BIOGRAFÍA, LORENZO JARAMILLO. VIAJE A ALSACIA
VIAJE A ALSACIA
BAMBOIS, AGOSTO 27, 1984
Querida familia: Esta idea de venirme a hacer el famoso curso de
papel del 23 al 29 de agosto, ha sido una de las buenas ideas que
se me han ocurrido. Les estoy escribiendo después de un día
intenso, de una jornada exhaustiva. Son las ocho menos diez de la
noche, hay todavía luz y los demás (los otros siete) se fueron a
ver unas “piedras azules” por allá en un bosque. Yo de
naturaleza tengo ya suficiente con los dos patos, el paisaje y
Friedericke ladrando, como les dije. Los dos patos son los que
andan por ahí; Friedericke es una perrita lo más de simpática
perteneciente a una del grupo. El paisaje es una maravilla. Estamos
metidos en los Vosgos. Imagínense una casa un poco como la de
Richter’(17),
apoyada contra una montaña y con un paisaje enfrente... Aquí no es
sabana sino hondonadas, montes, bosques. Pero infinito y solitario.
La delicia. El verano que ya se acaba ha sido con lloviznas, cielo
grisoso y calorcito discreto al mediodía. No se oyen sino los
ladridos de Friedericke y riachuelos que corren. Estamos rodeados
de abedules, fresnos, olmos, pinos y cerezos salvajes. Repito:
¡la delicia! Hay un. enorme granero y dos casas viejas, de
techos inclinados, alargadas. En una viven los dueños, una pareja
muy querida, callados, delicados, como animalitos del campo: los
Huizinger, son nuestros anfitriones y maestros. En la otra casa
vive el grupo, desayuna y come con provisiones puestas a
disposición por la casa. El almuerzo lo tomamos con los dueños de
casa chez eux. El grupo son cinco alemanas, un suizo y una
suiza y yo. Gran práctica del alemán, natürlich, que
es lo que se habla todo el tiempo. Pero comenzaré por describirles
un día en su transcurso. Como el curso comienza a las 9 am. en
punto, hay que haber desayunado antes. Mesa larga. Yogures (que es
lo único que recuerda un desayuno austero y sano entre ese festival
pantagruélico que se vuelve aquella mesa), miel, mermeladas
Nutella, panes enormes de cortar contra la barriga,
huevos, quesos, Schinken (jamón), Leberwurst
(paté), tocino. Ya allí queda uno “supertanqueado”. Los
alemanes saben que comer es comer, como ya vimos nosotros
suficientemente. Nadie deja nada y con parsimonia se van comiendo
los quesos enteros, los panes enormes, los tarros de jalea... Yo
parezco alemán, il faut le dire! Todo esto con té
y café. Por la noche, a las 6 (!) p.m., como los campesinos, la
misma mesa larga vuelve a poblarse con lo mismo (menos los yogures)
y el Abendbrot es una enfática repetición del desayuno.
Hoy solamente nos comimos tres quesos de cabra, en dos panes y
medio y un salami. Todas las noches nos dan, para recompensarnos la
jornada, una botella de Edel zwicker o Muscatel
enfriado en la alberca. El almuerzo es a las ¡2 m. El comedor
es claro, de maderas modernas, con muchas revistas de arte textil
[norte] americanas y francesas, música de los Festivales de
Salzburgo -como de casa de arquitecto o artista. Pocos adornos y
hechos por ellos. Un cuadrito azul en una esquina, un montón de
papeles amarillentos en la otra... Gran ensalada, un plato único
(hoy gratin dauphinois), frutas, vino de Alsacia y poca
conversación. En general se habla poco durante las comidas. Sólo se
oyen cubiertos, y “El pan, por favor” o “Más
vino?”... Hay cierta solidez en todo esto. Después, con el
café, se comienza a hablar más y en los momentos extremos, por las
noches, se alcanza la hilaridad y el ruido a base de humor alemán y
suizo. Por las mañanas hemos ido a recolectar las plantas, troncos,
hierbas y hojas para nuestros menjurjes (papel y tinturas) en
grupitos y por los bosques y hemos hecho los cocinados y las
desteñidas. En grandes ollas esmaltadas se ido cocinan gramíneas,
cortezas y pastos con soda caústica. Después se pasan por aguas y
coladores y se separan en baldes y bolsas plásticas. Ciertas
cantidades se dejan al natural y otras se destiñen con hipocloro
poco o mucho (hasta el blanco) según la necesidad. Por las tardes,
de 2 a 5, hacemos papel. Como se trata de
aprender y hacer ensayos, hacemos hojitas del tamaño de una postal
no muy chiquita. Hicimos también cada uno una hoja grande, tamaño
carta o un poquito más; yo la hice en una gramínea decolorada al
blanco (¡agrostís!), macerada y con bordes sin macerar. En
las chiquitas (de las que llevo unas sesenta) hay desde las lisas
para dibujar hasta unas supertexturadas y llenas de briznas y
pastos que no servirían sino como objeto en sí, pasando por
encajes, mescolanzas y especies de cartones. He tomado debida nota
de todo y ya me veo, no ganando plata, pero sí haciendo para mí
papeles de alcachofa, maíz, banano y lino.

