TRES FORMAS DE ACCESO A RECURSOS EN TERRITORIO DE LA CONFEDERACION DEL COCUY, SIGLO XVI

CARL HENRIK LANGEBAEK RUEDA.

"ayudando a su fertilidad la variación de su temperatura, pues a cortas distancias, según la altura o bajío que hace la tierra, se experimenta frío, cálido o templado, y de esta variedad de temples se origina su mayor excelencia, pues lo que en un sitio no produce, en otro se multiplica".

OVIEDO Y BAÑOS, 1763

Fotografías:

Jorge Mario Múnera

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Las lagunas de altura constituían lugares sagrados  para los indígenas de los Andes venezolanos y colombianos. Las áreas de altura se aprovechan también para sembrar tubérculos y realizar jornadas de cacería .

 

Introducción

Desde hace algunos años, los estudios etnológicos realizados entre los actuales grupos de lengua chibcha de la Sierra Nevada de Santa Marta (Reichel-Dolmatoff, 1982) y de la Sierra Nevada del Cocuy (Osborn, 1979, 1985 y 1986) han planteado numerosos datos sobre el patrón de poblamiento móvil de las sociedades indígenas de esa familia lingüística en el medio ambiente de montaña. Estos valiosos aportes sólo han venido a ser tomados en cuenta por los arqueólogos y etnohistoriadores que investigan sobre las antiguas sociedades del Altiplano Cundiboyacense en los últimos años, sin que aún sea posible establecer modelos propios, ni especular sobre patrones de explotación del medio ambiente andino a la llegada de los españoles (Langebaek, 1984). En esa perspectiva, el propósito del presente artículo es el de dar una visión general de la economía de los cacicazgos laches de la Sierra Nevada del Cocuy en el siglo XVI, mediante el análisis de datos de archivo sobre la circulación de artículos por vía de intercambio, el control de pisos térmicos y las pautas de "tributo" y redistribución.

El marco geográfico de esta investigación corresponde al estudiado, desde el punto de vista etnológico, por Osborn (1985), cuyo principal foco de interés consiste en los aspectos ideológicos involucrados en el control de diferentes pisos térmicos. En otros reportes, hemos sostenido que el movimiento de población indígena a través de tierras con diferentes propiedades geográficas estaba vinculado con el interés en abastecerse continuamente de una amplia gama de productos, y así lograr una ideal autosuficiencia alimentaria. Estas posiciones son, desde luego, complementarias debido a que ni los mitos estudiados por Osborn, ni los documentos de archivo pueden, por si solos, tomarse como fuente exclusiva para aproximarse ala problemática del poblamiento indígena prehispánico.

La selección de los cacicazgos laches del Cocuy como objeto de estudio se ve justificada a dos niveles. Por una parte, su importancia como la única confederación no muisca de los Andes Orientales, cuya existencia ha sido documentalmente probada (Tovar, 1980), hace de ella un marco ideal para estudiar los más diversos temas de organización económica, política y social en un contexto geográfico y étnico más bien pequeño. De otro lado, aparte de referencias aisladas, o de estudios de carácter local, consideramos que la abundante información de archivo sobre la región ha sido poco aprovechada, al menos en relación a las recientes y serias investigaciones de archivo aplicadas al estudio de las sociedades muisca y guane, vecinas a la Sierra Nevada del Cocuy (Colmenares, 1984, Morales, 1984, Tovar, 1980). En el Archivo Histórico Nacional de Colombia reposa una enorme cantidad de documentos sobre la Sierra, un área que desde los primeros tiempos de la conquista fue objeto del interés de los españoles debido a su enorme potencial agrícola, disponibilidad de abundante mano de obra indígena y presunta existencia de tesoros. Esta investigación se basa en el análisis de un buen número de documentos que son el producto del interés español en conocer las características geográficas y de poblamiento del territorio serrano: "visitas" coloniales de fines del siglo XVI e inicios del XVII, pleitos sobre tierras y actas para el poblamiento y catequización de los laches. Nuestro marco de comparación lo constituye la información conocida para los actuales tunebo del flanco oriental de la Sierra Nevada, así como los datos disponibles sobre los antiguos habitantes de los valles fríos de Cundinamarca y Boyacá, y de la Serranía de Mérida en Venezuela, con los cuales los laches compartían un habitat similar y algunos aspectos de su cultura.

 

