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Reseña de libros
MANUAL DE ARQUEOLOGIA
COLOMBIANA
Lucía Rojas de Perdomo. Carlos Valencia Editores
El Manual de Arqueología Colombiana, editado por vez primera en
1980 y recientemente reeditado, podría haberse constituido en un
texto valioso para los escolares del país hace unos treinta años.
Desde entonces es mucho lo que se ha avanzado en la investigación
arqueológica y en la conceptualización misma de la prehistoria.
Inexplicablemente el libro, que por su título mismo expresa la
pretensión de una globalidad, no registra la mayoría de estos
avances.
Dejando de lado la excelente impresión que caracteriza a Carlos
Valencia Editores, hay que reconocer que por no aportar nada nuevo,
ni la estructura ni el contenido del Manual pueden prestarse a una
crítica científica. Sin embargo, la concepción misma y muchas de
las afirmaciones en él contendidas son tan profundamente equívocas
que sería imposible pasarlas por alto.
Lo primero que salta a la vista es la ausencia de unidad en el
tratamiento de los temas; esta unidad que normalmente resultaría de
la aplicación del análisis del autor a todos los datos, se anuncia
en la introducción como una "reelaboración
personal" y luego aparece solo fugazmente en uno que otro
párrafo.
El primer capítulo calca, casi al carbón, los bien conocidos
planteamientos de G. ReichelDolmatoff; donde se habla sobre San
Agustín se tiene la impresión de estar leyendo directamente a L.
Duque Gómez y en todo caso se le lee textualmente en el capítulo
sobre el área Quimbaya, pues allí la autora transcribió nueve
páginas seguidas del texto de Duque sin reelaborar en absoluto los
datos. Otros capítulos, como el relativo al Cauca, son meras
transcripciones de datos sin análisis ni elaboración de ninguna
clase.
Lo más grave, es sin embargo, que faltan tantas y tan
importantes referencias en todos los capítulos que por ello se
omite mencionar asuntos que constituyen para cualquier arqueólogo
actualizado el pan de cada día. Cada área arqueológica se describe
sin atender a su desarrollo interno; como un todo acabado que
siempre hubiera existido tal y como lo encontraron los españoles en
el Siglo XVI. Se omite mencionar la secuencia interna del área
Calima y se describe una supuesta "Cultura
Calima", cuando en realidad en esta región florecieron
tres diferentes culturas. De la misma manera se desconocen las
secuencias de San Agustín, Tierradentro, Nariño, Sinú, San Jorge y
Tairona y se omite igualmente cualquier mención al período Herrera
del altiplano cundiboyacense.
La doctora de Perdomo pasa por especialista en el área Muisca y
habiendo elaborado su tesis de grado sobre dicho tema, cabría
esperar que ese capítulo específico sobresaliese en el Manual. En
realidad sobre los Muiscas la autora sí expresa algunas ideas
novedosas y definitivamente de su propia cosecha; no obstante,
éstas presentan nuevas dificultades. Sobre la ausencia de los
monumentos de piedra y las grandes ciudades la autora opina:
"Es necesario tener en cuenta que, dada la
mentalidad mercantil de estos aborígenes, sus energías se dirigían
más hacia las actividades que no demandaran mayor esfuerzo físico y
mental. Quizá su misma economía o sus principios filosóficos les
hacían innecesarias tales producciones
materiales".
Lo cual equivale simple y llanamente a afirmar que entre los
Muiscas cundía la pereza tanto física como mental. Es difícil
aceptar semejante explicación para una sociedad compleja y extensa
que desarrolló más que cualquiera otra del territorio colombiano el
intercambio, la especialización y la circulación de productos.
Aún más grave resulta el hecho de que la autora extrapole su
explicación y arguya que estas mismas razones (pereza física y
mental) son las que hoy ocasionan el
"estancamiento" del "campesinado
proletario" (sic). Son los escolares que consultan el
Manual en busca de datos para sus tareas los que reciben
directamente esta pobre visión de sus antepasados y de su
sociedad.
Por otro lado, aun cuando es bien cierto que en muchos libros de
arqueología falta un toque personal, que sería deseable, también es
cierto que cuando se busca darlo se debe evitar, a toda costa,
incursionar en la novela. La parte final del capítulo sobre el área
Tairona se convierte en una narración de las aventuras de la autora
en la Sierra Nevada, que resulta del todo fuera de lugar en un
Manual de Arqueología y que además carea todo buen gusto.
Solo la ausencia de una educación crítica arqueología entre el
público puede explicar relativa acogida que el Manual ha recibido.
Por otro lado, el absoluto desconocimiento que entre los
arqueólogos profesionales tiene el Manual (consúltese la lista de
referencias bibliográficas de cualquier publicación de los últimos
cinco años) también es elocuente.
ROBERTO LLERAS
EL CAMINO DE LOS INDIOS MUERTOS
Michel Perrin - Monte Avila Editores, Caracas, 1980 - 273 pp.
Bibliografía e Indice de Nombres
Michel Perrin ha dedicado mucho de su tiempo de etnógrafo a la
Guajira y vertido los conocimientos que le transmiten sus
habitantes a libros y artículos que abarcan una vasta gama de
latemática cultural. Precedida de un prólogo ilustrativo que
culmina con unos breves apuntes etnográficos, para situar al lector
en el contexto de la etnia, la obra que acá se comenta, Perrin la
divide en dos partes: "Lo que cuentan los
viejos", "Literatura oral guajira y análisis
estructural" y "Una conclusión"; está
complementada con una corta bibliografía y un índice de nombres. Su
sugestivo título brotó espontáneamente -pensamos nosotros- de uno
de los relatos: cuando el indio muere su alma ha atravesado el
camino de los indios muertos... a Jepira por la Vía
Láctea.
El tema del mundo que sigue a la muerte física del indio, el
otro mundo, domina con una presencia alucinante en todos los
relatos recogidos por el autor en lengua wayú, vertidos al francés
(la edición original 1976, mereció premio de la Academia Francesa)
y traducidos luego al español para la edición de Monte Avila
Editores (1980) que sirvió de texto para esta reseña. Al más allá
se viaja a través de los sueños, porque
Todo lo que ocurre en nuestros sueños
es lo que ocurre a nuestras almas...
