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INDICE
Artículo: El Burro de Oro
Artículo: Los ocho pasos de la muerte del alma
Artículo: Poesía y testimonio en los documentales de Brian Moser
Artículo: La Tunja de Inés de Hinojosa y de Juan de Castellanos
RESEÑAS
Reseña filosofía: Figuras imaginarias
Reseña filosofía: La verdad de la Constitución
Reseña sicología: Descentración psicológica
Reseña antropología: Las figuras de la fauna
Reseña folclore: Nuestra tradición
Reseña sociología: Acercamiento al campo
Reseña sociología: Gasto e ideología
Reseña sociología: Estudiando imposibles
Reseña política: Una buena introducción al tema
Reseña educación: Memorias de un protagonista
Reseña poesía: Entre lo culto y lo habitual
Reseña poesía: Pintar las palabras
Reseña poesía: La fugacidad poética
Reseña narrativa: La pertinacia de un escándalo
Reseña narrativa: Ejercicio de la nostalgia
Reseña crítica literaria: A través de la literatura latinoamericana
Reseña crítica literaria: El texto no es un pretexto pero sí un contexto
MAPOTECA
Reseña crítica literaria: Un método crítico, crítico
Reseña periodismo: Camino a la canasta familiar
Reseña periodismo: Un manual para la prensa nueva
Reseña historia: Poco para la historia
Reseña historia: Para una historia del sindicalismo
Reseña caricatura: El mundo de Olafo y Mafalda
ORIETA LOZANO
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Calle del Comercio (Palacé). En
primer plano, el Palacio Amador. Obra del arquitecto italiano
Felipe Crosti. Tomado de: Jalhay, Par Henry. La Republique de
Colombie. Bruxelles, 1909. p. 120.
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Aviso aparecido en El Espectador
No. 71, Medellín, 4 de julio de 1888.
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La plaza se inauguró en 1894 y su construcción tardó cerca de
dos años. Se dio al servicio en virtud del contrato celebrado con
el concejo de Medellín, cuyas principales condiciones fueron:
|privilegio por veinticinco años en un radio de diez cuadras,
con derecho a cobrar por los puestos que se ocupen con tendidos o
con mesas, a razón de $ 0,05 diarios por metro cuadrado o fracción,
y de $0,10 si se ocupan con cómodas o tiendas. Por su parte los
empresarios se comprometieron a dar al Municipio el veinte por
ciento del producto bruto y a entregarle la plaza, sin que tuviera
que pagarle un centavo, al vencimiento de los veinticinco años
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El plazo no se vencía hasta el 22 de junio de 1919, pero el concejo
de la ciudad, veintiséis meses antes de esta fecha, pagó a
Coriolano Amador y su familia una indemnización de $ 29.120 por los
meses en que dejaban de beneficiarse del negocio, así como por las
pajas de aguas y las instalaciones eléctricas y telefónicas con que
habían mejorado la plaza
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Después de 1913, una vez realizados los dos últimos y más
importantes negocios de Amador, la constitución de la Compañía
Unida de El Zancudo y la plaza de mercado de Guayaquil, éste se
retiró de toda actividad empresarial. En el segundo decenio del
siglo ya se le notaba viejo y cansado. La muerte de su hijo y
posteriormente la locura de su esposa debieron de afectarlo
bastante. A pesar de innegables épocas de prosperidad y bienestar,
la tragedia marcó su vida.
El palacio Amador de la carrera Palacé con Ayacucho, después de
haber sido el bello hotel Bristol fue demolido por el progreso, y
en su lugar se levantó un desabrido edificio. El otro palacio,
situado en la calle de la Playa, pasó por venta a poder de la curia
de Medellín, a pesar de que Amador fue siempre muy anticlerical.
Después de palacio arzobispal, pasó a ser sede del Servicio
Nacional de Aprendizaje (SENA), y finalmente desapareció para dar
paso a la controvertida avenida Oriental de Medellín. En cuanto a
la plaza de mercado, el gran regalo arquitectónico que hizo la
familia Amador a Medellín, corazón y vida de la histórica plaza de
Cisneros y del actualmente moribundo sector de Guayaquil, se
incendió en 1937, tras lo cual fue reconstruido y ampliado. Sin
embargo, otro incendio, en el decenio de 1950, y el traslado de
este mercado a otro lugar mataron la hermosa edificación de la cual
la ciudad solo conserva hoy las ruinas.
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Plaza de Mercado de Guayaquil vista
desde el sur. Tomada de: Medellín, 20 de julio de 1910. S.M.P.
1910.
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Rufino Gutiérrez. Monografías, Bogotá, Imprenta Nacional, 1920,
pág. 272. Como se ve, esta obra no fue regalada a la ciudad, como
asevera Payne en su obra.
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Después del incendio de 1937, fue reconstruido, habilitándose
cuatro nuevas galerías y techándolo de nuevo en su totalidad.
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