Generalidades y relaciones culturales con grupos vecinos

La confederación del Cocuy estaba compuesta en el siglo XVI por el cacicazgo de ese mismo nombre, así como por los de Cheva, Chita, Ogamora, Panqueba, El Pueblo de la Sal, Sacamá y Ura, clasificados, tanto en las crónicas como en los documentos de archivo, como pertenecientes a la etnia lache (Aguado/ 1581/, 1956,1: 331-335 y ANC Vis. Sant X f 944 v). Su territorio se circunscribía a los flancos sur, oriental y occidental de la Sierra Nevada de ese mismo nombre, en el actual Departamento de Boyacá, y abarcaba diferentes pisos térmicos, desde nieves perpetuas hasta los Llanos Orientales, es decir tierras de páramo (3.000 y más m.s.n.m.), frías (2.000 - 3.000 m.s.n.m.), templadas (1.000 - 2.000 m.s.n.m.) y cálidas (1.000 y menos m.s.n.m.). Más que en ninguna otra parte de la Cordillera Oriental de Colombia, el territorio ocupado por los laches se caracteriza por la existencia de una gran variedad de nichos ambientales como resultado de variaciones en altura, régimen de lluvias y fertilidad de las tierras: en su límite occidental, los cacicazgos del Cocuy tenían acceso al Cañón del Río Chicamocha, una región que recibe muy poca precipitación y donde la vegetación resulta propia de un clima semidesértico; a medida que se asciende hacia los picos nevados, en sentido oeste-este, el nivel de humedad aumenta a proporciones benignas a la vez que se encuentran grandes planadas donde hoy, como en épocas precolombinas, se ubica la mayor parte de la población. En la margen oriental de la Sierra, la precipitación anual promedio es mucho más alta, con lluvias distribuidas durante todo el año, pero las tierras no son tan fértiles como en su contraparte occidental. Aquí, los principales atractivos para el hombre radican en la existencia de fuentes de agua salobre al pie del río Casanare, el acceso a cotos de caza y la cercanía de los Llanos con su enorme potencial pesquero.

Por el occidente, los cacicazgos sujetos al Cocuy limitaban con comunidades pertenecientes a las confederaciones muiscas de Sogamoso y Duitama. Por el norte confinaban con Tequia, en la actual región de Málaga, cuyos indígenas sólo "obedecían a su propio cacique" (ANC Vis Sant IV f 588r) así como con Chiscas donde "antes que entrasen los cristianos no sirvieron ni fueron sujetos a nadie" (ANC Vis Boy II f 22r) 1. En el flanco oriental, por su parte, tenían por vecinas a varias comunidades de lengua chibcha las cuales no habían alcanzado un nivel de organización política notable, como era el caso de Támara y Tecasquirá que no estaban "sujetos a nadie" (ANC Vis Boy 11 f 21 r y 129v; en Tovar, 1980: 100), además de diversos grupos no chibchas, como los achaguas y caquetíos que vivían en el Llano propiamente dicho (Piedrahita/ 1666/, 1972,1: 57 y ANC Vis Boy XIII f 329v).

En el área de la actual población de Güicán, al norte de Cocuy, tenían sede los indígenas de la "nación" tuneba de Güaicaná, la cual figura en los documentos de fines del siglo XVI e inicios del XVII como parte del cacicazgo de Panqueba, y por lo tanto perteneciente a la etnia lache y a la confederación del Cocuy (ANC Vis Boy XI f 301v). La relación entre la "nación" tuneba de Güaicaná y los actuales tunebos no es clara; en las crónicas de la conquista no se habla de tunebos (Osborn, 1985) y en los documentos más tempranos que tuvimos oportunidad de consultar sólo se menciona a los que pertenecían al cacicazgo de Panqueba. En documentos tardíos, por el contrario, se hace frecuente alusión a ellos como "nación rebelde" en oposición a los indígenas reducidos al sistema de encomiendas (ANC C+I XXI f 799r), a la vez que se les ubica en gran diversidad de sitios, como los alrededores de Chita (ANC Vis Boy XI f 320v), las cabeceras del río Cravo (ANC C+I L f 335r), Labateca y -en general- todo el Piede- monte hasta alcanzar territorio venezolano por el norte (Morey, 1975: 37), incluyendo pueblos en los Llanos como El Piñal y Patute (Sánchez/ 1765/, 1983: 402 y 404).

Queda pendiente una explicación al hecho de que el término "tunebo", de hacer referencia a un pequeño grupo de indígenas sujetos a Panqueba, se hiciera extensivo a un gran número de comunidades de la Sierra Nevada y alrededores, hasta ser prácticamente sinónimo de "indio" en la actualidad (Osborn, 1985: 23-24). Por nuestra parte, consideramos muy probable que se trate de una generalización impuesta por los administradores españoles a todos aquellos indígenas de la región que, como precisamente ocurrió con los de Güaicaná, lograron huir del control colonial y buscaron refugio en el flanco oriental de la Sierra. Esto explicaría, por cierto, el sentido con el cual figura la denominación "tunebo" en los documentos, siempre como sinónimo de "remiso" en oposición a los indígenas más o menos ladinos que vivían en los pueblos "laches" bajo la tutela española (cf. Rojas, 1963: 1519 y Salazar y Sarmiento, 1985).

Por su posición geográfica, los cacicazgos sujetos al Cocuy ocupaban un área intermedia entre la Cordillera Oriental de Colombia y la Serranía de Mérida, en Venezuela, así como entre estas dos regiones y los Llanos Orientales. Lo anterior, parece reflejarse a nivel de los rasgos más notables de la cultura lache; desde el punto de vista de la lengua, perteneciente a la familia lingüística chibcha, y del material cerámico recolectado en la Sierra, se pueden establecer claros paralelismos entre los antiguos habitantes de la Sierra y los grupos que ocupaban el Altiplano Cundiboyacense y Santander del Sur (Silva, 1945 y Cardale: en Osborn, 1985). Otros aspectos, especialmente en lo que toca a la presencia de viviendas y terrazas agrícolas con muros de piedra y el uso de pendientes alados 2 en su parafernalia votiva, recuerdan aspectos de los indígenas de los andes venezolanos (cf. Wagner, 1979 y Osborn, 1985: 120). De otra parte, con los grupos de los Llanos, los laches compartían su afición por el consumo de yopo (Anadenanthera peregrina), así como alguna "amistad" con determinados grupos, como los ¡pues, caquetíos, tamez y achaguas (Piedrahita/ 1666/, 1972, 1: 57).