El hombre que sueña que se muere
no despierta más
Su alma lo ha dejado para siempre
Leer estos relatos es sumergirse en el paisaje fantasmagórico de
una Guajira casi real, poblada de seres míticos, contradictorios y
volubles, a veces multifacéticos, dotados de poderes
sobrenaturales, susceptibles de transformarse al instante: ahora
humanos, luego animales, confundidos con las constelaciones,
caritativos, vengativos y vengadores. Allá campea Juya que
se confunde con la lluvia bienhechora, aunque con ella porte todas
las enfermedades y deba ser detenido por el Arco
Iris para que las aguas no inunden la tierra; él es la vida, el
padre, pero a su vez "no es nada sino los guajiros
muertos hace muchos años"; defiende a los hombres,
pero rapta a las muchachas y tiene muchos hijos... También habita
Pulowi, encarnación de la esposa de Juya y al mismo tiempo su
enemiga; Pulowis de tierra y de mar -porque su número
parece incontable-, dueñas de la caza y de las joyas y piedras
preciosas, de la riqueza que intercambian los clanes en los
desposorios; dispensadoras de oportunidades a los cazadores, pero
vehículos de muerte de los mismos; devoradoras de hombres, siempre
dispuestas al acto amoroso que significará la muerte del amante
ocasional... Está el Demiurgo Maleiwa, y están los yoluja,
que son las sombras de los muertos sobre la tierra; y los
wanülü; y está el rompimiento de valores y de tabúes;
"no me sigas a la danza youna - le dice la esposa muerta
al marido que la sigue en sueños, porque allá me harán cosas
que no te gustará ver. Tiene su propio ethos, que no se deja
contaminar con la presencia de los vivos.
Es un universo que retrata la dureza de la vida del guajiro, del
wayú: el hambre que persigue y mata, la sequía, la discriminación
por la riqueza, la violencia omnipresente, siempre la lucha
incesante, inagotable.
Y usted lector: hasta aquí se puede imaginar e interpretar estos
textos fascinantes, aunque no muy ricos. Porque cuando se adentre
en la segunda parte, hallará el análisis estructuralista del autor
para demostrarle que "la pareja formada por Juya
y Pulowi y accesoriamente el personaje y la noción de
wanülü parecen haber sido hechas para revelar un sistema de
oposiciones fundamentales" (pág. 140).
La interpretación tiene la meticulosidad de la transcripción
etnográfica. Se inicia con un análisis de la polisemia de los
términos Juya, Pulowi, wanülú, para establecer a
continuación diez oposiciones (hombre/ mujer, lo móvil/ lo fijo, lo
único/lo mútliple, lo alto/lo bajo, lluvia/sequía, vida/ muerte,
presa/ cazador, plantas cultivadas/silvestres, frío/caliente,
claro/oscuro), oposiciones que se resuelven por la unión legítima
JuyaPulowi: "Bajo este ángulo lo que estaba en
oposición se vuelve más bien complementario"; y
complementariedad, más que oposición, es lo que al lector (esto nos
pasó a nosotros) golpea insistentemente.
Cuando el etnólogo se compromete con una tesis interpretativa se
aferra a todos los detalles
que puedan conducir a su demostración; y busca en los más
oscuros arrecifes para sacar a la luz esos elementos
comprobatorios.
Se cae en el exceso que induce a verdaderos malabarismos para
acomodar evidencias dudosas y casi contradictorias a la
argumentación demostrativa. Pero por encima de ello, el libro está
escrito con seriedad y con amor por la Guajira, el guajiro y lo
guajiro.
ROBERTO PINEDA GIRALDO
ARQUEOLOGIA DE RESCATE - EL
CERREJON, ZONA NORTE Y ZONA CENTRAL
Gerardo Ardila Calderón -EPAM Ltda. 1983-1984.
Los trabajos de salvamento arqueológico adelantados por Ardila
en la zona de explotación carbonífera de El Cerrejón, en la
Guajira, a lo largo de varias temporadas, se encuentran en tres
volúmenes, de los cuales reseñamos aquí el segundo y tercero por
ser éstos los únicos que han sido publicados. La muy escasa
difusión que estos trabajos han tenido se ha debido exclusivamente
a lo restringido de los tirajes; ni las empresas carboníferas, que
financiaron el trabajo, ni el Instituto Colombiano de Antropología,
que actúo como contraparte oficial en el contrato de salvamento, se
han preocupado por dar a conocer estos resultados. El tercer libro,
que contiene un resumen de toda la labor de salvamento, no ha sido
publicado en un tiraje mayor de veinticinco ejemplares, y aún así
ni siquiera la mitad de ellos ha circulado entre los
arqueólogos.
No obstante, los resultados del Proyecto de Salvamento revisten
la mayor importancia para el cuadro arqueológico local del
Ranchería y regional de la Costa Atlántica colombiana y venezolana.
Antes de la iniciación de la explotación del carbón, se había
realizado solamente una temporada de trabajo de terreno en el
Ranchería medio por parte de los esposos Reichel Dolmatoff y que
fue publicada en 195L La secuencia de horizontes de cerámica
pintada propuesta a raíz de estas investigaciones, se constituyó en
base fundamental de la cronología de gran parte del área
circuncaribe y de las llanuras de los bajos ríos Magdalena y Cauca,
así como de la Sierra Nevada de Santa Marta. Infortunadamente, por
la época en que se llevó a cabo la investigación los fechamientos
por radiocarbono apenas comenzaban a desarrollarse y no fue posible
establecer fechas absolutas. El primer gran aporte de Ardila está
constituido, precisamente, por un cuerpo de nueve fechas de
radiocarbono que corroboran en buena parte la cronología tentativa
sugerida por Reichel y que, además, clarifican la posición
cronológica del problemático Complejo Cocos.
El trabajo de Ardila se centró en la exploración intensiva de
las áreas de impacto, lo cual le permitió registrar un buen número
de yacimientos arqueológicos, esencialmente sitios de habitación y
cementerios, en varios de los cuales se practicaron cortes
estratigráficos tendientes a ubicar la posición cronoestratigráfica
de los complejos cerámicos y a determinar la densidad de las
diversas ocupaciones del valle medio del río Ranchería. En general,
los resultados del análisis del material cerámico confirman,
igualmente, las apreciaciones de Reichel. Con muy buen sentido,
Ardila homologó sus categorías a los tipos anteriormente
establecidos, evitando así la confusión que genera la formulación
de múltiples tipos cerámicos.
Otro significativo aporte lo constituye el establecimiento de la
tipología de enterramientos para cada uno de los períodos de la
prehistoria del Ranchería, lograda en buena parte en el potrero El
Río de la Finca El Palmar, un cementerio utilizado durante
diecisiete siglos. Es igualmente importante el registro de
pictografías en Cerro Alto, puesto que este tipo de vestigios se
desconocían anteriormente para el área y el registro de zonas con
tierras negras ("terras pretas") asociadas a
vestigios arqueológicos, en lo que constituiría un caso similar a
aquellos reportados para el área del Amazonas.
