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INDICE
Artículo: El Burro de Oro
Artículo: Los ocho pasos de la muerte del alma
Artículo: Poesía y testimonio en los documentales de Brian Moser
Artículo: La Tunja de Inés de Hinojosa y de Juan de Castellanos
RESEÑAS
Reseña filosofía: Figuras imaginarias
Reseña filosofía: La verdad de la Constitución
Reseña sicología: Descentración psicológica
Reseña antropología: Las figuras de la fauna
Reseña folclore: Nuestra tradición
Reseña sociología: Acercamiento al campo
Reseña sociología: Gasto e ideología
Reseña sociología: Estudiando imposibles
Reseña política: Una buena introducción al tema
Reseña educación: Memorias de un protagonista
Reseña poesía: Entre lo culto y lo habitual
Reseña poesía: Pintar las palabras
Reseña poesía: La fugacidad poética
Reseña narrativa: La pertinacia de un escándalo
Reseña narrativa: Ejercicio de la nostalgia
Reseña crítica literaria: A través de la literatura latinoamericana
Reseña crítica literaria: El texto no es un pretexto pero sí un contexto
MAPOTECA
Reseña crítica literaria: Un método crítico, crítico
Reseña periodismo: Camino a la canasta familiar
Reseña periodismo: Un manual para la prensa nueva
Reseña historia: Poco para la historia
Reseña historia: Para una historia del sindicalismo
Reseña caricatura: El mundo de Olafo y Mafalda
ORIETA LOZANO
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3. LA TORTURA
|Si el fiscal estimaba que el prisionero no había confesado lo
suficiente, se le aplicaba el tormento. Como en la justicia civil,
existían varios tipos de tormento: horca, garrote, caballete,
garrucha y brasa; también se podía recurrir al suplicio del
agua.
En Cartagena se utilizó preferentemente el potro.
Durante el tormento, el acusado, para impedir que lo siguieran
atormentando, solía declararse culpable y era entonces cuando se le
informaba de qué se le acusaba. Venía a continuación la lectura de
cargos y la acusación formal. Si el prisionero no estaba de
acuerdo, se le asignaba un abogado del Santo Oficio. Luego se
publicaban las pruebas, y los calificadores pronunciaban el
veredicto definitivo.
No satisfechos los inquisidores con las declaraciones obtenidas por
métodos persuasivos, las brujas de Tolú fueron puestas en el potro
de tortura con el fin de arrancarles la confesión de pertenecer a
la secta y haber participado en los ritos y ceremonias. Algunas de
ellas, las más guapas, aguantaron hasta siete vueltas de la
mancuerda; otras perdieron el conocimiento, impidiendo con ello que
se avanzara con el tormento; pero, de todas ellas, Ana Beltrán,
vecina de Tolú, fue el verdadero chivo expiatorio; desnuda,
"recibió tres vueltas y estuvo en el potro desde las ocho
hasta las nueve y cuarto de la mañana del 19 de agosto de 1633.
Desde ese día hubo de ser entregada al cirujano, quien informó que
la reo había resultado con los huesos de la muñeca izquierda
quebrados y que la mano estaba ya gangrenada, jurando en forma que
a su juicio era necesario cortársela con brevedad, pues corría
riesgo de la vida. Celebróse por esto junta de cirujanos; confesóse
Ana y, como estaba acordado, le cortaron la mano por cuatro dedos
más arriba de la muñeca y declararon que quedaba curada y
cauterizada conforme al arte de la cirugía, sin demasía de efusión
de sangre"
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Pero lo cierto fue que murió al día siguiente. A este precio salió
absuelta.
|En los ritos de separación, la tortura es la forma que se
utiliza para expeler la impureza. Con ella comienza el proceso de
separación de la víctima del mundo ordinario.
4. CONFISCACIÓN DE LOS BIENES
Los judíos portugueses establecidos en Cartagena y perseguidos por
la Inquisición se dedicaron, en un principio, al comercio de
esclavos. Lograron hacer fortuna y se convirtieron, con el tiempo,
en poderosos comerciantes. A mediados del Siglo XVII, los judíos
portugueses dedicados al comercio contaban con una tupida red de
factorías. Eran hombres acaudalados y de cierta posición social,
marcados por el estigma de la circuncisión pero ignorantes y
carentes de verdadera fe judaica.
