COMPLEJOS ARQUEOLÓGICOS Y GRUPOS ÉTNICOS DEL SIGLO XVI EN EL OCCIDENTE DE ANTIOQUIA

NEYLA CASTILLO E.

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Las siguientes páginas contienen una presentación general sobre la distribución y localización espacial de complejos culturales en la cuenca del río Cauca y el occidente de Antioquia. Las investigaciones arqueológicas recientemente iniciadas1 señalan que la distribución de tales complejos coincide a grandes trazos con la distribución de macrogrupos cultural y lingüísticamente afines en el siglo XVI. La asociación, en algunos casos, de los vestigios arqueológicos con elementos portados por los conquistadores europeos, indican que las tradiciones culturales definidas arqueológicamente, eran vigentes al momento de la conquista, sin que por ello puedan atribuirse a una etnia en particular.

El criterio fundamental para diferenciar los complejos aludidos es la distribución espacial de cerámica que, técnica, formal y estilísticamente, presenta similitudes. Los datos que permiten esbozar su distribución espacial se basan en excavaciones controladas, algunas de las cuales han permitido obtener dataciones absolutas para algunos asentamientos, han ampliado la información sobre otros aspectos de la vida de los respectivos grupos y han arrojado secuencias y procesos de desarrollo de los mismos. Un segundo grupo de datos se ha obtenido del análisis preliminar de piezas de cerámica descontextualizadas, existentes en la colección del museo Universitario de la Universidad de Antioquia, formada principalmente con ejemplares provenientes de tumbas guaqueadas.

Complejo cultural del Golfo de Urabá.

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Láminas l y 2. Cerámica de la tradición Modelada-Incisa del Golfo de Urabá, procedente del sitio "El Estorbo".

En el extremo nor-occidental del departamento, sobre el Golfo de Urabá, se ha definido un complejo cultural caracterizado por una tradición de cerámica Modelada-Incisa (Láms. 1 y 2). G. Santos, quien ha realizado trabajos sistemáticos en ambas márgenes del Golfo de Urabá, considera que dicho complejo, con diferencias locales, se extiende "desde la Hoya del río Sinú hasta la Costa Atlántica de Panamá, por lo menos hasta el sitio de Puerto Escocés (... ); aunque los límites meridionales no son claramente discernibles, el complejo de Urabá se extendería sin embargo, hasta el Golfo de San Miguel (en la Costa Pacífica panameña) y el río Bayano, según los estudios de Torres de Arauz" (Santos, 1987) distribución que integra la información aportada por los estudios de distintos investigadores en toda la región costera, Alto Sinú -y Darién panameño. Este complejo tendría desarrollos locales en las zonas del Alto y Bajo Sinú y la margen oriental y occidental del golfo (Santos, 1987).

No se posee información clara sobre el origen de estos grupos. Asentamientos correspondientes a dicho complejo cultural han sido fechados en el sitio-tipo "El Estorbo": en los estratos más antiguos se obtuvieron dos fechas de radiocarbono de 1055 ± 40 AP (GrN-1134) y 925 ± 45 años AP (GrN-12344), es decir, 895 y 1025 de nuestra era (Ibid).

Yacimientos de este mismo complejo cultural han sido datados en el Alto Sinú en el siglo IV d. C. (Beta 5948-1570 ± 100) y en el siglo IX d. C. (Casabuenas, et al; 1982). En estos sitios no se conocen desarrollos anteriores; sin embargo, en la margen occidental del golfo, en el sitio de Capurganá, la cerámica Modelada-incisa se sobrepone y sustituye a un complejo anterior. Allí se presentan dos conjuntos cerámicos, uno representado por vasijas con pintura polícroma rojo y negro sobre blanco y el otro conjunto decorado con incisiones finas: líneas anchas y puntos, impresión, grabado, cepillado, impreso dentado, cuneado, etc. (Naranjo, et al, 1984).

En los demás sitios no se conocen desarrollos anteriores.

La cerámica Modelada-incisa que caracteriza este complejo cultural presenta "formas muy estandarizadas y decoraciones muy elaboradas: cuencos de base coronaria, algunas con sonajeros, o de bases altas recortadas, vasijas globulares y subglobulares de borde ancho evertido, mocasines y urnas con bases altas recortadas; vasijas semiesféricas y subglobulares sencillas, así como pequeñas figurinas antropomorfas con decoración incisa. La decoración de la cerámica consiste fundamentalmente en aplicaciones de carillas antropomorfas y zoomorfas, o bandas y protuberancias acompañadas generalmente de líneas y puntos incisos con motivos curvilineares; también son característicos triángulos impresos entre líneas incisas paralelas e impresiones ungulares en los labios de los bordes". (Santos, op. cit.)2.