A nivel interpretativo se logra un gran avance en la integración
de los datos regionales; el primer paso lo constituye la
identificación del Complejo Cocos como un elemento del Segundo
Horizonte Pintado, del cual hace parte también el Complejo
Portacelli, y no como un período de transición entre los dos
horizontes; en seguida se traza el cuadro de las relaciones de los
horizontes con las Series Tocuyanoide, Tierroide, Dabajuaroide y
Ocumaroide de Venezuela, así como con algunos complejos cerámicos
de Panamá y del valle medio del Magdalena. Con respecto a estas
comparaciones habría que anotar que sería deseable un mayor nivel
de profundidad en el tratamiento de la información, que de otra
manera queda un poco suelta, ya que no aparecen los elementos que
permitan al lector juzgar sobre la validez de los paralelos
establecidos. En relación con la cerámica panameña, por ejemplo,
habría que sugerir una revisión de las similitudes establecidas, ya
que los complejos que personalmente he podido trabajar en el sitio
de El Caño (Cocle) no se parecen en nada a los del río
Ranchería.
Es lamentable que uno de los mejores logros de la investigación
de Ardila y que él mismo nos ha comunicado a través de varias
charlas y conferencias, no aparezca tratado a profundidad en los
libros reseñados; me refiero a la identificación del Segundo
Horizonte Pintado del Ranchería con el Complejo Rancho Peludo de
Venezuela, con todas las implicaciones que ello trae y que junto
con el establecimiento de la cronología absoluta, abre muy
interesantes perspectivas para la investigación del origen de la
ocupación chibcha de los Andes Orientales colombianos y
venezolanos.
En conjunto se trata de excelentes y muy valiosos aportes a la
arqueología del norte de Suramérica, que de seguro la comunidad
arqueo lógica quisiera ver publicados en número suficiente y
desprovistos de la rigidez de la estructura de informe técnico que
caracteriza su actual presentación.
ROBERTO LLERAS
ARQUEOLOGIA DE SAN AGUSTIN - EL
ESTRECHO, EL PARADOR Y MESITA C
Julio César Cubillos. Fundación de Investigaciones Arqueológicas
Nacionales, 1980.
Desde cuando Luis Duque Gómez y Julio César Cubillos
adelantaron, en los primeros años de la década de los setentas,
varias temporadas de trabajo en el área de San Agustín, ha existido
un enorme interés por conocer los resultados de estas `
investigaciones que hoy, gracias a los oficios de la Fundación de
Investigaciones Arqueológicas Nacionales del Banco de la República,
se han venido publicando gradualmente.
Ya en 1966 Duque había reunido en un extenso volumen los
resultados de las exploraciones que desde 1942 venía adelantando y
que permitían tener una visión de conjunto más clara del área. Por
otro lado, las exploraciones de Gerardo Reichel Dolmatoff habían
suscitado una controversia sana que partía de diferencias radicales
en la interpretación de la periodización del área. San Agustín
continuaba siendo un enigma, pero esta vez a otro nivel; un nivel
de mayor información y de discusión de problemas arqueológicos
concretos. El retorno de Duque y Cubillos al área se esperaba que
viniera a profundizar y tal vez a resolver algunos de estos
asuntos.
El trabajo de Cubillos, aquí reseñado, comprende solamente una
parte de la publicación de resultados de esas temporadas. En él se
reúnen los resultados de excavaciones adelantadas en tres sitios,
dos de los cuales fueron lotes para la construcción de complejos
turísticos, por lo cual se debe entender que el carácter primordial
de estas excavaciones es el de salvamento. No obstante, los sitios
excavados presentaron todos un volumen muy aceptable de
información.
Es evidente que el trabajo realizado por CubiIlos en terreno fue
de gran magnitud (en uno solo de los sitios se hicieron cerca de
tres mil sondeos, en conjunto se abrieron ochenta y dos tumbas y
diez trincheras, más algunos pozos adicionales). Los resultados
permitieron a Cubillos un aporte significativo a la cronología
absoluta de San Agustín representado en cinco nuevas fechas (una de
las cuales lamentablemente se le escapó al autor en la elaboración
del cuadro de la página 55 apareciendo después refundida en otra
descripción). Aparte de esto, las conclusiones resultan un tanto
pobres: se confirma la práctica de adecuar las laderas mediante el
aterrazamiento; se confirma la existencia de textiles tejidos en
telar durante el así llamado, Formativo Superior; se confirma la
existencia de formas de enterramiento ya conocidas con anterioridad
y se confirma la práctica de inhumar estatuas.
Según el mismo autor, la más importante conclusión se refiere a
la "... continuidad de la cultura, por lo menos a lo largo
de siete siglos: del Siglo I antes de Cristo al Siglo VII después
de Cristo..." (nótese que entre estas fechas hay ocho y no
siete siglos). La afirmación, sin embargo, no se sustenta
suficientemente y queda flotando en el aire, más como una
convicción personal del autor que como una conclusión rigurosa del
estudio. Habría sido importante que este planteamiento, que
contradice tajantemente los de Reichel, hubiera sido discutido más
a fondo. Al no hacerlo Cubillos frustra una de las mayores
expectativas formadas alrededor de este trabajo.
En el aspecto metodológico habría que anotar que las
excavaciones estratigráficas y aun las de tumbas, no parecen ser
tan cuidadosas como se desearía. Tal vez esta impresión se deba a
una desafortunada elección de las fotografías exclusivamente y no
habiendo presenciado personalmente el trabajo, no podríamos afirmar
nada definitivo. Lo cierto es que en las fotos se observan
trabajadores laborando únicamente con herramientas grandes (palas,
barretones), los perfiles y plantas aparecen irregulares y las
referencias aparecen borrosas. En contraste, los planos de los
sitios y los dibujos del material lítico y cerámico son de gran
calidad.
