LOS INDÍGENAS ARHUACOS EN LA SIERRA NEVADA DE SANTA MARTA. *

WILHELM SIEVERS

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La segunda mitad del Siglo XIX vio renacer entre los medios intelectuales y científicos europeos un gran interés por la Sierra Nevada de Santa Marta. Muchos testimonios y descripciones de los conquistadores y sus cronistas de los siglos XVI y XVII sobre este peculiar sistema montañoso del Caribe colombiano, se habían olvidado o reposaban cubiertos de polvo en los anaqueles de viejos archivos y bibliotecas. Del esplendor de sus antiguos ocupantes, los Tairona, sólo quedaban en esa época vagos recuerdos, muchas veces harto distorsionados, en la memoria colectiva. Poco se sabía de los descendientes de los sobrevivientes nativos del holocausto de 1599, cuando los españoles suprimieran a sangre y fuego la última gran rebelión de los aborígenes de las vertientes norte y noroccidental de la Sierra. De estos "arhuacos ", como se empezaron a conocer sus habitantes desde que Nicolás de la Rosa utilizó así el término en su Floresta de la Santa Iglesia de la ciudad de Santa Marta, sólo se tenían noticias muy generales. Como cuando se aliaron, durante el Siglo XVIII, con los Chimila del piedemonte y de las llanuras selváticas hacia el occidente de la Sierra, para atacar las haciendas y poblaciones del área de Valledupar, Valencia de Jesús y Pueblo Nuevo. Y casi nada se conocía ahora de la geografía, de la geología, y de los recursos naturales que la Sierra Nevada contenía. Sólo se tejían fábulas y fábulas sobre sus inmensas riquezas y tesoros. La Sierra Nevada se habría de convertir en una especie de tierra de promisión en donde iban a fracasar los sueños de más de un romántico soñador o de más de un aventurero.

A la par del tremendo auge de las ciencias naturales, especialmente de la biología y la geología, durante la centuria pasada, sobreviene un gran deseo entre el público culto europeo por enterarse sobre la geografía y las culturas de los más remotos lugares del planeta. Es la edad de oro de las narraciones de viaje. Estos exploradores-científicos fueron influidos tanto por Darwin y Lyell, como por el interés de completar exhaustivamente el conocimiento sobre la edad de la Tierra y reconstruir estadios de la historia cultural ya superados por Europa Occidental. A nuestro país muchos llegaron siguiendo la huella de uno de los grandes viajeros de todos los tiempos: Humboldt. Y la Sierra Nevada de Santa Marta fue también visitada por estos "nuevos cronistas "que dominaban varios campos del saber al mismo tiempo. Por las empinadas cuestas y estrechos caminos de la Sierra circularon, en procesión casi ininterrumpida, Elíseo Reclús, el padre Celedón, F A., Simons, Jorge Isaacs, .1. T. Bealby, el conde José de Breties y Wilhelm Sievers, para sólo mencionar a los viajeros del Siglo XIX.

El geógrafo y geólogo alemán Wilhelm Sievers arriba a Barranquilla el 9 de enero de 1886. Viene por encargo de la Sociedad Berlinesa de Geografía para explorar la Sierra Nevada de Santa Marta y la Sierra de Perijá. Inicia entonces un riguroso programa de reconocimiento de todas las vertientes de la Sierra Nevada, incluyendo sus picos montañosos y de la Sierra de Perijá al este de Valledupar, que le toma hasta el 24 de mayo de ese mismo uño. En esafecha se embarca en Riohacha con destino a Curazao y Hamburgo, adonde su barco arriba el 30 de junio. De estas travesías nos han quedado varios trabajos, casi que totalmente desconocidos en Colombia: el libro de viajes Reise in der Sierra Nevada de Santa Marta ("Viaje en la Sierra Nevada de Santa Marta"), publicado en 1887 en Leipzig por Gressner y Scharamm; un artículo científico sobre la geología y la geografía física de las dos Sierras mencionadas ("Die Sierra Nevada de Santa :Marta and die Sierra de Perijá"), publicado en el volumen XXIII de la revista dela Sociedad Geográfica (Zeitschrift der Gesellschaft fui Erdkunde) de 1888, y finalmente un artículo de difusión sobre la cultura de los "arhuaco"; también publicado en esta revista en 1886. Este último artículo es en realidad el texto de una conferencia dictada por Sievers en la 59a. reunión de naturalistas v médicos alernanes reunida en Berlín. El valor del texto es ante todo testimonial en cuanto que refleja el estado precario del conocimiento antropológico sobre los pueblos de la Sierra Nevada hacia finales del Siglo XIX. Como documento etnográfico contiene imprecisiones, a las que se llama la atención al lector en las notas del editor, v es superado con creces por los trabajos de un Preuss que visitó la zona en 1915, o aun de un Bolinder, quien lo hizo entre 1914y 1915, y de nuevo en 1920.

CARLOS ALBERTO URIBE
Departamento de Antropología

En la Costa Norte de Colombia se levanta entre la arenosa península de la Guajira y el delta del río Magdalena la cordillera de Santa Marta, la Sierra Nevada de Santa Marta. Asciende extraordina riamente empinada desde el mar y alcanza la altura de 5.000 mts., lleva en sus cumbres nieves perpetuas y pequeños glaciares y desciende al sur, igual de empinada hacia la hirviente llanura del río Cesar, un río no muy caudaloso que desemboca en el Barco, en el Magdalena. En su extremo oriental está en relación con la cordillera de Perijá, que debe verse como parte del sistema andino.

