Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67
Autores: BLAA
Edición original: Biblioteca Luis Ángel Arango 2005
Edición en la biblioteca virtual: 2006
Notas: Boletín cultural y bibliográfico No. 67
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| BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67

Maquillar, fingir con el cariñoso engaño de los diminutivos, falsificar: el ejercicio estilístico para desmontar toda esta farsa y permitir que asome la desnuda verdad, con su impagable costo moral, es lo que confiere fuerza e intensidad a la novela. Lo que la hace a la vez piadosa y desorbitada, con las estridencias propias de un brusco y acelerado cambio social. Es entonces la más personal y dolorosa de las que ha escrito Laura Restrepo (1950), pero a la vez la más cómica y desopilante, como en las escenas donde Agustina visita el apartamento de la primera mujer de Aguilar.




El abuelo no se suicidó: se fue a Alemania. El padre no tomó las fotos ni fue amante de su cuñada. Fue el hijo mayor y la modelo no es la tía sino una sirvienta. En ese mar de equívocos interesados ya no reconocemos el delgado hilo que nos pueda conducir a la verdad, máxime si s una loca cuya madre miente la que nos lleva de la mano, revelación tras revelación.



Pero el delirio esquizofrénico de Agustina resulta la consecuencia lógica de tanto fingir lo que no somos y una metáfora justa de ese país donde el hambre y la venganza, la retaliación y la masacre, el rencor y las falsas pretensiones tratan de ocultar en vano una llaga siempre abierta: la de la infinita desigualdad. Ya lo dirá de modo irrefutable el propio Pablo Escobar en la novela, cuando muestra esa rapiña implacable en torno de un plato demasiado escueto para tantas ambiciones insaciables:

|Qué pobres son los ricos de este país, amigo Midas, qué pobres son los ricos de este país. [pág. 82]

El ropón de lujo para los bautismos y la naturalidad para pasear sus perros ya no serán los únicos signos distintivos de la gente bien. Bien en el sentido, claro está, de quienes tienen bienes. Lo artificioso de un idioma ingenioso y la cínica despreocupación sobre el valor de la vida misma es algo de lo que esta novela ha traído al primer plano, en creativo exorcismo. Si el delirio carece de memoria, esta indagación hábil y recursiva nos ofrece, como saldo favorable de una escritora que latió con sus gentes, como esa pareja central del libro: dio vida en ellos a esos fantasmas recurrentes que nos agobian, con entrañable compasión y sobre todo con pulso firme de narradora eficaz. Volvió la dura vida perdurable ficción.

JUAN GUSTAVO COBO BORDA