Intencionalmente hemos dejado la discusión de la tipología
cerámica para la parte final de esta reseña, por ser la que mayores
dificultades presenta. El mismo autor expresa su intención de
ajustarse a la tipología ya establecida por Duque y afirma que ello
le fue imposible debido a la escasez de fragmentos decorados. El
resultado es la formulación y descripción de otra nueva serie de
tipos que ocupa algo más de la mitad del libro. No parece
concebible que problemas de este tipo estén llevando continuamente
a crear nuevos tipos cuando existe el criterio de pasta que se
puede siempre aplicar en estos casos. Actitudes como esta han
convertido el panorama de la cerámica arqueológica de San Agustín
en el caos que hoy es (hasta 1983 se habían establecido ciento
dieciocho tipos cerámicos, algunos aparecen con distintos nombres
en diferentes publicaciones, las descripciones no sirven para
establecer correspondencias). En el libro de Cubillos este problema
es más agudo que en cualquier otro; hay tipos formulados sobre
frecuencias de E8, 6 y hasta 4 fragmen-tos, no se intenta siquiera
sugerir correlaciones con las anteriores tipologías y los tipos se
nombran por su color en la tabla Munsell (algo totalmente insólito
en publicaciones arqueológicas). Es indudable que un tratamiento
diferente del análisis cerámico le hubiera conferido al libro un
carácter mucho más valioso.
ROBERTO LLERAS
ASENTAMIENTOS PREHISPANICOS DE
QUINCHANA, SAN AGUSTIN
Héctor Llanos Vargas y Anabella Durán de Gómez. FINARCO,
1983
Este libro describe un proyecto de investigación de campo
llevado a cabo durante varios meses a finales de 1981 y principios
de 1982 en la vereda El Alto de Quinchana, municipio de San
Agustín, Huila. La investigación toma, como punto de partida, el
hecho de que "las pautas de asentamiento [son] las
respuestas históricas de los habitantes prehispánicos, a los
determinantes topográficos, climáticos y biológicos" (pág.
11). En este sentido, los autores analizan las pautas de
asentamiento en una escala que abarca una área de 1 ó 2 km2,
mediante una prospección y la utilización de fotografías aéreas
como mapas, lo que les permitió la identificación de varias
terrazas que parecieron de habitación de unas áreas de eras de
cultivo. Luego una excavación de sondeos muy pequeños en las
terrazas localizadas en la prospección, demostró la presencia de
materiales culturales y confirmó que sí se trataba de terrazas de
viviendas.
Con base en la prospección, tres de las terrazas y una zona de
eras de cultivo fueron seleccionadas para investigación detallada
mediante excavaciones más amplias. Dichas excavaciones aportaron no
sólo muestras más grandes de artefactos sino también otras huellas
de la vida de los habitantes prehispánicos de las terrazas, tales
como los huecos de los postes de sus casas, fogones, áreas de
tierra quemada y entierros. Este tipo de evidencia se refiere a lo
que los autores llaman un "nivel metodológico... más
particular que permite el conocimiento de aspectos relacionados con
la vivienda, la cerámica, los instrumentos líticos, las eras de
cultivo, la preparación de alimentos y las costumbres funerarias,
en las coordenadas espacial y temporal" (pág. 11).
Podríamos incluir este nivel más particular dentro del concepto de
pautas de asentamiento también, porque toca al uso del espacio y la
distribución resultante de los restos arqueológicos. La única
diferencia es que en este nivel, el estudio se lleva a cabo en una
escala más minuciosa.
Desde el principio, el lector se da cuenta de que Llanos y Durán
no consideran la descripción de los restos arqueológicos como su
objetivo final, sino que tienen el interés más ambicioso de la
reconstrucción de las pautas de actividades y de las sociedades
responsables de estos restos. Así, buscan situar los materiales
arqueológicos en su propio contexto social, entendiendo mejor, al
mismo tiempo, estos materiales y las sociedades que los produjeron.
La metodología que se ha escogido combina elementos tradicionales
con otros tipos de investigación que no se han aplicado antes a la
zona de San Agustín. De esta manera, los autores pueden relacionar
su trabajo claramente con lo que se ha realizado anteriormente en
San Agustín, así como adoptar nuevas perspectivas al estudio de la
región.
Para evaluar el éxito que los autores han tenido en el
cumplimiento de sus objetivos, conviene empezar con el nivel más
particular, es decir el estudio de pautas en una escala mas
pequeña.
En esta escala, las excavaciones de las terrazas recuperaron
exactamente los datos mas relevantes para la reconstrucción de las
pautas de actividades en el nivel de la familia. Con base en ecos
de los postes, los autores sugieren que la terraza excavada casi en
su totalidad tenía varias estructuras redondas muy pequeñas (3 m. o
menos de diámetro). La cantidad de huecos de postes y la
imposibilidad de trazar planos de estructuras incluyéndolos a
todos, sugiere una ocupación larga con una secuencia de varias
etapas de construcción que incluyó el reemplazo continuo de viejas
estructuras por nuevas. Esta situación hace imposible la
reconstrucción detallada del uso del espacio de la terraza por sus
habitantes prehispánicos, pero documenta una pauta de viviendas
pequeñas con fogones y con varias áreas exteriores usadas para las
actividades diarias de lo que parece ser una sola familia.
No se intentó ningún análisis de la distribución espacial, ni de
la cerámica ni del material lítico recuperado de la terraza casi
totalmente excavada. Este tipo de análisis puede ayudar mucho en la
reconstrucción del uso del espacio a esta escala muy pequeña, pero
es muy probable que la situación de uso durante un tiempo algo
prolongado habría impedido el reconocimiento de patrones muy
claros. El curso más indicado para salir de estas dificultades
sería excavar otra docena o dos de las terrazas, también en su
totalidad. Con los resultados de tales excavaciones uno podría
comparar toda una serie de terrazas y se podría esperar encontrar
algunas que no presentaran patrones tan complejos y de secuencias
tan largas de ocupación. A partir del entendimiento ganado de las
terrazas más sencillas en ocupaciones cortas, uno podría llegar a
una interpretación más clara de las evidencias presentadas por las
terrazas más complejas.
En la escala más grande, la que toca a la distribución de los
restos en una área de 1 ó 2 Km. 2, Llanos y Durán llegan a algunas
conclusiones sobre la distribución de las terrazas habitacionales.
Estas incluyen una tendencia de ubicarse "en las cimas de
lomas" y "en sitios próximos a nacimientos de
agua" (Pág. 102). También notan que las terrazas se
concentran en pequeñas agrupaciones que sugieren comunidades. A
este punto el lector quiere un estudio mucho más detallado de la
estructura y organización de estas pequeñas comunidades. Sin
embargo, tal estudio exigiría la excavación de más terrazas, y el
tiempo y los recursos de que Llanos y Durán disponían no
permitieron tanto trabajo. Con la excavación de otra docena o dos
de las terrazas, Llanos y Durán habrían podido hacer comparaciones
entre las estructuras de las múltiples terrazas en cuanto á su
tamaño, planta, tipo de construcción, etc. También, de acuerdo con
la discusión del párrafo anterior, habrían podido reconstruir en
más detalle el uso del espacio en las varias terrazas y compararlas
en este punto.
