Las armas que usan los indígenas para cazar son el arco y la flecha, y en caso de guerra también utilizan una maza achatada. El arco es de madera dura y del tipo representado en el dibujo. Además presenta una muesca cuadrangular y una cuerda de fibra. Las flechas tienen una asta de caña en la cual se inserta una punta de madera de palma negra. Para evitar que la asta de caña se raje se envuelven sus partes superior e inferior con hilo. Aparte de las flechas con punta de madera de los tipos aquí representados, es decir, en parte con fila de ganchos y en parte con punta burda, también encontramos flechas con punta de hierro lanceolada. Estas últimas se ajustan a una asta corta de madera dura y ésta a su vez se fija insertándola en la asta de caña. Los goajiros, al igual que las tribus chibchas centroamericanas tienen arcos con una muesca redonda u ovalada. Los motilones a su vez usan arcos con una muesca ovalada-puntiaguda. Donde los goajiros y donde las tribus chibchas centroamericanas encontramos flechas burdas. Los tipos de flechas usados por los chimilas son muy parecidos a los usados por las tribus chibchas de Costa Rica 53/54. Donde los goajiros y donde los motilones existen flechas equipadas con punta de hierro. Estas, sin embargo, son distintas a las de los chimilas 55. Las flechas usadas por los habitantes de todo el departamento del Magdalena están desprovistas de las plumas direccionales, al contrario de las usadas por sus vecinos del norte. Los chibchas de Centroamérica usan flechas similares a las de los primeros 56. Al norte del Río Amazonas las flechas sin plumas no son nada inusitadas, sobre todo las encontramos donde los Karaibes (sic) y donde los Arowak (sic) en el nororiente. También son comunes donde algunas tribus del occidente como los banivas, uaupe, etc. 57. En ciertas ocasiones ceremoniales como, por ejemplo, los ritos en los que se les confiere un nombre a los muchachos, los chimilas adornan sus arcos con plumas. Estos adornos de plumas consisten en cuerdas de algo- dón a las cuales se fijan las plumas mediante pedacitos de cera. Tal vez cuando Oviedo habla de "arcos vestidos de plumas" 58, se refiere a este tipo de adornos. Los indígenas opones que viven a orillas del río del mismo nombre, también le cuelgan adornos de plumas a sus arcos 59. El arco y la flecha eran armas comunes en el norte de Colombia 60. Según Castellanos las armas de los chimilas eran "arcos, flechas, dardos y macanas" 61. Oviedo también habla del uso de arcos y flechas donde los indígenas de la costa 62. Parece que los chimilas ya no envenenan sus flechas, pese a que esta cos- tumbre parece haber estado muy difundida entre ellos y en la costa de la actual Colombia, y lo es todavía hoy en día donde los goajiros 63. Julián relata que las flechas de los chimilas las cuales medían "5 palmos" (4 pies), estaban equipadas con puntas de madera o de hierro, las cuales en general no se envenenaban, o bien se les aplicaba un veneno tan débil que la sola agua servía eficientemente como antídoto. Seguramente, se trataba únicamente de provocar una infección que pudiera ser eliminada con un simple lavado de la herida. A veces también se utilizan puntas hechas de espinas de pescado, posiblemente de una variedad de raya, como es el caso donde los goajiros y en el nororiente de Sudamérica, al igual que antiguamente cerca de Santa Marta (Oviedo).

Para tender el arco con especial fuerza los chimilas hacen uso de un aro de madera. Este aro se pasa por encima del metacarpo y mediante el mismo se tira la cuerda del arco hacia atrás. Segura mente los chimilas aprendieron este método de tender el arco de los esclavos negros, ya que estos últimos llegaron allá muy tempranamente. En 1514, con motivo de su visita, Oviedo habla de un "negro mío". Además, los fugitivos negros eran abundantes y frecuentemente ocurrían rebeliones de negros 64. En Africa occidental encontramos un tipo de aro para tender el arco totalmente equivalente 65.

Pasamos ahora a hablar sobre las mazas utilizadas por los chimilas. Los criollos le dan el nombre de macana, denominación que fue utilizada por los autores antiguos para designar cualquier tipo de maza. Esta misma palabra también se utiliza para designar la palma de chonta, de cuya madera se elaboran arcos, flechas, etc. Encontré tres ejemplares de mazas y me fue posible adquirirlas todas. Estas son fabricadas de nadera de dividividos de las mazas son del tipo con punta aguda: hacia la parte inferior se ensancha y se engrosa y termina abajo en punta. Cuando se quiere poner a un lado la maza se clava con la punta en el suelo, de tal manera que la maza se mantenga erguida por sí misma y esté a la mano cuando el indígena haya disparado sus flechas y quiera recurrir al arma de mano. La punta, además, a veces se utiliza como coa. En este contexto es importante indicar que los bribris usan la maza achatada o macana, por un lado como coa y por el otro lado como maza, lo cual también pudo haber sido el caso en las Indias occidentales (Puerto Rico) 66.

