Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 33, Volumen XXX, 1993

Postal de José Asunción Silva con la poesía El mal del siglo.


El modernismo
en Barranquilla*

RAMÓN ILLÁN BACCA
Trabajo fotográfico: Ernesto Monsalve

I.

FERNANDO DE LESSEPS LLEGO A BARRANQUILLA una mañana de diciembre de 1879. En la crónica del padre Revollo —donde se relatan los hechos con incidentes pintorescos como el reemplazo del prefecto de la provincia y el alcalde por otros de mejor presencia física y mejor empleo de las formas de cortesía— se presenta al alto mundo social, político y comercial de la Barranquilla de entonces. Curiosamente, en esa crónica también aparece el mundillo cultural de "La Arenosa". Unos figuran en el homenaje a Lesseps; así el oferente fue David López Penha, un judío sefardita procedente de Curazao y que rápidamente se había constituido en una de las figuras más importantes dentro del comercio local. (Un suelto de su autoría había circulado el día anterior por las calles, en el cual empezaba diciendo: "Ahí viene el gran hombre. Ya el bajel que lo trae surca la faz de los abismos a impulsos del vapor siguiendo los rumbos que trazaron las carabelas milagrosas de Colón"... 1.

Otros estaban afuera, en calidad de curiosos, subidos a las ventanas del hotel San Nicolás, como Torcuato Ortega, Ernesto Palacio, José Ramón Vergara, Antenor Moreno y el propio cronista, todos ellos figuras de algún relieve literario en la Barranquilla de principios de siglo.

La fiesta fue, como se decía en la época, un succés. El poeta cartagenero, pero radicado en Barranquilla, Joaquín Pablo Posada, cuyo fuerte era la improvisación, no resistió las ganas de echar su tercio al aire y así declamó los versos cuyo final decían:

Siente el pueblo colombiano
que es rendir culto al anciano
que el mismo Dios nos envía
a quien el genio inspiró
y con brava intrepidez
troncho el istmo de Suez
y el Africa separó.
El que Colombia aguardó
anhelante aquí está.
El ha dicho que será
y con sus potentes brazos
hará saltar en pedazos
al istmo de Panamá
2 .

Pero la presencia cultural, tanto en la Barranquilla que encontró Lesseps y que apenas superaba los diez mil habitantes, como en la de fines de siglo y que ya llegaba a los cincuenta mil, no era muy fuerte.

A diferencia de una Bogotá que se ufanaba del remoquete de "Atenas Suramericana", aquí el comercio y el respeto al dinero eran los valores más aceptados. De ser el hecho tan protuberante nos los demuestra un editorial de Rigoletto, uno de los periódicos locales de mayor circulación, cuando decía:

Creemos en Barranquilla que nuestros fáciles triunfos en el campo de la industria y el progreso, triunfos que debemos más al favor de Dios que inspiró a los fundadores de esta ciudad, vecina de un río caudaloso y de un mar frecuentado, preservan para el porvenir y nos auguran uno espléndido y risueño. Mírase aquí con indiferencia, sinó antipatía todo lo que no gira en la órbita del comercio y la industria, han formado así un medio exageradamente mercantil, en donde se mueren y languidecen como flores en el hielo, las inteligencias que por ley de selección nacieron inaparentes para aquellas rudísimas luchas [...] No se lee en Barranquilla no se escribe tampoco [...] los pocos que puedan escribir algo no escriben porque están seguros de no ser leídos, ni comprendidos, les causa además escalofríos pensar que en las provincias persigue una muerte negra a los que llama la burguesía depreciativa e irónicamente literatos 3 .

El editorial, de posible autoría de Julio H. Palacio, político o historiador, o del director del periódico, y poeta, Eduardo Ortega, era escrito con conocimiento de causa.

Pero no todo eran balances contables. Alrededor de El Ateneo —que devino en el Teatro Cisneros— y posteriormente en el Emiliano se aglutinaba la modesta tertulia literaria. Rubén Darío pasó en 1892 por Cartagena, aunque no hay datos de que hubiera tocado suelo barranquillero; sí se sabe de su correspondencia con Abraham Zacarías López Penha y con Francisco Valiente, pintor, fotógrafo y homeópata, autor del tratado Triunfo definitivo de la homeopatía.

La influencia del nicaragüense se comprueba cuando, para finales de la época, A. Z. López Penha publicaba la Revista Azul, órgano de su librería, y Augusto N. Samper editaba un tomito de versos titulado Gris. Es para esas mismas fechas cuando Torcuato Ortega publicaba sus Treinta sonetos, Ernesto O. Palacios escribía en periódicos y revistas sus poemas que posteriormente serían recogidos en el libro titulado Matices y Julio N. Galofre también publicaba versos que nunca pasaron de la hemeroteca a la biblioteca. De todos ellos, el crítico Fernando E. Baena dijo que tenían fuerte influencia del poeta mexicano Salvador Díaz Mirón.

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* La elaboración de este trabajo contó con el apoyo institucional del Centro Regional de Estudios Económicos (Cerca), de la Universidad del Norte (Barranquilla). (regresar*)

1  Pedro Maria Revollo. "Reminiscencia", en Revista Mejoras, vol. 3, núm. 28, septiembre de 1935, pág. 92. (regresar1)

2   Ibíd., pág. 29. (regresar2)

3  Editorial, en Rigoletto. Barranquilla, 11 de septiembre de 1902. (regresar3)