En las distintas zonas donde se encuentran asentamientos de dicho complejo cultural, éstos se localizan preferentemente a lo largo de las corrientes de agua; aunque en general la región presenta pocas variaciones climáticas, fueron aprovechados los diversos microambientes de bosques, sabanas, manglares y mar, en los que, a través de la caza, la recolección y la pesca se explotaron los diversos recursos, articulándolos a una agricultura de maíz, raíces y tubérculos como la yuca.

Según G. Santos, los datos enunciados permitirían suponer que "toda la región del litoral, además del Alto y Bajo Sinú, fue ocupada por grupos culturalmente afines y que en el momento del contacto español estarían representados por los Cueva y los Urabáes" (Ibid).

Sin embargo, aún deben ser aclaradas más las relaciones Cueva-Urabáes, ya que estos últimos, según los cronistas, se diferenciaban de los Cueva por el uso de veneno en las flechas y la práctica de la antropofagia, hecho que se articula a una posible procedencia del Bajo Atrato, tal como lo reconocían a través de su tradición oral. (Simón, 1981). En el bajo Atrato existen algunos toponímicos como Abraime, Dabaibe y Urabaibe (una de las provincias de los Urabáes); las similitudes fonéticas -aunque evidentes- no son suficientes para aclarar las relaciones entre tales grupos. Sin embargo, se ha propuesto una comunidad étnica para los grupos que se extendían en una franja Oeste-Este desde el Pacífico hasta el Alto San Jorge, pasando por el Medio Atrato y el Alto Sinú, con las características comunes de vivienda sobre los árboles, flechas envenenadas, canibalismo y hábitat selvático de los que formarían parte los Guazuces, Carautas, Pubios, Péberes, Nitanas, Tuin, Cuisco y Araques en la zona montañosa oriental, al igual que Abraime, Abanumaque, Abibaibe y Dabaibe sobre el Atrato (Pardo, 1987). Tales características, asignadas también a los Urabáes, no se encuentran entre los Cueva dé la margen occidental del golfo; empero, el territorio ocupado por ambas etnias presenta evidencias materiales asignables a un mismo complejo cultural, sugiriendo de este modo datos contradictorios que dificultan el establecimiento de correspondencias étnicas confiables.

Complejo nor-occidental

Desde la Ciénaga de Tumaradó en el Bajo Atrato, siguiendo la cuenca del río Sucio, en los municipios de Chigorodó, Mutatá, Dabeiba, Urama, Cañas Gordas, Giraldo y en la vertiente oriental de la Cordillera Occidental sobre el río Cauca en Buriticá, Peque, Santa Fe de Antioquia y Sopetrán, se ha rastreado un complejo cultural que se caracteriza por una tradición de cerámica denominada Incisa con borde doblado (Castillo, 1986); además de la incisión en líneas, motivos geométricos, puntos y triángulos impresos, es específico de esta cerámica el borde formado por un rollo de arcilla sin alisar en la unión exterior, el cual casi siempre está decorado con impresiones digitales. (Láms. 3-4).

Asentamientos correspondientes a esta tradición cultural, se han localizado en el Valle del río Cauca -municipios de Santa Fe de Antioquia y Sopetrán- en las márgenes occidental y oriental respectivamente.

Los sitios de habitación, se ubican a lo largo de las riberas del Cauca, sobre colinas terciarias de muy baja altura, adyacentes a las terrazas del río; las tumbas generalmente se concentran en la cima de colinas cercanas a los sitios de habitación.

En todas las zonas se han excavado sitios de vivienda, tumbas y otros relacionados con la explotación de sal, lo cual posibilita una caracterización general sobre modos de vida de las sociedades que habitaron la zona y procesos de desarrollo de las mismas.

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Láminas 3 y 4. Fragmentos de cerámica excavados en Peque, Antioquia, pertenecientes a la tradición Incisa con borde doblado. Obsérvese la variedad de la decoración incisa sobre el borde que particulariza a la cerámica de esta región.

En el Municipio de Sopetrán 3 a orillas del río Cauca, (Lám. 5) se excavó un sitio estratificado de 1.80 metros de profundidad, que muestra el proceso de ocupación de la zona: en los niveles más profundos -entre 1.20 y 1.80 metros- se presenta una primera ocupación, identificada por un complejo de cerámica Roja incisa (Ibid), cuyas características dominantes son un baño rojizo y la incisión fina como técnica decorativa; las formas son ollas globulares y subglobulares, cuencos sencillos, cuencos con incisiones profundas en el fondo, platos ligeramente cóncavos y cuencos con decoración repujada sobre el ángulo periférico que forma la unión del cuerpo y el borde.

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Lámina 5. Región de Sopetrán, en el Cauca antioqueño.

 

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Láminas 6 y 7. Vasijas pertenecientes a la tradición cerámica Incisa con borde doblado.