La relación entre los cacicazgos sujetos al Cocuy y sus vecinos inmediatos se adscribe dentro de la cadena de vínculos que aún los actuales tunebos establecen entre ellos y la amplia gama de sociedades que poblaban el territorio comprendido entre Cundinamarca y los Llanos venezolanos en el siglo XVI (Osborn, 1985). Sin embargo, a nivel de organización política y lengua, los vínculos parecen haber sido mucho más fuertes con el Altiplano Cundiboyacense y el Piedemonte, que con el occidente de Venezuela. Desde el punto de vista de la lengua el poco material disponible referente a la Serranía de Mérida sugiere poca relación con la familia lingüística chibcha, de tal manera que la lengua, o lenguas, que se hablaban en esa región sólo se han podido incluir en el grupo de las "no clasificadas" (Coe, Snow y Benson, 1986: 156); por el contrario, en las "visitas" realizadas a los territorios muisca, guane, lache y del Piedemonte, resulta común encontrar un buen número de toponímicos y antropon¡micos comunes. En cuanto al nivel de organización política, el patrón observado en los andes orientales colombianos apunta hacia la existencia de comunidades, o "cacicazgos", compuestos por dos o más subgrupos sujetos ("capitanías") cada uno de las cuales tenía alrededor de un centenar de individuos, en tanto que, en los andes venezolanos cada cacique comandaba pequeñas unidades independientes (generalmente llamadas "parcialidades" en los documentos), sin subdivisiones internas, y compuestas por apenas unas pocas decenas de miembros (Langebaek, 1985).

 

Tres formas de acceso a productos

1. Poblamiento disperso y móvil

La característica más sobresaliente del patrón de poblamiento lache parece haber sido la movilidad de los indígenas a través de la amplia variedad de pisos térmicos que ofrece el medio andino mediante desplazamientos desde aldeas nucleadas hacia bohíos y labranzas dispersos, como era común entre los demás grupos de la Cordillera Oriental de Colombia y los andes venezolanos. De acuerdo a datos arqueológicos (Silva, 1945 y Osborn, 1985) y de cronistas (Aguado/ 1581/, 1956, I: 333) los indígenas de la confederación del Cocuy tenían aldeas nucleadas que generalmente se ubicaban en sitios donde confluían ríos. De la información de archivo se infiere, además, que también poseían parcelas alejadas de esas poblaciones, a las cuales se desplazaban por temporadas; en 1571, los de Cocuy tenían su aldea principal en tierra fría, donde cultivaban papa, maíz y fríjoles (ANC Vis Boy 11 f 158r), pero simultáneamente controlaban tierras de cultivo cerca al Río de las Nieves, afluente del Chicamocha, donde cosechaban artículos propios de clima templado, como coca, algodón y maíz (ANC Vis Sant X f 904) cuya producción se complementaba con lo obtenido de "planadas" "cuesta arriba que van hacia el páramo", lugar en el cual tenían "bohíos pequeños como santuarios" y algunas labranzas (ANC Vis Boy XXIV f 654v; en Tovar, 1980: 114-115).

De otro lado los cacicazgos de Ura, Cheva y Ogamora también tenían sus respectivas aldeas, pero sus miembros "andaban viviendo y asistiendo en sus labranzas de maíz y hayo/coca/ "(ANC Vis Boy XII f 317v y también véase 376r) de forma que cuando los españoles pretendieron juntar los habitantes de los tres pueblos en uno solo, pidieron quemar "sus casas y bohíos sin consentir ningunos en quebradas socolor de labranzas"(/ 1602/ ANC Vis Boy XII f 393r). Los indígenas de Panqueba, por su parte, tenían sede principal en tierras un poco más bajas que las de Cocuy pero, ocasionalmente, se desplazaban a un sito denominado "Guitarrilla", de tal manera que, según el encomendero local:

" ... los naturales del dicho pueblo tienen sus casas pobladas en él y allí viven y es verdad que en el sitio que llaman Guitarrilla tienen los dichos indios algunas labranzas y en ellas algunos bohíos de poca consideración y duermen /en ellos/ algunas noches por ser tarde y no poder acudir al dicho pueblo"(/ 16021 ANC Vis Sant X f 914r).