Además, los artefactos y restos de alimentos de las distintas
terrazas habrían facilitado comparaciones diseñadas para iluminar
las posibles diferencias de actividades o status entre las
numerosas familias de la comunidad (por ejemplo, concentraciones de
waste flakes o debitage como indicación de la fabricación de
implementos líticos como artesanía especializada, o diferencias
entre terrazas en la calidad o elaboración de cerámica como
indicación de diferencias de riqueza o status). En relación con
este último punto, cabe mencionar la importancia de cuadros como
los de las páginas 88 y 91, porque nos permiten comparar rios de
artefactos de las distintas terrazas y comparar las terrazas
excavadas por Llanos y Durán con las que tal vez serán excavada; en
el futuro Habría sido útil en este sentido incluir también un
cuadro indicando las cantidades de las distintas formas de vasija
en cada terraza.
A partir de este nivel o escala de estudio, se puede mencionar
que los objetivos que Llanos Durán plantean, también implican
investigación análisis en una escala todavía más grande -el nivel
de la región completa, incluyendo finalmente, tal vez, varios
cientos de kilometros cuadrados. Es la importancia del cambio en
las pautas de asentamiento como un indicador del cambio social,
económico, político, o religioso lo que llama más fuertemente la
atención en esta escala más grande. Llanos y Durán lo expresan
así:
Se prefiere hablar de pautas de asentamiento como una unidad
teórica que tiene connotaciones más dinámicas y complejas, que en
términos generales significan las respuestas dadas por un grupo
social humano a las características o determinantes del medio
ambiente natural, en un proceso histórico. Las pautas de
asentamiento son cambiantes y tienen peculiaridades en los
desarrollas regionales, que a su vez están inscritos en un proceso
histórico más amplio. (pág. 24).
Sin embargo, Llanos y Durán no pudieron realizar su intento de
tratar las pautas de asentamiento en su importante aspecto
histórico, en la medida en que su área de estudio en la vereda El
Alto de Quinchana sólo fue ocupada durante un período relativamente
corto. (Las dos fechas de radiocarbón pertenecen a los Siglos VII y
XI d. de C. [pág. 96], y, aunque el estudio de la cerámica indica
cierta variabilidad, no les fue posible distinguir una serie de
fases). Para poder realizar las posibilidades más amplias del
análisis de pautas de asentamiento se necesita el gran panorama de
una área de estudio mucho más grande que incluya las ocupaciones de
toda la secuencia cronológica. Sólo así se logra la comparación
durante varios períodos de la distribución de la población dentro
de su región. Y es en esta escala en donde las pautas de
asentamiento reflejan en forma más clara el curso de desarrollo de
una sociedad.
Esta investigación, entonces, de pautas de asentamiento en la
vereda El Alto de Quinchana, representa una contribución importante
al creciente conocimiento de las sociedades prehispánicas de la
región de San Agustín. La Fundación de Investigaciones
Arqueológicas Nacionales del Banco de la República, como siempre,
ha divulgado los resultados muy puntualmente y en forma muy útil (a
pesar de que el mapa en la página 27 se reprodujo a una escala
demasiado reducida). Los autores plantean, desde el principio,
metas muy ambiciosas. Logran realizar por lo menos algunos de sus
objetivos. No pueden realizar todos, principalmente debido a las
limitaciones de tiempo y recursos.
Sin embargo, no se debe esperar de un sólo proyecto, de unos
cuantos meses en el campo, las respuestas a todas las preguntas que
tenemos sobre una secuencia tan importante y compleja como la de
San Agustín. No obstante, y precisamente por eso, cada proyecto de
investigación arqueológico tiene que concebirse como una
contribución a un cuerpo creciente de conocimiento más amplio de
una región y de una secuencia de cambio social, para que sus
resultados se relacionen en forma complementaria con los de otros
proyectos ya realizados o por realizar. En este aspecto me habría
gustado ver en este libro aún más atención en las cuestiones
teóricas mayores que pueden contribuir al conocimiento del proceso
de desarrollo de las sociedades de San Agustín: cuestiones que
tienen que ver con la variabilidad de la organización social o
económica en los "cacicazgos", los factores
principales en el estímulo al desarrollo de las sociedades
complejas, las condiciones importantes que controlan su curso de
desarrollo, etc. Una discusión de estos asuntos habría dado más
peso y más contexto a las conclusiones del volumen. Pero con estos
pensamientos estoy corriendo el riesgo de describir el libro que yo
habría escrito y no el libro que Llanos y Durán escribieron. Y
Llanos y Durán nos han dado un libro que, por la valiosa
contribución que aporta al estudio de las sociedades de la región
de San Agustín, merece la atención de cualquier persona que tenga
interés en estas sociedades.
ROBERTO DRENNAN
INVESTIGACIÓN ARQUEOLÓGICA EN EL
MAGDALENA MEDIO, SITIOS COLORADOS Y MAYACA
Carlos Castaño y Carmen Lucía Dávila. FINARCO, 1984
Hace tiempo que los arqueólogos colombianos no retomaban el tema
de la "invasión o migración Karib". Castaño y
Dávila reviven esa pro puesta en su interesante estudio
arqueológico del Magdalena Medio. Los aportes de este trabajo desde
el punto de vista arqueológico son indudables, dándose así un paso
firme en el conocimiento prehispánico de esta región. Los autores
excavaron diferentes tipos de yacimientos en un asentamiento:
basureros, un recinto de habitación, tumbas y talleres de líticos.
Esto les permitió obtener una definición funcional del espacio y
actividades desempeñadas en un asentamiento.
La descripción, los resultados y el análisis de la investigación
son expuestos en forma clara y concisa. Se podría decir que se
compone dicho trabajo de dos partes: la primera es la investigación
arqueológica en sí y la segunda es la interpretación y
contextualización de los resultados de las excavaciones. Los
autores retoman el modelo de historia y ecología cultural expuesto
por Donald Lathrap en su libro The Upper Amazon (1970),
siendo este bastante polémico (Vr: Curtenius, R. Anna. Parmana:
preshitoric maize and manioc subsistence along the Amazon and
Orinoco).
Los capítulos de la primera parte describen la región, la
prospección, la selección de los sitios arqueológicos Colorados y
Mayaca y, por último, la descripción de los yacimientos y su
excavación, logrando así definir el "Complejo Cerámico
Colorados" y ,proponer la existencia de un
"Horizonte Valle Medio" para el Magdalena
Medio.
