Reseñas de libros

PUBLICACIONES PERIÓDICAS

BOLETÍN DE ANTROPOLOGÍA
Universidad Javeriana
Carrera 7a. No. 40-60. Bogotá.
Vol.3, No. 3 - 1987.

El Departamento de Antropología de la Universidad Javeriana prosigue su labor de difusión de temas antropológicos a través de la publicación del Boletín. En esta oportunidad encontramos dos artículos relacionados con la catástrofe de noviembre de 1985 en Armero: "Lo que se llevó la catástrofe" de Octavio Marulanda y "Ejemplo del interés popular en la arqueología entre los habitantes de la antigua población de Armero "de Carl Langebaek. María Elvira Escobar escribe sobre "El Maestro Devia y el cuento folclórico", Misael Devia, a su vez está representado con su cuento "El Hojarasquín del Monte". El Director del Departamento de Antropología de la U. Javeriana, Álvaro Chávez, publica un ensayo sobre "Los Panches: antiguos habitantes de Armero". También se han incluido los artículos: "Investigación social y desarrollo" de Nohora Aydee Ramírez y "El simbolismo en los grabados de los sellos precolombinos" de Isabelle Clerc de Cuenca. El Boletín reseña las actividades del Departamento de Antropología incluyendo las diversas investigaciones en curso y las tesis de grado de la Universidad de Antioquia.

BOLETÍN DE ARQUEOLOGÍA
Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales
Calle 16 No. 6-34. Bogotá.
Año 2, Número 2 - 1987.

La Fundación, en esta oportunidad, nos ofrece avances de algunos de los trabajos financiados a diversos investigadores en el país. Entre estos encontramos los siguientes: "La industria de obsidiana en el suroccidente de Colombia" por Cristóbal Gnecco; "Pautas de asentamiento agustinianas en el cañón del río Granates-Saladoblanco" de Héctor Llanos; "Reconocimiento regional sistemático en el Municipio de la Argentina-Huila" por Luis Gonzalo Jaramillo; "Relaciones de los desarrollos del área Tairona y el intercambio" por Carl Langebaek. Este número incluye igualmente algunas noticias y reseñas bibliográficas.

 

EL PROCESO COLONIAL EN EL ALTO ORINOCO - RÍO NEGRO (Siglos XVI a XVIII)

Mariano Useche Losada.
Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales. Banco de la República. Bogotá, 1987.

El libro del antropólogo Mariano Useche es resultado de una labor de consulta paciente entre las, relativamente abundantes, fuentes bibliográficas sobre la historia colonial del Orinoco y Guayana. Cabe anotar que todos los documentos citados en esta obra, son fuentes primarias respecto a la generalidad de los hechos de que se ocupan. El método de contar la historia mediante el acopio de una enorme cantidad de información documental no es nuevo, pero es el más apropiado para reconstruir el proceso colonial en el Alto Orinoco - Río Negro entre los siglos XVI a XVIII, como lo demuestran los resultados de esta investigación histórica.

Con anterioridad a esta publicación, en Colombia sólo se contaba con la tesis de doctorado de la antropóloga Nancy Morey (1975), sobre la etnohistoria de los guahibos de los Llanos de Colombia y Venezuela, trabajo comparable al de Useche. Este último, apartándose un poco de la metodología seguida por Morey en cuanto a delimitación territorial y aspectos socioculturales estudiados se refiere, retoma la cronología de la conquista y ocupación de este extenso territorio por los europeos, logrando abarcar así un período muy importante de la historia americana caracterizado por descubrimientos geográficos y el contacto con grupos nativos hasta entonces desconocidos para los occidentales. El más importante de dichos descubrimientos fue el río Casiquiare, que comunica las dos cuencas hidrográficas más grandes del continente suramericano, las de los ríos Orinoco y Amazonas. Este hecho llevó a la delimitación territorial de las posesiones en ultramar, a dos estados europeos colonialistas importantes de finales del siglo XVIII: España y Portugal.

Como se dijo anteriormente, al tomar el autor como núcleo para su estudio la expansión del estado colonial español en la región Alto río Orinoco-río Negro, se logra reconstruir ese proceso y su impacto sobre los pueblos indígenas. El resultado es un esquema explicativo del devenir colonial con base en datos relativos a la situación territorial, demográfica, cultural y política de los indígenas, a través del contacto. Como se observa este método es esencialmente descriptivo.