Las sedes principales de los diversos cacicazgos se ubicaban sobre alturas diferentes, aunque la tendencia más clara consistió en ubicarlas en la región de clima frío de la vertiente occidental, es decir en las tierras más fértiles: Cocuy, la aldea más importante estaba ubicada al oeste de los picos nevados (ANC Vis Sant X f 904r), e igual sucedía con Ura que ocupaba un sitio "frío y paramoso y tierra avolcanada y montuosa y ladera" (ANC Vis Boy XII f 376v), probablemente en términos del lugar actualmente conocido como "pueblo viejo" cerca al Cocuy (Silva, 1945: 377), y con Cheva localizada un poco al este del actuar pueblo de Jericó (D. G. C., 1971, I: 521). Ogamora por su parte, se ubicaba en tierras más bajas, con acceso al Cañón del Río Chicamocha (ANC Vis Boy XII f 376v), mientras el Pueblo de la Sal y Sacamá, los cacicazgos de menor status político, se encontraban al otro lado de la Sierra, en una región de clima templado con pocas tierras fértiles disponibles (Tabla 1).

El ordenamiento de las aldeas principales en el territorio de la Sierra implicaba que los cacicazgos de mayor status, particularmente el del Cocuy, se ubicaran en tierras muy altas, cercanas a los páramos regiones de nieves perpetuas. Al igual que entre los actuales tunebo (Osborn, 1985), y la mayor parte de las sociedades andinas suramericanas (Reinhard, 1985), es posible que parte de este hecho se relacion con el importante rol ceremonial que jugaban las regiones de altura para los indígenas. Otras ventajas de la tierra fría, seguramente, también se tuvieron en cuenta: la facilidad para almacenar producto agrícolas, el acceso a tierra donde, además de poder cultivar maíz, se lograban buenas cosechas de tubérculos de altura, así como la existencia de pocos riesgos de plagas y enfermedades (Langebaek, 1984). La esfera de acción de las parcelas dispersas probablemente se regía por consideraciones aún más prácticas, y poco tenía que ver con ideas de tipo "aislacionista"; las parcelas que tenía Cocuy en los páramos estaban "unas entre otras"con las de Panqueba (ANC Vis Boy XXIV f 654v), y se sabe que ambos cacicazgos también compartían tierras cercanas al Río de las Nieves, en clima templado (ANC Vis Sant X f 904r).

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Tunjo Muisca con bandeja para yopo; un producto importante en los ritos adivinatorios de Muiscas y Laches.

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Las "Aguilas" de oro circularon en el occidente venezolano, prove- nientes en parte del área Muisca vía el territorio Lache.

En lo fundamental, el patrón de poblamiento de los cacicazgos laches parece haber estado orientado a buscar un manejo óptimo de los recursos disponibles en el medio que ocupaban, especialmente en lo que toca a la satisfacción de las necesidades de nutrición y, secundariamente, para conseguir algodón y coca. Se trata, como en el caso observado para los muiscas, guanes e indígenas de los andes venezolanos, de un mecanismo del cual cada comunidad disponía para tener acceso autónomo a los productos básicos de subsistencia, reflejado en la variedad de cultígenos que cada uno podía usufructuar, sin la necesidad de depender de fuentes foráneas (Tabla 1).

Tabla I
PRODUCTOS CULTIVADOS POR CADA CACICAZGO

maíz
papa
frijol
yuca
batata
auyama
ají
coca
algodón
SEDE
Cocuy
X
X
X
X
X
Chita
X
X
X
X
Ura
X
X
X
X
X
X
Cheva
X
X
X
X
X
X
X
X
X
Ogamora 
X
X
X
X
X
X
X
Panqueba
X
X
X
X
X
X
X
X
X
Pueblo de la Sal
X
X
X
X
Sacamá
X
X
X

Fuente: ANC Vis Boy II f 48v y í58r, Vis Boy XII f 373r-374r, Vis Boy XIII f 535r y Vis Sant X f 885r.

El movimiento de indígenas a través de diversos pisos térmicos debió favorecer, además, el acceso a recursos de caza y pesca; la primera, en especial de venado, se menciona con frecuencia para los territorios que dominaban Chita (/ 1572/ ANC Vis Boy II f 363r), Cheva y ogamora (ANC Vis Boy XII f 378v). De otra parte se sabe que en el Piedemonte llanero era costumbre desplazarse hacia el Llano en verano para pescar, actividad que probablemente también involucraba a los laches. Un poco más al oriente de los dominios de la confederación del Cocuy, "cuando viene el verano no se hallarán en los pueblos de Támara y Choazaque indio ninguno porque se van a la pesquería de los Llanos" (/ 1572/ (ANC Vis Boy XII f 378v) y parece que los muiscas del cacicazgo de Pisba hacían lo mismo, probablemente en el mes de noviembre, época en la cual la pesca abunda, y tiempo que los actuales tunebos aprovechan para desplarse desde sus asentamientos habituales para ir a pescar (Cháves, 1965).

Desde luego, los desplazamientos de indígenas también podían involucrar aspectos ideológicos, como aún sucede entre los actuales tunebos (Osborn, 1985). En particular debe mencionarse que todavía en el año de 1772 se acusaba a los tunebos de Güicán de persistir en realizar peregrinaciones "a una peña que llaman ... del Chuchagúa" con fines rituales (ANC C+1 L f 195r-200v) y que, de acuerdo a la información de Rivero (/ 1739/, 1956: 58-59) y Antolínez (1929:527), eran comunes las "romerías" a la laguna de Euccas, sobre unos 3.600 m.s.n.m., lugar en el cual arrojaban "cosas de precio y estima, según la devoción de cada uno" (Rivero / 1739/, 1956: 58-59), una costumbre que resultaba común tanto en las lagunas de altura en territorio muisca, como en las de las montañas del occidente venezolano.

