Reseña de libros

MANUAL DE ARQUEOLOGIA COLOMBIANA

Lucía Rojas de Perdomo. Carlos Valencia Editores

El Manual de Arqueología Colombiana, editado por vez primera en 1980 y recientemente reeditado, podría haberse constituido en un texto valioso para los escolares del país hace unos treinta años. Desde entonces es mucho lo que se ha avanzado en la investigación arqueológica y en la conceptualización misma de la prehistoria. Inexplicablemente el libro, que por su título mismo expresa la pretensión de una globalidad, no registra la mayoría de estos avances.

Dejando de lado la excelente impresión que caracteriza a Carlos Valencia Editores, hay que reconocer que por no aportar nada nuevo, ni la estructura ni el contenido del Manual pueden prestarse a una crítica científica. Sin embargo, la concepción misma y muchas de las afirmaciones en él contendidas son tan profundamente equívocas que sería imposible pasarlas por alto.

Lo primero que salta a la vista es la ausencia de unidad en el tratamiento de los temas; esta unidad que normalmente resultaría de la aplicación del análisis del autor a todos los datos, se anuncia en la introducción como una "reelaboración personal" y luego aparece solo fugazmente en uno que otro párrafo.

El primer capítulo calca, casi al carbón, los bien conocidos planteamientos de G. ReichelDolmatoff; donde se habla sobre San Agustín se tiene la impresión de estar leyendo directamente a L. Duque Gómez y en todo caso se le lee textualmente en el capítulo sobre el área Quimbaya, pues allí la autora transcribió nueve páginas seguidas del texto de Duque sin reelaborar en absoluto los datos. Otros capítulos, como el relativo al Cauca, son meras transcripciones de datos sin análisis ni elaboración de ninguna clase.

Lo más grave, es sin embargo, que faltan tantas y tan importantes referencias en todos los capítulos que por ello se omite mencionar asuntos que constituyen para cualquier arqueólogo actualizado el pan de cada día. Cada área arqueológica se describe sin atender a su desarrollo interno; como un todo acabado que siempre hubiera existido tal y como lo encontraron los españoles en el Siglo XVI. Se omite mencionar la secuencia interna del área Calima y se describe una supuesta "Cultura Calima", cuando en realidad en esta región florecieron tres diferentes culturas. De la misma manera se desconocen las secuencias de San Agustín, Tierradentro, Nariño, Sinú, San Jorge y Tairona y se omite igualmente cualquier mención al período Herrera del altiplano cundiboyacense.

La doctora de Perdomo pasa por especialista en el área Muisca y habiendo elaborado su tesis de grado sobre dicho tema, cabría esperar que ese capítulo específico sobresaliese en el Manual. En realidad sobre los Muiscas la autora sí expresa algunas ideas novedosas y definitivamente de su propia cosecha; no obstante, éstas presentan nuevas dificultades. Sobre la ausencia de los monumentos de piedra y las grandes ciudades la autora opina:

"Es necesario tener en cuenta que, dada la mentalidad mercantil de estos aborígenes, sus energías se dirigían más hacia las actividades que no demandaran mayor esfuerzo físico y mental. Quizá su misma economía o sus principios filosóficos les hacían innecesarias tales producciones materiales".

Lo cual equivale simple y llanamente a afirmar que entre los Muiscas cundía la pereza tanto física como mental. Es difícil aceptar semejante explicación para una sociedad compleja y extensa que desarrolló más que cualquiera otra del territorio colombiano el intercambio, la especialización y la circulación de productos.

Aún más grave resulta el hecho de que la autora extrapole su explicación y arguya que estas mismas razones (pereza física y mental) son las que hoy ocasionan el "estancamiento" del "campesinado proletario" (sic). Son los escolares que consultan el Manual en busca de datos para sus tareas los que reciben directamente esta pobre visión de sus antepasados y de su sociedad.

Por otro lado, aun cuando es bien cierto que en muchos libros de arqueología falta un toque personal, que sería deseable, también es cierto que cuando se busca darlo se debe evitar, a toda costa, incursionar en la novela. La parte final del capítulo sobre el área Tairona se convierte en una narración de las aventuras de la autora en la Sierra Nevada, que resulta del todo fuera de lugar en un Manual de Arqueología y que además carea todo buen gusto.

Solo la ausencia de una educación crítica arqueología entre el público puede explicar relativa acogida que el Manual ha recibido. Por otro lado, el absoluto desconocimiento que entre los arqueólogos profesionales tiene el Manual (consúltese la lista de referencias bibliográficas de cualquier publicación de los últimos cinco años) también es elocuente.

ROBERTO LLERAS

 

EL CAMINO DE LOS INDIOS MUERTOS

Michel Perrin - Monte Avila Editores, Caracas, 1980 - 273 pp. Bibliografía e Indice de Nombres

Michel Perrin ha dedicado mucho de su tiempo de etnógrafo a la Guajira y vertido los conocimientos que le transmiten sus habitantes a libros y artículos que abarcan una vasta gama de latemática cultural. Precedida de un prólogo ilustrativo que culmina con unos breves apuntes etnográficos, para situar al lector en el contexto de la etnia, la obra que acá se comenta, Perrin la divide en dos partes: "Lo que cuentan los viejos", "Literatura oral guajira y análisis estructural" y "Una conclusión"; está complementada con una corta bibliografía y un índice de nombres. Su sugestivo título brotó espontáneamente -pensamos nosotros- de uno de los relatos: cuando el indio muere su alma ha atravesado el camino de los indios muertos... a Jepira por la Vía Láctea.