La extrema inaccesibilidad de la Sierra Nevada de Santa Marta , trajo consigo que se sepa hasta ahora muy, poco sobre la naturaleza de esta cordillera así como sobre su población. Aparte de algunos cronistas del siglo pasado, cuyas obras casi no se pueden conseguir, solamente Elisée Reclus y el viajero inglés Simons publicaron algo sobre esta tierra y sus habitantes. Pero las noticias son esporádicas y poco detalladas. El padre Celedón de Riohacha publicó1 en París una gramática de la lengua de los indígenas de esta región. Finalmente existen las noticias de un empleado del gobierno colombiano, don Jorge Isaacs, pero todo ello es incoherente y en parte difícil de conseguir, de manera que es pertinente una recapitulación.

En viaje que realicé, financiado por la Fundación Karl Ritter y por encargo de la Sociedad Berlinesa de Geografía, en la primera mitad de este año por esta cordillera tuve la oportunidad de conocer personalmente a los habitantes con más exactitud.

Nicolás de la Rosa en su Floresta de la Santa Iglesia de la ciudad de Santa Marta, que apareció hacia mitades del siglo pasado, llama a los habitantes de la Nevada, Aurohuacos, de donde se formó el nombre que se utiliza actualmente de Arhuacos. Este nombre es desconocido entre los indígenas, incluso en algunos pueblos se considera ultrajante 2. Es posible que el nombre provenga de los indígenas Guajiros, los vecinos orientales de los Arhuacos. Simons cuenta que los Guajiros creen que los Arhuacos fueron los pobladores originales de la península de la Guajira. El nombre suena bastante a Arawak, con el que se designan los grupos en Mazaruni, en la Guayana Británica, sin embargo una relación con éstos parece bastante dudosa 3 / 4.

En todo caso ellos no fueron los pobladores originales de la cordillera. Por lo menos los españoles aseguran haber tenido duras batallas con los pobladores originales a los que llamaron Taironas. Pero los Arhuacos son un grupo tan extremadamente pacífico que es imposible reconocer en ellos a los guerreros Tairona. Más bien, estos podrían ser idénticos a los Chimila, tan temidos a principios incluso hasta de mitades de este siglo, quienes perturbaban el tráfico de barcos por el Magdalena y de los cuales se encuentran todavía hoy día restos en los extensos bosques entre la pendiente oriental de la Nevada y el Magdalena. Parece mas bien que los Arhuacos fueran los restos de distintos grupos que se salvaron de los españoles huyendo hacia la Sierra. Por lo menos se encuentran entre la población que no sobrepasa las 3.000 almas, cuatro dialectos diferentes 5: los que viven en la pendiente norte de la cordillera se llaman a sí mismos Kóggaba, quiere decir "hombres", por lo cual el padre Celedón llamó a su lengua Kóggaba. Estos Kóggaba habitan cuatro pueblos: San Antonio, San Miguel, Santa Rosa y Pueblo Viejo en la pendiente norte y San José en la pendiente principal de la cadena sur de la Nevada, además un número de asentamientos. Los otros tres dialectos se reparten en la pendiente sur, en San Sebastián se habla el Bíntukua y de acuerdo a mis informaciones sería más correcto decir "Busintana", que quiere decir el linaje de Busín, una localidad en la alta montaña en donde se encuentran dos inmensas rocas de las cuales los indígenas creen descender 6 / 7.

En Ataques se habla un dialecto del Guamáka y este se habla en los pueblos El Rosario y Marocaso. Los dialectos no difieren tanto entre sí como para que los diferentes pueblos no se puedan entender unos a otros.

Los Arhuacos son en general de estatura pequeña, de 1,50 a 1,60 mts., las formas de su cuerpo no carecen de belleza ya que presentan una cierta armonía, son robustos y toda la estructura de su cuerpo da la impresión de fuerza. El color de su piel es amarillo oscuro café, los ojos y el pelo son negros. Los primeros son oblicuos, con lo cual uno no se puede sustraer a la impresión de una gran similitud con la raza mongólica. Curiosamente los colombianos los llaman todo el tiempo chinos, expresión que oí mucho más que la palabra indios o incluso Arhuacos. El cabello es largo, tieso y envuelve toda la cabeza en forma de crin. La barba es escasa; el andar es lento, medido, elegante.

Las mujeres son pequeñas, de formas regulares, pero en general no son bonitas; su andar es jorobado a causa del peso de las diferentes mochilas con víveres y enseres domésticos que cargan continuamente , consigo y que aseguran con una ancha banda a la frente. También llevan a sus niños de esa manera, al hacerlo caminan rápido y trabajan sin cesar en la elaboración de las mencionadas mochilas que confeccionan con las fibras de la planta maguey (Agave americana) 8.

