Reseñas. Acartonados y prosopopéyicos
Acartonados y prosopopéyicos
¿Cuál es su hobby? Entrevistas
radiales
Arturo Camacho Ramírez
Aguilar, Bogotá, 2004, 353 págs.
Con el nombre de ¿ Cuál es su hobby? hizo el poeta Arturo
Camacho Ramírez (1910-1982) una serie de entrevistas radiales que
tuvieron su etapa inicial por allá en la década de 1950. A finales
de esa misma década las continúa, para retomarlas una vez más en
1964. Son conversaciones ágiles y brillantes en las que participan
personajes de las letras, la política, la plástica, la ciencia,
etc. Ahora Aguilar nos entrega una selección de esas entrevistas en
un tomo que viene acompañado de un disco compacto con las voces de
los cincuenta entrevistados. Son ellos Enrique Uribe White, Enrique
Caballero Escovar, Juan Lozano y Lozano, José María Alfaro y
Polanco, Carlos Holguín Holguín, Abelardo Forero Benavides, Augusto
Ramírez Moreno, Hernando Téllez, Lucas Caballero Calderón, Víctor
Mallarino, José Umaña Bernal, Otto de Greiff, Ignacio Gómez
Jaramillo, Germán Arciniegas, Oswaido Díaz Díaz, Alfonso Bonilla
Naar, Andrés Samper Gnecco, Abel Naranjo Villegas, Álvaro Mutis,
Gabriel García Márquez, Otto Morales Benítez, Gerardo Valencia,
Antonio García, Jaime Paredes Pardo, Gerardo Molina, Julio César
Turbay Ayala, Carlos López Narváez, Jorge Elias Triana, José Prat,
Eduardo Zuleta Ángel, Alfonso López Michelsen, José Francisco
Socarras, Eduardo Caballero Calderón, Mario Laserna Pinzón,
Belisario Betancur, Antonio Panesso Robledo, Fabio Lozano
Simonelli, Hernando Martínez Rueda, Pedro Gómez Valderrama,
Fernando Mazuera Villegas, Eduardo Guzmán Esponda, Marta Traba,
Agustín Nieto Caballero, Alfonso Castillo Gómez, Hernando Santos
Castillo, Félix Restrepo, Alfonso Palacio Rudas, Roberto García
Peña, Álvaro Gómez Hurtado y Fernando Gómez Martínez. (Hago la
enumeración de los personajes, un tanto aburridora, pues de esta
manera me parece que puedo ahorrarle tiempo a quien -pasados otros
cincuenta años- quiera ubicar a alguno de ellos).

Estas entrevistas, que se realizaron para la Emisora HJCK -la
generosa empresa cultural fundada por Álvaro Castaño Castillo y su
esposa Gloria- tienen la gracia de que hablan de todo y de nada.
Con frecuencia arrancan con unas disquisiciones sobre lo que debe
ser un hobby, o sobre la pertinencia del término en nuestra lengua,
para luego entrar en materia: cuál es el hobby del entrevistado.
Casi todos ellos coinciden en que un hobby es una ocupación
paralela a la profesión, que se ejerce más o menos con habilidad -y
con mucho deleite- pero que no produce réditos. Algunos de ellos,
sin embargo, parecen confundir esa actividad con la del
coleccionista. No es lo mismo tener como hobby la construcción de
barcos de madera a escala, o cultivar su jardín -como quería
Voltaire- que tener una inmensa colección de corbatines traídos por
sus correligionarios desde los más remotos lugares del orbe, sin
duda para solicitarle favores, como Turbay Ayala. ¡No! Como
tampoco me parece que jugar al golf o al tenis sea un hobby. Es
verdad que existen personas que hacen del golf o del tenis su
profesión, pero de resto casi todo el mundo juega esos deportes
como entretención o como pasatiempo y para hacer ejercicio, pero
eso dista mucho de ser un hobby. Un abogado que en sus ratos libres
hace un pequeño estante para su biblioteca en el garaje de su casa
-dejando el piso lleno de virutas crespas como si hubieran motilado
a alguno de los Gómez Hurtado, según la ocurrente anotación de
Klim- tiene en la carpintería un verdadero hobby, por ejemplo, ya
que ésa no es su profesión, pero es una actividad en la cual se
desenvuelve con pericia y lo distrae de sus quehaceres, de la misma
manera que varios políticos se dedican a pintar los fines de
semana, sin mayores pretensiones, a la manera de Churchill.

Mucho se conoce de la personalidad de los entrevistados. Algunos
resultan ser bastante más agudos de lo que suponemos, por el
conocimiento que de ellos se tiene, como es el caso de Julio César
Turbay Ayala, quien, para nuestra sorpresa, es un punzante
observador de sus colegas de la política, a quienes mira con
malicia y sorna conociéndoles sus ambiciones y trayectoria. Otras
de estas conversaciones, en cambio, resultan ser menos divertidas y
en algunos casos francamente aburridas. Pero en general es un buen
compendio de charlas en las que Camacho Ramírez sabe sacar lo mejor
de sus interlocutores, anotándose de paso unos buenos puntos a su
favor, como en la charla sostenida con un simpático periodista
costeño, quien para esas calendas era apenas un joven cronista que
había publicado algunos cuentos, tenía una primera novela en prensa
y quería ser Gabriel García Márquez, como en efecto llegaría a
serlo. Una de las cosas que más gracia tiene este libro es que, en
la primera etapa, el programa era patrocinado por una famosa casa
de licores españoles y el invitado debía mencionar de manera
espontánea y natural la marca del licor, y en no pocas ocasiones
esa mención resultó muy ingeniosa y disparatada, como cuando Álvaro
Mutis, hablando del asesinato como su hobby predilecto, dice que,
para ablandar un poco a sus víctimas, les proporcionaba un poco del
licor que se quería promocionar.
Llaman la atención dos cosas en esas conversaciones íntimas e
informales: la gran cultura que por lo general tienen los
entrevistados y -¡por supuesto que las épocas cambian!- su
forma de hablar. Ya nadie habla en Colombia de esa manera florida,
nadie hace esos preámbulos ni utiliza esa cortesía un tanto
acartonada y prosopopéyica con la que se expresaba la
intelectualidad de aquellos tiempos. Sin duda todo el asunto
mediático de los tiempos que corren ha cambiado la forma de hablar
en el mundo entero, y para esos días, no tan remotos en verdad,
todavía se utilizaban muchos giros literarios en el habla
corriente.
No estaría mal que en la radio se hicieran programas de esta
índole actualmente. Muchas veces conocemos más de un entrevistado
mientras habla de nimiedades, que cuando se propone hablar con
hondura sobre temas trascendentes. La vida, ya lo dijo alguien, es
lo que pasa mientras andamos ocupados haciendo otras cosas.
FERNANDO HERRERA GÓMEZ