Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67
Autores: BLAA
Edición original: Biblioteca Luis Ángel Arango 2005
Edición en la biblioteca virtual: 2006
Notas: Boletín cultural y bibliográfico No. 67
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| BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67

|Con los codos apoyados sobre este día de octubre,
anónimo y sin fastidio, escribo estos versos sin esperar
los agradecimientos de nadie.


El poeta escucha el rumor del pasado, los pasos que la memoria quiere designar en medio del caos sombrío que la rodea: "Desde hace treinta años ensayo infructuosamente la misma melodía". Por ello en el presente acude a la fuerza creadora de la palabra poética.

La música, ya sea del canto, del saxo o del fagot, es por excelencia la imagen de lo que perdura, la permanencia del tiempo. La visión y el afecto de la música desencadenan una reflexión apasionada sobre el ser. Leamos, a propósito, el poema |La casa:

|Tú eres la que habita la casa, de esa manera me contienes.
Sabes callar en sus estancias mientras yo, sordo y ciego,
vocifero.


Pese a la persistencia de la imagen musical, lo demás lo cobija una atmósfera desleída, para nada circunspecta; la liviana sensualidad de esta poesía se disuelve en una sensación de fugacidad y de vacío. Ese vacío abre otra realidad, la plenitud del objeto transfigurado en otra cosa, donde las calles son irreales, las mercancías, los bazares y los ocasos se convierten en alucinación. Gracias a la poesía los límites desaparecen, se expande una onda de gozo, de claridad y encarnada vitalidad, ya que sólo conocemos a través de la experiencia, apropiándonos sensualmente del mundo. Sabe el poeta que "el viento aúlla indiferente entre los edificios sin ser heraldo de nada ni de nadie" o que las tardes pasan "y su reflejo en la pared".

Poemas personales donde el yo es la voz, la poesía encarnada a través de un instrumento musical. La música se puede leer tras su intensidad y distensión, éxtasis y vacío que se alternan rítmicamente. La palabra resuena y vive. El poema, como la música, es un lenguaje que se vuelve sobre sí mismo, pues posee la capacidad de la autorreflexión, de prolongar un viaje de reconocimiento. La música se hace presencia, instante clavado en este momento, debido a que su metáfora puede revelar la poesía e incorporar y restituir el mundo a los hombres.

Así, los poemas desencadenan un efecto emotivo, consecuencia de su eficacia y construcción cercana a la prosa. Casi todos los textos apuntan al mismo objetivo, constatar la soledad del escritor, describir la ausencia que la realidad le inspira, ante lo cual el poeta expresa:

|Después de áridos meses, cuando menos lo esperamos,
prende una idea. Echa raíces y lenta se yergue con sus
retoños bajo el sol. Poco importa sí el abono es la pena.


El vacío es el silencio, un espacio en blanco acosado por el ansia, la exasperación y el escepticismo. La poesía avanza hacia lo oculto, lo inadvertido, lo callado, lo no dicho, en fin, se dirige "al fondo de los actos". Los poemas, por su parte, se restringen a lo mínimo, textos pequeños a la manera de señales o marcas que delatan un gesto irónico, insatisfecho, extraño, el descubrimiento continuo de un lenguaje dramático y aciago. Los textos son "pequeños momentos", "hechos menudos" dejados al margen de un cuaderno.

Su expresión es personal, ya que elabora una imaginación a partir de símbolos de la vida interior. Poesía reflexiva, volcada sobre una íntima percepción de la soledad.


La actitud del poeta es siempre introspectiva; los aspectos objetivos son sólo estímulos para proseguir la la búsqueda más al fondo de sí mismo, de su experiencia emocional y estética. Desde el comienzo, el tiempo aparece como una de las preocupaciones fundamentales de Linero, y de allí surge la voz interior luchando contra el olvido, una voz que posee timbre de fagot y lo sorprende al enumerar las cosas que tocan su ser, objetos fugaces, veloces, pasajeros, casi fugitivos.


La certeza de lo transitorio llena esta poesía de un desconsuelo, arduo camino entre la tiniebla y el regocijo, la duda y la sed, el alba y la oscuridad.

Y, sin embargo, la mirada del poeta registra pequeños frutos milagrosos: "Una noche de agua para el ojo inmóvil de la lagartija"; la mirada de su mascota, "ojos de aceituna"; el juego de los amantes sobre la hierba; la rica confusión de la lluvia, embriaguez, olor a café y hojas quemadas; "la risa de los amigos, el libro que se demora entre mis manos, la palabra súbita, los gorriones", las manos blancas de la mujer, el sueño del poema.

De esta manera Linero da pasos decisivos hacia la conquista de su propia voz, clara y contenida. Su actitud es existencial y crítica, la cual se ejerce sobre la propia materia de la creación. De forma lacónica cuestiona la necesidad de la poesía, la condición marginal del poeta. Su decir escueto opta más por el silencio que por la retórica. Subraya del poema su condición de acto efímero, de breve fulgor en medio de la insensatez contemporánea.

Poesía que nace del desencanto, de la encalladura. Ningún sentido de grandeza lo alienta. Por el contrario, lo anima un aire de fugacidad, la sequedad, la reserva, el estoicismo, el sarcasmo, porque los poetas de hoy se enfrentan a un mundo desmembrado e incoherente, sin más armas que su lucidez.

La mesura ascensional de los poemas cortos le da a su poética una cualidad etérea y nostálgica: despojamiento, impresión, sensación, presentimiento. Poesía que dibuja un estado de ánimo, la sensibilidad y el sentir del poeta. Confesión, austeridad del verbo, artesanía del vocablo, contención, sencillez, casi humildad, moderación, economía de expresión, depuración, sobriedad.

|Lecciones de fagot manifiesta la enseñanza de un creador que, a través de la poesía, se busca a sí mismo y que mediante la construcción de un lenguaje refleja la orfandad del hombre. Pero, al unísono y paradójicamente, el libro señalado se convierte, en virtud del verbo poético, en un mensaje y en un grito solidario con el mundo impersonal y colectivo de nuestra exasperante cotidianidad.

GABRIEL ARTURO CASTRO