Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67
Autores: BLAA
Edición original: Biblioteca Luis Ángel Arango 2005
Edición en la biblioteca virtual: 2006
Notas: Boletín cultural y bibliográfico No. 67
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| BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 67

En los años veinte del siglo pasado hay que destacar al respecto las crónicas de Luis Tejada, quien, a pesar de valerse en esencia del texto periodístico, se propuso llevar a cabo una renovación de la literatura colombiana que sólo fue reconocida de un modo tardío. Las crónicas de Tejada son muy humorísticas, mas ya no cachacas, situación de la que lo libró su inquietud estética vanguardista, que no podía quedarse en el pasado. Esas crónicas, no columnas, de humor saludaron con entusiasmo inventos como el automóvil, pero también criticaron la trivialización de la vida cotidiana a expensas del confort que en aquella época transformaba ciudades y sociedades.

En ese vínculo entre periodismo y literatura de la que se nutre la columna de humor de Daniel Samper hay que prestar atención, además, a la agudeza humorística de García Márquez en su columna "Jirafa" de los años 50-52, que asume en ella la lección particular de Hemingway. Todo a condición de que no se olvide que se trata de dos actitudes completamente distintas -la de Tejada y García Márquez en relación con la de Samper-, pues en este último ha primado más el periodismo que la literatura.

Algunos aspectos claves de las setenta columnas que forman este libro, seleccionadas entre las novecientas y pico que forman el trabajo de veinte años llevado a cabo por Samper en el semanario Carrusel de El Tiempo, se pueden resumir así: parodia de textos literarios, periodísticos y cotidianos; alusión a temas de actualidad generalmente triviales; la hipérbole como estrategia cómica.

La parodia de textos literarios se percibe en cada una de las columnas, fundadas todas en la ficción. Así, prácticamente todas ellas se centran en experiencias del columnista Daniel Samper, que sería algo así como el personaje central de una novela cuyo oficio consiste en escribir una columna semanal y que, por otro lado, se asemeja físicamente al autor de éstas, Daniel Samper, definido jocosamente en la contracarátula de la antología como polígrafo, periodista, "biesposo, tripadre, tetrabuelo", a lo que le faltó agregar el dato de ser hermano de un presidente colombiano. Las aventuras de que dicho columnista nos da cuenta en sus textos provienen sobre todo de su vida familiar, por lo que nos enteramos que tiene esposa, dos hijas, un hijo y un perro llamado Pachulí, pero también de su experiencia como columnista en sí. En este sentido, él se dedica no pocas veces a responder preguntas de sus lectores con relación a sus temas recurrentes: la comida y la dieta, la gimnasia, las mascotas, la apariencia física y los bebés.

Aparte de la parodia de la novela, también se remedan en esta antología el género poético en la columna "Nuevos mandamientos de salud", y cuentos, como ocurre en las columnas "Mujer perdida", "Sucedió en el gimnasio" y "Cuento de navidad". Además, hay varios ejemplos de burla a la clasificación de tipos humanos establecidos por la tendencia conductista de la psicología. De esto son ejemplo los textos "¡Mesero!" e "Hijos para todos los gustos".

Con relación a esa parodización de la literatura hay que reiterar que ello marca, precisamente, una distancia con relación a ella. Samper ha asumido el oficio de humorista de prensa. En su opción, por lo menos en este caso, no aparece alusión alguna directa a la literatura, elemento frecuente en los autores colombianos antes señalados, García Márquez y Luis Tejada, ambos supremamente preocupados por este arte y que no falta en sus escritos periodísticos. Ello no obsta para que Samper se distancie totalmente de la literatura, ya que de hecho tiene, que yo sepa, una novela en su haber. Pero no es una preocupación que se materialice en estas columnas. Antes él mismo, en broma y en serio, se refiere a sí mismo como "payaso de revistas femeninas" y "escritor de pendejadas" (pág. 307)


Lo trivial como tema está muy emparentado con lo anterior. Samper no se refiere a los problemas sociales de este país y no hay una sola alusión a nuestra violencia endémica, tal vez porque en esos temas hay poco lugar para el humor. Tales asuntos, por lo demás, son desagradables a las tradicionales revistas femeninas, entre las que se clasifica Carrusel. Sin embargo, ello tampoco obsta para que el columnista se convierta en forma reiterada en un agudo crítico de las modas contemporáneas. Tal sucede en textos como "Perjúmenes", "Las gorditas están de moda" y "Checheroteca", en los que se cuestionan, respectivamente, asuntos como el enmascaramiento de los olores naturales tan común en esta época de papeles higiénicos aromatizados; el modelo de mujer flaca dominante que ha llevado a las jóvenes y aun a las mayores a la anorexia; y la abundancia en la casa de objetos inútiles producidos y adquiridos en razón del consumismo prevaleciente.

Lo interesante, sin embargo, sería ver hasta qué punto ha superado Samper el humor cachaco, señorial, al que nos hemos referido en las líneas iniciales de esta reseña, lo cual va ligado al origen del tipo de texto que cultiva. Pienso que sí. Tal vez de ello sea indicio el hecho de asumir su trabajo desde una estrategia autobiográfica, lo que acorta ficticiamente la distancia entre el autor y su materia, amén de su principal recurso para
lograr el efecto cómico, el cual a su vez es el más común en el chiste popular: la hipérbole, la exageración. Sí, Samper es un "embustero" consagrado, aunque no a lo paisa -como Tejada- ni a lo costeño -como García Márquez-, sino a lo cachaco, cosa que a estas alturas resulta un mérito paradójico por el precedente histórico del altivo remoquete y por la modestia del género periodístico que practica. Qué vaina.

ANTONIO SILVERA ARENAS