Después de estas breves anotaciones, a continuación se describirán las cuatro regiones en que el autor por razones metodológicas divide la zona de estudio. Es de anotar que este vasto territorio presenta una gran variedad ecológica, toda vez que sus ecosistemas dominantes -la sabana tropical y la selva pluvial- ofrecen una gama tan diversa de biomas y ambientes específicos, tanto en su interior como en las áreas de contacto o de transición:

1. Zona norte del Andén Orinoqués. Se trata del área entre el Meta y el Tuparro distinguida por un relieve de altillanura muy disectada y afloramientos graníticos del Escudo Guayanés. Esta zona fue, precisamente, la primera en la que se estableció la colonización española cuando, a finales del siglo XVII, los jesuitas fundaron allí varias aldeas misioneras de efímera duración, con indígenas sálivas, catarubenes y adules (adoles o atures), principalmente. Hacia 1584-87 esta región había sido explorada por Antonio Berrío.

2. Zona transicional. Se extiende desde el río Tuparro al sur, hacia el Guaviare. Allí se modifica progresivamente el ecosistema de sabana tropical hasta tomar contacto con el de la selva tropical húmeda a partir del río Guaviare.

Históricamente, la zona fue alcanzada por la colonización española sólo a mediados del siglo XVIII. Estrictamente, fue la segunda área del Alto Orinoco en donde los colonizadores se establecieron. La difícil navegación de los raudales de Atures y Maipures y el temor a los ataques caribes, fueron dos factores que retrasaron el avance colonial allí. Sin embargo, también había sido explorada por Antonio de Berrío en 1584-87.

3. Complejo selvático Orinoco-río Negro. Esta zona comprende la mitad oriental de la comisaría del Guainía y el área que se extiende al oeste y sur de la ribera izquierda del Alto Orinoco superior. Forma parte del gran ecosistema amazónico, no obstante los ríos que la bañan reparten sus aguas hacia las dos cuencas, originando un denso complejo fluvial. El Guaviare y el Inírida juntan sus aguas para depositarlas en el Orinoco; el Atabapo, en la frontera sureste de Colombia con Venezuela, fluye con rumbo norte directamente al Orinoco. En cambio, el Guainía, llamado río Negro tras recibir las aguas que del Orinoco le entrega el Casiquiare, desciende hasta el Amazonas llevando consigo, además, las del Isana y las del Vaupés.

Las tropas esclavistas portuguesas merodearon el área desde el temprano siglo XVIII (172526), estableciendo campos de esclavos. Los colonizadores españoles ocuparon la región del Atabapo, Casiquiare y río Negro sólo a partir de 1758. En 1744, gracias al viaje del jesuita Manuel Román desde el Orinoco al río Negro, se dio a conocer al mundo la, hasta entonces, legendaria comunicación del Orinoco y el Amazonas por medio del Casiquiare.

4. Zona Guayanesa. Se ha diferenciado como zona "Guayanesa", más por razones históricas que ecogeográficas, el área está irrigada principalmente por las cuencas de los ríos Parguaza, Cataniapo, Sipapo, Ventuari, Padamo y Ocamo, afluentes orientales del Alto Orinoco.

En el pasado, la zona fue asiento aparentemente de una numerosa población caribe, piaroa, maquiritare, bániva, maipure, manetivitana, ature y pareca, entre otros; algunos de estos grupos sobreviven actualmente en el Territorio Federal Amazonas de Venezuela, hacia el Casiquiare-río Negro. Sin embargo, la población era muy escasa al finalizar el siglo XVII, por razones que la investigación explica.

Resumiendo, la presente obra se ocupa de los sucesos comprendidos entre los siglos XVI, XVII, XVIII y comienzos del XIX en la zona del Alto Orinoco y río Negro. A partir de los resultados obtenidos, la obra vuelve factible el análisis de una parte del proceso de cambio cultural en la región, durante el período quizás menos conocido de su historia; siendo por lo tanto un trabajo de obligada consulta para futuras investigaciones.