El contenido de cada capítulo fue cuidadosamente elaborado. Sin
embargo nos quedan algunas dudas: la metodología empleada por los
autores en la prospección se desconocen. Los autores mencionan la
existencia de dos tipos de sitios, pero las excavaciones se
limitaron a solo uno de estos (Colorados y Mayaca). En cuanto a los
trabajos de excavación del sitio Colorados, calificado por los
autores como un "asentamiento prehispánico bastante
grande, denso y complejo" (pág. 19), no queda claro si esa
definición del sitio corresponde al número de fragmentos de
cerámica por área, número de yacimientos habitacionales u otro
criterio arqueológico.
En el sitio Colorados, Castaño-Dávila excavaron una probable
"sementera", dos basureros y dos montículos
naturales que contenían cada uno seis tumbas, logrando excavar
siete de ellas. En las tumbas encontraron abundante material
cerámico. principalmente urnas de entierro secundario. En una de
las tumbas alcanzaron a obtener una fecha de C 14 asociada a este
complejo funerario. La fecha correspondió al Siglo XII (1160 ± 60
d. de C.). En el sitio de Colorados, los arqueólogos hicieron
varios sondeos en una plataforma de vivienda, sin obtener mayores
resultados debido a la perturbación natural de ésta. Uno de los
yacimientos más interesantes localizados en Colora-dos consiste en
dos talleres de líticos.
En el segundo sitio llamado Mayaca, excavaron tres yacimientos,
siendo el primero una zona de habitación post-conquista, el segundo
un mon tículo de rocas cuya función y temporalidad se desconoce. El
último yacimiento es el más interesante, puesto que se trata de una
vivienda oval con una longitud máxima de 12 metros y 6 metros de
ancho. Para efectos de su excavación, los autores trabajaron 60 m2,
logrando detectar numerosas huellas de postes. Dadas sus
características, se trata de una maloca oval, que pudo albergar
entre diez y quince personas.
Los autores concluyen que Mayaca y Colorados fueron ocupados por
un mismo grupo durante un mismo período. Siguiendo la pro puesta de
Robert Dunnell en cuanto a la taxonomía paradigmática, definen el
"Complejo Cerámico Colorados". Posteriormente
Castaño-Dávila se centran en la contextualización del
"Complejo Colorados" dentro del panorama del
valle del Magdalena. A partir de las similitudes estilísticas de
las urnas funerarias, proponen la existencia del
"Horizonte Cerámico del Magdalena Medio".
Este planteamiento excluye el complejo cerámico conocido como
Tamalameque.
La segunda parte del trabajo consiste en la vinculación del
Magdalena Medio, dentro del planteamiento teórico propuesto por
Lathrap, para la selva tropical y especialmente en lo referente a
la migración Karib. Así, al estudiar Castaño-Dávila los rasgos
típicos del "Horizonte Valle del Magdalena"
primordialmente las formas sedantes, concluyen que probablemente
estén relacionados con la expansión Karib. Esta explicación no deja
de ser difusionista, ya que se interpreta como una migración
originada por una expansión demográfica. Los Karib seguían las
cuencas de los ríos ante la presión demográfica de un grupo sobre
otro causado por el límite del potencial ecológico (Vr: págs. 101,
114-115). A pesar de la aceptación y aplicación del modelo de
Lathrap, Castaño-Dávila reconocen diferencias en el patrón agrícola
entre la selva tropical y el Magdalena Medio. Al respecto agregan
que los grupos del Magdalena no se componían de grandes
conglomerados humanos. Esto entra en contradicción con el modelo
utilizado, puesto que la riqueza de los suelos del Magdalena, más
la baja densidad de habitantes descrita en las crónicas, no son
motivo de migración.
Los autores terminan la obra con el capítulo intitulado
"Configuración cultural y procesos evolutivos";
infortunadamente no mencionan los procesos evolutivos si entendemos
la evolución cultural como cambios o alteraciones significativas en
la estructura de la organización sociopolítica o en la producción.
Los autores limitan sus explicaciones a la expansión de un
"estilo cerámico", supuestamente relacionado con
lo Karib. Sin embargo, si consideramos la capacidad intrínseca de
transformación cultural, que seguramente generarían nuevas formas
diferentes a la original, entonces, ¿qué es lo Karib? Es como si
tratáramos de explicar los procesos históricos de los Tairona y los
Muisca de idéntica forma por el hecho de pertenecer a la lengua
"Macro-Chibcha". En el caso del Valle del
Magdalena Medio faltan las secuencias temporales locales que
permitan estudiar los procesos de cambio.
El trabajo de Castaño-Dávila es un paso significativo e
importante hacia la comprensión de esa región; sus propuestas son
básicas para el desarrollo de posteriores investigaciones y deben
ser sometidas a la constatación científica en el futuro.
AUGUSTO OYUELA CAYCEDO
LA MUSICA DE LOS GUAHIBO: SIKUANI,
CUIBA
Benjamín Yépez, FINARCO
La música es un elemento omnipresente en la vida de los grupos
de la familia Guahibo. Hoy día la tradición musical está siendo
sustituida por los himnos evangélicos, de melodías anglosajonas o
mexicanoides, y de letra incomprensible, tanto en español como en
lengua aborigen, por la mayoría de los intérpretes. Por eso es nora
de que estudiosos como Yépez den a conocer al mundo exterior
semejante riqueza cultural y estética, al tiempo que valorizan la
tradición para el propio beneficio y concientización del indio. La
inteligente presentación permite ofrecer un cassette de música
sikuani y cuiba junto con un material gráfico relativamente
extenso, el cual, además de suministrar información sobre
mitología, calendario y los propios textos de los cantos, comprende
ilustraciones fotográficas de instrumentos y danzas.