Una segunda ocupación aparece posteriormente y sustituye a la anterior; el complejo cerámico que la identifica pertenece a la tradición Incisa con borde doblado; las formas son: ollas globulares y subglobulares, (Láms. 6-7) cuencos y platos planos asociados a pesas para red y una clase de artefactos líticos cuya función parece ser triturar elementos relativamente blandos, como tallos, hojas o raíces. Estos artefactos (asociados también a la primera ocupación) fueron hechos sobre cantos rodados de grano fino, de forma alargada y de sección transversal aplanada, los cuales presentan superficies de desgaste a lo largo de los bordes laterales; las superficies de uso fueron preparadas mediante la realización de un lascado fino y superficial.

Los platos asociados a esta fase son recipientes planos con diámetros de 30 a 40 cm. en promedio; la superficie superior está muy bien alisada, mientras que la inferior es burda, poco alisada y a menudo presenta huellas de fibras. Aunque unos ejemplares presentan ahumado exterior, éste es muy escaso, como si los mismos no hubiesen estado expuestos al fuego durante su uso.

Una segunda y última fase de esta tradición cultural, se diferencia de la anterior por la aparición de artefactos pulidos -hachas y cinceles- así como del equipo tecnológico generalmente asociado al procesamiento del maíz -metates y manos de moler- mientras que desaparecen los artefactos para triturar. Esta secuencia de fases se ha establecido sobre la base de los datos aportados por el sitio estratificado mencionado.

De otra parte se excavaron en la zona varias tumbas ubicadas en una colina próxima al sitio de vivienda estratificado; la relación espacial y la similitud de los artefactos de uno y otro sitio, permiten afirmar que se trata de los mismos grupos. Las tumbas excavadas pertenecen al período comprendido entre el siglo X y el siglo XVI d. C.; la estructura más antigua arrojó una fecha de 940 d. C. (Beta 9908-1010 ± 50). Una segunda se fechó en 1150 d. C. (Beta 9907-800 ± 50) y otras dos estaban asociadas a material colonial; podrían ser posteriores a 1646, fecha de fundación de la Villa de Santa Fe de Antioquia ubicada muy cerca del área de los asentamientos indígenas.

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Figura 1. Tradición "Incisa con borde doblado".

Las tumbas fueron excavadas sobre estratos arcillosos terciarios; constan de un pozo de acceso circular o rectangular y dos cámaras laterales, de forma oval -las más antiguas- y trapezoidal -las más recientes-; cada tumba puede estar formada por una sola de estas estructuras o por tres de ellas comunicadas entre sí, con variantes en cuanto a su distribución y contenido: una estructura con dos cámaras laterales dedicada al entierro de uno o varios individuos, mientras las otras dos contienen las ofrendas. Estas consisten en: vasijas completas y fragmentos, volantes de uso discoidales, pintaderas cilíndricas con perforación central, hachas y cinceles pulidos, pesas de red, narigueras circulares de oro, fragmentos de alambres de oro y tumbaga y fragmentos de láminas martilladas. Además se encuentran cráneos completos y restos óseos de niños y adultos dispersos entre el relleno. Una tumba, asociada a material colonial -fragmentos de ladrillo, porcelana, restos óseos de vaca y caballo, y una herradura- contenía piezas dentarias de por lo menos 20 niños con edades entre 8 y 12 años. No existen elementos suficientes para discutir las implicaciones de estos hallazgos; no obstante en los relatos de los cronistas se alude a la antropofagia como práctica generalizada entre los grupos de esta región. Un dato adicional al respecto, se deriva del hallazgo en el sitio de vivienda arriba mencionado, de una hilera de 32 cráneos humanos de adultos, con huellas de haber sido parcialmente calcinados; además se halló un depósito de siete cráneos humanos asociados a cinco cráneos de zaino.

La cerámica encontrada en las tumbas presenta una variedad formal y decorativa que no está presente en la hallada en los basureros de los sitios de habitación; además de las vasijas globulares y subglobulares, cuencos sencillos y con mango que se encuentran en los basureros, se obtuvieron vasijas antropomorfas de silueta compuesta, vasijas mocasín con decoración antropomorfa, cuencos con engobe rojo y decoración incisa acanalada con motivos geométricos, grandes ollas piriformes, grandes vasijas cilíndricas con decoración incisa geométrica, o con pintura roja y motivos geométricos; además, se encuentra un grupo de vasijas pequeñas generalmente completas y dispuestas boca abajo. Estas tienen las paredes completamente ahumadas tanto interior como exteriormente. La decoración es incisa geométrica restringida a la parte superior del cuerpo; también pueden tener el cuello corrugado; el acabado es burdo tanto en las superficies como en la decoración. Las formas son: vasijas globulares y subglobulares con cuello restringido, vasijas antropomorfas de silueta compuesta (hemiesférica en la parte superior, globular en la parte inferior, unidas por un cuello restringido), mocasines antropomorfos y cuencos de paredes rectas.