De otra parte, debe concebirse este estudio como una introducción a la etnohistoria regional; sobre este aspecto el autor afirma que es necesario y conveniente metodológicamente para la Antropología elaborar investigaciones de índole exploratoria, en áreas de conocimiento precario por parte de las ciencias sociales, con el propósito de dotar a la reflexión teórica de una suficiente base empírica. De tal manera, este trabajo viene a suplir la carencia de estudios en nuestro país de carácter global acerca del proceso de conquista y colonización de la región del Alto río Orinoco-río Negro.

Para finalizar, Useche, en su válida condición de etnohistoriador, ha rescatado el trance original de la tragedia que significó para los indígenas las políticas bélicas de conquista y de colonización, llevadas acabo por los europeos a partir del siglo XVII en la región del Alto Orinoco-río Negro.

ÁLVARO BAQUERO M.
Antropólogo

 

COLOMBIA AMAZÓNICA

Domínguez, Camilo y otros. Bogotá:
Universidad Nacional de Colombia y Fondo FEN Colombia, 1987-88.

No siempre nos encontramos frente a una lectura de El Libro. El Libro lo tiene todo: una magnífica impresión y edición de lujo (a cargo de Villegas & Asociados) en tamaño monumental (34 x 25 x 4 y 309 págs.); más de 400 fotografías y grabados de viajeros de los siglos pasados; un abundante material cartográfico; cuadros y gráficos de información estadística de carácter científico y social; una extensa bibliografía; prólogo presidencial; introducción rectoral y la confluencia de siete autores-especialistas (Camilo Domínguez, Myriam Jimeno, Pablo Leyva, Héctor Llanos, Mario Mejía, Roberto Pineda C. y Elizabeth Reichel Dussán) cuyo currículum anexo no da lugar a dudas. Nos encontramos ante la Amazonia, en su sector colombiano, hecha libro por la Universidad más prestigiosa de Colombia: la Nacional, con el firme propósito no sólo de presentar sistemáticamente la información y los conocimientos obtenidos hasta ahora en esta región natural, sino también amparados en la idea del "dominio estatal", con la intención de desarrollar actividades a corto y largo plazo de su "apropiación adecuada". De tal manera es señalado en su solapa: "Las páginas de Colombia Amazónica rebasan la sistematización de la información existente sobre aquellos territorios, y trasciende la experiencia y los aportes de los investigadores que las han preparado. Dejan en el ánimo de quien las estudie, la percepción de que más allá de las políticas aplicadas en ella desde la Conquista hasta nuestros días -insuficientes, erráticas o equivocadas, buena parte de éstas-, la Amazonia es ante todo un espacio para acciones futuras. Y el nuevo panorama de posibilidades que surge de tal concepción, lleva a identificar retos para nuestra inteligencia, para el desarrollo científico y tecnológico de nuestro país, para el avance de nuestra sociedad entera, como protagonista de todas las grandes empresas".

Un libro así dotado, agobia de antemano una lectura, puesto que en él está dado todo desde la cientificidad: ¿acaso queda algún resquicio de duda? ... y sin embargo no deja de ser deleitable a la mirada: podemos viajar la magia exuberante de la selva desde su emplumada cubierta, para descubrir la gramma mágica impresa en la tela-portada a la manera de un inscriptio mundi, indicando el sendero de esa otra escritura nofonética plasmada en mitogonías petroglíficas en las guardas del libro. La mirada de la imagen nos sugiere otra posible lectura: la de una fantástica en la diversidad de culturas mágicas que han surcado y gestado su existencia en la invención de saberes, indiscernibles aún para nosotros, en los cuales se concibe que todos los individuos (plantas, animales, humanos, ríos, selva, aire, tierra y cielo) están en la naturaleza como en un plano de consistencia del que forman la figura completa, variable en cada momento (como si devinieran filósofos Spinozistas, en un pensar Deleuziano). Pero acá ya el libro como tal se rompe, se fractura, se despliega y se disgrega, puesto que el libro como tal endilga tan sólo una lectura: la lectura dada. Esta es desterritorializada por la mirada viajada en lectura, y allí surgen los resquicios que en la primera lectura se ven como imposibles al positivismo homogeneizador.

