Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67
Autores: BLAA
Edición original: Biblioteca Luis Ángel Arango 2005
Edición en la biblioteca virtual: 2006
Notas: Boletín cultural y bibliográfico No. 67
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| BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67

enceguecidos por las pasiones públicas que la literatura había sido la herramienta más eficaz de las élites gobernantes para conocer una nación que se estaba formando. Medio siglo después seguía intacta la contienda entre artistas y dirigentes políticos de ánimo positivista. En 1907, el liberal radical Rafael Uribe Uribe pronunció una frase tajante en contra de los devaneos poco productivos de los literatos. A los amigos de una revista recién fundada en Manizales, el jefe liberal les advirtió que la literatura distraía talentos y robaba energías útiles para otros menesteres; por eso les envió esta recomendación: "Dejen la revista, dejen la literatura, y tomen otro oficio" | 2 . Las revistas literarias, según la severa opinión del pensador liberal, propiciaban ambientes demasiado desordenados y bohemios que sólo servían para estorbar la sobriedad y la moderación que exigían los objetivos del progreso económico de una sociedad tan positivista y antipoética como lo ha sido la antioqueña. El malogrado dirigente del liberalismo radical colombiano no alcanzaría a saber que, uno de sus secretarios privados, el joven poeta León de Greiff, después sería uno de los más entusiastas animadores de una revista que escandalizaría, en 1915, la "bíblica" ciudad de Medellín.

Cuando en febrero de 1915 nació la revista Panida, de Medellín, Colombia experimentaba un proceso de tránsito hacia la modernización capitalista. Desde 1914, el país estaba definitivamente inserto en la política y la economía mundiales. Las primeras páginas de los periódicos locales estaban saturadas con los hechos de la guerra europea, y los editorialistas ponderaban las ventajas y los riesgos de definir simpatías por alguna de las naciones contendientes. En abril de ese año, el país refrendó en un tratado con Estados Unidos la separación de Panamá. La burguesía naciente soñaba con el avión para hacer más eficaz el contacto con los centros de la economía mundial; por eso en 1914 nació el Club Colombiano de Aviación. Ciudades como Medellín se sacudían de la modorra patriarcal. Comenzaba a hacerse familiar para los oídos ciudadanos el sonido de la locomotora; las calles empezaron a conocer el pavimento que anunciaba el advenimiento de otra novedad metálica: el automóvil. Se pregonaba el nuevo evangelio industrial con su doctrina de orden cuyo lema fundamental decía que "el tiempo es oro". Por los años en mientes, Medellín gozaba de la expansión de las exportaciones de café y del crecimiento de la industria textil; por sus calles caminaban cada vez más obreros y también jóvenes estudiantes y artistas, recién llegados de oscuras provincias, que se reunían en cafés y librerías para ponerse al día con los asuntos del momento o para urdir algunos desafíos al estiramiento puritano e intranquilizar a una sociedad de modales sobrios cometiendo ciertos excesos, tales como prolongar ruidosamente la vida nocturna, leer obras vedadas por el clero, discutir con los maestros, preparar tesis de grado con inspiraciones demasiado heterodoxas y buscar caminos de expresión artística distantes de los mandamientos del gusto dictados por las Academias de Bellas Artes y de la Lengua.

Durante ese proceso de transición, Medellín fue escenario de sutiles y no por ello menos ardientes disputas. En medio de la incipiente modernización capitalista, la Iglesia católica continuaba ostentando, como en los tiempos coloniales, un inmenso poderío cultural. La Constitución política de 1886 le había devuelto la dirección de la enseñanza y le confirió el papel de ideología oficial que pretendió combatir el inatajable oleaje de voces profanas. Ella prohibía periódicos, folletos, libros, librerías. Advertía qué obras podían ser leídas por los jóvenes y cuáles debían ser censuradas; ella seguía cada paso de un alumno, porque no quería que en un descuido se desviara por lecturas que podían "pervertir la mente y el corazón" | 3 . No quiere esto decir que el país fuera inconmovible ante los avances científicos y técnicos del siglo XX; que no conociera la aparición de tipos sociales modernos, como el empresario capitalista o el proletariado obrero | 4 . Pero aun así, la Iglesia fue una especie de Argos con cien abiertos y vigilantes ojos que alertaban sobre la proximidad nefasta de unas costumbres modernas que podían derruir su poder. "Durante la primera mitad del siglo la Iglesia en Antioquia mantiene su enorme poder de sanción social", afirma la investigadora Patricia Londoño | 5 . Y quizá más que en cualquiera otra región del país, la Iglesia católica ejerció allí un inmenso control sobre la intimidad de los hombres y quizá con mayor virulencia ocasionó conflictos con individuos que se resistieron a aceptar su omnipotencia.