El otro tipo de maza, el cual es muy parecido a un machete, parece representar una modificación originada por la influencia de estos últimos. En la literatura antigua sobre el norte de Colombia, es decir, sobre los taironas 67, los chibchas 68, sus vecinos orientales 69, sobre la orilla occidental del Río Magdalena 70 y sobre los méridas 71, se habla frecuentemente de la maza-macana.

La denominación "Macana" parece indicar que la maza se fabricaba con madera de la palma macana y era achatada porque de esa palma no es posible obtener pedazos de madera más gruesos. Sin embargo, nadie hace una descripción más precisa de este tipo de maza. La maza achatada parece estar difundida en todas las regiones culturales andinas, al igual que en las zonas de transición meridionales y occidentales 72.

Además incluso en Méjico, al igual que más hacia el norte, se encontraban mazas achatadas (con fragmentos de piedra insertados). En cambio, ya no están en uso donde los arhuacos, ni tampoco donde los goajiros, motilones y paraujanos.

Los lanzadores, los cuales son comunes donde los ijcas y donde los goajiros y que fueron utilizados por los taironas, no son usados por los chimilas y, además, no son mencionados en la literatura. Además, en este caso, se trata de un arma apta para campo abierto y no para el bosque.

Pasemos ahora a tratar los métodos que utilizan los chimilas para triturar semillas y para preparar los alimentos antes de ser cocinados, etc. Encontramos para este fin piedras de moler, morteros y tablas de raspar. Las piedras de moler son alisadas naturalmente por agua de río. Se utiliza una piedra plana como piedra de moler inferior y una piedra algo más redonda como piedra de moler superior. Estas son utilizadas por todas las tribus del departamento del Magdalena, al igual que por las tribus chibchas de Centroamérica, a diferencia de los metales utilizados en el norte 73. Además, antigua- mente estas piedras de moler eran muy comunes entre los chibchas propiamente dichos 74.

Donde los chimilas me fue posible observar solamente un mortero de maíz, aparentemente de naturaleza provisional. Consistía en un tronco ahuecado, dispuesto horizontalmente y parecía haber encontrado poca aplicación. Probablemente los chimilas habían aprendido a servirse de él por medio de los criollos. Los morteros que se encuentran donde los ijcas son de tipo africano y todo parece indicar que no se pueden considerar como originarias de América 75.

La yuca venenosa no se encuentra donde los chimilas y tampoco en el resto del departamento del Magdalena. La tabla de raspar representada se utiliza cuando se quiere hacer tortas de yuca cocinadas 76. Según las afirmaciones de los indígenas, la yuca se raspa en los bordes. Sin embargo, nunca ví en uso a este objeto.

La carne o se asa sobre una parrilla o se cocina en ollas de barro. Estas parrillas de ramas se parecen en su tipo a pequeñas "Barbacoas" y, en todos los casos que observé, se apoyaban sobre cuatro palos. La carne, por una parte se ahúma y por otra parte se asa sobre estas parrillas y puede, así preparada, conservarse por algún tiempo. Aguado encontró parrillas entre Ocaña y Mérida y afirma que estas son utilizadas comúnmente por algunos indígenas en Las Indias 77, los cuales ahúman carne y pescado sobre parrillas hasta que estén secos. De esta manera los alimentos se conservan durante más tiempo. Este método es muy importante para los indígenas que no tienen sal, y los chimilas sólo excepcionalmente la tienen a su disposición. También donde los motilones es muy común este método, ya que estos tampoco tienen sal   78. Pinart encontró parrillas de ese tipo donde los chibchas centroamericanos 79. Las vasijas de barro de los chimilas son simplemente de un tipo más burdo y más simple. La única decoración que pude observar fueron los rollos de barro dispuestos aisladamente conservando su forma inicial. Solamente un fragmento quebrado de una vasija grande se encontraba provisto de asa. Los arhuacos también elaboran vasijas de barro con asas.

Las raíces se cocinan sobre la brasa o se asan.

Las tazas y las botellas de calabaza, a veces desprovistas de decoración, se utilizan para servir o almacenar los alimentos. Las botellas a veces se taponan con una tusa de maíz. Además se utilizan cucharas de madera que, según Nordenskiöld, representan un elemento cultural andino 80. Estas también se encuentran donde los ijcas 81. Donde los chimilas no ví ni platos hondos de madera, ni cucharones.