El tema del mundo que sigue a la muerte física del indio, el otro mundo, domina con una presencia alucinante en todos los relatos recogidos por el autor en lengua wayú, vertidos al francés (la edición original 1976, mereció premio de la Academia Francesa) y traducidos luego al español para la edición de Monte Avila Editores (1980) que sirvió de texto para esta reseña. Al más allá se viaja a través de los sueños, porque

Todo lo que ocurre en nuestros sueños
es lo que ocurre a nuestras almas...
El hombre que sueña que se muere
no despierta más
Su alma lo ha dejado para siempre

Leer estos relatos es sumergirse en el paisaje fantasmagórico de una Guajira casi real, poblada de seres míticos, contradictorios y volubles, a veces multifacéticos, dotados de poderes sobrenaturales, susceptibles de transformarse al instante: ahora humanos, luego animales, confundidos con las constelaciones, caritativos, vengativos y vengadores. Allá campea Juya que se confunde con la lluvia bienhechora, aunque con ella porte todas las enfermedades y deba ser detenido por el Arco

Iris para que las aguas no inunden la tierra; él es la vida, el padre, pero a su vez "no es nada sino los guajiros muertos hace muchos años"; defiende a los hombres, pero rapta a las muchachas y tiene muchos hijos... También habita Pulowi, encarnación de la esposa de Juya y al mismo tiempo su enemiga; Pulowis de tierra y de mar -porque su número parece incontable-, dueñas de la caza y de las joyas y piedras preciosas, de la riqueza que intercambian los clanes en los desposorios; dispensadoras de oportunidades a los cazadores, pero vehículos de muerte de los mismos; devoradoras de hombres, siempre dispuestas al acto amoroso que significará la muerte del amante ocasional... Está el Demiurgo Maleiwa, y están los yoluja, que son las sombras de los muertos sobre la tierra; y los wanülü; y está el rompimiento de valores y de tabúes; "no me sigas a la danza youna - le dice la esposa muerta al marido que la sigue en sueños, porque allá me harán cosas que no te gustará ver. Tiene su propio ethos, que no se deja contaminar con la presencia de los vivos.

Es un universo que retrata la dureza de la vida del guajiro, del wayú: el hambre que persigue y mata, la sequía, la discriminación por la riqueza, la violencia omnipresente, siempre la lucha incesante, inagotable.

Y usted lector: hasta aquí se puede imaginar e interpretar estos textos fascinantes, aunque no muy ricos. Porque cuando se adentre en la segunda parte, hallará el análisis estructuralista del autor para demostrarle que "la pareja formada por Juya y Pulowi y accesoriamente el personaje y la noción de wanülü parecen haber sido hechas para revelar un sistema de oposiciones fundamentales" (pág. 140).

La interpretación tiene la meticulosidad de la transcripción etnográfica. Se inicia con un análisis de la polisemia de los términos Juya, Pulowi, wanülú, para establecer a continuación diez oposiciones (hombre/ mujer, lo móvil/ lo fijo, lo único/lo mútliple, lo alto/lo bajo, lluvia/sequía, vida/ muerte, presa/ cazador, plantas cultivadas/silvestres, frío/caliente, claro/oscuro), oposiciones que se resuelven por la unión legítima JuyaPulowi: "Bajo este ángulo lo que estaba en oposición se vuelve más bien complementario"; y complementariedad, más que oposición, es lo que al lector (esto nos pasó a nosotros) golpea insistentemente.

Cuando el etnólogo se compromete con una tesis interpretativa se aferra a todos los detalles

que puedan conducir a su demostración; y busca en los más oscuros arrecifes para sacar a la luz esos elementos comprobatorios.

Se cae en el exceso que induce a verdaderos malabarismos para acomodar evidencias dudosas y casi contradictorias a la argumentación demostrativa. Pero por encima de ello, el libro está escrito con seriedad y con amor por la Guajira, el guajiro y lo guajiro.

ROBERTO PINEDA GIRALDO

 

ARQUEOLOGIA DE RESCATE - EL CERREJON, ZONA NORTE Y ZONA CENTRAL

Gerardo Ardila Calderón -EPAM Ltda. 1983-1984.

Los trabajos de salvamento arqueológico adelantados por Ardila en la zona de explotación carbonífera de El Cerrejón, en la Guajira, a lo largo de varias temporadas, se encuentran en tres volúmenes, de los cuales reseñamos aquí el segundo y tercero por ser éstos los únicos que han sido publicados. La muy escasa difusión que estos trabajos han tenido se ha debido exclusivamente a lo restringido de los tirajes; ni las empresas carboníferas, que financiaron el trabajo, ni el Instituto Colombiano de Antropología, que actúo como contraparte oficial en el contrato de salvamento, se han preocupado por dar a conocer estos resultados. El tercer libro, que contiene un resumen de toda la labor de salvamento, no ha sido publicado en un tiraje mayor de veinticinco ejemplares, y aún así ni siquiera la mitad de ellos ha circulado entre los arqueólogos.

No obstante, los resultados del Proyecto de Salvamento revisten la mayor importancia para el cuadro arqueológico local del Ranchería y regional de la Costa Atlántica colombiana y venezolana. Antes de la iniciación de la explotación del carbón, se había realizado solamente una temporada de trabajo de terreno en el Ranchería medio por parte de los esposos Reichel Dolmatoff y que fue publicada en 195L La secuencia de horizontes de cerámica pintada propuesta a raíz de estas investigaciones, se constituyó en base fundamental de la cronología de gran parte del área circuncaribe y de las llanuras de los bajos ríos Magdalena y Cauca, así como de la Sierra Nevada de Santa Marta. Infortunadamente, por la época en que se llevó a cabo la investigación los fechamientos por radiocarbono apenas comenzaban a desarrollarse y no fue posible establecer fechas absolutas. El primer gran aporte de Ardila está constituido, precisamente, por un cuerpo de nueve fechas de radiocarbono que corroboran en buena parte la cronología tentativa sugerida por Reichel y que, además, clarifican la posición cronológica del problemático Complejo Cocos.

El trabajo de Ardila se centró en la exploración intensiva de las áreas de impacto, lo cual le permitió registrar un buen número de yacimientos arqueológicos, esencialmente sitios de habitación y cementerios, en varios de los cuales se practicaron cortes estratigráficos tendientes a ubicar la posición cronoestratigráfica de los complejos cerámicos y a determinar la densidad de las diversas ocupaciones del valle medio del río Ranchería. En general, los resultados del análisis del material cerámico confirman, igualmente, las apreciaciones de Reichel. Con muy buen sentido, Ardila homologó sus categorías a los tipos anteriormente establecidos, evitando así la confusión que genera la formulación de múltiples tipos cerámicos.

Otro significativo aporte lo constituye el establecimiento de la tipología de enterramientos para cada uno de los períodos de la prehistoria del Ranchería, lograda en buena parte en el potrero El Río de la Finca El Palmar, un cementerio utilizado durante diecisiete siglos. Es igualmente importante el registro de pictografías en Cerro Alto, puesto que este tipo de vestigios se desconocían anteriormente para el área y el registro de zonas con tierras negras ("terras pretas") asociadas a vestigios arqueológicos, en lo que constituiría un caso similar a aquellos reportados para el área del Amazonas.