Los ejemplos descritos, especialmente el de Panqueba donde los indígenas sólo se quedaban a dormir en sus bohíos dispersos cuando era tarde, sugieren que había parcelas ubicadas muy cerca de las aldeas principales; éste hecho, similar a lo que conocemos para el territorio muisca (Langebaek, 1985), podría dar pie para homologar el patrón de poblamiento lache al modelo de microverticalidad definido en la Sierra ecuatoriana para los casos en que los habitantes "tenían campos situados en diferentes pisos ecológicos alcanzables en un mismo día con la posibilidad de regresar al mismo lugar de residencia por la noche- (Oberem, 1981: 51). Sin embargo, resultaría simplista reducir a esa categoría las pautas de poblamiento indígena en ésta parte de los andes puesto que tanto las referencias sobre el abandono de pueblos en verano para pescar, como el hecho de que los actuales tunebos se trasladen a viviendas dispersas durante semanas enteras (Cháves, 1965 y 1975 y Osborn, 1979 y 1985), sugieren que un verdadero desplazamiento por temporadas largas pudo haber existido. Probablemente, la realidad correspondió a movimientos sobre distancias cortas (microVerticalidád), con ocasionales traslados a sitios bien alejados, según la ubicación y necesidades de cada comunidad.

 

2. Circulación de productos centralizada en manos de los caciques

La subordinación de cacicazgos en torno al Cocuy permitió que las diferentes comunidades integradas a la confederación pudieran tener acceso a productos excedentes de las otras, mediante un mecanismo centralizado en la persona del cacique, y de la comunidad de mayor status. En líneas generales, aunque se trata de un medio para hacer circular bienes, las redes de circulación no seguían pautas donde se respetara un principio de equidad. Sin embargo, a pesar de su contenido eminentemente jerárquico, nos encontramos ante un sistema de movimiento de artículos que difícilmente podría corresponder a un aparato estatal, basado en la coerción y la clara existencia de una élite dominante.

Según los datos disponibles, el Cacique de Cocuy tenía "domi- nio" directo sobre los cacicazgos de Chita, Cheva, Ogamora, Panqueba y Ura (Tovar, 1980: 35-38), mientras que Chita "dominaba" a el Pueblo de la Sal (Tovar, 1980) y éste, a su vez, tenía sujeto a Sacamá (ANC Vis Boy XIII f 535r). Internamente, cada cacicazgo lache estaba constituido, como sus homólogos muiscas, por dos o más "capitanías" o "parcialidades" al mando de sus respectivos "capitanes" (ANC Vis Sant X f 928r). Al parecer no todas las capitanías tenían el mismo rango entre sí dado que los caciques de cada comunidad usualmente provenían de una capitanía específica; el del Cocuy, por ejemplo, generalmente pertenecía a la de Cichaguy y era respetado por "Cacique Grande y Primera Cabeza" (ANC Vis Boy XIII f 485r-485v). Los caciques, y presumiblemente los capitanes, eran especialistas desligados de la producción directa de alimentos cuyo cargo se usaba heredar a los hijos de hermanas, o en su defecto, a los hermanos (/ 1602/ ANC Vis Sant X f 944v; Vis Boy XII f 374v, 379r y 348r) 3.

Los caciques tenían derecho a que los indígenas de su comunidad, y todos aquellos que pertenecían a comunidades de menor status, le ayudaran con "la tampsa", término chibcha traducido como "tributo", además de hacerle "la sementera y /a que/ se le acuda en la fabricación de su casa y cercado" (ANC Vis Boy XIII f 604r). En ese contexto, los indígenas de Chita daban mantas, carne y panes de sal al Cocuy argumentando que era "Grande" y "valiente"; los de Ura, Cheva y Ogamora contribuían con mantas, coca y oro, los de Panqueba daban mantas, venados y pájaros, mientras el Pueblo de la Sal, que no reconocía directamente al Cocuy, contribuía con sal al cacique de Chita (Tovar, 1980: 35-38).

Es claro, con todo, que la circulación de productos de manos de los productores a los caciques era sólo parte de un proceso que no terminaba allí. Algunos bienes acumulados por los caciques se consumían comunalmente o retornaban a las comunidades en forma de "regalos", cerrándose así un círculo de redistribución intercomunal centralizado. En efecto, los indígenas de Cheva, Ogamora y Ura hicieron énfasis en que, si bien hacían labranzas a sus caciques, éstas eran "de maíz que los mismos indios comen y beben" (ANC Vis Boy XI I f 378v; en Tovar, 1980: 36), probablemente en fiestas relacionadas con la maduración del grano, como sucedía en territorio muisca (Langebaek, 1985: 84-95). De igual forma, los del Pueblo de la Sal declararon que del cacicazgo de Chita, al cual estaban sujetos, los indígenas "llevan al Cacique del Pueblo de la Sal hayo y maíz para que comiése e que él les dá sal" (ANC Vis Boy II f 54r; en Tovar, 1980:37). Finalmente, resulta importante anotar que algunos documentos sugieren que en caso de que la comunidad considerara que su cacique no cumplía con sus funciones, tenía derecho a deponerlo y a elegir un nuevo sucesor (/ 1602/ ANC Vis Boy XIII f 470r-470v).