Sin embargo, nada despreciables resultaban las entradas que el
Tribunal del Santo Oficio recogía con motivo de la confiscación de
los bienes de reos condenados, especialmente de los judíos. En
Cartagena, las cajas de la Inquisición se engrosaron con los
aportes de la hacienda confiscada a Francisco Gómez de León, quien
había sido reconciliado por judío, los cuales ascendieron a la suma
de ciento cuarenta y nueve mil pesos. Con estos fondos propios, el
tribunal dispuso el mejoramiento de la capilla y de la sala de
audiencias.
5. CONVOCACIÓN DEL AUTO DE FE
Aprovechando la detención de las brujas de Tolú en las cárceles
secretas del Santo Oficio, los inquisidores convocan, mediante
edicto público, el auto de fe celebrado el 26 de marzo de 1634, en
el que se condena veintiuna brujas, dos blasfemos, un bígamo y una
hechicera.
|El auto de fe constituía una ceremonia, religiosa y civil, de
gran pompa, en la cual se exponían en público los prisioneros del
Santo Oficio. La población era, por lo general, obligada a asistir,
y la asistencia otorgaba indulgencias.
En el año 1610, en España, se da comienzo al auto de fe de Logroño
con la siguiente advertencia: "Para que todos en general y
en particular puedan tener noticia de las grandes maldades que se
cometen en ella y les sirva de advertencia para el cuidado con que
todo cristiano ha de velar sobre su casa y familia
".
Un examen minucioso del origen, edad y oficio de las víctimas del
proceso de Madrid, llevado a cabo en 1680, nos permite distinguir
ciertos rasgos tendenciosos. De los 116 condenados, 79 eran
portugueses, 28 españoles, 3 italianos y 6 de nacionalidad
indefinida. Entre los oficios predominan aquellos que tienen que
ver con el comercio: hay 9 vendedores y moledores de tabaco, planta
venida de América, donde tenía connotaciones mágicas y estaba
asociada al curanderismo y a la brujería; 9 vendedores ambulantes
y, entre los restantes, plateros, sastres, carpinteros, hilanderas,
mercaderes, laborantes de seda, doradores de fuego, zapateros,
especieros y otros. Es decir, artesanos en su gran mayoría y
desocupados, sectores sociales populares, preteridos y temidos por
las élites intelectuales y económicas, para las cuales aquellos
eran depositarios de un discurso irracional y amenazante. A casi
todos ellos se les condena por judaizantes, se les confiscan sus
bienes y se les des tierra. Las edades van de 14 a 75 años.
En los procesos del tribunal de Cartagena, llaman la atención las
acusaciones por brujería, entre las cuales se mencionan
específicamente: Echar las varillas para descubrir tesoros (la
moderna guaquería era perseguida como cosa del diablo); utilizar
las habas para hacerse invisible; utilizar palabras sagradas para
hacer amar y aborrecer; utilizar el sortilegio del cedazo; haber
hecho bailar un cántaro; hacer el sortilegio de las tijeras, batea
y cedazo; valerse del vaso de agua y de la clara de huevo; hacer
andar el rosario; bautizar muñecas con palabras sacramentales;
utilizar el cubilete de vidrio, y otros más. Los hechizos,
sortilegios y conjuros utilizados por los brujos de Cartagena
tenían, al parecer, dos finalidades: "Amansar o
aquietar" al ser amado, al ser deseado, y
"atraer, ligar o atrapar" al mismo.
A doña Lorenza de Acérelo, procesada y posteriormente absuelta por
el tribunal, se le acusaba de utilizar los polvos resultantes de la
trituración de calaveras, cabezas de difuntos, sesos de asno y
cabezas de gato prieto. A estos polvos se añadían recortes de uñas
de los pies y de las manos y los cabellos de la cabeza de la parte
del cogote. Esta mezcla se tostaba y colocaba en un recipiente de
plata y se echaban sobre ella, a manera de sal, unos pedazos de ara
consagrada.
|Los prisioneros tenían tres posibilidades de abjuración:
Abjuración de levi
|o sospecha leve de herejía para los casados
dos veces, rebautizados y aquellosque celebraban sin tener
órdenes.
Abjuración de vehementi o
|sospecha grave de herejía.
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José Toribio Medina, Op. Cit
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