La vestimenta de los Arhuacos consiste en pantalones y una túnica que llega hasta las rodillas, en San Sebastián hasta los tobillos. En el borde inferior se colocan con frecuencia ribetes y adornos, en especial arabescos en zigzag. Estos vestidos son de algodón, bastante pesados y muy apropiados para el clima frío de las montañas, pero también se utilizan en clima caliente. Además, en San Sebastián se lleva también un gorro negro o gris de algodón con la forma de un fez turco. En los pueblos de la pendiente norte, el Arhuaco anda por lo general sin cubrirse la cabeza o utiliza aquí o allá cl sombrero de paja que se fabrica especialmente en Atanques.

Las mujeres llevan un traje muy parecido, de manera que no es fácil diferenciar los sexos. Los niños también van con frecuencia vestidos. De hecho el clima exige vestidos abrigados, por lo menos la temperatura diurna en San Sebastián y en San Miguel corresponde a nuestro mes de octubre, en los restantes lugares es un poco más alta.

Los indígenas de la Sierra viven en chozas circulares en su mayoría, por lo general son tan pequeñas que uno solo puede estar dentro de ellas inclinado. En el exterior están cubiertas con paja que llega casi hasta el suelo. La entrada es pequeña y está provista de una puerta, en la cual se colocan candados con cadenas para cerrar la casa. Las casas están con frecuencia cerradas, ya que los habitantes se encuentran en el campo, por ello puede ser posible que el viajero me logre encontrar alojamiento como me sucedió a mí en San Antonio, donde tuve que estar tres horas en la calle. En la punta de las chozas se encuentran fragmentos de ollas y jarros como adorno9 y sobre ellos, con frecuencia palitos dispuestos en todas las direcciones.

El interior contiene poco utillaje doméstico, una olla para cocinar y una banco de madera, constituyen el único inventario, más las inevitables mochilas de vivos colores. Para dormir se utiliza una especie de armazón en la parte superior de la choza.

Existe la peculiar costumbre de la fuerte separación entre los sexos. Debido a ello las chozas están por pares, una enfrente de la otra. una para la mujer y los niños, la otra para los hombres. Los dos sexos no pueden estar juntos en la misma casa, esta costumbre se respeta estrictamente y yo vi con frecuencia que apenas entraba una mujer en la casa del hombre que se encontraba en ella, éste salía de inmediato. Entre ambas casas hay una piedra, allí coloca la mujer un cuenco con comida para el hombre, allí consume el hombre su almuerzo y conversa con su pareja que se halla de pie en la puerta; cuando llueve es una posición poco envidiable. Por lo demás, los Arhuacos comen incesantemente; en San José yo vi cómo el brujo principal, don Félix Daza, recibía cada dos horas un cuenco de comida de su mujer, a las seis de la mañana había ya consumido una comida grande y continuó así todo el día, incluso durante la noche comen los Arhuacos.

Por otro lado pueden ayunar durante un largo tiempo cuando tienen hayo y algo de azúcar. Ellos llaman hayo a la planta de coca (Erythroxylon Coca), cuya cultura debió estar extendida antes mucho más. La planta de coca es un arbusto muy delicado, del tamaño del arbusto del café, con frecuencia más pequeño, en promedio del tamaño de un hombre. De tres a cuatro palos nacen de raíces delgadas y largas, metidas no muy profundo dentro de la tierra. Tienen hojas verde-claras, delicadas, de forma oval hasta elíptica, de apariencia fresca y encantadora, de manera que las numerosas plantaciones de coca esparcidas en el paisaje constituyen un hermoso momento de éste.

La flor es blanca, tiene cinco pétalos, cinco estambres y es muy delicada al igual que la fruta roja en su madurez, verde hasta amarilla cuando joven, tiene la forma de baya y solo tiene un largo de 1 / 2 cm. Crece desigualmente repartida en pequeños tallos. No se desarrolla como un arbusto en forma, por el hecho de que se mantienen las hojas abajo sobre la tierra. La planta se cosecha en todas las épocas, pero especialmente en la primavera, de marzo á mayo. Los indígenas tornan un gran secreto el presunto arte de sembrar coca, asegurando que todo aquel que no sepa sembrar correctamente la planta, morirá. Por lo tanto la siembra de la coca sólo se le encarga a personas escogidas. La coca florece en cualquier tiempo y madura también sin restricciones.

En marzo vi al mismo tiempo capullos, flores y frutos, medio maduros de color café y maduros rojos. Las plantas que yo vi tenían una edad de 4 a 5 años, sin embargo, el dueño de la plantación, un indígena semicivilizado en San José, aseguró que podían llegar a tener 16 años. Las plantaciones de coca en la Nevada se encuentran a una altura de 800 hasta 1.600 ms., pero también se da a mayores alturas e igualmente en las tierras bajas y cálidas.

Antiguamente el cultivo de coca era generalizado en la península de la Guajira, especialmente en Macuira, que tiene clima de tierra tropical baja. También se siembra en Molino y Villanueva al pie de la cordillera de los Andes.

Pero en la Guajira la cultura de la coca se acabó probablemente a causa de la sequía que reina allí y que aumenta cada vez más. Clase de hormigas negras que se comen las hojas.