 

3. Intercambio

En cierto sentido, el intercambio constituye la forma más amplia mediante la cual circulaban productos, puesto que no se veía limitada (como las anteriores) por la pertenencia de sus participantes a determinada comunidad o confederación, o por barreras étnicas o de desarrollo político, a la vez que abarcaba toda clase de artículos, desde comida hasta bienes eminentemente suntuarios provenientes de áreas bien alejadas.

Aún no está claro si la economía lache había alcanzado, como entre sus vecinos muiscas, un nivel de desarrollo tal que la realización de mercados a los cuales asistieran numerosos participantes a intervalos regulares fuera un acontecimiento usual. Hay referencias sueltas de las cuales se deduce que los indígenas iban a "mercados", pero no está claro si se trataba de lugares dentro de sus propios límites étnicos, o si se hace referencia a sitios extraterritoriales. Es suficientemente evidente, en contraste, que la circulación de artículos se hacía a través del trueque, sin mediación de moneda, puesto que los testimonios hablan del cambalache de unas cosas por otras y, aún en 1571, las autoridades españolas admitían que un quinto de arroba de yopo (Anadenanthera peregrina), una droga narcótica que se conseguía en los Llanos, valía lo mismo que una "manta colorada", sin que se le pudiera asignar un valor monetario (ANC Vis Boy 11 f 292v y véase 300v).

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Mapa 1
Ubicación de los cacicazgos sujetos al Cocuy y grupos limítrofes. (Con información sobre especialización regional).

De acuerdo a los datos disponibles, parte importante de la actividad económica de la Sierra giraba alrededor de la actividad de los indígenas del Pueblo de la Sal en las fuentes de agua salobre que dominaban en territorio de lo que hoy corresponde a La Salina. En 1571, la,ocupación más común allí era "hacer sal . . . y venderla a los que van a comprarla y que se la compran y le dan por ella mantas, algodón y carne" (ANC Vis Boy 11 f 48v) y aún en 1602, su explotación era "beneficio común en éste Rincón de Chita y los Llanos" (ANC Vis Boy XIII f 460r). Según los miembros del cacicazgo productor de sal, no eran "mercaderes ni salen de su tierra" (ANC Vis Boy II f 48v), mientras las comunidades comarcanas iban a su pueblo "y se la compran". Este testimonio está confirmado por la declaración de los indígenas de Chita, quienes afirmaron ir a ese lugar con maíz, papas y fríjoles a conseguir el mineral (/ 1571 / ANC Vis Boy XII f 165v), y por la de los habitantes de Sacamá según la cual conseguían el producto "del dicho Pueblo de la Sal, donde la han beneficiado" (/ 1635/ ANC Vis Boy XIII f 535r). Fuera de adquirir los artículos mencionados, parece probable que los indígenas del Pueblo de la Sal se beneficiaran al poder disponer de bienes para cuya producción contaban con la materia prima, pero probablemente no con el tiempo, o el interés, para transformarla; en efecto, según su propio testimonio, se sabe que hilaban algodón, pero que no tejían mantas, "sino que los indios de Chita y del Cocuy por sal que le dan se las tejen" (/ 1571 / ANC Vis Boy 11 f 51v).

Otras actividades, además de la explotación de sal, están documentadas. Los indígenas de Panqueba producían coca, algodón, "petacas grandes", "petaquillas", alpargatas, vasijas de barro, mantas blancas, pardas y coloradas, así como "esteras de junco" que intercambiaban con grupos comarcanos (/ 1602/ ANC Vis Sant X f 944r, 948v y 952v); los de Chita tejían mantas y por cada una de ellas "se les daba veinte y una libras /de algodón/ ... de las cuales hacen cinco mantas de la marca" y además producían excedentes de "maíz y turmas y lo dan por algodón y hayo" (/ 1572/ ANC Vis Boy II f 165r y 363r). Cheva y Ogamora, por su parte, tenían acceso al Cañón seco del Río Chicamocha, lugar privilegiado para tener plantíos de coca, "su principal trato y granjería" (Langebaek, 1986).

Las relaciones de intercambio con la región de los Llanos Orientales parecen haber sido importantes. Al igual que para los muiscas, las planicies del oriente resultaron supremamente atractivas para los indígenas de la Sierra ya que allí podían conseguir una gran variedad de artículos que no se conseguían, o escaseaban, en su territorio, particularmente yopo, miel, cera, cueros de felino, totumos, algodón, aves de plumería y maní (Mora y Cavelier, 1983 y Langebaek, 1985). Para 1571, los indígenas de Ura tejían mantas "de algodón el cual van a buscar a los Llanos, dos jornadas de aquí" (ANC Vis Boy XII f 374r). Años más tarde, los de Sacamá declararon hilar y tejer algodón "del que rescatan y han en el pueblo de Támara y Llanos que son sus vecinos, a trueco de sal que llevan del dicho . . . Pueblo de la Sal"(/ 1635/ ANC Vis Boy XIII f 535r). De otro lado, las crónicas de Castellanos, Piedrahita y Simón afirman que por el Río Casanare circulaban mantas, panes de sal y artículos de oro provenientes de la Cordillera (Silva, 1945: 402) "en cuyo rastro vinieron a salir a los pueblos de ... Cocuy y Chita" (Simón/ 1625/, 1981,11: 79); aún a principios del siglo XVII, los documentos refieren que los indígenas de la Sierra "solían" ir a los Llanos con el fin de realizar intercambios (cf. Pacheco, 1959: 385).

