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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
32, Volumen XXX, 1993
¿Invitación a la
gula o a la templanza?
La dicha de cocinar
Antonio Montaña
Ediciones Gamma, Bogotá, 1992, 376 págs.
Idóneo, agradable y sugestivo pueden ser
en el objetivo de una reseña bibliográfica calificativos muy particulares
para un libro. Sin embargo, desde el punto de vista de una evaluación gastronómica,
apenas son suficientes para un buen plato. Permítaseme aplicar dichos calificativos a
este libro, claro está, comprometiéndome a sustentar su aplicación. Veamos: los libros
de cocina son por lo general "manuales de vuelo", cuyo contenido y organización
temática no difieren mayor cosa entre si, pues índice, léxico especializado, consejos
prácticos y recetario constituyen siempre la estructura básica de todos ellos. En La
dicha de cocinar esta estructura es superada al utilizar, en forma de ingredientes, la
historia, la literatura, la geografía y el arte; los cuales, mezclados oportunamente con
el oficio del fogón, dan como resultado la receta ideal para obtener un auténtico
compendio de cultura culinaria.
Vamos por partes: desde su primer capítulo, el
lector desprevenido puede constatar que el autor de este compendio no es un "simple
cocinero", pues la titulación de sus capítulos y subcapitulos sugiere algo muy
distinto de la clásica taxonomía de un recetario culinario. En efecto, tiene que
parecerle extraño que dicho libro de cocina, en lugar de presentar un capítulo inicial
sobre "consejos prácticos o entradas", presente, bajo los títulos "Un
viajero exitoso", "Las andanzas del tabaco" y "Las vueltas de los
capsicum" (¿trilogía de cuentos?), el reconocimiento histórico, y su importancia
en la culinaria universal, de productos vernáculos tales como tomate, tabaco, ají, yuca
y maíz. De manera acertada, a este capítulo lo denomina el autor "Gracias,
América". A continuación y bajo el rubro de "La cuestión es con calor",
el lector encontrará subcapítulos como "Olores a chamusquina", "El calor
húmedo; las maravillas del vapor" y "Cocinando en seco"; que se refieren a
los múltiples sistemas y técnicas de cocción que posee la cocina. Propone un tercer
capitulo: "A la caza del sabor", en el cual incluye, a manera de herbario, más
de treinta hierbas y especias que en el hacer culinario sobresalen por su papel
aromatizador de vinagres, mantequillas y licores. Mención especial merece el capítulo
"Breve historia de la comida colombiana", perfecta síntesis de lo propuesto, la
cual, a partir de cortos textos titulados de manera encantadora por ejemplo,
"Las desdichas del mal comer", "Los días del hambre", "Del
apetito del rey a la mesa del virrey: la hora del chocolate", "La dieta del
trabajador", "A la hora de comer, yantar", "La comida mulata, el
legado del siglo XIX" y "El siglo XX, señores" obligan al lector a
aventurarse en dichas páginas, las cuales encontrará como una entretenida memoria del
comer y el cocinar en Colombia.
Ahora bien: el libro obviamente posee su esencia
netamente culinaria, tratándose de un extenso y muy bien seleccionado recetario, el cual,
sin caer en chauvinismos regionales, nacionales o continentales, relaciona las más
conocidas y representativas recetas de la cocina mundial, expuestas en lenguaje claro y
coloquial, para hacerlas permeables al más lego. Es en este campo donde el autor
demuestra su amplio conocimiento de cocina, adobado de un gran humanismo y con el cual
imprime un estilo diferente del común de los recetarios comercializados en nuestro medio.
En otras palabras, este "cocinero culto" enfrenta necesariamente la clásica
clasificación de un libro culinario (entradas, sopas, salsas, carnes, aves, pescados,
vegetales, etc.) sin bajar la guardia para mantener un permanente entrevero entre su
cocina y su saber. En consecuencia, la casi totalidad de sus capítulos, y en buena parte
muchas de sus recetas, están "sazonadas" con anécdotas, leyendas, etimología,
ciencia física y una pizca de buen humor.
Por lo anterior, no es osado imaginar que al
lector desprevenido (ratón de librerías y asiduo lector de índices y contraportadas) le
llamará la atención saber el por qué de la sopofobia de Mafalda. Le agradará saber que
la Bili-Bi (sopa de almejas, tomillo y vino blanco) está considerada por Craig Claibor,
comentarista gastronómico de The New York Times, como la sopa más elegante del momento.
Se enterará de que el pollo a la Marengo era una de las recetas preferidas de Napoleón.
Curiosidad completa le causará un texto dedicado a la etnología del coco; amén de
verificar que tratamiento similar sufren en este libro plátano y arroz. Saber el origen
geográfico del pollo, la vaca y el marrano, además de su "epopeya" para llegar
a América... seguramente no le molestará.
En el mundo de los libros culinarios, una buena
presentación es asunto fundamental. La dicha de cocinar cumple cabalmente con este
requisito, partiendo de una bella portada, de un original formato, de excelente
diagramación y diseño interior, además de hermosas y sencillas ilustraciones. En su
conjunto, estas características lo erigen en un sugestivo libro de cocina. Y es que en
esto de "ser sugestivo", los libros de cocina poseen un verdadero reto, pues no
se trata de atiborrar una publicación con "apetitosas fotografías", sino más
bien de lograr un equilibrio entre lo gráfico y su contenido escrito; equilibrio
alcanzado plenamente en esta publicación.
Acusamos con gran satisfacción la presencia en
el mercado bibliográfico colombiano de La dicha de cocinar, libro que genera, aún
en el más desentendido en asuntos culinarios, el interés de una mínima ojeada. Si
leída esta reseña el lector encuentra ocasionalmente este libro en un estante de
librería, esperamos que acepte nuestra invitación a correr el riesgo de verificar la
bondad de su titulo.
JULIÁN ESTRADA OCHOA
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