A nivel interpretativo se logra un gran avance en la integración de los datos regionales; el primer paso lo constituye la identificación del Complejo Cocos como un elemento del Segundo Horizonte Pintado, del cual hace parte también el Complejo Portacelli, y no como un período de transición entre los dos horizontes; en seguida se traza el cuadro de las relaciones de los horizontes con las Series Tocuyanoide, Tierroide, Dabajuaroide y Ocumaroide de Venezuela, así como con algunos complejos cerámicos de Panamá y del valle medio del Magdalena. Con respecto a estas comparaciones habría que anotar que sería deseable un mayor nivel de profundidad en el tratamiento de la información, que de otra manera queda un poco suelta, ya que no aparecen los elementos que permitan al lector juzgar sobre la validez de los paralelos establecidos. En relación con la cerámica panameña, por ejemplo, habría que sugerir una revisión de las similitudes establecidas, ya que los complejos que personalmente he podido trabajar en el sitio de El Caño (Cocle) no se parecen en nada a los del río Ranchería.

Es lamentable que uno de los mejores logros de la investigación de Ardila y que él mismo nos ha comunicado a través de varias charlas y conferencias, no aparezca tratado a profundidad en los libros reseñados; me refiero a la identificación del Segundo Horizonte Pintado del Ranchería con el Complejo Rancho Peludo de Venezuela, con todas las implicaciones que ello trae y que junto con el establecimiento de la cronología absoluta, abre muy interesantes perspectivas para la investigación del origen de la ocupación chibcha de los Andes Orientales colombianos y venezolanos.

En conjunto se trata de excelentes y muy valiosos aportes a la arqueología del norte de Suramérica, que de seguro la comunidad arqueo lógica quisiera ver publicados en número suficiente y desprovistos de la rigidez de la estructura de informe técnico que caracteriza su actual presentación.

ROBERTO LLERAS

 

ARQUEOLOGIA DE SAN AGUSTIN - EL ESTRECHO, EL PARADOR Y MESITA C

Julio César Cubillos. Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales, 1980.

Desde cuando Luis Duque Gómez y Julio César Cubillos adelantaron, en los primeros años de la década de los setentas, varias temporadas de trabajo en el área de San Agustín, ha existido un enorme interés por conocer los resultados de estas ` investigaciones que hoy, gracias a los oficios de la Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales del Banco de la República, se han venido publicando gradualmente.

Ya en 1966 Duque había reunido en un extenso volumen los resultados de las exploraciones que desde 1942 venía adelantando y que permitían tener una visión de conjunto más clara del área. Por otro lado, las exploraciones de Gerardo Reichel Dolmatoff habían suscitado una controversia sana que partía de diferencias radicales en la interpretación de la periodización del área. San Agustín continuaba siendo un enigma, pero esta vez a otro nivel; un nivel de mayor información y de discusión de problemas arqueológicos concretos. El retorno de Duque y Cubillos al área se esperaba que viniera a profundizar y tal vez a resolver algunos de estos asuntos.

El trabajo de Cubillos, aquí reseñado, comprende solamente una parte de la publicación de resultados de esas temporadas. En él se reúnen los resultados de excavaciones adelantadas en tres sitios, dos de los cuales fueron lotes para la construcción de complejos turísticos, por lo cual se debe entender que el carácter primordial de estas excavaciones es el de salvamento. No obstante, los sitios excavados presentaron todos un volumen muy aceptable de información.

Es evidente que el trabajo realizado por CubiIlos en terreno fue de gran magnitud (en uno solo de los sitios se hicieron cerca de tres mil sondeos, en conjunto se abrieron ochenta y dos tumbas y diez trincheras, más algunos pozos adicionales). Los resultados permitieron a Cubillos un aporte significativo a la cronología absoluta de San Agustín representado en cinco nuevas fechas (una de las cuales lamentablemente se le escapó al autor en la elaboración del cuadro de la página 55 apareciendo después refundida en otra descripción). Aparte de esto, las conclusiones resultan un tanto pobres: se confirma la práctica de adecuar las laderas mediante el aterrazamiento; se confirma la existencia de textiles tejidos en telar durante el así llamado, Formativo Superior; se confirma la existencia de formas de enterramiento ya conocidas con anterioridad y se confirma la práctica de inhumar estatuas.

Según el mismo autor, la más importante conclusión se refiere a la "... continuidad de la cultura, por lo menos a lo largo de siete siglos: del Siglo I antes de Cristo al Siglo VII después de Cristo..." (nótese que entre estas fechas hay ocho y no siete siglos). La afirmación, sin embargo, no se sustenta suficientemente y queda flotando en el aire, más como una convicción personal del autor que como una conclusión rigurosa del estudio. Habría sido importante que este planteamiento, que contradice tajantemente los de Reichel, hubiera sido discutido más a fondo. Al no hacerlo Cubillos frustra una de las mayores expectativas formadas alrededor de este trabajo.

En el aspecto metodológico habría que anotar que las excavaciones estratigráficas y aun las de tumbas, no parecen ser tan cuidadosas como se desearía. Tal vez esta impresión se deba a una desafortunada elección de las fotografías exclusivamente y no habiendo presenciado personalmente el trabajo, no podríamos afirmar nada definitivo. Lo cierto es que en las fotos se observan trabajadores laborando únicamente con herramientas grandes (palas, barretones), los perfiles y plantas aparecen irregulares y las referencias aparecen borrosas. En contraste, los planos de los sitios y los dibujos del material lítico y cerámico son de gran calidad.

Intencionalmente hemos dejado la discusión de la tipología cerámica para la parte final de esta reseña, por ser la que mayores dificultades presenta. El mismo autor expresa su intención de ajustarse a la tipología ya establecida por Duque y afirma que ello le fue imposible debido a la escasez de fragmentos decorados. El resultado es la formulación y descripción de otra nueva serie de tipos que ocupa algo más de la mitad del libro. No parece concebible que problemas de este tipo estén llevando continuamente a crear nuevos tipos cuando existe el criterio de pasta que se puede siempre aplicar en estos casos. Actitudes como esta han convertido el panorama de la cerámica arqueológica de San Agustín en el caos que hoy es (hasta 1983 se habían establecido ciento dieciocho tipos cerámicos, algunos aparecen con distintos nombres en diferentes publicaciones, las descripciones no sirven para establecer correspondencias). En el libro de Cubillos este problema es más agudo que en cualquier otro; hay tipos formulados sobre frecuencias de E8, 6 y hasta 4 fragmen-tos, no se intenta siquiera sugerir correlaciones con las anteriores tipologías y los tipos se nombran por su color en la tabla Munsell (algo totalmente insólito en publicaciones arqueológicas). Es indudable que un tratamiento diferente del análisis cerámico le hubiera conferido al libro un carácter mucho más valioso.