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ESQUEMA 1.
Redes de intercambio (--> )
y de "tributo" y redistribución (-> )

Las figuras de oro que llegaban a los Llanos Orientales probablemente eran muiscas, no laches, pero parece que circulaban a las tierras bajas por intermedio de los indígenas de la Sierra Nevada del Cocuy. Según Castellanos (/ 1601/ 1955,11: 132), los españoles encontraron "Joya de oro mal labrada" cerca del Río Carabo el cual se nutría con aguas provenientes de la Sierra. Según algunos testimonios del siglo XVI el conquistador alemán Hutten tuvo conocimiento del "Nuevo Reino", es decir del "Altiplano Cundiboyacense", gracias al hallazgo de "dos coronas de oro fino" en territorio de los macatoas llaneros, próximos a el área lache. Muchos documentos prueban, por cierto, que ciertas "águilas" de oro constituían un artículo de intercambio muy común en el occidente venezolano. Algunas de estas "águilas" podrían corresponder a los pectorales y colgantes en forma de ave con alas desplegadas, tan comunes en la orfebrería muisca, aunque, seguramente en buena parte podrían ser taironas.

Las redes de intercambio que comunicaban la población del Piedemonte con los cacicazgos sujetos al Cocuy, refuerzan la hipótesis propuesta en otra investigación (Langebaek, 1985) en cuanto a la existencia de un vivo proceso de integración étnica entre las comunidades de lengua chibcha de los Andes Orientales colombianos, por medio del trueque de artículos. Todavía en el año de 1741, José Cassani observaba que la región entre el Llano y la Sierra se caracterizaba porque los habitantes que hablaban una misma lengua "comer- ciaban entre sí, y se miran como diferentes de los otros; y como aquél campo es todo libre, los límites los tienen más en la boca, que en el terreno" (Cassani, 1741: 48) y porque muchos indígenas del área hablaban "más ... dialectos de la mosca /por muisca/ que lenguas distintas" y conocían "bien el mosca, que es como general en extendidísima parte de aquel territorio" (Cassani, 1741: 48).

De otro lado, los datos disponibles sobre los vínculos entre los cacicazgos de la Sierra y los de los Llanos también apoya la idea expuesta para otras partes de los Andes, como el Ecuador (Oberem, 1974 y Salomon, 1980), Nariño (Uribe; en Pineda, 1985, 27-29), el Alto Magdalena (Pineda, 1985: 27-29) y el territorio muisca (Langebaek, 1985), en lo que toca a la existencia de una importante relación de complementareidad entre la economía de los grupos cordilleranos y la de sus vecinos de las tierras bajas orientales. En general, éste vínculo se puede caracterizar como asimétrico, en el sentido de que el status económico y político de las comunidades de los Llanos fue más bajo que los de su contraparte andina. Los artículos andinos que abastecían a los Llanos (en el caso lache sal y textiles principalmente) exigían una considerable inversión de trabajo para su producción, en tanto que los bienes que intercambiaban las comunidades de las tierras bajas casi siempre eran materias primas, especialmente algodón, destinadas a abastecer las actividades de producción en las montañas. En muchas ocasiones, por cierto, los indígenas de los Llanos reconocían el rol sagrado de las regiones de altura, especialmente de las áreas donde nacían ríos, e incluso se preciaban de mantener relaciones de amistad con caciques andinos (Morey, 1975: 252), hasta llegar, en algunos casos, a darles regalos como reconocimiento de su prestigio (Langebaek, 1985).

Aparte de las anteriores evidencias de intercambios con los Llanos, se sabe que también existían vínculos económicos entre los laches y otros grupos cordilleranos. En 1602, los indígenas de Cheva y Ogamora declararon que los indígenas de "Sogamoso, Gámeza y otros comarcanos" le cambiaban oro y mantas por parte de su producción de hojas de coca (ANC Vis Boy XII f 378v-379r; referido en Colmenares, 1984: 23), mientras que, los de Chusbita, en territorio de la confederación muisca de Sogamoso, afirmaron que tejían mantas "de algodón el cual iban a buscar a Chita" (ANC Vis Boy XVII f 776r). Existen, así mismo, numerosos datos sobre especialización e intercambio para otros grupos cercanos a los laches y con quienes proba- blemente pudieron mantener vínculos de intercambio. Un poco más al norte de Cocuy, los indígenas de Chiscas conseguían bija (Bixa orellana) en Pamplona y luego la cambiaban por mantas (/ 1571 / ANC Vis Boy II f 22r), mientras que los de Tequia daban carne de venado y curíes por oro (/ 1602/ ANC Vis Sant IV 588v). Así mismo, se sabe que los diferentes grupos de la Serranía de Mérida producían adornos líticos, sal, miel, cera, algodón, mantas, hilo y hamacas (Wagner, 1979 y Langebaek, 1985) y que los guanes, de Santander, se destacaban por la producción de coca, mantas, cerámica y algodón (Morales, 1984).