De por sí autores como Mario Mejía G. ("La Amazonia Colombiana, introducción a su historia natural", pp. 55-124) indica en su sistemática natural la necesidad de tomar como referente, primordial e inmediato, los conocimientos milenarios de las comunidades y sociedades amazónicas respecto al existir de ese medio que cuenta con 3.000 mil especies de peces, 1.800 variedades de aves, 100 mil especies de plantas ... en circunstancias ambientales con una temperatura promedio mayor a los 25 grados centígrados y una precipitación anual mayor a los 2.000 m.m., conformando un espacio frágil y delicado, con todos los signos de un continente acuático. Esto le hace sugerir al autor la necesidad de profetizar que: "en un futuro próximo las actividades agrarias ecuatoriales se conducirán fundamentalmente mediante modelos arbóreos" (p. 123), así como postular seis estrategias para el manejo de la selva: "1. Asimilar (profundizar, sintetizar) el conocimiento existente, desarrollado por indígenas, colonos y científicos. 2. Entender los límites de aplicabilidad de las tecnologías que la actividad agraria colombiana viene importando de zonas templadas, particularmente de Estados Unidos y Europa. 3. Desarrollar el concepto de productividad acuática. 4. Desarrollar sistemas de uso que permitan la conservación de la biomasa vegetal. 5. Desarrollar sistemas de uso de la vegetación con base en el principio de la diversidad. 6. Efectuar trabajos sobre especies nativas útiles (vegetales y animales), sin menospreciar importaciones adaptables" (p. 124).

Los otros autores presentan las relaciones de Colombia con la Panamazonia, la cronología de científicos y viajeros que han surcado su espacio, la historia de las diversas colonizaciones y expoliaciones (es de destacar el capítulo del antropólogo Roberto Pineda Camacho respecto al "Ciclo del Caucho (1850-1932)", pp. 183-209, el proceso demográfico, las perspectivas de su desarrollo y el pasado y presente del poblamiento amerindio en la Amazonia colombiana.

Desde la mirada fascinada en la imagen configurada en naturaleza -no solo en las donadas por el libro, también en las percibidas directa mente como etnólogo viajero por las sendas de la Amazonia-, desplegamos una lectura que nos permite puntualizar algunos comentarios respecto a los artículos de la antropóloga Elizabeth Reichel Dussán ("Asentamientos prehispánicos en la Amazonia colombiana" y "Etnografía de los grupos indígenas contemporáneos"). Es bien conocido, desde hace tiempo, el uso de plantas poderosas propiciado por el saber chamanístico en la Amazonia. Ellas permiten acceder a estados de percepción, conocimiento y acción para construir, reconstruir y activar la endoculturación diferenciada, al posibilitarse transcursos por los diferentes planos de consistencia de lo natural: es así como se constituyen alianzas con poderes cósmicos, animales o vegetales, haciendo posible la voluntad de devenir con ellos. Un chamán deviene en jaguar, anaconda, gavilán, viento, trueno, rayo, enredadera, perfume, espina ... pero su existencia en este devenir no es una mera "conversión metafórica". Una "conversión metafórica" está dada en la literalidad, ya sea en la letra literaria o en una literalidad mitológica, pero el orden del saber chamanístico está en-a-través de lo mitológico sin quedarse atado a su orden discursivo de metaforizaciones y metonimizaciones. El chamanismo es un saber en enunciaciones pragmáticas y en agenciamientos de empirismo; no construye metáforas sobre la "conversión" puesto que no se convierte ni aspira a convertirse en jaguar (etc.), puesto que deviene en él sin serlo, así como el jaguar, a su vez, deviene en chamán.

Devenir no es ni imitar, ni hacer como, ni adaptarse a un modelo; son actos que sólo pueden estar contenidos en una vida y que sólo pueden ser expresados en un estilo de vida. Como dice Deleuze: "En un devenir animal se conjugan un hombre y un animal que no se parecen en nada, que no se imitan, sino que cada uno desterritorializa al otro"1 activando así agenciamientos de efectuación y de enunciación, en los cuales se define el devenir-jaguar por aquellos agenciamientos de los cuales forma parte en co-funcionamiento y "simpatía" entre el saber chamanístico y su acción en el orden cósmico del jaguar, y en otro orden cósmico con la fuerza y el poder del jaguar.