ROBERTO LLERAS

 

ASENTAMIENTOS PREHISPANICOS DE QUINCHANA, SAN AGUSTIN

Héctor Llanos Vargas y Anabella Durán de Gómez. FINARCO, 1983

Este libro describe un proyecto de investigación de campo llevado a cabo durante varios meses a finales de 1981 y principios de 1982 en la vereda El Alto de Quinchana, municipio de San Agustín, Huila. La investigación toma, como punto de partida, el hecho de que "las pautas de asentamiento [son] las respuestas históricas de los habitantes prehispánicos, a los determinantes topográficos, climáticos y biológicos" (pág. 11). En este sentido, los autores analizan las pautas de asentamiento en una escala que abarca una área de 1 ó 2 km2, mediante una prospección y la utilización de fotografías aéreas como mapas, lo que les permitió la identificación de varias terrazas que parecieron de habitación de unas áreas de eras de cultivo. Luego una excavación de sondeos muy pequeños en las terrazas localizadas en la prospección, demostró la presencia de materiales culturales y confirmó que sí se trataba de terrazas de viviendas.

Con base en la prospección, tres de las terrazas y una zona de eras de cultivo fueron seleccionadas para investigación detallada mediante excavaciones más amplias. Dichas excavaciones aportaron no sólo muestras más grandes de artefactos sino también otras huellas de la vida de los habitantes prehispánicos de las terrazas, tales como los huecos de los postes de sus casas, fogones, áreas de tierra quemada y entierros. Este tipo de evidencia se refiere a lo que los autores llaman un "nivel metodológico... más particular que permite el conocimiento de aspectos relacionados con la vivienda, la cerámica, los instrumentos líticos, las eras de cultivo, la preparación de alimentos y las costumbres funerarias, en las coordenadas espacial y temporal" (pág. 11). Podríamos incluir este nivel más particular dentro del concepto de pautas de asentamiento también, porque toca al uso del espacio y la distribución resultante de los restos arqueológicos. La única diferencia es que en este nivel, el estudio se lleva a cabo en una escala más minuciosa.

Desde el principio, el lector se da cuenta de que Llanos y Durán no consideran la descripción de los restos arqueológicos como su objetivo final, sino que tienen el interés más ambicioso de la reconstrucción de las pautas de actividades y de las sociedades responsables de estos restos. Así, buscan situar los materiales arqueológicos en su propio contexto social, entendiendo mejor, al mismo tiempo, estos materiales y las sociedades que los produjeron. La metodología que se ha escogido combina elementos tradicionales con otros tipos de investigación que no se han aplicado antes a la zona de San Agustín. De esta manera, los autores pueden relacionar su trabajo claramente con lo que se ha realizado anteriormente en San Agustín, así como adoptar nuevas perspectivas al estudio de la región.

Para evaluar el éxito que los autores han tenido en el cumplimiento de sus objetivos, conviene empezar con el nivel más particular, es decir el estudio de pautas en una escala mas pequeña.

En esta escala, las excavaciones de las terrazas recuperaron exactamente los datos mas relevantes para la reconstrucción de las pautas de actividades en el nivel de la familia. Con base en ecos de los postes, los autores sugieren que la terraza excavada casi en su totalidad tenía varias estructuras redondas muy pequeñas (3 m. o menos de diámetro). La cantidad de huecos de postes y la imposibilidad de trazar planos de estructuras incluyéndolos a todos, sugiere una ocupación larga con una secuencia de varias etapas de construcción que incluyó el reemplazo continuo de viejas estructuras por nuevas. Esta situación hace imposible la reconstrucción detallada del uso del espacio de la terraza por sus habitantes prehispánicos, pero documenta una pauta de viviendas pequeñas con fogones y con varias áreas exteriores usadas para las actividades diarias de lo que parece ser una sola familia.

No se intentó ningún análisis de la distribución espacial, ni de la cerámica ni del material lítico recuperado de la terraza casi totalmente excavada. Este tipo de análisis puede ayudar mucho en la reconstrucción del uso del espacio a esta escala muy pequeña, pero es muy probable que la situación de uso durante un tiempo algo prolongado habría impedido el reconocimiento de patrones muy claros. El curso más indicado para salir de estas dificultades sería excavar otra docena o dos de las terrazas, también en su totalidad. Con los resultados de tales excavaciones uno podría comparar toda una serie de terrazas y se podría esperar encontrar algunas que no presentaran patrones tan complejos y de secuencias tan largas de ocupación. A partir del entendimiento ganado de las terrazas más sencillas en ocupaciones cortas, uno podría llegar a una interpretación más clara de las evidencias presentadas por las terrazas más complejas.

En la escala más grande, la que toca a la distribución de los restos en una área de 1 ó 2 Km. 2, Llanos y Durán llegan a algunas conclusiones sobre la distribución de las terrazas habitacionales. Estas incluyen una tendencia de ubicarse "en las cimas de lomas" y "en sitios próximos a nacimientos de agua" (Pág. 102). También notan que las terrazas se concentran en pequeñas agrupaciones que sugieren comunidades. A este punto el lector quiere un estudio mucho más detallado de la estructura y organización de estas pequeñas comunidades. Sin embargo, tal estudio exigiría la excavación de más terrazas, y el tiempo y los recursos de que Llanos y Durán disponían no permitieron tanto trabajo. Con la excavación de otra docena o dos de las terrazas, Llanos y Durán habrían podido hacer comparaciones entre las estructuras de las múltiples terrazas en cuanto á su tamaño, planta, tipo de construcción, etc. También, de acuerdo con la discusión del párrafo anterior, habrían podido reconstruir en más detalle el uso del espacio en las varias terrazas y compararlas en este punto.