Solamente tienen valor las hojas que se cosechan en cualquier época del año, pero individualmente. La cosecha es una labor exclusivamente femenina, mientras que la siembra sólo la realizan los hombres. Ellos realizan también la labor que sigue a la cosecha, que es larle tostar. Después las hojas se utilizan mascándolas, para ello el Arhuaco lleva siempre consigo el poporo, un recipiente similar a un reloj de arena, elaborado con la fruta del totumo 10 allí mezcla él conchas de mar, quemadas y pulverizadas hasta formar una papilla café amarillenta, que se recogen en Ríohacha. Siempre lleva consigo el poporo con esa mezcla que se llama ambiro, coge primero unas hojas de cocay por medio de un palito que está en el poporo, ambiro. Día y noche todos los hombres Arhuacos realizan esta actividad y tiene tal importancia para los indígenas que su saludo consiste en intercambiar primero algunas hojas de coca, después ambiro 11.

Se supone que la coca es tan alimenticia que uno puede vivir días enteros de ella, su consumo se !imita a los indígenas. Los colombianos sólo utilizan la coca aquí y allá para un té que se supone hace sudar v fortalece los nervios.

De resto, la alimentación de los Arhuacos se compone en general solo de productos vegetales, los principales son: arracacha (Conium arracacha) y los bananos que se encuentran en todos los asentamientos, además yuca, apio, ñame (Discorea), Malanga (Maranta Malanga), papas, fríjoles, batatas, col, maíz, cebollas, azúcar.

Comen pocas veces carne, menos todavía arroz; de alimentos especiales recuerdo caracoles y lagartijas. En lo que a bebidas respecta les gusta mucho además de la leche, en últimos tiempos el ron, el cual es vendido por los colombianos en grandes cantidades, lo que conducirá paulatinamente a la extinción del grupo. De esta manera la riqueza en caballos v reses de los indígenas de San Sebastián ha ido a parar a manos de los pocos colombianos que están allí asentados. Los productos mencionados se siembran, especialmente en San Sebastián, en pequeños huertos, alrededor de los cuales se coloca una cerca de la espinosa planta de maguey. Estos asentamientos se encuentran por doquier pegados a las faldas de las montañas o esparcidas en los valles, la huerta queda alrededor de las viviendas dobles, en el medio están las plantaciones de bananos y grandes árboles y arbustos, como el granadillo (passiflora quadrangularis), el guayabo (psidium pomiferum), ceiba (Bombax Ceiba). rosas salvajes, arbustos similares al jazmín, después la plantación verde clara de coca, todo ello rodeado de maguey. El conjunto ofrece una impresión muy agradable.

Los pueblos son menos agradables, por lo general están encajonados entre pequeñas colinas o pegados a las rocas sobre las terrazas aluviales de los ríos. Algunos están rodeados de una muralla, a la cual conduce una torr° en la que está un indígena como especie de vigía, así es en San Sebastián y también en San Antonio y San Miguel. En el centro se encuentra por lo general, una casa sin adornos con un cuadro del santo del lugar. Las calles son estrechas y desordenadas; la impresión que uno recibe es poco alegre, ya que todo está desocupado. Cuando los habitantes llegan se emborrachan y se vuelven molestos. Aunque por lo general son pasivos, retraídos y tímidos, en las borracheras se tornar. inoportunos, confianzudos e incluso violentos. Una vez agredieron al padre Celedón. El 20 de enero de este año celebraron en San Sebastián la fiesta del santo del lugar y cuando yo llegué el 15 de febrero no habían retornado todavía a la sobriedad. Varias bateas grandes estaban instaladas en el pueblo, de ellas sacaban para beber el jugo de caña (guarapo), que tiene un fuerte efecto embriagante. Ambos sexos se emborrachan y durante toda la noche se oye ruido, ya que andan por el pueblo cantando y haciendo música con flautas y maracas, cuyo sonido monótono y tonos alargados aumentan todavía más la melancolía que uno siente en la soledad de esas montañas.

Las flautas (carrizo) son tubos de madera de aproximadamente medio metro de largo, elaboradas de distinta manera. La una tiene seis huecos, la otra uno; la primera se denomina el instrumento masculino, la segunda el femenino (como la antigua flauta doble griega); ambas están afinadas a dúo y dan tonos melancólicos y graves. La maraca es una parte de la cáscara de la fruta del árbol de totumo, en la cual se echan granos de maíz y arvejas que producen el sonido al agitarlas. Esta música desempeña un gran papel en sus danzas. Estas son en su mayoría de naturaleza religiosa; una designación común para danza es funfún; una danza especial, que se ejecutaba en Rosario en la falda sur de la cordillera, pero completamente desconocida en la falda norte, se llama subida al cielo. En ella los danzarines forman un círculo alrededor de los músicos, golpean al ritmo con las plantas de los pies, van hacia los músicos y se retiran de ellos alternadamente; después de haber repetido estos movimientos varias veces finalizan el baile bajo la gritería general. En otras danzas imitan animales, gritan como monos o tigres, se mueven como gallinazos, culebras, toros y finalizan con rugidos generalizados.

En Atanques se baila la danza de la marimba al son de este instrumento; es un pequeño arco de madera muy fuerte, su cuerda está hecha con las fibras de la palma Dókora, la cuerda se coge con la boca y el arco se golpea con un palo de madera, se respira rítmicamente, cerrando y abriendo los labios por turnos. Se forman entonces tonos melodiosos muy peculiares.