Para su efectuación se accede a "recursos epistémicos" dados por las plantas como el yagé, el toé, el tabaco, la coca y la brugmansia que permiten transcurrir por la conjunción de la naturaleza, como plano de consistencia en el cual se encuentra el orden cósmico del jaguar, para emerger de él con todo el poderío del jaguar. Por tal razón estas plantas no son "psicotrópicas" ni alucinógenas, son enteógenos 2 que propician un saber más allá de las restricciones y ataduras de la realidad humana, la trascienden y permiten un saber en multiplicidad.

Para una lectura no homogeneizante de la Amazonia es muy importante el revaluar conceptos como la "conversión metafórica" y el de "psicotrópicos", así como los de "economía de subsistencia", "bandas estacionarias e interfluviales"y el de "modo de producción" utilizados y propuestos por la antropóloga Elizabeth Reichel.

Se ha demostrado, con bastante insistencia, cómo estas sociedades y culturas están muy lejos de tener "economía de subsistencia"; por el contrario, como lo documenta Marshall Sahlins 3, son sociedades de la opulencia y la abundancia sin pretender acumular nada. Ellas no subsisten, ni están restringidas a un mero estado-de-naturaleza, más bien han postulado y ejercen ante todo un estilo, una estética y una ética del existir en proyectos diferenciados de cultura. Por tal razón un tipo de análisis tomando como modelo el "modo de producción" privilegia algo que para ellos, en su endoculturación, es un orden de menor importancia como lo es la producción, distribución y consumo de los "bienes materiales" y las interrelaciones de las "fuerzas productivas". La autora debiera postular su modelo propuesto como una hipótesis de investigación y no como algo dado, al interrelacionar "modo de producción maloquero" con "sistema político maloquero". Si bien la maloca constituye un topos sistemático del cosmos generando pautas de organización social, "económica" política y ritual, no todas las sociedades y culturas amazónicas la toman como el Topos privilegiado, ni todas han tenido un proceso "evolutivo" de "bandas estacionarias interfluviales" a "cacicazgos `mínimos' hortícolas" y de estos a "cacicazgos agrícolas ribereños y de piedemonte".

La generación de modelos de análisis siempre tiene el problema de homogeneizar y tender a borrar las diversidades y diferenciaciones, aunque en este caso la autora intenta no desconocerlas al regionalizar étnicamente la Amazonia.

Este libro se nos presenta como un muy buen intento de síntesis total de la Amazonia en recapitulación de la historia y de su uso endógeno y exógeno, desde una sociedad de Estado que busca el ejercicio de una racionalidad valorativa.

WILLIAM TORRES C.

 

AMAZONIA COLOMBIANA. VISION GENERAL

Domínguez, Camilo A.; Biblioteca Banco Popular.
Textos Universitarios. Bogotá, 1985

El libro comprende una visión bastante amplia y completa de diferentes aspectos sobre la Amazonia colombiana, con énfasis especial en aquellos de tipo geográfico (geológicos, meteorológicos, biológicos y humanos), en el cual el autor reúne en cuatro partes, que estructuran la obra, la investigación y estudios adelantados a lo largo de varios años.

Partiendo de una ubicación y descripción de las características generales de la cuenca amazónica, nos presenta seguidamente un conjunto de aspectos de tipo físico del área colombiana, donde expone las formaciones geológicas y de suelos propios de las regiones, su problemática ecológica y dinámica histórica, los diferentes climas, meteorología, ciclos estacionales, regímenes de lluvia e hidrografía, para luego situar allí los diversos tipas biológicos de flora y fauna propios de los distintos ambientes descritos.

La cuarta parte está dedicada particularmente al fenómeno humano y cultural; en ella localiza territorialmente y por familias lingüísticas, los grupos aborígenes que allí han habitado, así como sus comportamientos económicos y sociales, sin descuidar los aspectos etnohistóricos, con mención especial a la situación precolombina y de los siglos XIX y XX, los fenómenos políticos y de colonización que han afectado a la región y su población nativa.

La obra además incluye una generosa y pertinente variedad de mapas, fotografías y gráficos ilustrativos de los diferentes temas, que complementan el texto, junto con un valioso léxico regíonalizado de los principales ejemplares de la flora y la fauna; aquí presenta, junto con el nombre científico de las especies particulares de plantas, invertebrados, peces, anfibios, reptiles y mamiferos, sus nombres vulgares según procedencia terminológica y la utilización cultural dada a ellos por los nativos.