Desde 1910, la Escuela Nacional de Minas se convirtió en la institución "vocera de la clase burguesa nacional en ascenso". En una minuciosa descripción de la influencia de esta Escuela en la organización del país a comienzos de este siglo, se afirma que allí se cimentaron, en la educación de las jóvenes generaciones, "los valores del utilitarismo y del pragmatismo conjuntamente con un acento mayor en las normas racionalistas" | 6 . Uno de los propósitos de esa institución fue constituir una élite de ingenieros y técnicos capaces de dirigir la nación e imponer "costumbres, usos, ideologías, modos de pensar y sentir la vida, cualidades y debilidades propios de esa clase social en ascenso" | 7 . Entre sus iniciativas se destacó la de tratar de controlar la intimidad del individuo obrero, con tal de comprometerlo con los fines del sistema productivo. En este aspecto, la Iglesia y el empresario capitalista conformaron una tácita alianza para ejercer una estricta vigilancia sobre la conducta de los hombres. Al clero le preocupaba salvar almas obreras de las tentaciones modernas. Al burgués le interesaba garantizar elevados niveles de producción y más fuertes compromisos del obrero con los objetivos de la empresa.

Así que, cuando la juvenil revista Panida se disponía a nacer, la Iglesia católica ya había cumplido con hacer prohibir el juego, la vagancia, el consumo de bebidas alcohólicas y ya había censurado espectáculos teatrales. Siempre con el afán de hacer prevalecer la supuesta "autoridad doctrinal" que ejercía desde el siglo XIX. Mediante sus publicaciones La Familia Cristiana y La Buena Prensa, la curia de Medellín señalaba pautas de comportamiento para los asuntos más cotidianos. Mientras tanto, los dirigentes de la Escuela Nacional de Minas se encargaron de exaltar los métodos y doctrinas de la administración científica del trabajo. En periódicos como Progreso y El Correo Liberal se recomendaba leer libros tan "útiles" como La cartera del negociante, manual muy apropiado para las cuentas urgentes en las agencias de café, u otros con los significativos títulos El hombre que hace fortuna o Para abrirse camino en la vida. En definitiva, Panida apareció cuando se imponían los lemas de una sociedad sobria, concentrada en los propósitos del progreso material y, por tanto, hostil para el artista y sus urgencias expresivas. De ahí que su existencia hubiese contrastado con los sentidos predominantes; y no solamente por los contenidos que difundió la revista, sino también por el modo de vivir que obtuvo carta de ciudadanía en torno a esa publicación. Estas palabras nostálgicas de uno de los participantes testimonian que Panida, más que una revista literaria, fue una praxis vital organizada por una nueva generación de intelectuales: "Luego vino Panida, y con Panida aquella vida, aquella vida..." | 8 .

2
Rafael Uribe Uribe, "El mayor flagelo", escrito enviado a los directores de la revista Albores, de Manizales, 1907. En Escritos políticos , Bogotá, El Ancora Editores, 1984.
3
El clero católico colombiano tenía a todas las novelas por lecturas peligrosas que causaban daño a la fe y las buenas costumbres. Véanse las descripciones sobre los medios para combatir la "prensa mala", resolución de 1913, contenida en Conferencias episcopales de Colombia, desde 1908 hasta 1930, Bogotá, Imprenta del Colegio de Jesús, 1931, págs. 116-119.
4
"Desde 1910, se asiste al nacimiento de un proletariado obrero". Daniel Pécaut, |Orden y violencia, 1930-1954, vol. I, Bogotá, Siglo XXI-Cerec, 1987, pág. 90.
5
Patricia Londoño, "La vida diaria: usos y costumbres", en Historia de Antioquia, Bogotá, Editorial Presencia, 1988, pág. 338.
6
Alberto Mayor Mora, |Ética, trabajo y productividad en Antioquia, Bogotá, Tercer Mundo Editores, 1989, pág. 55.
7
Op. cit., pág. 226.
8
José Manuel Mora, "Un panida, Teodomiro Isaza", en revista Voces, núm. 25,10 de julio de 1918, pág. 212.