La frecuencia con que aparecen en la colección del museo de la Universidad de Antioquia, permite suponer que se trata de formas exclusivamente funerarias (Lám. 8). Piezas de estas características proceden de Mutatá, en donde se asocian a tumbas de pozo recubiertas con grandes losas de piedra (Arcila, 1963), Dabeiba, Cañasgordas, Giraldo, Caicedo y Bolívar. Las diferencias entre la cerámica de uno y otro contexto, sugieren la existencia de una división funcional entre cerámica doméstica y funeraria, hecho reforzado por las investigaciones en otros sitios del nor-occidente de Antioquia (Giró n, 1986; Arboleda, 1987; Martínez, 1987).

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Lámina 8. Vasija funeraria de la tradición Incisa con borde doblado. Colección Museo Universidad de Antioquia.

Ahora bien, con relación a los hallazgos efectuados en las tumbas para las cuales se dispone de una consistente cronología, debe señalarse la ausencia total de cuatro elementos hallados en los sitios de habitación y atribuidos a dos fases diferentes, de acuerdo con su asociación estratigráfica; éstos son: platos, artefactos para triturar, metates y manos de moler. Parece poco probable que dada la alta representatividad de los implementos de la vida cotidiana y ritual presentes en las tumbas, se hubieran excluido del conjunto de ofrendas los implementos mencionados, ampliamente representados en los basureros.

En este orden de ideas, la ausencia de los mismos en las tumbas correspondientes al período que va del siglo X al siglo XVI, sugiere que éstas pertenecerían a la fase de desarrollo que en el sitio estratificad o se asocia a la aparición de artefactos pulidos, metates y manos de moler; no obstante se requiere profundizar la investigación para explicar la ausencia de metates y manos en las tumbas. Cabe anotar que no todos los sitios localizados en el valle arrojan artefactos para triturar y platos, mientras que sí es constante la existencia de metates, los cuales son encontrados superficialmente.

Si bien es necesario ampliar las investigaciones para aclarar la validez de esta periodización, los datos obtenidos hasta ahora apuntan a la existencia en el período prehispánico, de dos fases de desarrollo determinadas por cambios tecno-económicos que tal vez indiquen cambios en el sistema agrícola y los artefactos líticos asociados: una primera fase en la cual el cultivo de raíces era predominante y una segunda a la cual se incorpora el cultivo del maíz.

Si estas asociaciones fuesen válidas, podríamos aproximar una cronología relativa para las ocupaciones del valle y sus respectivas fases de desarrollo así: la fase tardía de la tradición incisa con borde doblado se ubicaría aproximadamente entre el siglo X y el XVI d. C., la fase intermedia se extendería varios siglos atrás de esta época, si se tiene en cuenta que en el sitio estratificado los niveles que contienen las evidencias que la definen ocupan dos estratos con un espesor de 80 cm.; la fase temprana-ubicada posiblemente en un período anterior a los siglos VI o VII d. C.- incluye a los grupos portadores de la tradición Roja Incisa.

Los desarrollos correspondientes a las dos últimas fases contemplan actividades como los hilados y tejidos, la extracción de oro aluvial, la pesca, caza y la explotación de la sal, tal como lo indican la gran cantidad de fragmentos de ollas acumulados junto a las fuentes saladas existentes en el corregimiento de Córdoba -municipio de Sopetrán-, producto de la fractura de las vasijas en las cuales se evaporaba el aguasal. La producción de sal y de la cerámica requerida por esta industria, debió originar la especialización de grupos en su manufactura. Todas estas actividades debieron revertir en el desarrollo de redes de comercio e intercambio entre distintos grupos de la región.

No obstante, la complejidad social que puede inferirse de los datos antes expuestos, aparte de las elaboradas tumbas, que suponen una gran inversión de trabajo en su construcción y un complejo ritual funerario, entre los demás vestigios de la cultura de esta zona, son escasos los elementos que señalen diferencias sociales o la existencia de personajes socialmente reconocidos que gozaran de privilegios especiales o ejercieran un control político, religioso o militar, sobre la sociedad. Las representaciones antropomorfas hechas en vasijas funerarias, esquematizan rostros humanos adornados con pintura facial, narigueras y pendientes circulares en las orejas, los cuales se ajustan a las descripciones de los indígenas hechas por los cronistas en el siglo XVI.