La danza más importante es la de Cansamaría, la cual ellos denominan Nuchei, tiene un carácter decididamente religioso; durante la luna llena de enero, para celebrar la fiesta de Taiku vienen de lo ¡argo y de lo ancho Arhuacos, se reúnen y van a determinados lugares, por ejemplo, a San Miguel, donde el sitio para danzar queda un poco afuera del pueblo, sobre el río. Un camino empedrado con tres hileras de bloques de granito tallados y de cantera asciende del río. Las mujeres viven a un lado, los hombres al otro del sitio de danza. Cubierto de pasto, en chozas en las cuales los brujos 12 del grupo acostumbran tener su vivienda. Después se ponen todos los adornos que poseen, estos debieron ser antiguamente de mucho valor, por ejemplo, el padre Celedón posee un collar hecho con sapitos de oro y pájaros acuáticos.

Los Arhuacos se casan bastante jóvenes, sucede pocas veces que alguien se quede soltero. No averigüé nada sobre las costumbres con respecto a la boda. Lo que sí es seguro es que las relaciones sexuales no se realizan en la choza por el sencillo motivo de que ambos sexos no pueden estar juntos en ella. Para ello los Arhuacos van al campo o a los sembrados de banano. Muy pocas veces se da un matrimonio o una unión entre colombianos y mujeres indígenas, en el caso de que suceda, la mujer es golpeada por los miembros de su grupo con las cadenas que sirven para cerrar las puertas de las casas. Por lo tanto, no hay casi mestizos entre colombianos y Arhuacos. A uno de ellos, don Antonio Triana en San Sebastián, le debo la lista de palabras del dialecto de ese sitio. A las mujeres les encanta llevar collares de corales, hilo y monedas de plata, con frecuencia 20 a 25 collares al tiempo, muy apreciados son los collares de carneol, los cuales son también muy codiciados por los Guajiros; allí se llama este material "tuma"; según los informes de Simons el yacimiento se encuentra en la montaña de la Macuira en el extremo más exterior de la península de la Guajira, pero los Guajiros no se atreven, por un miedo supersticioso, a extraer minerales 13.

La posición de las mujeres entre los Arhuacos parece ser en varios niveles igual a la de los hombres, por lo menos ejercen una fuerte influencia sobre el comercio; una transacción no se puede considerar asegurada si no ha obtenido la aprobación de la mujer. El Arhuaco va acompañado en todos los caminos por su mujer, ella siempre va delante de él, de manera que cuando uno viaja con guías indígenas por las montañas van siempre las mujeres y constituyen la retaguardia, después siguen los hombres y por último los viajeros. Por lo demás, la mujer está encargada de todo el trabajo doméstico y también del trabajo en los sembrados. Infortunadamente los Arhuacos son muy poco hospitalarios, lo contrario de los Guajiros, uno puede morir de hambre antes de obtener provisiones de ellos. Parece que antiguamente las cosas eran mejores en ese sentido. Todavía están en el estadio de trueque y se acostumbran con dificultad al comercio. Se obtiene más con regalos que con dinero, aunque ellos prefieren lo último, pero lo entierran o hacen con él collares para sus mujeres.

Los Arhuacos son corporal y espiritualmente torpes y perezosos, por ello sus representaciones religiosas no son especialmente elaboradas, pero ello se puede deber a que están en el estadio de perder sus tradiciones y de mezclar sus antiguas concepciones con la fe cristiana 14.

Nicolás de la Rosa asegura que ellos adoraban una mandíbula de mono adornada con oro y piedras preciosas, a lo mejor este es un emblema tribal, así como los Guajiros se clasifican en distintos grupos con nombres de animales.

Los Kóggaba de la falda norte son los que más han conservado su autenticidad. Ellos honran a cuatro padres tribales, de los cuales tiene cada uno su sitio en el grupo y de quienes desciende cada una de las familias principales. El sacerdote mayor Félix Daza, dice que los cuatro padres tribales son los siguientes:

Seraira en Cherna con la familia Zallabáta Dejana moró en Makotama con la familia Nolabita San Luis Beltrán en San Miguel con la familia Daza Parterno en Takina con la familia Nakaoquí 15.

Como madre tribal y creadora de estos cuatro héroes principales o dioses se considera a Inhímpitu, quien se formó asexuadamente.

Las designaciones de las castas muestran una decidida influencia española, así por ejemplo, en San Miguel se muestra la cueva donde se retiró San Luis Beltrán para rezar. Todos los europeos y blancos en general se consideran de la casta de San Luis Beltrán.

Las distintas castas descienden de grandes piedras, de las cuales hay nueve. Dos de ellas están abajo de San Miguel a la orilla derecha del río Makotama, otras dos en Duriameina, del lado de San Sebastián en el pie de monte sureño de la cadena Kungukáka, en una localidad llamada Busín, por lo cual los indígenas de San Sebastián se llaman "Busintána" ("el linaje de Busín").

Los cuatro padres tribales arriba mencionados hicieron juntos la tierra, después las' casas redondas, después el sol que estaba antes enterrado, después la luna y las estrellas, cuando hubieron terminado todo, se fueron para el cielo. Esto parece ser una demostración más de la influencia cristiana.