Además, los artefactos y restos de alimentos de las distintas terrazas habrían facilitado comparaciones diseñadas para iluminar las posibles diferencias de actividades o status entre las numerosas familias de la comunidad (por ejemplo, concentraciones de waste flakes o debitage como indicación de la fabricación de implementos líticos como artesanía especializada, o diferencias entre terrazas en la calidad o elaboración de cerámica como indicación de diferencias de riqueza o status). En relación con este último punto, cabe mencionar la importancia de cuadros como los de las páginas 88 y 91, porque nos permiten comparar rios de artefactos de las distintas terrazas y comparar las terrazas excavadas por Llanos y Durán con las que tal vez serán excavada; en el futuro Habría sido útil en este sentido incluir también un cuadro indicando las cantidades de las distintas formas de vasija en cada terraza.

A partir de este nivel o escala de estudio, se puede mencionar que los objetivos que Llanos Durán plantean, también implican investigación análisis en una escala todavía más grande -el nivel de la región completa, incluyendo finalmente, tal vez, varios cientos de kilometros cuadrados. Es la importancia del cambio en las pautas de asentamiento como un indicador del cambio social, económico, político, o religioso lo que llama más fuertemente la atención en esta escala más grande. Llanos y Durán lo expresan así:

Se prefiere hablar de pautas de asentamiento como una unidad teórica que tiene connotaciones más dinámicas y complejas, que en términos generales significan las respuestas dadas por un grupo social humano a las características o determinantes del medio ambiente natural, en un proceso histórico. Las pautas de asentamiento son cambiantes y tienen peculiaridades en los desarrollas regionales, que a su vez están inscritos en un proceso histórico más amplio. (pág. 24).

Sin embargo, Llanos y Durán no pudieron realizar su intento de tratar las pautas de asentamiento en su importante aspecto histórico, en la medida en que su área de estudio en la vereda El Alto de Quinchana sólo fue ocupada durante un período relativamente corto. (Las dos fechas de radiocarbón pertenecen a los Siglos VII y XI d. de C. [pág. 96], y, aunque el estudio de la cerámica indica cierta variabilidad, no les fue posible distinguir una serie de fases). Para poder realizar las posibilidades más amplias del análisis de pautas de asentamiento se necesita el gran panorama de una área de estudio mucho más grande que incluya las ocupaciones de toda la secuencia cronológica. Sólo así se logra la comparación durante varios períodos de la distribución de la población dentro de su región. Y es en esta escala en donde las pautas de asentamiento reflejan en forma más clara el curso de desarrollo de una sociedad.

Esta investigación, entonces, de pautas de asentamiento en la vereda El Alto de Quinchana, representa una contribución importante al creciente conocimiento de las sociedades prehispánicas de la región de San Agustín. La Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales del Banco de la República, como siempre, ha divulgado los resultados muy puntualmente y en forma muy útil (a pesar de que el mapa en la página 27 se reprodujo a una escala demasiado reducida). Los autores plantean, desde el principio, metas muy ambiciosas. Logran realizar por lo menos algunos de sus objetivos. No pueden realizar todos, principalmente debido a las limitaciones de tiempo y recursos.

Sin embargo, no se debe esperar de un sólo proyecto, de unos cuantos meses en el campo, las respuestas a todas las preguntas que tenemos sobre una secuencia tan importante y compleja como la de San Agustín. No obstante, y precisamente por eso, cada proyecto de investigación arqueológico tiene que concebirse como una contribución a un cuerpo creciente de conocimiento más amplio de una región y de una secuencia de cambio social, para que sus resultados se relacionen en forma complementaria con los de otros proyectos ya realizados o por realizar. En este aspecto me habría gustado ver en este libro aún más atención en las cuestiones teóricas mayores que pueden contribuir al conocimiento del proceso de desarrollo de las sociedades de San Agustín: cuestiones que tienen que ver con la variabilidad de la organización social o económica en los "cacicazgos", los factores principales en el estímulo al desarrollo de las sociedades complejas, las condiciones importantes que controlan su curso de desarrollo, etc. Una discusión de estos asuntos habría dado más peso y más contexto a las conclusiones del volumen. Pero con estos pensamientos estoy corriendo el riesgo de describir el libro que yo habría escrito y no el libro que Llanos y Durán escribieron. Y Llanos y Durán nos han dado un libro que, por la valiosa contribución que aporta al estudio de las sociedades de la región de San Agustín, merece la atención de cualquier persona que tenga interés en estas sociedades.

ROBERTO DRENNAN

 

INVESTIGACIÓN ARQUEOLÓGICA EN EL MAGDALENA MEDIO, SITIOS COLORADOS Y MAYACA

Carlos Castaño y Carmen Lucía Dávila. FINARCO, 1984

Hace tiempo que los arqueólogos colombianos no retomaban el tema de la "invasión o migración Karib". Castaño y Dávila reviven esa pro puesta en su interesante estudio arqueológico del Magdalena Medio. Los aportes de este trabajo desde el punto de vista arqueológico son indudables, dándose así un paso firme en el conocimiento prehispánico de esta región. Los autores excavaron diferentes tipos de yacimientos en un asentamiento: basureros, un recinto de habitación, tumbas y talleres de líticos. Esto les permitió obtener una definición funcional del espacio y actividades desempeñadas en un asentamiento.

La descripción, los resultados y el análisis de la investigación son expuestos en forma clara y concisa. Se podría decir que se compone dicho trabajo de dos partes: la primera es la investigación arqueológica en sí y la segunda es la interpretación y contextualización de los resultados de las excavaciones. Los autores retoman el modelo de historia y ecología cultural expuesto por Donald Lathrap en su libro The Upper Amazon (1970), siendo este bastante polémico (Vr: Curtenius, R. Anna. Parmana: preshitoric maize and manioc subsistence along the Amazon and Orinoco).

Los capítulos de la primera parte describen la región, la prospección, la selección de los sitios arqueológicos Colorados y Mayaca y, por último, la descripción de los yacimientos y su excavación, logrando así definir el "Complejo Cerámico Colorados" y ,proponer la existencia de un "Horizonte Valle Medio" para el Magdalena Medio.