Los chimilas producen fuego por medio de dos palos. Empero desgraciadamente no conseguí motivarlos a que me demostraran cómo producían el fuego. En general el fuego es alimentado de día y de noche de la manera corriente. Para mantener el fuego utilizan abanicos elaborados de plumas, las cuales se mantienen unidas con cera. Las tribus de Centroamérica usan abanicos compuestos de paquetes de plumas de pájaro atadas, dispuestas en forma de rueda 82. Abanicos de plumas también se encuentran, entre otras, en la costa del Perú, en el Chaco y en el área del alto Amazonas. Según Nordenskiõld se trata de elementos culturales andinos 83. Al norte de la región de habla chibcha en Centroamérica se utilizan abanicos tejidos, los cuales son todavía elaborados por los arhuacos y por otras tribus del departamento del Magdalena. Para barrer la ceniza los chimilas, al igual que los ijcas, utilizan escobas elaboradas con una hoja de palma cortada 84 . Un gran caparazón de tortuga les sirve como tina para lavar maíz, etc. Los chimilas comúnmente utilizan grandes cestos (de carga) que se sujetan con una faja sobre la frente, así como también cestas semejantes pero más pequeñas para guardar diversas cosas. Los cestos de carga también son utilizados por los indígenas centroamericanos de su mismo origen. Los motilones cargan sus cosas en cestos, mientras que los arhuacos y los goajiros hacen uso de mochilas. Los chimilas también utilizan mochilas de fibra de corteza o de algodón, las cuales, sin embargo, sirven sobre todo para guardar cosas y se mantienen colgadas en las chozas. Sólo muy rara vez las llevan consigo. Lo mismo ocurre donde los motilones. Un tipo de mochila es tejido con cuerdas de fibra de corteza burdas. Mochilas parecidas se encuentran donde los goajiros pero no donde los demás indígenas del departamento del Magdalena. En contraposición a estas, los otros tipos de mochila que se encuentran entre las tribus indígenas por mí visitadas son de fique o de algodón con mallas densas y elaboradas con aguja e hilo. El tipo usual, el cual aparece donde los motilones (exclusivamente), ijcas y goajiros (así como otros) y en la colección de Bovalius de talamanca, es el que Nordenskiöld representa en Ethn. Studies 1 bajo el número 4a. Las mochilas de los chimilas, del mismo tipo, son muy angostas y hondas, comparables con las centroamericanas.

Las mujeres chimilas usan bolsas de algodón para cargar a los niños. Estas se elaboran de la misma manera como las hamacas y están dotadas de una faja de cargar de fibra de Heliconia. Las bolsas de cargar de los arhuacos son muy ingeniosas y se han desarrollado a partir de la faja de cargar, como ya demostré en otra ocasión. Con excepción de estas, en ninguna otra tribu por mí visitada observé fajas especiales o algo semejante para cargar niños. La difusión de la faja de cargar en Sudamérica fue estudiada por Nordenskióld 85. Los chimilas hilan algodón con husos. Estos últimos poseen un palito de madera e palma y un disco de caparazón de tortuga, o de barro cocido. En el primer caso tiene forma de disco y en el segundo caso es más o menos redondo 86. El huso es, por consiguiente, del tipo llamado Bakairi. Para hilar el huso se pone en marcha haciendo girar su parte superior con la mano derecha de arriba hacia abajo contra el muslo derecho y, habiéndola puesto en marcha, se coloca verticalmente sobre un banquito o sobre algo semejante. Los talamancas al hilar colocan el huso en una calabaza 87 y usan volantes con forma de disco, lo cual también es el caso donde los arhuacos, goajiros y motilones. La fibra de corteza se tuerce con la mano, así como donde las tribus arriba nombradas. Los hilos de fibra de corteza y los de algodón se tuercen o se hilan, respectivamente, en parte hacia la izquierda y en parte hacia la derecha. Desgraciadamente no me fue posible conocer la manera como tejen los chimilas, porque cuando yo los visité ya no tenían ningún telar. Es, sin embargo, probable que hayan usado el llamado telar arowak (sic), el cual todavía existe entre las demás tribus del departamento del Magdalena y que también es usado por los talamancas 88. Es característico que donde los chibchas, sean los hombres los que efectúan el trabajo de tejeduría.

Los niños chimilas usan una tusa con dos plumas insertadas como juguete, con el cual efectúan ejercicios de lanzamiento. Koch- Grünberg encontró este tipo de juguete en el sur de las Guayanas y Nordenskióld los encontró en Chané 89.