Un lugar principal de adoración a los dioses es el nacimiento del río Palomino, situado en la cadena nevada y también en especial Takina, dos horas arriba de San Miguel en la alta orilla izquierda del río Makotama, situado en una terraza de cantos rodados. Allí es Sayóko el dios principal. El hizo primero la montaña sagrada Chirua en Pueblo Viejo, una elevación de granito de hermosa forma con un bosque negro, después hizo Sulibáta, al sur de la cadena divisoria de aguas en el río Curigua-Guatapurí. Después hizo Takina, Makotama y Guamáka. El sitio sagrada de Takina es un campo en una de las mesas del río Makotama; hileras de piedra señalan el lugar, un número de bloques de granitos se yerguen perpendicularmente entre las hileras de piedra, entre ellas se encuentran caparazones de caracol, así como lana roja como ofrendas para el famoso sacerdote principal del grupo, el Máma Osorio, quien yace allá enterrado. Supuestamente aquí se escondió todo el oro del pueblo de los españoles. No se deja entrar a ningún colombiano, incluso parece que el Padre Celedón tuvo el mismo destino, ya que no menciona nada sobre este sitio sagrado, la Calzada de Takina. Tampoco mis acompañantes pudieron entrar, solo a mí me dejaron 16. Un brujo del lugar, el Máma Juan Vacuna, vigilaba el sagrado lugar, cuando yo fui llevado hasta allí se retiró. Un pequeño templo y dos chozas se hallan al pie del sitio, el templo es una construcción circular de paja sin cimientos, de manera que el techo llega hasta el suelo; contiene diferentes utensilios para el servicio sagrado: trompetas, flautas, máscaras, maracas y unos burros de madera de tres patas envueltos, cuya utilización no me quedó clara. Era totalmente imposible obtener algunos de los objetos mencionados por compra o de regalo.

También en el camino de Takina a Makotama se encontraban por doquier tumbas de los Mámas, que se respetan mucho y se señalan con bloques de granitos perpendiculares.

Los mámas pierden cada vez más su influencia, pero sin embargo se cree todavía que ellos pueden causar enfermedades introduciendo arañas, escorpiones y lagartijas en el cuerpo de las personas. Por otro lado, ellos también son médicos, diagnostican la clase de enfermedad a través del polvo de collares de cristal y piedritas trituradas que echan en un cuenco de agua. En los eclipses de luna hacen un gran ruido con maracas y gritan porque creen que el diablo se quiere comer a la luna y que hay que ahuyentarlo, ya que si lograra comérsela. el mundo se acabaría.

Durante toda su vida los Márnas no pueden comer sal, de resto viven mejor que sus compañeros de grupo, ya que se les llevan muchas provisiones de ofrenda. A veces hacen en ciertas casas redondas, a las afueras del pueblo, reuniones nocturnas llamadas duláshi, en las cuales descansan en una hamaca, mientras que los demás escuchan sus palabras amontonados alrededor de un gran fuego.

Cuando un niño ha sido bautizado a la manera cristiana, los Mámas lo llevan después al río a bañarlo y después de una boda realizada por el sacerdote cristiano unen más tarde de nuevo a la pareja. En la pendiente sur, en San Sebastián, Rosario, Mlarocaso, Atanques perdieron ya casi toda su influencia, los hombres jóvenes se burlan de ellos. Sin embargo, la doctrina cristiana no hará grandes progresos, ya que aunque hay seis capillas no se encuentra ningún religioso entre los Arhuacos. El padre Celedón, quien trabajó enormemente en las misiones entre los Arhuacos y Guajiros formó jóvenes Arhuacos para evangelizar, sin embargo parece que el resultado es muy dudoso.

Un dios importante, venerado en general, parece ser Taiku, en cuyo honor se celebran fiestas en toda la montaña en la primera luna llena del año. Entonces a los Kóggaba les está prohibido durante nueve días comer carne de res o de gallina, sólo pueden consumir de monte, es decir: carne de venado, de pecarí, zahíno y armadillo. También se les prohibe sal, pan de maíz y algunas otras cosas, sólo se les permite pan de yuca. Además, no pueden utilizar durante nueve días hamacas, tienen que dormir en el suelo sobre esteras. Los muchachos que son iniciados lentamente en los misterios se supone que no pueden comer durante nueve años carne de res.

En San Sebastián se cree también en un dios Kakaorawiko, llamado por otros Musinka. Esta palabra Musinka recuerda a Masinga, una localidad en el alto río Manzanares, a unas cuatro horas de Santa Marta.

Masinga la Vieja es una pequeña colina que parece haber servido de lugar sagrado, ya que no encontré allí el muro principal de una casa antigua. Los restos consistían en bloques de granito rectangulares, tallados, de I metro de largo, que yacían los unos junto a los otros a intervalos de manera que hay un muro principal con interrupciones de 18 metros de largo y 8 metros de ancho, orientado en su longitud exactamente en dirección occidente-oriente. Continúa hacia el norte, ya que en el lado oriental se le agregan cuatro inmensos bloques de granito tallado, de cinco metros de large, por dos de ancho. Un poco más abajo, en el Manzanares, se encuentra tallado en relieve en el granito la imagen de una muchacha, también en Pueblo Viejo de San Sebastián se encuentran petroglifos bajo la forma de círculos entrelazados unos con otros.

Allí se encontraron fragmentos de ollas y huellas de ceniza.