Como se había dicho, la distribución de la cerámica indica que grupos con características similares ocuparon la vertiente oriental de la Cordillera Occidental y la cuenca del río Sucio hasta el Bajo Atrato; en Mutatá la cerámica se encuentra asociada a tumbas de pozo recubiertas con grandes lajas de piedra (Arcila, 1953); en Buriticá se la encuentra en sitios de habitación y tumbas de pozo (Girón, 1985); en Peque, la cerámica presenta algunas variantes en cuanto a la decoración de las vasijas: la banda de los bordes fue decorada con puntos y líneas cortas profundas o presenta impresiones ovaladas; en general se trata de una cerámica de manufactura burda (Martínez, 1987). En la parte alta de la cordillera en Santafé de Antioquia, se encuentran sitios de vivienda que arrojan la misma tradición cerámica y están espacialmente diferenciadas de aquellos que contienen la tradición Roja-Incisa, también presente en la vertiente en los corregimientos de Guasabra e Indro (Arboleda, 1987).

Una tradición funeraria diferente a la asociada al complejo cultural descrito arriba, se caracteriza por entierros en túmulos o montículos, presentes en el curso superior del río Sucio en Dabeiba, hacia el occidente por los Municipios de Frontino y Urrao; hacia el Este el punto de máxima penetración parece ubicarse en el Municipio de Buriticá en donde uno de ellos fue fechado en el siglo V d. C. (Girón, op. cit.). Allí, al igual que en Dabeiba, los túmulos están asociados a una cerámica sencilla, recubierta con un baño rojo; las formas más comunes son vasijas subglobulares de bordes evertidos lisos; en el túmulo mencionado, se halló también un fragmento de metate, lo que supone el cultivo del maíz para la época. Los sitios de vivienda asociados a la cerámica de este complejo se localizan en el sector noroccidental del municipio y no existe una asociación espacial con los correspondientes a la tradición incisa con borde doblado (Ibid.).

La distribución de estos complejos culturales en el noroccidente del departamento, coincide en líneas generales con el territorio ocupado por grupos cultural y lingüísticamente afines en el siglo XVI, de acuerdo con la información aportada por los cronistas. Estos son enfáticos en situar en el río León, sobre la Sierra de Abibe, una frontera cultural y lingüística entre los indios de la región costera y los del interior de Antioquia; una discontinuidad similar existía al sur, en la provincia de Caramanta, cuyos habitantes diferían en lengua y costumbres de los anteriores. El cronista Cieza refiere sobre los grupos de la Sierra de Abibe: "por aquí no hay de la mala hierba de Urabá", aludiendo con ello a que éstos no usaban armas envenenadas. De la provincia de Caramanta dice: "la gente de esta provincia es dispuesta, belicosa, diferente en la lengua a las pasadas" (Cieza 1971: 70), o sea, de aquellas ubicadas al norte de dicha provincia. La identidad lingüística de los diferentes grupos de la región se manifiesta en que pese a las diferencias dialectales, los conquistadores pudieron comunicarse dentro de esta región con los mismos intérpretes. A propósito de ello, el escribano de Robledo refiere que "las lenguas de la provincia de Hevéjico duran más de cuarenta leguas de largo e de ancho, otras tantas para ser una lengua" (Sardella, 192 l); en el mismo sentido, Fray Pedro Simón dice que "la lengua, costumbres, desnudez, talle, religión y entierros de los indios de esta provincia (Peque) se diferencian en poco de lo que hemos dicho de las provincias de arriba"(Simón 1981, tomo VI, p. 117); alude el cronista a los Hevéjicos, Noriscos, Curumes y a algunos pueblos cercanos ubicados sobre la margen oriental del río Cauca.

Las unidades sociopolíticas diferenciadas dentro de esta región eran Guacas, Nores, Catíos, Hevéjicos, Noriscos, Peques e Ituangos; otros pueblos como Curumes, Pencos, Tecos y Abibes, que aparecen en las crónicas, probablemente constituían núcleos de algunas de las agrupaciones mencionadas antes.

Estos grupos presentaban distintos niveles de desarrollo de sus estructuras sociopolíticas, desde un nivel tribal avanzado tal como aparece entre los Catíos, de cacicazgos en proceso de formación -Peques, Noriscos, Ituangos y Hevéjicos- hasta cacicazgos consolidados y en proceso de expansión como los Guacas. Entre los grupos de esta región, a pesar de la diferenciación en unidades políticas autónomas y la existencia de conflictos guerreros entre ellos, debieron primar fuertes relaciones, evidentes en las alianzas o confederaciones esporádicas que realizaban para enfrentar grupos foráneos; es posible que tales relaciones se derivaran de un origen común subyacente a la diferenciación política anotada (Castillo, 1987).

La confrontación de los datos arqueológicos con las fuentes etnohistóricas indican algunas correspondencias. En primer término, los cronistas refieren que en el territorio del cacicazgo de Guaca, localizado en el curso medio y superior del río Sucio, con dominios también en la Sierra de Abibe, las tumbas eran "una bóveda muy bien laborada, la boca al nascimiento del sol, en la cual estaban muchas ollas llenas de joyas de oro muy fino" (Cieza, 1971: 65). Este rasgo, concuerda con el tipo de tumba que se encuentra en la cuenca del río Sucio en Mutatá y Dabeiba, consistente en tumbas de pozo recubiertas de grandes lajas de piedra. Este dato unido a la presencia de la tradición "Incisa con borde doblado", desde el bajo río Sucio hasta el curso superior del mismo, zona que se aproxima al territorio controlado por el cacicazgo de Guaca, sugiere que estos podrían relacionarse con el complejo cultural referido.