FRANCISCO QUEIXALOS
LA ESCRITURA CONTRA LA TRADICION
ORAL, EVALUACION DE LOS TRABAJOS "LINGÜISTICOS Y
ANTROPOLOGICOS"
DEL INSTITUTO LINGUISTICO DE VERANO
ENTRE LOS CUIBA DE CASANARE
Francisco Ortiz Gómez. Informe presentado a la División de
Asuntos Indígenas del Ministerio de Gobierno. Bogotá, 1983
El Summer Institute of Linguistics (SIL, Instituto Lingüístico
de Verano), organización norteamericana implantada en muchos países
de Latinoamérica, viene desarrollando estudios en lenguas indígenas
de Colombia desde hace más de veinte años. La organización ha sido
objeto de varias campañas de opinión en este país, las cuales años
atrás estuvieron a punto de desembocar en la cancelación de su
contrato con el gobierno colombiano. Se le ha acusado de: destruir
las culturas aborígenes transformando la ideología (evangelización)
y la economía (sedentarización, concentración), así como agudizando
los conflictos con los demás grupos humanos (colonos católicos e
indios no evangelizados por el SIL); ejercer un control de cariz
estratégica sobre los asentamientos indígenas y consiguientemente
sobre remotos territorios del país; hacer acopio de información r
sobre la subversión en regiones poco controladas por el Estado, con
destino a las agencias militares y de inteligencia de los Estados
Unidos; efectuar prospecciones sobre recursos naturales,
particularmente geológicos, sin consideración por el beneficio que
ello pueda suponer para la nación; gozar de una autonomía de acción
en territorio colombiano inaudita para cualquier entidad extranjera
en cualquier país soberano. Muy poco de todo ello se ha comprobado,
a excepción de la destrucción de culturas, que varios trabajos
antropológicos han demostrado definitivamente. Una evaluación de
los trabajos lingüísticos del SIL es importante porque: 1) la
lingüística ha sido su tarjeta de presentación en los países donde
opera; 2) en las campañas de opinión mencionadas, el enjuiciamiento
del valor científico de las publicaciones lingüísticas del SIL ha
quedado por fuera de las críticas que se han formulado a la
organización, sencillamente por falta de dedicación, por parte de
los especialistas, a esa labor de evaluación. La afortunada
iniciativa de la División de Asuntos Indígenas del gobierno
colombiano, cuyo primer fruto es el trabajo de Ortiz Gómez, está
colmando esta carencia. El informe pone de relieve varios rasgos
que caracterizan la cientificidad y la ideología de los materiales
producidos por el SIL para el grupo cuiba. Así, el estudio de los
sonidos del cuiba no va más allá de lo que es indispensable para la
elaboración de un alfabeto; a éste, sin embargo, se le incorporan
muchos rasgos de ortografía española, totalmente arbitrarios para
la lengua cuiba, la cual resulta manifestándose en la escritura en
forma altamente distorsionada. La gramática, al tiempo que sufre de
una presentación esotérica, por la acumulación de símbolos y
fórmulas "tagmémicas", impone a la lengua
categorías foráneas, como la del tiempo verbal, más propia del
inglés que del cuiba. En el trabajo sobre estructura del discurso,
se manejan como datos genuinos cuiba elementos culturales
introducidos entre los cuiba por los propios lingüistas-misioneros,
como los llamados "cantos elaborados escritos",
que no son más que los himnos evangélicos. Los materiales de
lectura destinados a los cuiba son en su gran mayoría de temática
ajena a la sociedad cuiba. Los materiales que sí tratan de las
características propias de la sociedad cuiba no van dirigidos a los
indígenas sino al público exterior. La literatura más abundante y
mejor presentada la constituye la traducción del Nuevo Testamento.
En síntesis, el trabajo lingüístico del Summer Institute of
Linguistics resulta en un menoscabo de la noción de quehacer
científico, lo cual es perfectamente lógico para una organización
cuya verdadera vocación no es el enriquecimiento de nuestros
conocimientos sino la propaganda ideológica.
FRANCISCO QUEIXALOS
"YURUPARY: MITO, LEYENDA
EPOPEYA DEL VAUPES"
Con la traducción de la "Leggenda del
Yurupary" del Conde Ermanno Stradelli, por Susana N.
Salessi. Héctor Orjuela. Instituto Caro y Cuervo, Bogotá, 1983
Después de cuarenta años de fundado, este libro es el primero
publicado por el Instituto Caro y Cuervo, dedicado a un tema de
literatura indígena. Se trata de la traducción castellana del mito
de Yurupary publicada en italiano por Stradelli en 1890 y traducida
a su vez del manuscrito Nheengatu redactado por el indígena Tariano
Maximiano José Roberto.
Aunque anuncia un análisis "literario" del
texto para señalar su lugar trascendental en la literatura
amerindia, Orjuela se limita a reproducir los análisis y
comentarios de otros autores, que paradójicamente se apresuran a
descalificar ya que no obstante haber producido una copiosa
bibliografía, ésta "es de carácter misceláneo y en buena
medida está formada por estudios antropológicos cuya utilidad, en
algunos casos, es bastante limitada".
"El tema -dice Orjuela-- no ha sido tratado en ninguna
parte desde un punto de vista literario ya que casi todos los
investigadores que se han ocupado de Yurupary son antropólogos,
mitógrafos, folcloristas, sociólogos o etnólogos, pero no críticos
literarios".
Después de una breve presentación del ámbito geográfico y
cultural del Yurupary (cap. 1) el autor presenta las distintas
interpretaciones a que han dado lugar el personaje (cap. II) y los
ritos (cap. III), retomando principalmente las informaciones de
Wallace, Koch-Grunberg, Barbosa Rodriguez, Goldman, Reichel y, de
manera especial, Hugh-Jones, autor de un estudio monográfico sobre
este ritual entre los Barasana.
En el siguiente capítulo (IV), Orjuela transcribe algunas
versiones del mito de Yurupary registradas entre los distintos
grupos de las familias Arawak y Tucano, especialmente las
recopiladas por J. Barbosa Rodríguez. Este capítulo, así como el
texto de la traducción de S. Salessi, constituyen el mejor aporte
de la publicación, no, así la anunciada parte analítica en la que
el autor parece más bien preocupado por demostrar la grandeza
literaria del texto que por entenderlo.
Esta grandeza, residiría en la extensión y complejidad del
texto, en servir de base a una religión generalizada en una vasta
área, en las influencias de las altas culturas que manifiesta, en
las calidades personales del escritor y del recolector y hasta en
la casual desaparición del manuscrito original que le sugiere al
autor una analogía tonel texto del Popol-Vuh, el cual sufrió la
misma suerte.
Aunque es evidente la importancia del texto de M. J. Roberto,
resulta exagerado ubicarlo como el más importante de los textos,
"el mito mayor y de más larga vigencia en las culturas
indígenas de América".
Cuando, no obstante los ilustres antecedentes, apenas se
empiezan a conocer las literaturas indígenas y cada día salen a la
luz nuevos corpus, recopilados en forma sistemática y en las
propias lenguas vernáculas, sería absurdo buscar cuál de los textos
conocidos ocuparía un primer lugar.
Por otra parte, el autor parece ignorar que las tradiciones
orales de los pueblos indígenas están vivas, en estado de creación
permanente y expansión.
El propio mito de Yurupary y el complejo ritual que lo acompaña
están vigentes hoy, no obstante las muchas influencias
occidentales, y es susceptible de un conocimiento directo, tal como
lo demuestran los trabajos antropológicos recientes.