A esta colina conduce desde Masinga la. Nueva un largo y antiguo camino de piedra indígena, cuya dirección promedio es noroccidente-suroriente, está formada por bloques de granito redondos, de los cuales siempre hay tres colocados uno al lado del otro. El conjunto está guarnecido por piedras labradas. Este camino se prolonga unas dos horas con unas pocas interrupciones, derecho por un paisaje de colinas de más de 300 metros de alto. Cruza tres arroyos y el río Manzanares. Después de un ascenso especialmente empinado se encuentra en la punta de una de estas colinas un banco de piedra compuesto de tres bloques 17, es posible que este camino condujera a Masinga La Vieja a un lugar de reunión que servía para realizar fiestas y ceremonias religiosas. Después, el camino se extiende río Manzanares arriba y se pierde en la selva.

Un segundo camino, hecho de la misma manera se encuentra entre Mamatoco y Minca, también en Santa Marta. Este camino va en dirección suroriental montaña arriba, montaña abajo, tan pronto en el valle de un arroyo, como en las elevaciones hacia el interior de la montaña y alcanza Minca, una hacienda cafetera del señor Manuel Julián de Mier, a más de 600 metros de altura. Tiene más interrupciones que el camino de Masinga, le falta en su mayoría es revestimiento de piedra labrada, aunque se puede reconocer que se había hecho según el mismo plan del de Masinga, su longitud es considerable, se puede seguir casi ininterrumpidamente por dos horas, aparece más tarde de nuevo en Minca y parece prolongarse en la alta montaña, hoy carente de caminos. En su extremo inferior, a 100 metros de altura sobre el mar, pronto arriba de Mamatoco aparece un camino lateral, proveniente del norte y se le une. El largo de los bloques es de 40 cms., el ancho de 20 cms. El ancho de todo el camino es de 3 a 4 pies. Estos caminos se encuentran también en otros puntos de la montaña. Por ejemplo, desde Santa Cruz, abajo de San Miguel, hay un camino que conduce a este último lugar, así como desde Pueblo Viejo hacia el Alto de las Aguas y también entre San Juan de César y Marocaso uno de estos caminos cruza el existente. Los caminos actuales utilizan hoy día en parte los antiguos, ya que éstos duran muchísimo debido a la " resistencia de los materiales y a la fuerza de su ensamblaje. También los Arhuacos tienen puentes en varios lugares, por ejemplo hay dos en San Miguel, tres en y arriba de San José; se componen de una base de piedra en cada orilla, sobre el río se coloca una viga, con barandas tejidas de fuertes ramas de 3 pies de altura. Hombres y animales pequeños como perros los pueden cruzar. Pero caballos y mulas, así como bueyes, deben vadear el río. Se puede asegurar que los Arhuacos se ocupan mucho mejor de los caminos y del tráfico que los colombianos, en ningún lugar del Estado del Magdalena hay puentes.

La principal ocupación de los Arhuacos, además de mascar hayo, consiste en elaborar tejidos, mochilas y hamacas de las fibras del maguey (Agave americana). Este maguey se ve por doquier en la cercanía de los asentamientos, tanto en la pendiente norte, en especial en Santa Cruz y San Antonio, así como en las demás localidades y también en el extendido alto valle de San Sebastián o en la tierra cubierta de guijarros de Atanques. Su límite superior queda a 2.100 metros. Todo el pueblo de Atanques está cubierto con una red de hilos, de manera que es difícil andar a caballo por ahí, ya que los animales se asustan cuando entran en el enredo de los hilos.

Los hombres se ocupan también de hacer las chozas de paja de hojas de palma y pastos. En los asentamientos del campo los hombres no realizan, por lo general, ninguna labor, sino que se la pasan en las hamacas mascando hayo. Ya que su labor allí, que consiste en la cría del ganado, les exige poco trabajo. Se deja pastar al ganado en las praderas frescas de las altas montañas y los caballos se vuelven con frecuencia salvajes allí mismo. Encontré manadas de ovejas y ganado a 4.500 metros de altura, al pie de las cimas nevadas. Los indígenas no tienen burros ni tampoco mulas, nunca montan a caballo sino que andan a pie. Como animal de carga utilizan el buey que logra pasar donde las mulas fracasan, ya que los llamados caminos están en un estado tal que escapan a toda descripción.

Los Arhuacos padecen sobre todo de enfermedades de los pulmones y tosen con tanta frecuencia que se podría pensar que toda la población padece de tuberculosis. El padre Celedón considera que la causa de sus catarros reside en la mala costumbre de alternar el estar junto al fuego con baños en los arroyos helados de la montaña. La mayoría se mueren de enfermedades de los pulmones. Ancianos se ven muy rara vez.

Después de la muerte no se estira el cadáver, sino que se encoge según el grado de rigidez. de éste lo permita. Lo colocan así por lo general sobre la altura de una colina o al borde de un camino en una sepultura, junto con sus utensilios, la mochila con el hayo y el poporo con al ambiro, también adornos y algo de comida. Don Antonio Julián vio adornos de una tumba, un par de pequeños leones de oro y columnitas de mármol. A la nariz del muerto se agarra una cuerda que sale hasta afuera de la tumba. Cuando esta cuerda se deshace y se cae por efectos de la lluvia o cualquier otra cosa, es entonces seguro que el alma ha huido.

En San Sebastián se entierran solamente los Mámas en posición fetal, los demás muertos se entierran extendidos. Se realizan las lamentaciones fúnebres y después de éstas siguen danzas y festividades en las cuales no se ahorra el trago.