El libro del profesor Domínguez viene a llenar un importante vacío, sentido por investigadores, técnicos y estudiantes de las diferentes disciplinas naturales, biológicas y sociales, ocupados en el área amazónica colombiana. El volumen reúne en un solo cuerpo, no sólo la información dispersa y parcial sobre la Zona, sino que la amplía por la propia experiencia vivencial e investigativa del autor, constituyéndose en un imprescindible manual de consulta básica.

RODRIGO IBÁÑEZ FONSECA

 

FÁBULAS Y LEYENDAS DE EL DORADO

Juan Gustavo Cobo Borda (Ed.)
Biblioteca del Nuevo Mundo, 1492-1992.
Barcelona: Tusquets/ Círculo, 1987.

El resplandor de lo brillante ha seducido la imaginación de las gentes, haciendo que sea posible la gestión de invenciones culturales en confluencia con el disfrute estético. Lo brillante pasa por múltiples concreciones de materialidad, desde la cual es factible la constitución objetual-artística.

Una de esas materialidades brillantes con resplandor seductor es el oro, el cual ha tenido un uso universal en continua transformación entre lo estético y su simbolización como valoración de riqueza acumulativa. Esta transformación corresponde y se da en un transcurso histórico entre las sociedades que disfrutan de la denominada "opulencia primitiva"4, las cuales paradójicamente no tienen ningún interés en acumular riqueza ni en gestar poderes de dominio coercitivo actitud que les permite desplegar el goce estético de la seducción de lo brillante; y aquellas otras sociedades que, junto a la implementación de su voluntad de dominio, tanto en su interioridad como en la búsqueda de la expansión de fronteras imperiales, recurren a desplazar el disfrute estético y la invención artística por el "temor a la pobreza", y por tanto activan el afán de acumular riquezas, pasando por el acuñar e imprimir medios de cambio con base al almacenamiento, ya no tanto de objetos artísticos de carácter orfebre, como sí de la fundición del oro en lingotes. En este transcurso histórico se articula la diferenciación entre la manufactura del arte orfebre y la re-ordenación de una especie de "herrería" aurífera.

La herrería no es ajena, del todo, a la implementación de expediciones armadas, rayanas en delirio, al expropiar el brillo áureo fundiéndolo en volúmenes a-estéticos acumulativos. Junto a esta actividad han surgido fábulas, leyendas y mitologías, agenciadas por quienes intentan evadir esas expediciones militares hacia sus sociedades y territorios, como también desde el mismo espacio cultural correspondiente a la sociedad de la cual provienen esas expediciones, con el fin de dar voces de alerta frente al delirio aurífero. De estas se puede mencionar la locura táctil del Rey Midas y la magistral enseñanza de Charlot en The Gold Rush (La Quimera del Oro). Entre aquéllas resplandece la utopía de El Dorado.

Juan Gustavo Cobo Borda ha hecho una magnífica edición de Fábulas y Leyendas de El Dorado para la Biblioteca del Nuevo Mundo, 1492-1922, de la conjunción editorial de Tusquets y Círculo de Lectores de Barcelona. Nos presenta una relación selectiva e histórica de 15 versiones variaciones sobre El Dorado, desde Colón, pasando por conquistadores, cronistas, literatos y científicos como Jiménez de Quesada, W. Raleigh, Juan de Castellanos, José Gumilla, Rodríguez Freyle, Voltaire y Humboldt, acompañado de un abundante material gráfico (grabados, mapas antiguos, figuras precolombinas y fotografías de flora, fauna y de los espacios referenciados). Es un libro que embelesa, una lectura viajera desde fines del siglo XV hasta principios del XIX.