El territorio ubicado al occidente del curso superior del río Sucio coincide con la zona de dispersión de tumbas de túmulo, las cuales constituían el rasgo específico del cacicazgo de Nore: "cuando se mueren los principales señores destos valles llóranlos muchos días arreo, y tresquílanse sus mujeres, y mátanse las más queridas, y hacen una sepultura tan grande como un pequeño cerro, la puerta della hacia el nascimiento del sol. Dentro de aquella tan gran sepultura meten al difunto lleno de mantas y con el oro y armas que tenía" (Cieza, 1971: 68). Sin embargo, estas estructuras, como se dijo antes, están asociadas a un tipo de cerámica formal y estilísticamente diferente de la encontrada en las tumbas de pozo descritas arriba; tales elementos señalarían diferencias en cultura material con respecto a los Guacas, pese a que los cronistas anotan que los de Nore eran de "la misma lengua y traje de los del Guaca" (Cieza, 1971), con quienes tenían guerras permanentes.

Si se acepta que las tumbas de túmulo identifican a los Nore, es posible suponer que en el siglo V d. C., grupos relacionados con esta etnia hayan ocupado la región minera de Buriticá, tomando en cuenta el hallazgo en dicha localidad de esta clase de tumbas fechadas en esa época (Girón, 1985). Al parecer habían sido desplazados de allí, razón por la cual durante la primera expedición española en la zona, uno de los caciques de Nore, guió personalmente a los conquistadores hasta Buriticá (Simón, t. v.: 200).

Los datos anteriores son los únicos que apuntan a una correspondencia étnica de las evidencias culturales arqueológicamente definidas. No obstante, la dispersión de la misma tradición cerámica en territorios presuntamente ocupados por Hevéjicos, Noriscos y Peques sugiere que estos compartían la misma tradición cultural con aquellos que ocupaban la cuenca del río Sucio. Hace falta obtener datos acerca de la zona donde existían asentamientos de los Catíos, es decir, al suroccidente de Santa Fe de Antioquia, en la parte alta de la cordillera; en principio y sobre la base de los datos disponibles, derivados fundamentalmente de las piezas de la colección del Museo de la Universidad de Antioquia que provienen de dicha región, la relación es ambigua ya que se encuentran vasijas correspondientes a los complejos que predominan en el noroccidente y suroeste del departamento.

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Láminas 9, 10, 11 y 12. Vasijas de la tradición Marrón-Incisa halladas en el departamento de Antioquia. Procedencias: Titiribí (9) y Santa Fé de Antioquia (10, 11 y 12). Colección Museo Universidad de Antioquia.

Complejo cultural del suroccidente

El suroeste antioqueño y la zona sur de la vertiente occidental de la cordillera central conforman una región que fue escenario en épocas prehispánicas de procesos de desarrollo de grupos culturalmente afines. Esto se refleja en la similitud de las numerosas piezas de cerámica procedentes de localidades de esta amplia región tales como Liborina, Olaya, Sopetrán, Santa Fe de Antioquia, Giraldo, Caicedo, Urrao, Bolívar, Andes, Jericó, Venecia, Titiribí, Heliconia, Valle de Aburrá y el altiplano al oriente de Medellín. La cerámica se ajusta a un estilo uniforme, caracterizado en cuanto a la decoración por un engobe rojo oscuro y la incisión fina como técnica decorativa predominante; a estos rasgos se une una estandarización de las formas que incluyen: cuencos sencillos, cuencos con incisiones en el fondo, cuencos fitomorfos, platos con asas, vasijas globulares y subglobulares con cuello alto, recto y borde evertido, recipientes de cuerpo semiesférico y cuello amplio de paredes divergentes y borde evertido, vasijas aquilladas con cuello y hombro corrugado, vasijas fitomorfas, vasijas cilíndricas de base aplanada, cuencos con protuberancias periféricas repujadas sobre el ángulo que une cuerpo y borde. (Láms. 9, 10, 11, 12).

Todas las formas anotadas presentan una variada gama de motivos decorativos hechos con incisión fina entre los que se cuenta dentado estampado, dentado estampado-cuneado, líneas incisas profundas, líneas acanaladas pandas, líneas finas dispuestas en espina de pescado, líneas de puntos rectangulares y puntos profundos. Estos motivos se utilizaron en diferentes vasijas, sin que hasta el momento puedan establecerse asociaciones específicas entre formas y motivos particulares que pertenezcan a zonas determinadas o se asocien con diferentes fases de desarrollo de esta tradición cultural, ya que no se poseen dataciones absolutas para ninguno de los sitios donde ésta ha sido hallada.

