Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 13
Autores: BLAA
Edición original: Biblioteca Luis Ángel Arango 1987
Edición en la biblioteca virtual: 2006
Notas: Boletín cultural y bibliográfico No. 13
Consulte y lea en línea libros completos, textos, revistas, imágenes y páginas interactivas sobre temas relacionados con Colombia.

|
|
 Interior de la Iglesia de Santa Bárbara después de la restauración. Archivo: Fundación para la Restauración.

Consérvase un plano, de 1623, de la villa, levantada según la fórmula hipodámica-en manzanas cuadradas- y calles casi verticales, en alarde de sabor renancentista.

Era la época de confusiones estilísticas que precedió al barroco.

Dijo el gran Lope de Vega de las casas de Madrid: "son como unas joyas", y de sus albañiles: "son plateros de yeso", exaltando el carácter de alhajas de aquellas enormes piedras no preciosas, bien ensambladas por el arte del hombre. Ese fue el origen de un género ambiguo: el plateresco. Tan ambiguo como el manierismo, especie de amaneramiento del gusto estético, de sabor italiano.

"Al comenzar el año de 1566, las construcciones tunjanas se caracterizaban por la solidez de las paredes, hechas 'para la eternidad' como todo cuanto acometieron los españoles en el siglo XVI" (pág. 230), "tan anchas que ni siquiera podrían pasar los fantasmas" (pág. 234). Muchos solares con escasa verdura o baldíos esparcidos eran enmarcados por calles que perduran en el recuerdo y en el trazado actual de la ciudad, casi idéntico al original: el eje central era la calle Real (casi todas las ciudades españolas tuvieron una homónima) que hoy es la calle 19, que recibe un lado de la catedral; la asustadora calle de las Ánimas | 5 , que viera nacer la primera botica y tantas escenas licenciosas, actual calle 20, que corre paralela a la anterior, enmarcando la plaza de Bolívar y que registra un paraje tan curioso como la esquina de la Pulmonía, en remembranza de los fríos paramunos que allí se ponían cita; la tristemente célebre calle del Árbol, que viera bambolear el cuerpo de Inés de Hinojosa, es hoy la principal carrera 9a., sobre la que se levanta la portada de la catedral. Y, bien que el árbol no exista ya en su primitivo lugar, desconocido por demás, dícese que una vieja raíz de arrayán que guardan los dominicos con mucho esmero es la de aquel árbol de que fuera colgada doña Inés para hacer justicia en el Nuevo Reino; pueden mencionarse otras calles célebres: la del Petaquero, a espaldas de la catedral; la del Muelle; o la del Ventorillo, así llamada por haber albergado la mejor venta de la villa naciente.
 

 Detalle del techo en la Capilla de los Mancipes en la Catedral de Tunjo. Archivo de la Fundación para la restauración.

Surcaríanlas, a más de los viejos hidalgos, taimados indios de rostros mustios, descalzos y vestidos con mantas con agujero, pues la "capa del viejo hidalgo" aún no se llamaba ruana y, si hemos de creer la versión más probable, no vendría a llamarse así sino hasta cuando llegaron a Antioquia los tejidos de Rúan -la ciudad que viera el suplicio de Juana de Arco-, junto con los mineros que habrían de adaptar a la vieja ciudad francesa el nombre de nuestro traje nacional. Recuerda esta anécdota otra versión, no muy autorizada, que presume que el tan mexicano |mariachi tomó su nombre de las bodas muy francesas |mariage entre el impuesto emperador Maximiliano y doña Carlota, a mediados del siglo pasado.

Vio Tunja el mayor número de nobles llegados al reino. Tenía escudo con águila bicéfala, y una administración notable: regidores, alcalde mayor, alcaldes, escribanos y alguaciles.

La oprobiosa ciudad, cuya historia abundó -según Morales Pradilla- en episodios dignos de Benvenuto Cellini, no era, si hemos de creerle, la pretendida villa tediosa de algunas crónicas. Eran sus habitantes dados al disimulo: observábase "un gran respeto externo y una deliciosa intimidad tras las paredes" (pág. 222). Eran, así mismo, propensos a cierto paganismo, que habría de esfumarse tras el ajusticiamiento de la Hinojosa. Nos es dibujada como cuna de superstición y sortilegios de baja calidad: magia gris y otras nimiedades; o de espantos y seres de ultratumba, heredados, aventuro, de antiguas creencias indígenas. Singular antecedente es el de Tomagata, "el cacique rabón", espectro de hechicero muisca de cuatro orejas y un solo ojo en la frente que, como un dragón infernal, viajaba por los aires entre Hunza y Sugamuxi, y que pudo prefigurar el miedo instintivo que se tuvo al famoso Judío Errante y a su ceja única.

Por lo demás -y no vamos a usurpar los relatos de la novela- era ciudad de saraos, chicha, paseos a los hervideros -incluso a los de Paipa-, historias culinarias -véase la muy curiosa de las turmas o papas (pág. 259)-, misteriosos entierros indígenas cerca de Motavita, y una semana santa de especiales regocijos (pág. 245).

5
Muchas calles de Tunja llevan nombres. Lo difícil es precisar cuáles los tenían desde el siglo XVI.