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Boletín Cultural y
Bibliográfico, Número
32, Volumen XXX, 1993
Macondo, patrimonio cultural de la humanidad
...Para que mis amigos me quieran mas...
Homenaje a Gabriel Garcia Márquez
Selección y prólogo: Juan Gustavo Cobo Borda
Siglo dci Hombre Editores, Sanlafé de Bogotá,
1992, 424 págs.
"Es la
vida más que la muerte la que no tiene límites" G. G. M.
Un homenaje a la magia, a la fantasía de
García Márquez. Cincuenta y cuatro textos sobre sus imágenes, el personaje y su obra.
Textos críticos, anécdotas, reseñas, textos viejos, textos recientes. Un paseo por el
autor desde todos los puntos de vista.
Al leer una reseña o un ensayo sobre algún
escrito, lo esencial es quedar con el deseo de ir al texto, de leerlo. De uno a otro, la
mayoría de los capítulos de este libro dejan esa sensación. Aún en textos en que
críticos y maestros abordan un lenguaje tan fantástico sobre los libros de este autor
como su propia obra, y van dando extrañas explicaciones sobre el llamado realismo
fantástico. Es curioso cómo obvian los latinoamericanos este tema al escribir sobre
García Márquez, y entre europeos y norteamericanos es el argumento central para
referirse a él. También es curioso el que algunos colombianos que vieron por un minuto a
García Márquez una vez, hablen de este encuentro como algo trascendental en la vida de
nuestro premio Nobel. Es más: hay casos en los que, del encuentro, surge según ellos una
novela, o el medio minuto en que ni siquiera los vio García Márquez inspiré un cuento.
Aunque para todos estar al lado de un gran hombre, así sea por un momento, es un recuerdo
significativo, es también muy intimo. Hacer alarde de este tipo de situaciones resulta un
tanto pedante.
Los más bellos relatos de este libro son textos
literarios que más allá de la crítica describen imágenes delirantes, como el de Tomás
Eloy Martínez donde narra el momento en que García Márquez recibió la fama:
"Aquella misma noche fuimos al teatro del Instituto Di Tella. Estrenaban, recuerdo, Los
siameses, de Griselda Gambaro. Mercedes y él [GGM] se adelantaron hacia la platea,
desconcertados por tantas pieles tempranas y plumas resplandecientes. La sala estaba en
penumbras, pero a ellos, no se por qué, un reflector les seguía los pasos. Iban a
sentarse cuando alguien, un desconocido, gritó "¡bravo! ", y prorrumpió en
aplausos. Una mujer le hizo coro: "por su novela" dijo. (Cien años de
soledad acababa de ser publicada). La sala entera se puso de pie. En ese preciso
instante vi que la fama bajaba del cielo, envuelta en un deslumbrador aleteo de sábanas,
como Remedios la Bella, y dejaba caer sobre García Márquez uno de esos vientos de luz
que son inmunes a los estragos de los años".
Impresiones de bibliófilos como Álvaro Medina,
interpretaciones poéticas como la de María Luisa Mendoza cuando gana el nobel de García
Márquez y dice que los instantes que dura la vida son los instantes en que se detiene el
tiempo; sólo el amor y la muerte son capaces de esto y en su relato el amor detiene por
un momento la vida.
Hay textos escritos desde el ego de otro autor,
escritores que promocionan su propia obra; ego con vista a Gabo, otros con el patriotismo
de tierras lejanas. Se habla de los famosos "plagios" de García Márquez, o en
cambio se menciona la enorme influencia que tiene su obra en autores contemporáneos.
Escriben traductores dueños del trozo, en su idioma, del autor. De todo como en botica.
Lo que más despierta el hombre de Macondo son,
definitivamente, pasiones. A favor y en contra. En contra, por ejemplo, por su posición
política, por sus amigos, por ese deleite que le causa estar cerca del poder. Hay quienes
escogen invertir su fama en fiestas y alta sociedad; otros en el encierro; otros, como
García Márquez, en el poder. Y ¿qué hay de malo en esto, qué importa quién fuera
Chaplin en su vida privada o cómo se comportó Picasso con sus mujeres? Finalmente lo
importante de un artista es su obra. El García Márquez que nos pertenece está impreso
en sus libros. El otro (que es el mismo, pero eso no importa) le pertenece a él y se lo
puede gastar como le plazca, martinis o presidentes. Juan Gustavo Cobo Borda dice
refiriéndose al momento en que García Márquez abandona su columna en El Espectador de
Bogotá que "[...] experimenta una crisis creativa intentando su nueva novela de amor
[...] Que incluso su literatura se resiente esperando a que pase la borrasca para recobrar
su imagen ahora empañada". Y continúa un párrafo más abajo: "García
Márquez, hábil como ninguno, se adelanté al quite a sus críticos, diciendo que dentro
de su proyecto literario lo único que sobraba era la fama". Acota más adelante
cómo al servicio de la fama es explotado su talento, exponiendo voces a favor y en
contra: Susan Sontag, Octavio Paz, Heinrich Böll. Pero al final, leído este texto,
escrito en 1984, lo que queda antes que de cualquier discurso o cualquier problema
político es una de las grandes novelas de amor del siglo XX. La lección de vida que es El
amor en los tiempos del cólera.
