la saca de sus mieles, y [...] no hay en ningún paraje
de su circunferencia otro de maior provecho [...]"
(19)
. Dicha hacienda, San Antonio de Chimina,
producía anualmente 700 botijas de cinco arrobas cada una y su valor era de dos patacones
la botija. Es decir, que idealmente las ventas de miel a la fábrica debían haberle
estado produciendo ingresos por 1.400 patacones anuales.
En 1778,
después de estar advirtiéndose por varios años la mala calidad y la escasez de las
mieles, se ordenó incorporar a don Luis de Caicedo como gran abastecedor. Este propuso entregar anualmente 600 cargas de diez arrobas cada una al
precio corriente
(20)
. Es decir,
ofrecía mayor cantidad por idéntico valor al pagado al resto de cosecheros. Esta
propuesta coincidió con el cambio de administrador, y por tanto se realizaron nuevas
contratas. Esta vez fue hecha con ocho hacendados de Guaduas, Mariquita e Ibagué, quienes
suministrarían 11.000 cántaras: Mesa debió suministrar hasta 2.500 cántaras anuales
durante diez años, mientras que a Caicedo se le contrató el
abasto de 2.000 cántaras anuales por cinco años
(21)
.
La
incidencia de las cambiantes relaciones de poder en las cuotas del abasto se advierten de
nuevo en esta ocasión, cuando en principio el virrey ordenó preferir el recibo de las
mieles de Mesa y Armero a las de cualquier otro hacendado a la vez que al año siguiente
(1779), ante el exceso de aguardiente, Caicedo obtuvo una orden del virrey en el sentido
de que en la reducción de once mil a siete mil cántaras de miel no
fueren afectados ni él ni un hacendado de Guaduas
(22)
.
Hacia 1780
el monopolio en el abasto de miel a la fábrica de Honda tendió a acentuarse, pues en la
junta realizada ese año para establecer nueva contrata sólo
participaron siete hacendados
(23)
. Por entonces la Real Fábrica de Santafé era abastecida por dieciocho "cosecheros", en su mayoría
hacendados de la Mesa de Juan Diaz
(24)
.
En ese año
la demanda de la fábrica de Honda disminuyó a 10.500 cántaras anuales, de las cuales
3.000 serian entregadas por Caicedo y 2.050 por Mesa y Armero, es
decir, el 50% del total
(25)
. Evidentemente, esas cifras revelan el comienzo del afianzamiento de Caicedo
como el principal productor de miel de la región. Por entonces, no sólo había ampliado
su capacidad productiva al comprar en 1779 la hacienda de trapiche
Melgar (Tocaima) en 9.147 patacones, a censo redimible
(26)
, y en 1780 una cuadrilla de cincuenta esclavos
(27)
para su hacienda de Santa Bárbara, sino que
había obtenido la administración del estanco de la villa de
Purificación y del partido de Chaparral
(28)
.
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Medalla conmemorativa de la fundación de la
Villa de Honda, 1808.
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De nuevo tal
cantidad de miel fue disminuida a instancias del administrador de la fábrica en 1783, debido a las bajas ventas de aguardiente por el aumento del contrabando
(29)
.
A pesar de las
mermas en la demanda de miel, en la renovación de la contrata hecha en 1785 para un nuevo
período, Caicedo consolidó su preponderancia como principal abastecedor de esa materia
prima. Esta vez el número de abastecedores aumentó a diez, pero se mantuvo
la participación del 50% que Caicedo y Mesa y Armero tenían en el total
(30)
.
La política
comercial de la corona, al autorizar la libre importación de vinos y aguardiente desde
España, afectó el consumo interno del aguardiente de caña y, por ende, los intereses de
los hacendados productores de miel, quienes vieron nuevamente disminuidas sus contratas e
ingresos. En efecto, en 1789 las cantidades pactadas con los abastecedores fueron
reducidas en una tercera parte. Según el contador principal de la renta de Honda, la
causa era: "haverse disminuido notablemente la venta de aguardiente
de caña, con la livertad que se ha concedido de comerciar el de uba de España"
(31)
.
Contemporáneamente
a esta contrata, y poco antes de su reducción, Caicedo, al igual que otros empresarios
criollos, advirtió las posibilidades que la política comercial abría a la exportación
de productos agrícolas y de bosque tropical. De hecho, esta apertura suponía una
expansión de la frontera agraria, expansión que en las condiciones económicas y
políticas de entonces se tradujo, las más de las veces, en una colonización dirigida
por dichos empresarios. A diferencia de la provincia de Cartagena,
donde, según los estudios de Hermes Tovar y Orlando Fals
(32)
, la ampliación de la frontera agraria estuvo
asociada a empresas militares contra los indios, en la jurisdicción de la villa de
Purificación dicha expansión estuvo animada por el interés terrateniente de aprovechar
las expectativas en el negocio de las quinas.
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Fogón
indígena para hervir la miel (Acuarela de Edward Marck, s.f.).
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En efecto, a
comienzos de 1780 don Luis Dionicio, continuando un proyecto de su padre, financió una
cuadrilla de peones y esclavos para que fueran a descubrir tierras realengas "que
pudieran ser útiles para laboreo y otros aprovechamientos en la zona
montañosa de Cunday"
(33)
. Un socio de Caicedo, don Joseph de Sandoval,
decía de estas tierras: "destos dichos potreros tienen mucha tierra limpia de
sabanas para criar ganados y a las márgenes de los ríos y de muchas quiebras que tiene
la tierra ay muchos montes para laborear a mas de los que se allan lavoreados de
cacaguales y demas plantas [..] buenas maderas
[...] y
en fin qto puedan apeteser para vivir las jentes, que allí biben, y otros que irán"
(34)
.