Fiesta, litografía num. 2 de la serie La
gaieté parisienne, 1984, 45 X 105 cm, París.
El papel lo hacemos al aire libre, bajo un techo, sobre dos
mesas largas. Extrañamente el grupo de cuatro que se estableció en
mi mesa es el que siempre va a la zaga y acaba más tarde todo.
Somos dos de las alemanas, el suizo y yo. Somos los de los
experimentos más osados, las risotadas, el desorden, la
creatividad. Los otros cuatro son los juiciosos, los
blaustrumpfosos, los que acaban primero y sólo hacen lo
que les dice la profesora. ¿Saben que me he descubierto
grandes dotes para la indisciplina? Creo que de no haber sido un
niñito formal en el colegio fácilmente habría caído en el otro
extremo: un relajista de miedo. ¡Qué risa! Pero siempre
haciendo las mejores cosas, etc. Entiéndase. El hecho es que
Bärbel, Mechthild, Walter y yo nos divertimos mucho. Pero debo
pasar a describirles el grupo. Comenzaré por el norte. De Kiel,
sobre el Báltico, nos llegaron Sabine y Elisabeth. Parece ser que
Sabine sea médica. En todo caso, no lo ejerce; es tejedora.
Espaldas anchas, pelo corto, ojo chiquito claro, pierna grande,
caminado de vaivén, es la que corta el pan con un cuchillo
grandotote y lava la loza; habla poco pero atinadamente y, cosa
extraña, en los ratos libres borda en gobelino un minúsculo gallo
azul del tamaño de un pañuelo. Elisabeth podría, si se tratara de
un caso complicado -que por qué no habría de ser?-, ser su amiga.
Es la más joven, rubia, ojitos irritados, pelo hasta los hombros,
es la que se levanta de última y llega a desayunar medio dormida.
Toma mucho té y es más bien incolora. También teje y está
resfriada. De Hanóver viene Renate. Es la blaustrumpf
[sabihonda] inmancable. Si alguien le pregunta si su telar es tan
grande como éste o aquel, ella contesta con certeza, satisfecha,
que sí, y que además son dos. Gafas gruesas, sin marco,
bajita, de capul como C. 5. de chiquita, forties, faldas
largas, medias de colores, anorak, y pisa frecuentemente a
Friedericke, que siempre se mete debajo de la mesa. Hasta los
trapitos para secar que le corresponden están mejor aplanchados
sobre la mesa que los de los demás. De Heidelberg nos llegan dos
buenas amigas, Biirbel y Mechthild. Biirhel es diseñadora
(Design!), gorda, simpática, gafas grandes,
balettas, vestidos amplios, como de maternidad, de
manguitas bombachas, cola de caballo. Mechthild es seca de
carácter, más bien fea, de pelo rojizo cogido en una moña
desordenada, fuma Dunhill constantemente, y es de un color cartón
sin matices, de piel abotagada. En el fondo, bajo esa casi fealdad,
hay algo que recuerda al Retrato de dama de Durero. Es la
dueña de Friedericke, una especie de gozque de Schnauze, que pide
constantemente que jueguen con ella. Mechthild le habla como a una
persona y la peina. Los suizos son cuñada y cuñado. Él se llama
Walter, es fotógrafo, chiquito, con barbita negra, medio duende.
Ella es Annette, una mujer muy bonita, que parece de 30 y pico y
tiene ya hijos de 25, rubia, agradable, sportive, hace
papel a mano, juega tenis, trabaja en una boutique y
esquía. Ése es el grupo. Yo me hice amigo de la gorda y la del
perro (las alemanas de Heidelberg y de Karlsruhe) y de los suizos.
Quedamos amándonos y cuando vuelva a donde los Karlovich, en
Zúrich, los visitaré y Annette (así se llama la rubia) me hará algo
típicamente suizo. Porque, naturalmente, se notó que me gusta
comer. La gorda y yo éramos los últimos de siempre. Sobra decir que
la gorda también cocinará para mí en Heidelberg.
PARÍS, SEPTIEMBRE 1, 1984
El cursito fue, pues, una buena cosa. Se acabó antier, y ayer, a
las 10 am. (hoy ya es sábado 1 de septiembre), salimos todos de ese
paraíso. Yo me fui con la gorda y la fea hasta Colmar, vi otra vez
el retablo de Grünewald, caminamos por el centro y... oh
sorpresa!, nos encontramos con Walter y Annette. Almorzamos juntos
y nos separamos hacia las 4 p.m. Yo me vine a París. Llegué
rendido...
17
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Leopoldo Richter, naturalista, profesor del
Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional, pintor.
Vivió largos años en Colombia. Murió en Bogotá en 1984
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