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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
32, Volumen XXX, 1993
Bogotá, prensa y
niñez
La niñez en el siglo XX
Cecilia Muñoz. Ximena Pachón
Planeta, Bogotá, 1991
Salud, educación, familia, recreación,
maltrato, asistencia y protección es el subtítulo de la cubierta y de los siete
capítulos bajo los cuales se presenta la información de este estudio; a ellos se agrega
el primer capítulo sobre Bogotá y el último de reflexiones. El subtitulo de la portada:
Comienzos de siglo, complementa mejor los alcances del estudio; en realidad, el período
abarcado va de 1900 a 1930. Tal vez valga la pena precisarlo en las siguientes ediciones,
y señalar igualmente que el estudio se circunscribe a Bogotá, y situar mejor al lector.
El llamado corpus empírico de toda la investigación reposa en el documento periodístico
que, al decir de las autoras, "se constituye en unidad de análisis pero también en
unidad descriptiva" (pág. 11).
La introducción plantea que el estudio se
inscribe dentro de la concepción francesa desarrollada por Ph. Ariés y continuada, entre
otras, por E. Badinter. Se trabaja el concepto del niño relativo al cambio, a los valores
y a la visión que la sociedad tiene de sí misma; se plan tean las preguntas que sirven
de guía para la reflexión: peso relativo de las distintas instituciones para la
concepción de la niñez; relación entre los principios de organización y las formas que
adoptan las instituciones de niños, etc. Esas preguntas resultan, sin embargo, demasiado
prometedoras y posiblemente, en el estado actual del trabajo, imposibles de responder.
Los primeros tres capítulos
"Bogotá una ciudad pequeña e insalubre", "La salud de los
niños", "La educación de los niños" ofrecen información sobre la
ciudad provinciana de 100.000 habitantes que era Bogotá hacia 1900. La obra comienza con
datos pintorescos y curiosos que ambientan lo que debía de ser la capital. Una ciudad en
que la población infantil sumaba más de la mitad de la población total. Los llamados
chinos de la calle, gamines, emboladores, voceadores de periódicos eran ya parte
importante de la población de niños trabajadores de las clases menos favorecidas. Otros
datos sobre edificios, tranvías de mulas, etc., corresponden a descripciones que
reconstruyen imágenes curiosas. Este capitulo sobre la ciudad muestra que muchos de sus
problemas actuales son historia que se repite y se reproduce, desde la inseguridad hasta
el mal estado de las calles. Esa continuidad de los problemas es igualmente notable en el
capítulo dedicado a la educación, que dibuja un panorama sombrío del sistema educativo:
la mala remuneración de los maestros, la baja calidad de la educación, la falta de
mérito de los textos pedagógicos reglamentados, etc. Otros problemas más específicos
de la época son el debate sobre la educación religiosa frente a la laica, la pública
frente a la privada, problemas debatidos en la Reforma Instruccionista de 1909. En 1924 se
trae la Misión Pedagógica Alemana, con efectos tangibles en la modernización del
ministerio, aunque, al parecer de las autoras, no tanto en la modernización de la
educación pública. Los maestros, la pedagogía nueva, la lectura y la religión, la
vigencia del castigo físico, la higiene, son temas que contemplan el panorama del
momento. No es arriesgado afirmar, entonces, que la educación siempre ha estado en
crisis. Los temas son asombrosamente los mismos antes como ahora; basta compararlos con el
diagnóstico de la Misión de Ciencia y Tecnología del actual gobierno (1991). La
agilidad y el vigor de estos capítulos sobre la ciudad y sobre la educación son
definitivamente notables, sobre todo si se los compara con los capítulos siguientes, en
los que cierto brillo y tensión en la descripción decaen. El capítulo de la salud es
presentado en forma más esquemática y rígida, con base en cifras e inventarios de
epidemias. Las tasas de mortalidad de los niños alcanzan la mitad de la cifra total. Las
enfermedades más frecuentes de la época son la bronconeumonía, la bronquitis, la
enteritis, la fiebre tifoidea y el sarampión. En 1920 aparecen los primeros hospitales
para niños, pero las costumbres oscilan entre remedios caseros y drogas fabricadas. Estos
dos temas, educación y salud, en tanto que aparatos de la sociedad y entidades claras en
la definición de un sistema social, permiten mostrar indicadores y referencias empíricas
contrastables y valiosas.
Siguen capítulos como "Los niños en
familia" (capítulo cuarto) y "La religión de los niños" (capítulo
sexto). Se encuentran allí descripciones de una familia patriarcal y fecunda; el padre,
autoridad distante; la madre, hogareña. Los valores de austeridad: para el gasto, para
comer, para habitar, pero también austeridad para querer, y contrastan con los valores de
hoy. Se registran las prácticas de las "amas de leche" y "amas de brazos
Se traen informaciones de prensa con las descripciones de los niños sobre el lugar donde
habitan, el día más triste de sus vidas, sobre lo que quieren ser cuando pandes, sobre
lo que les cuesta más trabajo: "A mí hacer dibujos, pues siempre que me propongo
pintar una cosa salgo con otra.... Indudablemente la parte más deliciosa es cuando
se les pregunta lo que quieren ser cuando sean pandes. Estos singulares datos de prensa
resultan especialmente sugerentes, hasta el punto que el título del libro bien podría
ser La niñez en la prensa de Bogotá. Esta aproximación, llamada indirecta por
muchos estudiosos, no está exenta de problemas. Es posible que ofrezca una impresión de
informaciones yuxtapuestas sin un sistema que desarrolle sus relaciones. No obstante, la
recuperación de esos testimonios tiene en sí misma un valor apreciable.