El contenido de cada capítulo fue cuidadosamente elaborado. Sin embargo nos quedan algunas dudas: la metodología empleada por los autores en la prospección se desconocen. Los autores mencionan la existencia de dos tipos de sitios, pero las excavaciones se limitaron a solo uno de estos (Colorados y Mayaca). En cuanto a los trabajos de excavación del sitio Colorados, calificado por los autores como un "asentamiento prehispánico bastante grande, denso y complejo" (pág. 19), no queda claro si esa definición del sitio corresponde al número de fragmentos de cerámica por área, número de yacimientos habitacionales u otro criterio arqueológico.

En el sitio Colorados, Castaño-Dávila excavaron una probable "sementera", dos basureros y dos montículos naturales que contenían cada uno seis tumbas, logrando excavar siete de ellas. En las tumbas encontraron abundante material cerámico. principalmente urnas de entierro secundario. En una de las tumbas alcanzaron a obtener una fecha de C 14 asociada a este complejo funerario. La fecha correspondió al Siglo XII (1160 ± 60 d. de C.). En el sitio de Colorados, los arqueólogos hicieron varios sondeos en una plataforma de vivienda, sin obtener mayores resultados debido a la perturbación natural de ésta. Uno de los yacimientos más interesantes localizados en Colora-dos consiste en dos talleres de líticos.

En el segundo sitio llamado Mayaca, excavaron tres yacimientos, siendo el primero una zona de habitación post-conquista, el segundo un mon tículo de rocas cuya función y temporalidad se desconoce. El último yacimiento es el más interesante, puesto que se trata de una vivienda oval con una longitud máxima de 12 metros y 6 metros de ancho. Para efectos de su excavación, los autores trabajaron 60 m2, logrando detectar numerosas huellas de postes. Dadas sus características, se trata de una maloca oval, que pudo albergar entre diez y quince personas.

Los autores concluyen que Mayaca y Colorados fueron ocupados por un mismo grupo durante un mismo período. Siguiendo la pro puesta de Robert Dunnell en cuanto a la taxonomía paradigmática, definen el "Complejo Cerámico Colorados". Posteriormente Castaño-Dávila se centran en la contextualización del "Complejo Colorados" dentro del panorama del valle del Magdalena. A partir de las similitudes estilísticas de las urnas funerarias, proponen la existencia del "Horizonte Cerámico del Magdalena Medio".

Este planteamiento excluye el complejo cerámico conocido como Tamalameque.

La segunda parte del trabajo consiste en la vinculación del Magdalena Medio, dentro del planteamiento teórico propuesto por Lathrap, para la selva tropical y especialmente en lo referente a la migración Karib. Así, al estudiar Castaño-Dávila los rasgos típicos del "Horizonte Valle del Magdalena" primordialmente las formas sedantes, concluyen que probablemente estén relacionados con la expansión Karib. Esta explicación no deja de ser difusionista, ya que se interpreta como una migración originada por una expansión demográfica. Los Karib seguían las cuencas de los ríos ante la presión demográfica de un grupo sobre otro causado por el límite del potencial ecológico (Vr: págs. 101, 114-115). A pesar de la aceptación y aplicación del modelo de Lathrap, Castaño-Dávila reconocen diferencias en el patrón agrícola entre la selva tropical y el Magdalena Medio. Al respecto agregan que los grupos del Magdalena no se componían de grandes conglomerados humanos. Esto entra en contradicción con el modelo utilizado, puesto que la riqueza de los suelos del Magdalena, más la baja densidad de habitantes descrita en las crónicas, no son motivo de migración.

Los autores terminan la obra con el capítulo intitulado "Configuración cultural y procesos evolutivos"; infortunadamente no mencionan los procesos evolutivos si entendemos la evolución cultural como cambios o alteraciones significativas en la estructura de la organización sociopolítica o en la producción. Los autores limitan sus explicaciones a la expansión de un "estilo cerámico", supuestamente relacionado con lo Karib. Sin embargo, si consideramos la capacidad intrínseca de transformación cultural, que seguramente generarían nuevas formas diferentes a la original, entonces, ¿qué es lo Karib? Es como si tratáramos de explicar los procesos históricos de los Tairona y los Muisca de idéntica forma por el hecho de pertenecer a la lengua "Macro-Chibcha". En el caso del Valle del Magdalena Medio faltan las secuencias temporales locales que permitan estudiar los procesos de cambio.

El trabajo de Castaño-Dávila es un paso significativo e importante hacia la comprensión de esa región; sus propuestas son básicas para el desarrollo de posteriores investigaciones y deben ser sometidas a la constatación científica en el futuro.

AUGUSTO OYUELA CAYCEDO

 

LA MUSICA DE LOS GUAHIBO: SIKUANI, CUIBA

Benjamín Yépez, FINARCO

La música es un elemento omnipresente en la vida de los grupos de la familia Guahibo. Hoy día la tradición musical está siendo sustituida por los himnos evangélicos, de melodías anglosajonas o mexicanoides, y de letra incomprensible, tanto en español como en lengua aborigen, por la mayoría de los intérpretes. Por eso es nora de que estudiosos como Yépez den a conocer al mundo exterior semejante riqueza cultural y estética, al tiempo que valorizan la tradición para el propio beneficio y concientización del indio. La inteligente presentación permite ofrecer un cassette de música sikuani y cuiba junto con un material gráfico relativamente extenso, el cual, además de suministrar información sobre mitología, calendario y los propios textos de los cantos, comprende ilustraciones fotográficas de instrumentos y danzas.

FRANCISCO QUEIXALOS

 

LA ESCRITURA CONTRA LA TRADICION ORAL, EVALUACION DE LOS TRABAJOS "LINGÜISTICOS Y ANTROPOLOGICOS"

DEL INSTITUTO LINGUISTICO DE VERANO ENTRE LOS CUIBA DE CASANARE

Francisco Ortiz Gómez. Informe presentado a la División de Asuntos Indígenas del Ministerio de Gobierno. Bogotá, 1983

