Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67
Autores: BLAA
Edición original: Biblioteca Luis Ángel Arango 2005
Edición en la biblioteca virtual: 2006
Notas: Boletín cultural y bibliográfico No. 67
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| BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67

• "A pesar de que bandas nacionales como Superlitio, Aterciopelados, La Pestilencia, Ultrágeno, Ion y Sha-í tienen un importante reconocimiento de los jóvenes, las últimas ediciones del evento se han alejado de su idea original, y traer grandes bandas se ha convertido en la prioridad de los organizadores. Si bien Rock al Parque ha alcanzado mayor reconocimiento internacional, las bandas nacionales han sido desplazadas a un segundo plano y parecen haberse convertido en teloneras de los famosos", [ |prólogo, pág. 7]

Finalmente, respecto a lo social, la polarización también aparece:

La lógica de la multiculturalidad aceptada e interiorizada:

• "Rock al Parque fue el que inició la convivencia entre los diferentes géneros musicales. Ahora todo el mundo se puede ver, calvos, metaleros, raperos". [pág. 52]

versus la lógica de gobernabilidad y ocultación del conflicto:

• "Rock al Parque presenta buenas bandas, hace cultura contemporánea, caló en la gente. Es unir a todos los estratos sociales en uno solo y no diferenciar por una cuestión de billete, es una cuestión de unidad social, es un evento muy democrático", [pág. 101]

Así las cosas, |Rock al Parque 1995-2000 constituye la primera lectura en un documento gubernamental de un fenómeno de la subalternidad o subterraneidad cultural. Y eso no debe pasar desapercibido.

Como tal incurre en algunos de los lugares comunes y apriorismos de las políticas de la cultura y la juventud:
1. Considerar homogénea la política de la juventud en donde el grado de homogeneidad debería referirse a la búsqueda de participación, pero no a la conceptualización de una supuesta identidad -inexistente en la práctica- de tipo generacional.
2. Pretender que Rock al Parque se acercó a una |política de la cultura local. Mientras que los recientes recortes en el IDCT -y que no le darán continuidad en el 2002- lo han reducido más bien a un "programa de coyuntura", que no forma parte del presupuesto fijo para el sector.

Al margen de lo que aporta la edición de memoria bibliográfica de |Rock al Parque, es preciso llamar la atención sobre la necesidad de replantear la evaluación que emprende la administración local de los proyectos que como Rock al Parque, Salsa al Parque, Ópera al Parque, Jazz al Parque, Rap al Parque y Ballet al Parque fueron concebidos como "actividades que apuntaban ala creación de un proyecto de ciudad más amplio y democrático y a la construcción de espacios de convivencia entre todas las generaciones y los sectores sociales" (pág. 6).

En efecto, se ha estimado que más allá del balance cuantitativo (escenarios, asistentes, vatiaje, logística y seguridad; policía y bomberos) reunidos en cada una de las siete ediciones del evento, queda por hacer el balance cualitativo, perspectiva en la cual aún no se ha aclarado cuales serían algunos indicadores mínimos (respecto al desarrollo del capital cultural, social, cívico y simbólico de la ciudad, por ejemplo), y en la medida en que de año en año no fue posible construir registros o mediciones relativos a cada uno de los indicadores, qué lecciones se podrían aprender para el futuro.


Muchos otros interrogantes podrían plantearse, apenas como connotación de los comentarios o representaciones sociales que cada uno de los agentes que participan en el campo definido refleja en sus lecturas. En un reciente debate sobre la relación entre cultura y territorio, por ejemplo, se ha caracterizado la experiencia de la política cultural en Colombia como una "política de la semejanza" interesada en pasar de una construcción de "lo culto", a una de "diálogo intercultural", pero que, sin embargo, en casos como el que ejemplifica Rock al Parque, conllevan una disputa entre la gestión de eventos con "calidad artística" vinculada a la "cultura universal", y la construcción -desde lo local- del multiculturalismo.

Podemos igualmente preguntarnos cuál es el grado de deslocalización de los artistas y las bandas latinoamericanas que, con el criterio de garantizar la masividad, la salida mediática y el éxito político de los eventos, son traídos a Bogotá, y una vez inmersos en un territorio y cultura particular (no Chiapas pero sí Caguán, no TLC pero sí macdonalización, no efecto tango, pero sí laboratorio economonitoreado), le confieren el mérito del más importante -pero esporádico- acto de diferenciación de lo latino -lo local- versus lo global en la contracultura más determinante de la época.

JOSÉ ERNESTO RAMÍREZ