Los Köggaba tienen el sistema decimal, del número 11 en adelante colocan delante del número la palabra pie, de manera que parece como si contaran primero los diez dedos de la mano, después los de los pies. Su lengua tiene las vocales a hasta u y o y u, la última nasal. De las consonantes faltan f, v, y r, asi como c, b, p y l se encuentran pocas veces al principio de las palabras. Difieren en ello esencialmente de los Guajiros, a quienes también les falta la b y la v, asi como la c, pero que tienen una r muy fuerte y por el contrario no tienen b y L

La lengua guajira está cerca a la lengua caribe, en particular al dialecto Cumanagote; la lengua de los Arhuacos difiere totalmente, todavía no está claro adonde pertenece, a lo mejor se acerca al chibcha. 18.

En general, los Arhuacos y los Guajiros son muy, distintos; los primeros no tienen armas, son tímidos, pacíficos hasta la cobardía, poco hospitalarios, muy vestidos, los segundos casi nunca están sin armas, fuertes, guerreros, hospitalarios en extremo, casi sin ropa. Los primeros, en las inmensas montañas, se han sometido sin resistencia a la influencia de los colombianos, los últimos han defendido con una tenacidad sin igual su desierto triste y arenoso, accesible por todos los lados y nunca se han sometido. Los Arhuacos son un triste cuadro de indolencia, los Guajiros un ejemplo de fuerza varonil y valentía.

A nivel político la región de los Arhuacos está directamente sometida al poder central en Bogotá, ya que fue separada de Santa Marta bajo el nombre de "Territorio Nacional de la Nevada y Motilones". En Atanques hay un prefecto y en cada pueblo un corregidor, pero estos empleados no están nunca en sus puestos sino que se dejan remplazar.

Sólo existen intereses en cuanto a la explotación de los indígenas se refiere, pero no en cuanto a su educación. Culturalmente la región indígena decae cada vez más y la absorción de los Arhuacos por los colombianos es solo una cuestión de tiempo.

 

*
Informe publicado en Berlín, 1886.
1
Celedón. R. Gramática de la lengua Kóggaba, París, 1886. Esta gramática está precedida de una introducción de la cual se pueden utilizar algunas observaciones útiles para lo siguiente
2
Por ejemplo en San Sebastián.
3
En la Laguna de Maracaibo hay también una "Ensenada de Arguaco"
4
N. del E. En efecto no existe afinidad entre la familia lingüística arawak y los arhuacos. Este último es el término regional, usado por los mestizos para referirse unas veces a todos los habitantes indígenas de la Sierra Nevada, y otras, a los indígenas del grupo étnico IjKa (o Ica).
5
N. del E. Resulta evidente que aquí Sievers utiliza la denominación arhuaco en su acepción general, esto es, referida a todos los habitantes nativos de la Sierra organizados en cuatro grupos étnicos diferentes. Por otro lado, no se trata de cuatro dialectos diferentes de una misma lengua. Por el contrario, según Jon Landaburu (comunicación personal) la lengua de los Kogi es totalmente diferente, desde un punto de vista estructural, a la lengua de los Ijka. Estas estarían en extremos opuestos, con las lenguas de los Kankuama (o Atanqueros) y de los Wiwa o Sanha (Malayos o Marocaseros en las veces populares regionales) en posiciones intermedias. En todo caso, las cuatro lenguas son mutuamente ininteligibles. De otro lado, los que aquí denomina Sievers, siguiendo a Celedón, como los Köggaba, corresponden al mismo grupo étnico que Preuss denomina como Kágaba y Reichel-Dol-matoff como Kog
6
El nombre del grupo y del dialecto se confunden continuamente.
7
N. del E. Sievers se refieren en este punto al grupo étnico indígena Ijka (o lea).
8
N. del E. Muchas descripciones de Sievers no ocultan sus prejuicios etnocentristas y europeocentristas. Sin embargo hay que poner a Sievers en el contexto de su época, la segunda mitad del Siglo XIX, cuando se arraigan en el pensamiento de los medios intelectuales y cultos europeos, toda la concepción evolucionista de la historia y la sociedad. De esta manera los pueblos amerindios corresponderían a estadios de desarrollo social ya superados en esa época por la Europa occidental. Este tipo de pensamiento influye mucho en lo que escribe Sievers, incluyendo sus apreciaciones sobre la estética nativa.
9
N. del L. Estos fragmentos de cerámica no son "adornos".Tienen un significado más simbólico ligado a la fertilidad.
10
Crescentia sujete L
11
N. del E. En este punto, Sievers confunde la cal que el indígena extrae de su poporo para mezclarla con las hojas de coca que previamente ha depositado en su boca, con una pasta de tabaco especial, ambiro, que también se guarda en un calabacito, y que se unta en las encías v dientes cuando se mastican las hojas de coca.
12
N. del E. Aquí se refiere a los mámas.
13
Proceedings of the R. Georg. Soc. London, 1885, diciembre, pág. 783.
14
N. del E. Evidentemente en este punto Sievers está totalmente equivocado.
15
Celedón, Gramática. Pág. IX.
16
Ya que los Arhuacos diferencian fuertemente entre españoles y no españoles.
17
Hoy día se llama La Piedra de la Virgen.
18
La lengua Guaiira pertenece a la familia linguistica arawak.

 

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