El Summer Institute of Linguistics (SIL, Instituto Lingüístico de Verano), organización norteamericana implantada en muchos países de Latinoamérica, viene desarrollando estudios en lenguas indígenas de Colombia desde hace más de veinte años. La organización ha sido objeto de varias campañas de opinión en este país, las cuales años atrás estuvieron a punto de desembocar en la cancelación de su contrato con el gobierno colombiano. Se le ha acusado de: destruir las culturas aborígenes transformando la ideología (evangelización) y la economía (sedentarización, concentración), así como agudizando los conflictos con los demás grupos humanos (colonos católicos e indios no evangelizados por el SIL); ejercer un control de cariz estratégica sobre los asentamientos indígenas y consiguientemente sobre remotos territorios del país; hacer acopio de información r sobre la subversión en regiones poco controladas por el Estado, con destino a las agencias militares y de inteligencia de los Estados Unidos; efectuar prospecciones sobre recursos naturales, particularmente geológicos, sin consideración por el beneficio que ello pueda suponer para la nación; gozar de una autonomía de acción en territorio colombiano inaudita para cualquier entidad extranjera en cualquier país soberano. Muy poco de todo ello se ha comprobado, a excepción de la destrucción de culturas, que varios trabajos antropológicos han demostrado definitivamente. Una evaluación de los trabajos lingüísticos del SIL es importante porque: 1) la lingüística ha sido su tarjeta de presentación en los países donde opera; 2) en las campañas de opinión mencionadas, el enjuiciamiento del valor científico de las publicaciones lingüísticas del SIL ha quedado por fuera de las críticas que se han formulado a la organización, sencillamente por falta de dedicación, por parte de los especialistas, a esa labor de evaluación. La afortunada iniciativa de la División de Asuntos Indígenas del gobierno colombiano, cuyo primer fruto es el trabajo de Ortiz Gómez, está colmando esta carencia. El informe pone de relieve varios rasgos que caracterizan la cientificidad y la ideología de los materiales producidos por el SIL para el grupo cuiba. Así, el estudio de los sonidos del cuiba no va más allá de lo que es indispensable para la elaboración de un alfabeto; a éste, sin embargo, se le incorporan muchos rasgos de ortografía española, totalmente arbitrarios para la lengua cuiba, la cual resulta manifestándose en la escritura en forma altamente distorsionada. La gramática, al tiempo que sufre de una presentación esotérica, por la acumulación de símbolos y fórmulas "tagmémicas", impone a la lengua categorías foráneas, como la del tiempo verbal, más propia del inglés que del cuiba. En el trabajo sobre estructura del discurso, se manejan como datos genuinos cuiba elementos culturales introducidos entre los cuiba por los propios lingüistas-misioneros, como los llamados "cantos elaborados escritos", que no son más que los himnos evangélicos. Los materiales de lectura destinados a los cuiba son en su gran mayoría de temática ajena a la sociedad cuiba. Los materiales que sí tratan de las características propias de la sociedad cuiba no van dirigidos a los indígenas sino al público exterior. La literatura más abundante y mejor presentada la constituye la traducción del Nuevo Testamento. En síntesis, el trabajo lingüístico del Summer Institute of Linguistics resulta en un menoscabo de la noción de quehacer científico, lo cual es perfectamente lógico para una organización cuya verdadera vocación no es el enriquecimiento de nuestros conocimientos sino la propaganda ideológica.

FRANCISCO QUEIXALOS

 

"YURUPARY: MITO, LEYENDA EPOPEYA DEL VAUPES"

Con la traducción de la "Leggenda del Yurupary" del Conde Ermanno Stradelli, por Susana N. Salessi. Héctor Orjuela. Instituto Caro y Cuervo, Bogotá, 1983

Después de cuarenta años de fundado, este libro es el primero publicado por el Instituto Caro y Cuervo, dedicado a un tema de literatura indígena. Se trata de la traducción castellana del mito de Yurupary publicada en italiano por Stradelli en 1890 y traducida a su vez del manuscrito Nheengatu redactado por el indígena Tariano Maximiano José Roberto.

Aunque anuncia un análisis "literario" del texto para señalar su lugar trascendental en la literatura amerindia, Orjuela se limita a reproducir los análisis y comentarios de otros autores, que paradójicamente se apresuran a descalificar ya que no obstante haber producido una copiosa bibliografía, ésta "es de carácter misceláneo y en buena medida está formada por estudios antropológicos cuya utilidad, en algunos casos, es bastante limitada".

"El tema -dice Orjuela-- no ha sido tratado en ninguna parte desde un punto de vista literario ya que casi todos los investigadores que se han ocupado de Yurupary son antropólogos, mitógrafos, folcloristas, sociólogos o etnólogos, pero no críticos literarios".

Después de una breve presentación del ámbito geográfico y cultural del Yurupary (cap. 1) el autor presenta las distintas interpretaciones a que han dado lugar el personaje (cap. II) y los ritos (cap. III), retomando principalmente las informaciones de Wallace, Koch-Grunberg, Barbosa Rodriguez, Goldman, Reichel y, de manera especial, Hugh-Jones, autor de un estudio monográfico sobre este ritual entre los Barasana.

En el siguiente capítulo (IV), Orjuela transcribe algunas versiones del mito de Yurupary registradas entre los distintos grupos de las familias Arawak y Tucano, especialmente las recopiladas por J. Barbosa Rodríguez. Este capítulo, así como el texto de la traducción de S. Salessi, constituyen el mejor aporte de la publicación, no, así la anunciada parte analítica en la que el autor parece más bien preocupado por demostrar la grandeza literaria del texto que por entenderlo.

Esta grandeza, residiría en la extensión y complejidad del texto, en servir de base a una religión generalizada en una vasta área, en las influencias de las altas culturas que manifiesta, en las calidades personales del escritor y del recolector y hasta en la casual desaparición del manuscrito original que le sugiere al autor una analogía tonel texto del Popol-Vuh, el cual sufrió la misma suerte.

Aunque es evidente la importancia del texto de M. J. Roberto, resulta exagerado ubicarlo como el más importante de los textos, "el mito mayor y de más larga vigencia en las culturas indígenas de América".

Cuando, no obstante los ilustres antecedentes, apenas se empiezan a conocer las literaturas indígenas y cada día salen a la luz nuevos corpus, recopilados en forma sistemática y en las propias lenguas vernáculas, sería absurdo buscar cuál de los textos conocidos ocuparía un primer lugar.

Por otra parte, el autor parece ignorar que las tradiciones orales de los pueblos indígenas están vivas, en estado de creación permanente y expansión.

El propio mito de Yurupary y el complejo ritual que lo acompaña están vigentes hoy, no obstante las muchas influencias occidentales, y es susceptible de un conocimiento directo, tal como lo demuestran los trabajos antropológicos recientes.