El capitulo sobre la religión de los niños
evidencia que en ese momento religión y educación moral son una misma y sola cosa. Llama
la atención el papel socializador que aún tenía la religión y la manera como los
sacramentos marcaban el ingreso a edades vitales, el lugar del niño en las procesiones y
peregrinaciones, y el papel del ángel de la guarda. Rezar al Niño Jesús ha sido una
máxima bien aprendida por nuestros políticos más ajados, aunque también por otros que
ciertamente no fueron niños en esa época. Tal vez es éste uno de esos capítulos en que
se pueden echar más de menos la inscripción dentro de un sistema de interpretación y de
análisis mayor y que posiblemente, de manera deliberada, las autoras han querido evitar.
"La recreación de los niños"
(séptimo) e "Infanticidio, abandono y maltrato de los niños" (octavo) son
capítulos que temáticamente corresponden a fenómenos coyunturales y cuya elección no
se apoya en un marco nacional debidamente elaborado. La sola información de prensa que da
cuenta de la noticia de uno de estos tipos de asesinato no es suficiente, toda vez que
nada indica que no sean casos excepcionales. Al maltrato hay que agregar el capitulo
"Asistencia y protección a los niños" (noveno), último capitulo antes de
entrar a las conclusiones. Estos capítulos son demasiado descriptivos y no alcanzan a
despegar en una dirección distinta de dar cuenta de hechos inferibles a partir del estado
actual de la sociedad.
El último capítulo, de reflexiones, resulta
menos dedicado a la labor del balance y más a esbozar una clasificación que en ocasiones
es realmente complementación de la información. Con subtítulos se sugiere el marco de
un balance: las ideas sobre la niñez, así como sobre su crianza, oscilan entre lo
militar y religioso, lo divino y lo demoníaco, la educación doméstica frente a los
malos impulsos, la salud y la caridad para proteger a la niñez. Infortunadamente, la
riqueza de los datos que recupera el trabajo investigativo no es comparable a la del
análisis bosquejado. En ese sentido, las autoras quedan en deuda con el lector.
Ahora bien: este trabajo marca, sin lugar a
dudas, un momento importante en la investigación sobre la infancia, en nuestro medio.
Momento que es necesario aplaudir por el esfuerzo y los aportes que ofrece. Se trata de un
tipo de investigación que, por su extensión y volumen, requiere una disciplina y una
continuidad poco frecuentes. Por otra parte, dentro de las nuevas maneras de hacer
historia y de entender las mentalidades, la fuente periodística constituye un valioso
aporte. Es indudable que la investigación sobre el niño, sobre la familia, sobre
organizaciones especificas de la cultura, exige este tipo de trabajos como referencia
crucial. Es más: son condición para entender muchas de las encrucijadas en que se
encuentra la sociedad colombiana. Sin embargo, sea por mantener una objetividad extrema,
sea por dejar hablar al documento, las autoras tal vez pecaron por timidez y demasiada
prudencia en el análisis. Se quedaron en un trabajo descriptivo, inicial, "de
comenzar apenas el estudio histórico de la niñez". En efecto, y como ellas lo
plantean en la introducción, frente a los 40.000 folios, el objetivo de su revisión,
clasificación y edición, constituye en si mismo un aporte. El estudio se limité a
presentar esa información con la elección de unos temas sobre otros. En algunos pasos
parecería como si esos temas surgieran del contenido sobre la prensa, pero todos sabemos
que ello no basta. Es así como, por ejemplo, se encuentra que se data la aparición de
ciertos hechos, pero sin inscribirlos dentro de un sistema más global que dé cuenta del
funcionamiento o la estructura de ellos.
Una se pregunta si se debía esperar una mayor
elaboración. La respuesta inicial es no; sin embargo, dicho análisis aparece vagamente
prometido en la introducción. Allí las autoras proponen el marco referencial desde el
cual se ha estudiado la base documental y se ha desglosado la información periodística,
pero se trata de un marco que no transciende en el análisis, con resultados nítidos o
con hipótesis para verificar posteriormente. El estudio permanece dentro de los limites
de su función documental y descriptiva, y eso no seria problemático si el titulo mismo
no contribuyera a acentuar ese desfase y a traicionar el sentido del documento recreado.
Es posible que quien haya optado por un titulo demasiado sugerente y anunciador, de
dimensiones no desarrolladas, haya sido la editorial y no las autoras. Tal vez el problema
radica en que estamos aún frente a una comunidad que, dada la urgencia de sus problemas,
requiere respuestas inmediatas, sin dar espera al trabajo básico y necesario, previo a
cualquier explicación de los fenómenos.
REBECA PUCHE NAVARRO
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