Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67
Autores: BLAA
Edición original: Biblioteca Luis Ángel Arango 2005
Edición en la biblioteca virtual: 2006
Notas: Boletín cultural y bibliográfico No. 67
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| BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67
Poema "Acuarela" La revista publicaba novelas de aventuras, cuentos de hadas, fábulas y versos (Chanchito, vol. I, núm. 2, Bogotá, 13 de julio de 1933, pág. 12).

Más adelante dice:

|Creará un modelo de biblioteca aldeana con unas cien obras célebres de la intelectualidad colombiana, con otras tantas de autores extranjeros, con cartillas de información técnica elemental y un buen diccionario manual enciclopédico; para lo cual, hasta donde sea ello posible, aprovechará los servicios de la Biblioteca Nacional, mejor provista al efecto para estas funciones editoriales. [Revista Senderos, 1934]

En medio de este ambiente de renovación pedagógica y cultural, empezamos a encontrar un aumento en las ediciones de libros para niños por fuera del ámbito escolar que, aunque no sea numeroso, es significativo en la medida en que se empieza a pensar en el niño como un lector que puede acceder a los libros sin la mediación directa del adulto (maestro, padre de familia), y para quien se escribe con fines índicos y estéticos. Y aunque en algunos de estos libros siguen vigentes las motivaciones moralistas y pedagógicas que generalmente acompañan a los adultos cuando escriben para los niños, también es cierto que hay un avance frente a la concepción de una literatura para la infancia que ya empieza a circular en los ámbitos propios de la cultura y que comparte con la literatura para adultos un tratamiento estético prioritario.

Resulta significativo que en 1933 existía, en el lugar donde después fue construido el edificio de la Biblioteca Nacional, una biblioteca infantil, con sala de lectura especial para los niños, la cual fue retomada e incluida dentro del diseño de la biblioteca. Esto nos corrobora aún más el hecho de que el niño era considerado un lector activo, que podía acceder a la lectura en espacios propios de la cultura y sin la mediación de la escuela.

Infortunadamente, la Comisión de Cultura Aldeana y Rural desapareció seis meses después de su creación. Sin embargo, desde el punto de vista de la renovación de las concepciones sobre la cultura, la educación y la infancia, todo este movimiento dejó una huella importante. Se reflejó, por ejemplo, en la creación de nuevas bibliotecas, en el desarrollo de la edición y de la práctica de la lectura. Nuevos periódicos salieron y la distribución mejoró. Según datos de Aliñe Helg, el número de lectores de la Biblioteca Nacional pasó de 32.682 en 1931 a 127.871 en 1935. En los municipios también se leía más y se organizaron bibliotecas; en 1936 el Ministerio de Educación censó 674 bibliotecas a través del país, con un total de 95.462 volúmenes. La Comisión de la Cultura Aldeana preparó, para dotarlas, una serie de publicaciones. Cerca de cien obras de escritores y poetas nacionales y extranjeros aparecieron entre 1935 y 1936. Libros más prácticos destinados al magisterio, a los médicos de aldea, a las élites locales con posibilidades de actuar sobre las comunidades rurales, completaron esta colección [Aline Helg, |La educación en Colombia, pág. 154].

Para ese entonces Agustín Nieto Caballero estaba, desde la Inspección Nacional, ensayando el programa de Decroly basado en los centros de interés, no sólo en el Gimnasio Moderno, sino también en algunas escuelas públicas. Dicho programa se estaba implementando de la siguiente manera:

- Primer año: vida familiar y escuela.
- Segundo año: vida de la aldea, del barrio o de la ciudad.
- Tercer año: el municipio y el departamento.
- Cuarto año: Colombia.

Partiendo de las nociones de higiene, moral y trabajo, el interés del niño se orientaba progresivamente hacia la formación de la sociedad y de la economía, hacia la religión, la historia y la geografía. La observación de la realidad se realizaba principalmente gracias a paseos, excursiones y visitas a lugares públicos: se enseñaba a los niños a comparar y a relacionar lo que observaban con los conocimientos ya adquiridos. En fin, mediante exposiciones orales, composiciones escritas y dibujos debían expresar sus reflexiones.

Este movimiento en favor de la educación redundó en beneficio de los niños, pero lo más importante fue que volcó la mirada hacia la infancia y empezó a transformar el concepto que tradicionalmente se tenía de ella, superando la concepción de niño como "adulto en pequeño". Se empezó a mirar al niño como un ser independiente, con capacidades de comprensión e interpretación del conocimiento y de la realidad de acuerdo con sus diferentes etapas de desarrollo.

Aunque Víctor E. Caro no era un educador de oficio, parecía tener más claro que muchos de sus contemporáneos esta concepción del niño como un ser cultural con un universo imaginario propio.