Es decir, que aunque el texto de 1980 pueda tener el valor especial, particularmente por la época temprana en que fue recogido, el mito muestra su más amplia y verdadera dimensión en el contexto etnográfico y lingüistico que le es propio.

Es fácil imaginar lo que el texto puede perder en el excesivo proceso de traducciones sucesivas, de la forma original TARIANA (grupo de habla Arawak a la versión Nheengatu (Familia Tupi) y de ésta al italiano y luego al castellano, lenguas del grupo latino, sin olvidar que, presumiblemente, el compilador indígena y el traductor italiano se comunicaron en lengua portuguesa. Así, el texto final, aunque de una belleza literaria innegable, resulta privado en gran medida de sus referencias ala realidad cultural y lingüística de la que forma parte.

Para suplir esta carencia Orjuela aprovecha algunas de las notas elaboradas por Pastor Restrepo Lince, autor de una traducción inédita del mismo texto de Stradelli y que injustamente califica así:

"La (traducción) de Pastor Restrepo Lince carece de un estudio que le sirva de complemento y presenta en cambio un texto anotado con eruditas notas de carácter filológico, botánico, geográfico, etc., que a veces tienen excesiva extensión y que no siempre cumplen a cabalidad su función de clarificar el texto" (pág. E6).

El pretendido análisis literario de Orjuela comienza con la aplicación de las categorías de Dundes -inspirado a su vez del análisis de los cuentos de Hadas Rusos por V. Propp-, identificando la estructura del mito como una sucesión de "Motifemas": "Prohibición-violación-consecuencia... ofensa-intento de castigo-castigo... etc.," pero reconoce que la complejidad del mito haría demasiado dispendioso este tipo de análisis.

En seguida el autor presenta algunos de los principios de análisis de Levi-Strauss, pero advierte que no los acoge totalmente. En efecto, limitado al procedimiento de la mitografía tradicional, Orjuela se ocupa en señalar las semejanzas temáticas entre distintas mitologías, pero se desentiende por completo de explicar, como es esencial en la interpretación Levistraussiana, el sistema de las diferencias. Análisis: Tipos de interpretación
Categorías duales.

De las diversas interpretaciones anteriores de Yurupary, como mito agrícola períodico, ceremonial iniciativo, ceremonia encaminada a pre servar del incesto al grupo, el autor retiene la concepción de Yurupary como culto a los antepasados y rito secreto masculino, cuya función es la de garantizar el poderío masculino en la sociedad indígena.

Como culto a los antepasados Yurupary celebra la memoria del héroe mítico, líder religioso y legislador. Aquí el autor magnifica la personalidad del héroe para equipararlo con Quetzalcoatl, su "homólogo más cercano". La Sierra de Tunahi, el lugar de nacimiento de Yurupary, se compara con los grandes centros ceremoniales de Centroamérica: "Todo indica que Tunahi en otras épocas pudo haber sido un centro ceremonial de tanta importancia en esta región, como lo fueron Tula o Teotihuacán en el México antiguo".

El autor se extiende en señalar las analogías entre el mito de Yurupary y el Popol-Vuh, más para demostrar su grandeza que para explicar su significado.

La interpretación del rito de Yurupary como medio de asegurar el poder masculino, lleva al autor a considerar que éste refleja "un estado tran sicional de una sociedad de base matriarcal a un sistema de predominio masculino", y aun a aceptar la existencia de las amazonas, "seres míticos pero revestidos de una realidad histórica que tiene muchos vicios de verosimilitud".

En resumen el autor acoge, sin sentido crítico, las interpretaciones que favorecen su intento de magnificar y darle una dimensión continental e histórica al rito y al mito de Yurupary.

No obstante las críticas anteriores la documentación recogida por Orjuela, así contenga interpretaciones algo fantásticas, es siempre interesante tanto para los especialistas como para el público general que, a través de las escasas ediciones sobre mitología indígena como la que nos ocupa, podrá descubrir el fantástico universo de las literaturas amerindias.

FRANCISCO ORTIZ

 

RELATOS TRADICIONALES DE LA CULTURA CÁTIA

Luis Fernando Vélez. Sría. de Desarrollo de la Comunidad, Sección de Asuntos Indígenas. Medellín, 1982

Esta antología de relatos, presenta en un lenguaje accesible y ameno gran parte de las narraciones de los indígenas Emberas o Catíos publicadas a partir de 1920.

La mayoría de los textos provienen de las recopilaciones hechas por los misioneros Severino de Santa Teresa, María de Betania y Constancio Pinto. También se reeditan algunos de los textos publicados por Henry Wassén, Milcíades Chávez, Gerardo Reichel, Luis Guillermo Vasco y Fernando Urbina.

Ante la heterogeneidad de las fuentes, Vélez opta por la unificación del estilo, eliminando giros y formas de expresión que harían incomprensible o por lo menos dispendiosa la lectura al lector corriente, desinteresado de los aspectos dialectológicos o de la exactitud del dato etnográfico.

Menos legítimo parece el procedimiento de fundir en un solo texto, para lograr una versión más rica y completa, varias versiones originales. Esta clase de síntesis supone equivocadamente que el mito es un relato de tipo argumenta], más completo en la medida en que allegue más episodios y más detalles. Aquí falla el sentido común, ya que lo característico del mito es la necesaria relación y equilibrio entre sus partes, sea cual fuere el grado de condensación o de expansión - con que se relata.

El uso del término catío, como denominación del grupo no parece tampoco el más afortunado. El término más usual hoy día es "Embera", reco nocido por los propios indígenas y de una aplicación más general que el de catío, aplicado más bien al sector antioqueño de la etnia.

No obstante, la recopilación de Vélez permite transportarse al comienzo del mundo de los Embera, y vivir las aventuras del Dios Caragabí y de Jino Poto, el hijo de la pantonilla de hábitos sanguinarios. El libro introduce al lector a laespesura de la selva chocoana, poblada de ogros y espíritus: Aribamias y Burumias, Diablos, serpientes y fieras devoradoras de nombres. El trabajo de Vélez es también una invitación a la lectura de las fuentes originales, señalada cada una en su oportunidad, así como a posteriores recopilaciones y estudios realizados con mayor rigor como los trabajos de Luis Guillermo Vasco y Mauricio Pardo.

FRANCISCO ORTIZ.

 
Comentarios (0) | Comente | Comparta