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En su relato, Germán Vargas narra el suceso que
será Cien años de soledad en una nota escrita en 1966.
Leída hoy cobra una actualidad inverosímil;
bien podría estar escrita mañana. No hay anécdotas; es una nota literaria donde nana
paso a paso el proceso de una de las novelas de García Márquez y termina con el autor
empezando otra.
Están mencionadas la República del Caribe y la
europeización americana, la literatura transculturativa de la que habla Ángel Rama, las
crónicas y el costumbrismo americano que finalmente se reúnen entre los fantasmas que
invaden a García Márquez y se universalizan con él. Aparecen más y más críticas
sobre el personaje, las entrevistas donde habla de él, de Fidel, de Mitterrand, del lugar
que, como ya dije, escogió para gastar su fama.
Martha Canfield, con un toque político y
buscando establecer una paradoja entre la obra de García Márquez y nuestra cotidianidad,
acierta en la forma como distribuye los papeles en Cien años de soledad. Es tal
vez, entre los extranjeros al trópico publicados en este volumen, la persona más cercana
a la realidad en la obra de Gabo.
Los críticos siempre buscan un punto donde
apoyar sus teorías. Lógico. De ese "más allá", o segundo nivel de lectura,
vienen los conceptos que clasifican la literatura. Compilar 54 textos, mezcla de todo,
sobre un autor, es un riesgo. Dejar por fuera algo esencial, incluir lo que no es. Cobo
Borda acierta en la medida en que logra una mezcla homogénea: el relato del amigo, la
crítica, el análisis, el lector desprevenido que opina, etc. Tal vez en lo único que se
excede es en los últimos textos; aquí el libro cambia, deja de ser la lectura amena que
viene siendo y se vuelve un pesado estudio sobre lo que para un lector que haya habitado
este país es un lugar común. Desaparece el ritmo de lectura impuesto por reseñas como
la de Germán Colmenares: "la novela actual latinoamericana se complace en el mito
del eterno retomo. En realidad, en muchos mitos. Pero particularmente en este que conduce
a la destrucción sistemática del tiempo, a la concreción sistemática de la eternidad
en un instante y viceversa. O en la imagen de un edén perdido que constituye el motivo
más profundo para la construcción laboriosa de un mundo terrenal atravesado por súbitos
presentimientos, por el deseo inconsciente de remontar a la inversa el movimiento
temporal, de trastocarlo o de destruirlo. El novelista comienza por crear un espacio
privilegiado y cerrado en si mismo, sin hombre, que le permite trazar un itinerario
enteramente subordinado a un movimiento inferior, a la necesidad íntima de los personajes
de situarse en el centro de un mundo que no pertenezca sino a ellos (o al novelista), que
ellos definen y que permite definirlos. Es el procedimiento de la primera novela de
Cortázar, Los premios, de El siglo de las luces de Carpentier, de Vargas
Llosa, y de una manera más deliberada, de Gabriel García Márquez".
Aparece, por ejemplo, el árbol genealógico de Cien
años de soledad (todos pasamos por tercero de bachillerato) y, como bien lo dice
Gustav Siebemann (después de hacerlo, claro), qué importa de quién es hijo cuál
Aureliano; lo que importa, más allá de la estampa que se nana en forma surrealista, es
la poesía, las verdades que se revelan en cada una de sus páginas. También hay reseñas
que hablan por hablar, como la comparación entre Amor constante más allá de la
muerte de Quevedo y Muerte constante más allá del amor de García Márquez.
Cincuenta autores atrapados en la más antiestética de las cubiertas, diseñadas por
Willie Ostos. Capítulos separados por apartes de la entrevista que hizo Ana María
Larrain para El Mercurio de Santiago de Chile en 1990, de donde viene el nombre del libro:
"[...] escribo porque necesito que me quieran más. Siempre pienso ahora con
éste me van a querer mas.
No sabemos qué pase dentro de los siglos con la
obra de García Márquez, si es más grande hoy de lo que será mañana, pero "el
tiempo incontable de su eternidad tal vez no termine nunca. El día en que la tierra
deshidratada y muerta gire como una inmensa bola que pierde sus entrañas quedará en el
aire una botella sellada, el mensaje enviado de náufragos siderales". Dios bendiga a
Gabriel García Márquez.
JUAN SIERRA
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