Es decir, que aunque el texto de 1980 pueda tener el valor
especial, particularmente por la época temprana en que fue
recogido, el mito muestra su más amplia y verdadera dimensión en el
contexto etnográfico y lingüistico que le es propio.
Es fácil imaginar lo que el texto puede perder en el excesivo
proceso de traducciones sucesivas, de la forma original TARIANA
(grupo de habla Arawak a la versión Nheengatu (Familia Tupi) y de
ésta al italiano y luego al castellano, lenguas del grupo latino,
sin olvidar que, presumiblemente, el compilador indígena y el
traductor italiano se comunicaron en lengua portuguesa. Así, el
texto final, aunque de una belleza literaria innegable, resulta
privado en gran medida de sus referencias ala realidad cultural y
lingüística de la que forma parte.
Para suplir esta carencia Orjuela aprovecha algunas de las notas
elaboradas por Pastor Restrepo Lince, autor de una traducción
inédita del mismo texto de Stradelli y que injustamente califica
así:
"La (traducción) de Pastor Restrepo Lince carece de un
estudio que le sirva de complemento y presenta en cambio un texto
anotado con eruditas notas de carácter filológico, botánico,
geográfico, etc., que a veces tienen excesiva extensión y que no
siempre cumplen a cabalidad su función de clarificar el
texto" (pág. E6).
El pretendido análisis literario de Orjuela comienza con la
aplicación de las categorías de Dundes -inspirado a su vez del
análisis de los cuentos de Hadas Rusos por V. Propp-, identificando
la estructura del mito como una sucesión de
"Motifemas":
"Prohibición-violación-consecuencia... ofensa-intento de
castigo-castigo... etc.," pero reconoce que la complejidad
del mito haría demasiado dispendioso este tipo de análisis.
En seguida el autor presenta algunos de los principios de
análisis de Levi-Strauss, pero advierte que no los acoge
totalmente. En efecto, limitado al procedimiento de la mitografía
tradicional, Orjuela se ocupa en señalar las semejanzas temáticas
entre distintas mitologías, pero se desentiende por completo de
explicar, como es esencial en la interpretación Levistraussiana, el
sistema de las diferencias. Análisis: Tipos de interpretación
Categorías duales.
De las diversas interpretaciones anteriores de Yurupary, como
mito agrícola períodico, ceremonial iniciativo, ceremonia
encaminada a pre servar del incesto al grupo, el autor retiene la
concepción de Yurupary como culto a los antepasados y rito secreto
masculino, cuya función es la de garantizar el poderío masculino en
la sociedad indígena.
Como culto a los antepasados Yurupary celebra la memoria del
héroe mítico, líder religioso y legislador. Aquí el autor magnifica
la personalidad del héroe para equipararlo con Quetzalcoatl, su
"homólogo más cercano". La Sierra de Tunahi, el
lugar de nacimiento de Yurupary, se compara con los grandes centros
ceremoniales de Centroamérica: "Todo indica que Tunahi en
otras épocas pudo haber sido un centro ceremonial de tanta
importancia en esta región, como lo fueron Tula o Teotihuacán en el
México antiguo".
El autor se extiende en señalar las analogías entre el mito de
Yurupary y el Popol-Vuh, más para demostrar su grandeza que para
explicar su significado.
La interpretación del rito de Yurupary como medio de asegurar el
poder masculino, lleva al autor a considerar que éste refleja
"un estado tran sicional de una sociedad de base
matriarcal a un sistema de predominio masculino", y aun a
aceptar la existencia de las amazonas, "seres míticos pero
revestidos de una realidad histórica que tiene muchos vicios de
verosimilitud".
En resumen el autor acoge, sin sentido crítico, las
interpretaciones que favorecen su intento de magnificar y darle una
dimensión continental e histórica al rito y al mito de
Yurupary.
No obstante las críticas anteriores la documentación recogida
por Orjuela, así contenga interpretaciones algo fantásticas, es
siempre interesante tanto para los especialistas como para el
público general que, a través de las escasas ediciones sobre
mitología indígena como la que nos ocupa, podrá descubrir el
fantástico universo de las literaturas amerindias.
FRANCISCO ORTIZ
RELATOS TRADICIONALES DE LA CULTURA
CÁTIA
Luis Fernando Vélez. Sría. de Desarrollo de la Comunidad,
Sección de Asuntos Indígenas. Medellín, 1982
Esta antología de relatos, presenta en un lenguaje accesible y
ameno gran parte de las narraciones de los indígenas Emberas o
Catíos publicadas a partir de 1920.
La mayoría de los textos provienen de las recopilaciones hechas
por los misioneros Severino de Santa Teresa, María de Betania y
Constancio Pinto. También se reeditan algunos de los textos
publicados por Henry Wassén, Milcíades Chávez, Gerardo Reichel,
Luis Guillermo Vasco y Fernando Urbina.
Ante la heterogeneidad de las fuentes, Vélez opta por la
unificación del estilo, eliminando giros y formas de expresión que
harían incomprensible o por lo menos dispendiosa la lectura al
lector corriente, desinteresado de los aspectos dialectológicos o
de la exactitud del dato etnográfico.
Menos legítimo parece el procedimiento de fundir en un solo
texto, para lograr una versión más rica y completa, varias
versiones originales. Esta clase de síntesis supone equivocadamente
que el mito es un relato de tipo argumenta], más completo en la
medida en que allegue más episodios y más detalles. Aquí falla el
sentido común, ya que lo característico del mito es la necesaria
relación y equilibrio entre sus partes, sea cual fuere el grado de
condensación o de expansión - con que se relata.
El uso del término catío, como denominación del grupo no parece
tampoco el más afortunado. El término más usual hoy día es
"Embera", reco nocido por los propios indígenas y
de una aplicación más general que el de catío, aplicado más bien al
sector antioqueño de la etnia.
No obstante, la recopilación de Vélez permite transportarse al
comienzo del mundo de los Embera, y vivir las aventuras del Dios
Caragabí y de Jino Poto, el hijo de la pantonilla de hábitos
sanguinarios. El libro introduce al lector a laespesura de la selva
chocoana, poblada de ogros y espíritus: Aribamias y Burumias,
Diablos, serpientes y fieras devoradoras de nombres. El trabajo de
Vélez es también una invitación a la lectura de las fuentes
originales, señalada cada una en su oportunidad, así como a
posteriores recopilaciones y estudios realizados con mayor rigor
como los trabajos de Luis Guillermo Vasco y Mauricio Pardo.
FRANCISCO ORTIZ.
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