En cuanto a instrumentos musicales cabe decir que en mis visitas sólo observé los sonajeros elaborados de calabaza con semillas en su interior, comunes en esta región. El mango del sonajero traspasa la calabaza, de manera que el otro extremo del mango sale por el otro lado de la calabaza. Cuando De Brettes visitó los chimilas estos todavía tenían tambores. A juzgar por la longitud extraordinaria (2 1 / 2 mts) de estos tambores, al igual que por la disposición del parche del tambor y por la representación, se puede afirmar que estos tambo- res son de tipo puramente africano 90     . Los tambores se tocan con dos o tres palillos. También tenían tambores pequeños que se tocaban con las manos.

Es poco probable que los chimilas hayan conocido este tipo de tambor por otros que los esclavos negros. Sin embargo, es factible que antes de la Conquista hayan usado tambores cubiertos con piel tensionada. Según Oviedo, los indígenas de Santa Marta tenían tambores que consistían en un tronco ahuecado, cubierto con una piel tensionada, y que se colgaban entre las chozas 91. Entretanto el tipo africano se ha vuelto predominantemente común. Los tambores ijcas ahora también recuerdan al tipo africano. Entre las tribus centroamericanas los tambores altos, delgados, cubiertos con piel de lagartija parecen ser los originales 92.

Los chimilas afirman que ya no ejecutan ningún baile. Ciertas festividades como la determinación del nombre de los muchachos, entierros, etc., se festejan mediante bacanales.

En cuanto a la cultura religiosa parecen existir ciertas semejanzas entre los arhuacos y las tribus chibchas de Centroamérica. En ciertos casos, en los que la semejanza también abarca los indígenas de la costa cerca de Santa Marta, se puede suponer que los chimilas tenían las mismas costumbres, sin embargo esto no se puede dar por seguro. Donde los ijcas y, más tempranamente, donde los indígenas de la costa al igual que donde los chibchas de Centroamérica, ciertas labores como la construcción de casas y caminos, etc., eran comunales y todos los indígenas estaban obligados a participar en ellas. Sólo se les daba comida y bebida como indemnización 93. Nicolás de la Rosa relata que los chimilas tenían lugares especiales para fiestas y bailes, así como para la adoración de sus ídolos. Cada hombre tenía tantas mujeres como podía mantener. En los partos las mujeres se recostaban en las hamacas y se servían del brasero (?). El cordón umbilical se cortaba mediante dos piedras (generalmente las tribus chibchas lo cortan con un cuchillo de caña), después de lo cual la madre y el hijo eran bañados en un arroyo frío, lo cual también es usual en otros pueblos chibchas. Según Oviedo, los indígenas de la costa tenían relaciones homosexuales 94, lo cual aún hoy en día es costumbre donde los goajiros. No pude comprobar si esto también era usual donde los chimilas. Según Nicolás de la Rosa, eran muy apasionados por las mujeres, lo que, sin embargo pudo haber concluido por el hecho de que practicaban poligamia. Según me contaron sepultan sus muertos en la tierra. Julián dice haber visto cómo los chimilas le colocaron ofrendas funerarias a una indígena venida del Manzanares que ellos habían matado 95.

De lo anteriormente escrito se deduce que la cultura de los indígenas chimilas es semejante en muchos aspectos a la de sus parientes lingüísticos de Costa Rica, con los cuales su cultura, en general, tiene más en común que con los indígenas de la montaña, los arhuacos, que también son de habla chibcha y además viven más cerca.

A continuación sigue una tabla que describe la división del trabajo donde los chimilas y una lista de la pequeña serie de películas que nos fue posible filmar allá.

División del trabajo entre hombres y mujeres:

hombres
mujeres
pesca
+
-
caza
+
-
agricultura (deshierbe)
+
-
siembra
+
+
trabajos en madera
+
+
trabajos en pluma
+
-
elaboración de mochilas
-
-
elaboración de armas
+
+
tejeduría
?
?
cosecha
(+)
+
tostado de alimentos
+
?
cocinar
-
+
costura
-
+
cestería
+
-
hilar
-
+
construcción de casas
+
+
cerámica
-
+

Lista de las películas sobre los chimilas, filmadas con motivo de la expedición del Dr. Bolinder en el año 1920 (en total más o menos 200 mts):

- Los dos jóvenes del Río Ariguaní

- Los jóvenes vuelven al campamento a través del campo de maíz - Chozas

- El viejo cacique lucha con la macana

- El mismo cacique con camisa y sombrero adquiridos recientemente - Mujer tostando maíz

