Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 33, Volumen XXX, 1993

Continuación

Postal de Rubén Darío con la poesía Lo fatal.

El calificativo de "modernistas" dado a estos poetas puede pecar de exagerado. La mayoría de sus versos y los que logran salvarse tienen en forma marcada la influencia de Bartrina, Campoamor y Núñez de Arce más que la de Díaz Mirón, Rubén Darío o Silva. Si, como se decía en el manifiesto redactado por Eugenio Díaz Romero en El Mercurio de América, los propósitos del movimiento modernista eran "levantar oficialmente la bandera de la peregrinación estética que hoy hace con visible esfuerzo la juventud de la América Latina, a los santos lugares del arte y a los desconocidos orientes del ensueño" 4 , la bandera levantada en este villorrio era de colores muy apagados.

Pero algo se movía, aunque cauto en la poesía y tímidamente en la prosa. El entorno, repito, no ayudaba. Como un dato revelador de la época, en un suelto de los primeros números de El Comercio, dirigido por Clemente Salazar Mesura, se decía:

    Agradecemos a "The Shipping List" sus buenos deseos por el feliz éxito de nuestra aventurada empresa en establecer un diario en esta ciudad de 35.000 habitantes. Según el humorista y bien intencionado colega, de ese guarismo es preciso descartar la primera cifra (3), por los que no saben leer, del remanente hay que quitar los que no leen... y no pagan 5.

Fernando de Lesseps.

Otro detalle revelador del momento fue el escándalo motivado por las crónicas y comentarios periodísticos que Juan Ramón Xiques, dominicano radicado entre nosotros, empezó a escribir en El Comercio con el seudónimo de Raúl. A sus detractores el cronista respondió:

    Parece mentira que asunto tan pequeño, las notas al lápiz, haya levantado pólvora tan inmensa, sobre el Camellón, en la Alcaldía, en el Club, en la Prefectura, en la Iglesia de San Nicolás, en la plaza de la Tenería, en la calle del Dividivi, en todas parees, en fin se habla, se grita, se disputa, se pelea. Hay quien insulta. Así pues, indudable que el público padece de los nervios. Quizás es un ataque de epilepsia provocado por la falta de hábitos. Sensiblería, gazmoñería, hipocresía social.

    Nervios, cuestión de nervios. Bien dijo aquel sabio cuando declaró en pleno congreso de médicos que éste es el siglo de la neurosis. Ustedes, los impresionables y exaltados, están neuróticos. Recurran al doctor Ramón Urueta, aventajado discípulo de Charcot, para que los cure o, si no, hagan uso continuado de elixir polibro murado de Boudry.

    También sería bueno que leyeran con detenimiento a Max Nordau, el inspirado, elocuente autor de las Las mentiras convencionales de nuestra civilización.

    Os asustáis de mis notas y lleváis a vuestras hijas a que presencien
    en el teatro las representaciones de El nudo gordiano de La dama
    de las camelias y de La Mascota. Os asustáis de mis notas y
    permitís que vuestas hijas se familiaricen con Chautebriand y
    Byron
    6.

Pero si un periodismo moderno era excepcional, la prosa narrativa también se daba con cuentagotas. Para 1905 sólo se habían editado como novelas Camila Sánchez, La desposada de una sombra, y En tierra de filisteos de Abraham Zacarías López Penha; Un ideal de Teodosio Goenaga, publicada por entregas en Rigoletto, y A fuego lento, impresa en el extranjero y de autor cubano pero que traigo a colación por situar la trama en Barranquilla. Un decenio después se editó el curioso libro Fraulein Emma, escrito en alemán, firmado con el seudónimo de Jean Servet y cuya acción ocurre también en esta ciudad.

Nunca fue posible identificar al autor. Las demás actividades culturales se movían muy poco, a no ser que hagamos mención a las presentaciones teatrales, que tenían un sentido más recreativo que cultural.

No faltaban, sin embargo, los ídolos populares, como el violinista Narciso Garay, apodado "El Paganini colombiano", o la soprano Conchita Nicolao, "La alondra de Cartagena", y de quien en una reseña periodística el poeta Juan V. Padilla decía así: "Su pecho sube y baja y ondula como el mar" 7 .

 

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José María Valverde, Historia de la literatura latinoamericana, México, Difusión Editorial, 1974, pág. 148. (regresar4)

5  Aureliamo Gómez Olaciregui, Prensa y periodismo en Barranquilla. Siglo XIX, Barranquilla, Imprenta Departamental, 1967. pág. 158. (regresar5)

6  Ibíd., pág. 159. (regresar6)

7  Miguel Goenaga, Lecturas locales.Crónicas de la vieja Barranquilla, Barranquilla, Imprenta Departamental, 1953. (regresar7)