Caicedo continuó invirtiendo dinero en jornales
para que en su nombre se explotaran y poseyeran, de tal modo que cuando obtuvo el título de propiedad sus trabajadores se convertirían con el tiempo en
arrendatarios
(35)
.
Continuar
(15) ANC, Aguardientes Tolima, 1. 2, f. 788r. (Regresar
a 15)
(16) Hermes Tovar, Grandes empresas agrícolas y ganaderas. Su
desarrollo en el siglo XVIII. Bogotá, Ediciones Ciec, 1980, págs. 142-143. liste
autor encontró que ya "hacia 1699, la abundancia de trapiches en los valles de
tierra caliente había despertado los celos de los hacendados mayores que plantearon la
necesidad de impedir el cultivo de caña a los pequeños productores" (ibid.).
(Regresar a 16)
(17) ANC, Aguardientes Tolima, t. 2, ff. 780-782v. (Regresar a 17)
(18)
Ibid, 1. 759r.v. (Regresar a 18)
(19)
Ibid., 1. 762r. (Regresar a 19)
(20)
Ibid., ff.
781-783v.(Regresa a 20)
(21)
Ibid.,
ff. 815v. Según Jaramillo Uribe, en 1764, bajo el gobierno del virrey Messía
de la Zerda, comenzó a funcionar el estanco del tabaco; "en su primera etapa fue
dado en administración a capitales privados mediante el sistema de remates [...] El
primer rematador de la renta fue el comerciante de Honda, José Mesa y Armero, quien pagó
par ella la suma de 50.000 pesos anuales". Véase "La economía del Virreinato
(1740-1810)", en José Antonio Ocampo (comp.), Historia económica de Colombia. Bogotá,
Siglo XXI Editores-Fedesarrollo, 1987, pág. 81. Hacia 1783, Mesa y Armero era uno de los
principales cosecheros. (Regresar a 21)
(22) ANC, Real Hacienda, Cuentas, Tabaco, t. 389, ff.
833-836r. Según lo estableció Gilma de Tovar, una cántara equivalía a 56 libras (op.
cit., pág. 86).(Regresar 22)
(23) ANC, Real Hacienda, Cuentas, t. 1659, ff. 1-7r. (Regresar a 23)
(24) ANC, Real hacienda, Cuentas, t. 1690. (Regresar a 24)
(25) ANC, Aguardientes Tolima, t. 5, f. 19r.v. Esas cifras
fueron el tope superior nominalmente admitido a estos empresarios por esa real fábrica. (Regresar a 25)
(26) ANC, ts. 1744-1783, ff. 685-703, año 1779, Notaría 3a,
Bogotá.(Regresar a 26)
(27) ANC, Temporalidades, t. 3, ff. 871-888. Poco tiempo después Caicedo
vendió una parte de ellos a mineros del partido de Chaparral (ANP, t. 1790-1794). Esta
cuadrilla la compró también a censo redimible a su amigo don Francisco de Torrijos,
miembro de la elite santafereña y propietario de la hacienda Boluga en Venadillo,
provincia de Mariquita. Por otra parte, según la hipoteca que Caicedo hizo de la hacienda
Santa Bárbara en 1780 para garantizar el abasto, esta hacienda tenía 60 negros, 80
mulatos, las tierras y un hato de ganado (ANC, Aguardientes Tolima, t. 5, ff. 21-22v.).
(Regresar a 27)
(28) Ese mismo año Caicedo propuso y le adjudicaron el abasto de
aguardiente de las administraciones de la villa de Purificación y el partido de Chaparral
con sus agregados (1.800 cántaras anuales, transportadas a su costo y riesgo), ante las
ventajas que su calidad de productor y abastecedor de miel le daba frente a sus supuestos
competidores, don Isidro Maldonado y don Joaquín de la Rocha, vecinos de Purificación. (Regresar a 28)
(29) ANC, ibid., 1. 5,
ff. 21-22r. (Regresar a 29)
(30) ANC, Real Hacienda, Cuentas, t. 2576, ff. 1-11v. (Regresar
a 30)
(31) ANC, Aguardienles Tolima, t. 5, f. 570v. (Regresar
a 31)
(32) Hermes Tovar, op. cit., pág. 35. Orlando Fals Borda, historia
doble de la costa, t. 1, Bogotá, Carlos Valencia Editores, 1979, págs. 81B-87B. (Regresar a 32)
(33) La explotación de minas de oro y la disputa con colonos fueron, al
parecer, factores de la expansión de la frontera agraria al sur de la jurisdicción del
cabildo de Ibagué. En efecto, doña Clemencia de Caicedo, hermana de nuestro personaje,
obtuvo merced de tierras en la zona de Chaparral donde fundó la hacienda minera y
agrícola de El Guanábano, para el sostenimiento del convento de la Enseñanza. Por otra
parte, la colonización espontanea de mazamorreros en los aluviones de Chaparral, en
tierras próximas a la hacienda de Amoyá, Concitó la reacción del propietario de ésta,
don Alonso Galindo de Mendoza, quien pidió en 1748 le otorgaran merced de ellas para
evitar que "los muchos fascinerosos me causen daños y perjuicios", decía, y
agregaba que esos colonos eran "jente Perniciosa y levantada" (ANC, Tierras
Tolima, t. II, ff. 531-550).
(Regresar a 33)
(34) ANC, Tierras Tolima, t. 19, f. 718.(Regresar
a 34)
(35) ANP, t. 1771-1773,
f. 100r.v.
(Regresar a 35)
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