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Láminas 13, 14, 15 y 16. Vasijas de la tradición Marrón-Incisa procedentes de Liborina, Antioquia (14), Salamina, Caldas (15) y Medellín (16). Colección Museo Universidad de Antioquia.

Dentro de las formas de esta tradición cerámica se destacan las vasijas de cuerpo cilíndrico y base aplanada, generalmente decoradas con líneas incisas perpendiculares al cuerpo, separadas entre sí formando franjas de aproximadamente dos centímetros de ancho, rellenas con líneas incisas dispuestas formando el motivo espina de pescado (Láms. 13, 14, 15, 16). Las piezas presentan -como las demás de la tradición- un engobe de color rojo oscuro tendiente a marrón, tonalidad obtenida al ahumar ligeramente el engobe rojo original. Recipientes de forma similar han sido hallados en la región del macizo central en los departamentos de Caldas y Quindío y configuran una de las piezas -tipo para caracterizar al denominado estilo Marrón-Inciso definido por K. Bruhns en su estudio sobre los complejos cerámicos del Cauca Medio (Bruhns, 1977). Se ha planteado que este estilo pertenece a una época formativa de los desarrollos del macizo central y que se relacionaría con la orfebrería Clásica Quimbaya, la cual se desarrolló posiblemente en períodos anteriores al siglo X d. C. (Plazas y Falchetti, 1984. Reichel-Dolmatoff, 1987).

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Láminas 17 y 18. Fragmentos de cerámica Marrón-Incisa excavados en Jardín, Antioquia.

La similitud de rasgos como la decoración y el tratamiento de superficies de las vasijas catalogadas como urnas funerarias, así como el hallazgo recurrente de las mismas en zonas como el Valle de Aburrá y cuenca del Cauca en Antioquia, permiten afirmar que las mismas forman parte de la tradición que predomina en estas zonas y en gran parte del suroeste antioqueño. En un reconocimiento preliminar, efectuado en la localidad de Jardín4 en el Suroeste, se constató la asociación de estas piezas a sitios de habitación que arrojaron en su totalidad cerámica de la tradición que se ha venido describiendo. Aunque sólo se trata de fragmentos, sus características posibilitan afirmar que hacen parte de las vasijas-tipo del estilo "Marrón inciso" (Láms. 17-18).

Sobre la base de estos datos es posible plantear entonces, que los grupos que las elaboraron fueron quienes poblaron una amplia región del territorio del departamento de Antioquia.

La cerámica hallada en Jardín, así como en las demás poblaciones mencionadas, corresponde formal y estilísticamente con el llamado complejo Rojo Inciso que caracteriza la fase de ocupación más antigua, determinada en el sitio estratificado situado a orillas del río Cauca en el municipio de Sopetrán 5. Allí, de manera relativa se ha ubicado tal fase en épocas anteriores al siglo VI o VII d. C. El complejo cerámico respectivo es sustituido posteriormente por el complejo Inciso con borde doblado que predomina en el noroccidente del departamento.

Al parecer, la llegada al Valle de los grupos portadores de este último complejo, implicó el desplazamiento de los portadores del complejo Rojo Inciso hacia las vertientes de las cordilleras y posiblemente hacia zonas diferentes de las ocupadas por los grupos más tardíos (Castillo, 1987). Las investigaciones efectuadas en la vertiente de la cordillera occidental en el municipio de Santa Fe de Antioquia, permiten establecer una distribución espacial diferente de los sitios de habitación asociados a los dos complejos. Sin embargo, la existencia en algunos sitios pertenecientes al complejo tardío de cerámica de la tradición Roja Incisa, sugiere posibles contactos durante algún tiempo entre dos grupos étnicos territorialmente vecinos (Arboleda, 1987). En Sopetrán, sobre las faldas de la cordillera existen algunos sitios que solo arrojan material Rojo Inciso y los contactos o relaciones entre los dos grupos no han podido verificarse; a pesar de que esta zona, al parecer, constituye el límite entre las dos regiones donde predominan las tradiciones reseñadas.

Como se dijo, las formas y la decoración de la cerámica Roja Incisa concuerdan con las que caracterizan la tradición en los demás sitios donde se presenta: cuencos con incisiones profundas en el fondo, platos, vasijas subglobulares de borde evertido y labio plano o biselado, cuerpo decorado con líneas acanaladas, cuencos con protuberancias periféricas, etc. Teniendo en cuenta estas correspondencias y con miras a una unificación de terminologías, considero que el término Rojo-Inciso utilizado inicialmente para denominar el complejo hallado en el Valle y áreas contiguas, puede sustituirse por el nombre de Marrón-Inciso que ya es de uso generalizado dentro de la literatura arqueológica y por los investigadores que se ocupan de esta problemática.

