Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67
Autores: BLAA
Edición original: Biblioteca Luis Ángel Arango 2005
Edición en la biblioteca virtual: 2006
Notas: Boletín cultural y bibliográfico No. 67
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| BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67

Aunque no es, precisamente, el de El Gale, último de los nueve relatos que conforman esta obra, el más preciso modelo de la degradación humana. Este mérito -¿será mejor decir demérito?- se lo lleva el designado con el muy ilustrativo título de |La vida es una hoya. Su protagonista: un anónimo ladrón de la famosa calle bogotana de El Cartucho, cuya vida en verdad resulta terriblemente conmovedora. Él es una especie de Lazarillo sin remisión, cuya única y tirana ama resulta ser la poderosa doña |Money, que "no da espera" (pág. 165).

Nunca imaginadas por los más osados e iconoclastas autores literarios (Poe, Kafka, Dante, Borges, García Márquez, por ejemplo), estas historias, escritas con cuidado estético, a pesar de la intención de no parecerlo por el uso del lenguaje coloquial bastante bien logrado en el registro lingüístico de los variados personajes, desbordan los límites de la más cruda realidad. Y resulta, en verdad, inaudito que junto a las vidas más anodinas que transcurren entre el centro, las universidades, colegios, tabernas y barrios de todos los estratos sociales de nuestra capital, ocurran tantas situaciones -discúlpeme la autora por la carga moralista del término, que ella evitó a toda costa, mas quizá no hay otro- |abyectas. Tal vez, sin embargo, este calificativo sea el más apropiado para hacerle eco al subtítulo de la obra, que insiste en su realidad verdadera: en que esto no es un juego: en que la materia de estos relatos no es ese |reste al que Verlaine llamó literatura.

Por lo demás, respeto la posición de la autora precisada al comienzo del libro, en el que, haciendo la salvedad de que sus textos no son retratos de los jóvenes bogotanos actuales, pero que sin embargo los expresan en sus esencialidades, propone importantes ideas acerca de la generación que en pocos años llevará el país a cuestas. Ella afirma que se trata de una juventud que crea nuevos lenguajes, aunque no tenga ideales políticos ni sociales; que se droga, no por adicción ni por debilidad, sino como una forma de romper con la cotidianidad y de socializarse; que ha roto tabúes como el ligamen entre el sexo y el amor (págs. 13-14). Pero, me pregunto, por ejemplo, si es más esperanzador este presente en el que las cuitas de los jóvenes no involucran en modo alguno aquella imposibilidad de comunión física y espiritual con su comprometida amada, que llevó al suicidio -ficticiamente, desde luego, qué se le va a hacer- hace doscientos cuarenta años a un joven llamado Werther.

A pesar del optimismo que Marta Ruiz manifiesta al comienzo de su libro en relación con el futuro de los jóvenes bogotanos, lo que se manifiesta en la estrategia narrativa de los textos -se trata de relatos con finales abiertos, con lo que tal vez se sugiere la posibilidad de una salida de la hoya-; no sé hasta qué punto se pueda afirmar que esta nueva generación sin ideales, forjada sobre las calles desoladamente atiborradas de la actual Babelgotá, acceda a la segunda oportunidad sobre la tierra negada a los dos últimos enamorados y jóvenes habitantes de Macondo.

ANTONIO SILVERA ARENAS