- Una mujer ciega recibe una dádiva - Ejercicios con arco y flecha

- Choza de almacenamiento - Asar a la parrilla

- Mujer hilando algodón - El último muchacho

- Una choza con puerta baja

5.jpg (25233 bytes)

 

53
Bovallius, I, Fig. 60.
54
Skinner, Cuadro XIV.
55
Bolinder, Einiges über die Motilon. Zeitschr. f. Ethn. 1917. Fig. 6.
56
Sapper, pág. 37.
57
P. Schmidt, pág. 1035.
58
Nicolás de la Rosa dice que los indígenas del departamento del Magdalena tenían flechas con plumas (I), pág. 617.
59
Princesa Therese von Bayern, Reisestudien aus d. Westl. Amerika. Berlin 1908, pág. 103.
60
Bolinder, Ijca-india- nernas kultur, pág. 96.
61
Castellanos, 11, págs. 356, 360.
62
Oviedo, II, pág. 354.
63
Cieza de León, Cap. VII, relata la manera como se preparaba en Santa Marta el veneno para las flechas. Por lo demás Enciso, op. cil., pág. 445, cerca de Cartagena (pág. 447), Cenu (pág. 448) etc. Oviedo, op. cit., II, pág. 353 (Santa Marta). Piedrahita, op. cil., I, Lib. 11, cap. 9 (Tairona) Andagoya, Hakluyt Society IV, pág. 3 (Santa Marta).
64
Ya en 1540 había fugitivos negros en la Sierra Nevada, Piedrahíta I. pág. 370. Rebeliones de negros, entre otras, en Barquisimieto en 1550, en Panamá en 1549, en Tolú en 1595; Véase Aguado, Historia de Ven. II, Cap. IX-XII y Sasa y Arce, Compendio de Historia de Panamá, Panamá 1911.
65
Compárese, entre otras, Morse, Add. Notes on Arrow-release, Peab. Mus. 1922 y Buschan, Völkerkunde, Stuttgart 1922. pág. 513.
66
Skinner op. cit., Fewkes The aborigines of Porto Rico 25; the Ann. Rep. Bureau of Amer. Ethn. pág. 209.
67
Piedrahíta, op. cit.
68
Castellanos, op. cit., pág. 41.
69
Restrepo, pág. 106. Aguado, Hist. de Ven., I, pág. 231.
70
Cieza op. cit., Suárez de Cépeda, Relación de los Indios Colimas 1581, An. d. Mus. Nac. d. Arqu. T. N., Méjico 1913, pág. 519.
71
Aguado, Hist. de Santa Marta, II, págs. 235, 260.
72
P. Schmidt, pág. 1095.
73
Sapper,pág.l9,cuadro 2.
74
Restrepo, pág. 122.
75
Bolinder, Ijcaindian. Kultur, pág. 57.
76
Los chimilas no cosen pan ni de maíz ni de yuca, en cambio cocinan albóndigas de maíz o de yuca.
77
Aguado, Hist. de Ven., I, págs. 76,187. Compárese con Jorge Robledo Loll. dos. fined. Madrid 1864 (2), pág. 293. Nordenskióld Comp. ethn. st. I cap. XIII.
78
Bounder, Einiges über Me., pág. 36.
79
Pinart, pág. 18.
80
Nordenskiõld Comp
81
Bolinder, Ijca-ind. kultur, pág. 60.
82
Sapper, pág. 18; Skinner, cuadro XXIII.
83
Nordenskidld Comp. ethn. st., págs. 75-77, al igual que el mapa; compárese con P. Schmidt, pág.1000
84
Bolinder, ljca-ind. kultur, pág. 60; compárese con De Brettes, pág. 465
85
Nordenskióld Comp. ethn. st. 1.
86
Compárese con Fródin y Nordenskióld, Sobre el retorcer del hilo y el hilar, Gbg. 1918, pág. 96, Figs. 48 a y b. - Véase ahí mismo la información sobre el torcer del hilo.
87
Bovallius, pág. 234 y siguientes.
88
Gabb, pág. 512.
89
Nordenskiöld, Comp. ethn. st. II., págs. 112-113.
90
Compárese con Ankermann, Die Afrikanischen Musikinstrumente. Berlin 1902. De Brettes, pág. 462.
91
Oviedo, II, pág. 354: "Atambores grandes de seis 6 siete palmos de luengo, hechos en un tronco vacuo de árboles gruessos y encorrados colgados en el ayre dentro de los buhios que sonaban mucho".
92
Skinner, pág. 87.
93
Bolinder, Ijca-ind. Kultur, pág. 181; Gabb, pág. 510.
94
"Son sodomitos abominables". Oviedo, 11, pág. 355.
95
Julián, pág. 158.

 

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