Como se aprecia en los documentos seleccionados por Cobo Borda, lo primero que salta a la vista de los visitantes europeos en aquel octubre de 1492 fue el resplandor brillante de algunos objetos de oro usados como adorno corporal por los "indios". La presencia del aurífero resplandor despertó el interés de los extraviados visitantes por conocer la fuente, el topos de la mina, dejando entrever la ambición de aventureros empobrecidos. Muy seguramente, desde una "lectura" de esta evidencia por la consabida "malicia indígena", esto dio lugar a indicar en forma extraterritorial la existencia de una no muy lejana "Isla del Oro" o "Reino del Oro", nombrado: Samaet, Sampallon, Meta, Manoa o El Dorado. Así, a quien persiste en indagar y buscar el topos aurífero se le indica la presencia "un poco más allá" (extra-territorial) de El Dorado, motivando así al invasor -que no muestra ningún interés por abandonar estos territorios- a ir errante en busca del lugar imaginado, haciéndole sentir que "esta vez ya está muy cerca". Y cuando el invasor tal vez ya lo ha topado, por arte quimérico se le evanesce de las manos, va a parar a otro lugar: ya sea por acción de los piratas, o por cumplir los compromisos de las deudas contraídas con otros países más diestros en el comerciar (Holanda e Inglaterra frente a España). Lo cierto es que esta primera "fiebre del oro" da lugar a un saqueo de 181 toneladas de oro y 17 mil de plata entre los años de 1503-1660, según nos referencia Cobo Borda en el epílogo del libro. Pero también dio lugar a que fuese motivo de escritura, desde el momento mismo del "contacto" hecho por Colón, hasta el día de hoy en que nos acercamos al quinto centenario de este azaroso encuentro.

La escritura no solo ha reseñado las Quimeras del Oro, sino también recapitula y reorienta su mirada, como en el caso de José Gumilla (1687 1750) quien en su Orinoco Ilustrado (Madrid, 1741) hace un llamado a abandonar la ilusión de El Dorado y a activar una racionalidad económica, no sólo frente a la explotación minera sino respecto a otros tesoros: "todo el reino de Tierra Firme es un imponderable tesoro escondido, del cual las estupendas sumas que llevo insinuadas no son sino unas meras señales y muestras de los inmensos minerales que en sí contiene. Y si las señas palpables que da, y los desperdicios de que se aprovechan las naciones, las pone opulentas, y les da armas contra nuestra España, ¿Qué fuera si España lograra estos poderosos productos por entero? ¿Pero qué fuera, si, puesta la mira en aquellas casi despobladas provincias, se labrasen todas sus minas y se cultivasen sus campos, prontos a dar la grana, el cacao, tabaco, azúcar y otros importantísimos frutos?" (p. 222).

De igual manera, las escrituras de El Dorado proponen lecturas contemporáneas que es necesario realizar junto a los descendientes de aquel avatar. Aún hoy es necesario, para nosotros, diferenciar lo aurífero como tesoro estético en su brillante resplandor y el hurto a-estético de la masa-oro para acumular y almacenar riquezas que se evanescen en devaluación continua. Mientras que para los Kogi, la Sierra Nevada de Santa Marta, el dinero es una invención de los "civilizados" a partir del oro, el cual no es más que uno de los atributos y cualidades del sol. Por ello los tres (dinero, oro y sol) se designan con la misma palabra: yuí.

WILLIAM TORRES C.

 

1
Gilles Deleuze y Claire Parnet. Diálogos (1977), p. 59. Madrid: Pre-Textos, 1980.
2
"En griego, entheos significa literalmente 'dios (theos) adentro', y es una palabra que se utilizaba para describir el estado en que uno se encuentra cuando está inspirado y poseído por el dios, que ha entrado en su cuerpo. Se aplicaba a los trances proféticos, la pasión erótica y la creación artística, así como a aquellos ritos religiosos en que los estados místicos eran experimentados a través de la ingestión de sustancias que eran transustanciales con la deidad. En combinación con la raíz gen-, que denota la acción de 'devenir', esta palabra compone el término que estamos proponiendo: enteógeno- Wasson, Hofman y Ruck. El Camino a Eleusis. Una solución al enigma de los misterios (1978), pág. 235. México: F.C.E., 1980. Así mismo se sabe que para el complejo cultural Huitoto-Muinane, el yagé constituye la última corporeidad del continuo devenir del demiurgo Jutzíñamui.
3
Marshall Sahlins. Age de pierre, Age d'abondance. Paris: Gallimard, 1976.
4
Marshall D. Sahlins. Economía de la Edad de Piedra, cap. I. Madrid: Akal, 1979.

 

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