Finalmente, el hallazgo de caracoles marinos en diversos sitios arqueológicos de la Sierra Nevada del Cocuy (Silva, 1945: 378 y Osborn, 1985, Lam. VI) indica que los vínculos de intercambio entre los laches y otras etnias vecinas daba la posibilidad de tener acceso a productos de origen bastante alejado. Desgraciadamente, hasta el momento sólo contamos con ese dato para sustentar la existencia de redes de intercambio a larga distancia, y no sabemos a través de que grupo, o grupos, se tenía dicho acceso. Las rutas de circulación de productos en tiempos prehispánicos no implicaban la movilización de indígenas a través de largas distancias, así que más que en un contacto directo con los grupos de la costa, debemos pensar en la existencia de grupos vecinos que participaban a modo de intermediarios. Tres etnias que probablemente actuaron en este sentido fueron los muiscas, quienes, a su vez, recibían caracoles de grupos del Valle del Magdalena; los indígenas de la Serranía de Mérida que los obtenían de la Cuenca del Maracaibo (Wagner, 1979), o los motilones de la Serranía de Perija, quienes mantenían relaciones de intercambio con los grupos del litoral (Reichel-Dolmatoff, 1946 y Uscátegui, 1961: 218) y que, según documentos inéditos de la comunidad franciscana, también se relacionaban con los antiguos pobladores de la Sierra Nevada del Cocuy (Arcila, 1951: 220).

 

Conclusiones

En éste artículo, hemos descrito tres formas mediante las cuales los indígenas de la confederación del Cocuy tenían acceso a recursos. El control de pisos térmicos, asimilado parcialmente al modelo de microverticalidad, se ha interpretado como un mecanismo propio de cada cacicazgo para aspirar al abastecimiento autónomo de los bienes más prosaicos y fundamentales, especialmente productos agrícolas. La circulación de excedentes en manos de los caciques, por su parte, se ha tomado como una forma de acumular y distribuir bienes la cual permitía, por un lado, mantener especialistas desligados de la producción directa de alimentos y, por otro, hacer que cada uno de los cacicazgos de la confederación tuviera acceso a productos característicos de los demás. Finalmente, el intercambio figura como un meca- nismo mediante el cual los cacicazgos sujetos al Cocuy adquirían bienes de las más diversas procedencias, a nivel territorial o extraterritorial, sin que la circulación de artículos se viera obstaculizada por barreras étnicas o políticas.

Indudablemente, lo anterior no se puede tomar como si habla- ramos de tres formas de circular productos completamente desarticuladas al interior de la economía lache. En nuestra opinión, la más fundamental de las formas de tener acceso a productos fue la del control de diferentes ecologías por cuanto toca a la solución de las necesidades más elementales, y por tanto más importantes, de la vida humana, mientras que la capacidad de mantener especialistas y realizar intercambios se derivan de esa capacidad de autoabastecimiento en los renglones prioritarios de la economía y de la capacidad de generar excedentes. El control de pisos térmicos corresponde a cada cacicazgo como grupo de gente sujeta a un cacique y que aspira a un manejo óptimo de su territorio. La circulación de productos de los indígenas al cacique de su propia comunidad o a aquél que reconocían como superior ya no pertenece exclusivamente a esa esfera, sino que toca a un rol político más amplio, abierto a los cacicazgos de la etnia lache que se habían agrupado bajo la tutela de un líder mayor, superando los límites de la comunidad políticamente autónoma. El intercambio, por su parte, tenía una acción aún más amplia la cual permitía establecer relaciones con etnias vecinas con las que se compartía un mayor o menor vínculo cultural, pero que en todo caso no hacían parte de la confederación.

 

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1
Tequia es clasificada por algunos autores como perteneciente a la etnia lache (Morales, 1984, 25), pero su misma independencia política y el hecho de que Aguado (/ 1581 /, 1956, I: 333) hable de los indígenas de ese lugar como diferentes "en lengua y trajes de los laches" nos hace pensar lo contrario.
2
Los pendientes alados se conocen en la literatura arqueológica como "placas líticas" o "placas sonajeras" y se encuentran desde Costa Rica hasta el Lago Valencia, en Venezuela. El Padre Ardila (1986: 286) ilustra una de ellas procedente de territorio guane y parece que en los andes venezolanos se producían en gran escala (Wagner, 1979). En Colombia, los "tairona" de la Sierra Nevada de Santa Marta producían y utilizaban un buen número de pendientes alados. Algunos pocos han sido encontrados en el territorio guane y en el norte de la zona muisca.
3
La costumbre de herencia del cacicazgo entre los lathes es idéntica a la que conocemos para los muiscas, pero resulta diferente a la que existía en los andes venezolanos, donde generalmente heredaba el cargo el hijo mayor del cacique (ANC Vis Ven IX f 478v).

 

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