Además de las investigaciones efectuadas en el valle del río Cauca y de los datos preliminares obtenidos en Jardín, una de las áreas que provee información sustantiva para establecer las características de la tradición Marrón Incisa es el Valle de Aburrá. Al parecer todo el valle fue ocupado por grupos relacionados con dicha tradición, según la información aportada por G. Arcila en su trabajo "Introducción a la Arqueología del Valle del Aburrá" (1977). El estudio de este autor se basa en el análisis de piezas provenientes en su totalidad de contextos funerarios, las cuales muestran prácticamente toda la gama de formas y decoraciones que forman parte de la tradición; igualmente coinciden con las formas presentes en la colección del Museo de la Universidad de Antioquia, así como con las obtenidas en las excavaciones.

En el Valle de Aburrá, la cerámica Marrón Incisa se encuentra asociada a tumbas de pozo tapado con grandes piedras aplanadas (Arcila, 1977). En ellas los entierros se efectuaron en urnas y al parecer se trata de inhumaciones secundarias; al norte del Valle en la localidad de Barbosa las tumbas asociadas a la misma tradición, están formadas por cinco piedras alargadas, dispuestas a manera de sarcófago, dentro de las cuales se halla el cadáver en posición extendida. En las demás zonas se desconocen las pautas funerarias.

Otros sitios relacionados con la tradición cerámica que nos ocupa se encuentran en Heliconia y el altiplano oriental en los municipios de El Retiro y Santa Elena; todos ellos relacionados con la explotación de fuentes de agua salada. En las excavaciones efectuadas por G. Santos en Los Salados de El Retiro, se encontró una cerámica caracterizada por un engobe rojo oscuro, decoración impresa de puntos y líneas (dentado-estampado) la cual se presenta en el borde, el cuello y parte superior del cuerpo del recipiente; allí también se encuentra una cerámica con decoración corrugada en el cuello que también es común a la tradición; las formas predominantes son vasijas de cuerpo subglobular o hemisférico, bordes biselados, cuencos semiesféricos y vasijas globulares (Santos, 1986). Cerámica similar se encuentra también en Heliconia asociada al procesamiento de la sal (Santos, com. pers.). Este sitio parece corresponder con el área donde en el siglo XVI estaba el pueblo de Murgia que los conquistadores españoles hallaron en la vertiente occidental de la cordillera central cerca del Valle de Aburrá (precisamente de donde partió la expedición que descubrió este valle). Allí se halló gran cantidad de sal, que explotaban los indígenas de las fuentes de agua salada de la región; la sal obtenida era utilizada como producto de intercambio y, según el cronista Cieza, éste se hacía con grupos ubicados hacia la vertiente del Magdalena, a cambio de oro y mucha ropa de algodón. Grupos afines explotaron también los salados ubicados en el municipio de Santa Helena, al oriente de Medellín (Santos, com. pers.). En este orden de ideas es claro que el control y explotación de un recurso fundamental como la sal, fue realizado seguramente durante muchos siglos.

Es posible que la homogeneidad de la cerámica encuentre explicación en la similitud cultural de grupos que ocuparon el suroccidente antioqueño, continuum cultural que se extendería al sur hacia la región caldense. Se requiere de investigaciones arqueológicas y etnohistóricas para aclarar el panorama prehispánico de la región que permitan establecer no sólo los vínculos entre los vestigios arqueológicos y los grupos del siglo XVI, sino los procesos que les dieron origen. Es evidente, además, que investigar esta región contribuye al esclarecimiento de problemas arqueológicos cruciales que abarcan a otras regiones y culturas geográfica e históricamente relacionadas con ella.

 

BIBLIOGRAFÍA

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-.Tres estudios para la etnografía y arqueología de Colombia. Los reinos de Guaca y Nore. Rev. de Indias, Madrid 1941.

 

1
Quiero expresar mi especial reconocimiento a las estudiantes Luz Elena Martínez y Silvia Elena Botero por su permanente asistencia en el trabajo de laboratorio de algunas de las investigaciones, base de muchos de los planteamientos aquí formulados.
2
Manifiesto mi agradecimiento al arqueólogo Gustavo Santos quien amablemente facilitó las fotografías de la cerámica del Golfo y me permitió el acceso al manuscrito inédito de sus investigaciones.
3
Algunas de las excavaciones efectuadas en esta zona se han realizado con estudiantes de Antropología inscritos en las prácticas de arqueología en los semestres 832, 84-1, 86-1.
4
Este reconocimiento se realizó como parte de los programas de Recuperación de la Memoria Cultural, de Extensión Cultural Departamental, en marzo del presente año.
5
Ver información al respecto, en este artículo, en los apartes dedicados al complejo noroccidental.
 
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