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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
32, Volumen XXX, 1993
Un libro de largo
vuelo
Aves de Colombia
-Grabados iluminados del a. XVIII-
Textos de F. Gary Stiles y Ana Maria Escallón
Villegas Editores, Santafé de Bogotá,
1993, 127 págs.
Presentado por su editor como fruto del azar,
este libro reproduce los grabados de cien especies que pueblan el territorio colombiano,
tomados de la Historia natural de las aves de Georges-Louis Leclerc, conde de
Buffon. Cuatro tomos editados en Francia en el siglo XVIII, que afortunadamente conserva
la Biblioteca Nacional de Santafé de Bogotá, como parte del legado del sabio Mutis, en
su sección de libros raros y curiosos. Los ejemplares fueron hallados por investigadores
que trabajaban para esta casa editorial en la búsqueda del material bibliográfico
necesario para la realización de los dos tomos publicados el año pasado sobre la
Expedición Botánica.
Las reproducciones en color, de página entera,
de cada una de las láminas, están acompañadas por el nombre vulgar y el nombre
científico del ave respectiva.
Los textos del libro son un ensayo escrito por
F. Gary Stiles y otro de Ana María Escallón. El primero resume la obra del conde de
Buffon y la enmarca en su época. Reflexiones de este pionero de la ornitología en
Colombia, las diferentes empresas que llevó a cabo y las que se realizan hoy. Una
cronología completa desde los días del conde de Buffon hasta los nuestros, acompañada
de datos sobre las publicaciones relacionadas con el tema.
El texto de Stiles es la descripción de un
apasionado por las aves que, al descubrir el libro del conde de Buffon con sus textos
descriptivos sobre cada especie y los grabados iluminados realizados por el francés
Martinet, se deleita hasta la saciedad, saboreando uno por uno textos y grabados. Sus
palabras resumen en pocas páginas la historia de la ornitología en Colombia y
proporcionan datos sobre las colecciones de aves más importantes y las actividades
llevadas a cabo por los ornitólogos esos pacientes seres humanos dedicados a la
observación de las aves y su comportamiento.
En el segundo texto, Ana Maria Escallón, con la
elocuencia que siempre caracteriza sus escritos sobre arte, se dedica al autor de los
grabados iluminados reproducidos en el libro: Martinet.
De la obra de este francés, la crítica de arte
dice:
Se trata de un
trabajo minucioso en que seguramente se tuvo como referencia directa animales disecados,
lo que explica la quietud extrema de cada ave.
Su mundo visual
es hermético, cada ave es un proyecto en donde se puede ver por un lado la dedicada
rigurosidad de una línea que define Las formas y deja el precedente de los detalles que,
por otro lado, retomarán con el pincel una variedad de colores que recrean una mirada
retórica de la realidad Se trata de finas y delicadas pinceladas que construyen el
volumen del cuerpo, la densidad de las plumas, el largo de Las mismas, la singularidad
objetiva de cada pico, la fina descripción de la combinación de tonos del plumaje, la
manera como se para y como se agarra, la sequedad de la mirada, la descripción de la
figura de lado que no incluye el ejercicio de otro acercamiento. De igual forma también
insiste en la infalible reflexión sobre el tamaño y lo realiza dentro de un concepto
armónico.
Martinet
pertenece pues a un género de artistas de su época que trabajó al servicio de una
intención y del gusto dominante como lo fue el exhaustivo interés de Georges-Louis
Leclerc. No se trata de un inventario aislado sino de un complemento a su trabajo sobre la
historia natural.
Su texto, como bien lo demuestra este extracto,
es una evaluación crítica muy interesante de la que el lector roma los datos necesarios
y se sitúa en un momento del arte: la ilustración durante el siglo XVIII, para acceder a
las láminas y tener, además del placer estético, la información suficiente acerca de
lo que está viendo.
Del artista son pocos, por no decir ninguno, los
datos que aparecen en esta edición de Villegas. La serie de grabados publicados en la
edición original, la francesa, están firmados por Martinet. Ni siquiera se sabe si Fue
él mismo quien los iluminé. En esa época, la labor de los ilustradores era bastante
anónima. Científicos y profesores en las diferentes materias encargaban el trabajo
gráfico para sus publicaciones, que muchas veces, por as dificultades para desplazarse o
por cuestiones de presupuesto, era realizarlo por los grabadores y dibujantes con ase en
descripciones escritas o bocetos, hechos por los autores, del trabajo le campo. Excepto
unos pocos, la nayoria de estos ilustradores son casi desconocidos hoy. Sin embargo,
podemos aclarar que fue François Nicolas Martinet, ingeniero grabador reconocido a partir
de 1760, quien realizó estas láminas. Martinet es, además, autor de las conocidas
ilustraciones para la Histoire et description de Paris, publicada en 1779-1781.
Aunque en casos como el de la Expedición
Botánica o la Comisión Corográfica se contara con expertos dibujantes y acuarelistas,
es muy factible que en el caso de las expediciones realizadas por el conde de Buffon éste
no contara con dicho privilegio. Por este motivo y por las láminas mismas, cuando se
observan, se escucha lógica la explicación de Ana Maria Escallón de que los grabados se
basaran en modelos disecados. De ahí, también, que no haya entorno en las láminas. En
la gran mayoría está ausente el paisaje, y en todas cada ave está sostenida en una rama
o sobre un tronco, muy comúnmente utilizados por los taxidermistas como base para apoyar
las aves disecadas.
Este libro de Villegas Editores constituye un
hermoso álbum de fauna avícola colombiana. Los textos cortos, descriptivos de cada
especie, que aparecen intercalados con las ilustraciones, y la clasificación por familias
con que se cierra el ejemplar, amplían la información práctica y técnica. Tanto para
el entendido como para el simple observador, este volumen es, como ya dije, un bello
álbum de láminas, con la información requerida para volverlo, además, útil como
texto.
Rescatar libros raros y curiosos para la gran
mayoría de la gente, como es el caso de este volumen de Villegas Editores, impreso en el
Japón, y divulgarlos con una calidad editorial impecable, es una buena finalidad, sobre
todo en un país donde la decisión de una persona, por capricho, puede establecer que una
biblioteca pública sea un lugar para guardar los libros y no para que la gente tenga
acceso a ellos.
JUAN SIERRA
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