INTRODUCCIÓN A LA ORFEBRERÍA DE SAN PEDRO DE URABÁ, UNA REGIÓN DEL NOROCCIDENTE COLOMBIANO

MARIA ALICIA URIBE

Este informe presenta los resultados de una comisión arqueológica desarrollada en el municipio de San Pedro de Urabá, Departamento de Antioquia, en el mes de abril de 1987.

El objetivo del trabajo fue recoger información sobre diferentes aspectos relacionados con los hallazgos arqueológicos que guaqueros venían haciendo en la región desde algún tiempo atrás. El gran volumen de piezas de orfebrería que comenzó a llegar al Museo del Oro y el poco conocimiento que de ellas se tenía, aunque se reconocía su enorme interés, motivó el deseo de sus directivas por verificar y ampliar la información proporcionada por los vendedores y por personas que habían realizado algunos hallazgos.

Estas piezas deben su notable interés al hecho de que por su forma y tecnología se relacionan estrechameríte con "horizontes" y conjuntos orfebres distribuidos sobre el centro y norte de Colombia y el istmo centroamericano en el primer milenio de nuestra era. Para entonces esta amplia región ya conformaba una sola "provincia metalúrgica" caracterizada por elementos estilísticos y tecnológicos distintivos, los cuales fueron transmitidos y difundidos desde diferentes centros en distintas direcciones1 .

La zona de Urabá, por su ubicación en el área de contacto entre Colombia y Centroamérica, debió haber jugado un papel importante en la cadena de relaciones e intercambios ocurridos entre ambas regiones, hecho que sin duda se manifiesta en la orfebrería hallada en los alrededores del municipio de San Pedro de Urabá.

Este informe constituye apenas un primer acercamiento a la arqueología del área a partir de la información proporcionada por los guaqueros y otra gente de la región, de un recorrido por la zona visitando lugares de interés y recolectando algunos materiales y de un estudio de las piezas de orfebrería pertenecientes a la colección del Museo. Los materiales aquí descritos cobrarán su verdadero sentido sólo a partir de una investigación arqueológica profunda que permita interpretarlos dentro de su correspondiente marco histórico y social.

La realización del trabajo fue facilitada por la valiosa colaboración de los señores Javier Delgado y Heliodoro Acosta, así como el apoyo prestado por las gentes de la región, en especial del señor Eduardo Cantero.

Aspectos generales de la región

El municipio de San Pedro de Urabá se encuentra localizado en el extremo noroccidental del Departamento de Antioquia. Sus coordenadas geográficas son 6°28' latitud norte y 75°33' longitud oeste, y su altitud 247 mts. s.n.m. Su territorio comprende sólo el piso térmico cálido, con una temperatura media de 27°C. La humedad es baja y presenta un índice pluviométrico de 1.200 - 1.500 mm. al año.

Su territorio se ubica sobre las últimas estribaciones de la Cordillera Occidental, en el descenso de la Serranía de Abibe hacia las llanuras del Caribe. La topografía es ligeramente ondulada, conformada por cadenas de montañas de poca altura, interrumpidas por pequeños valles (Lám. 1).

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Lámina 1. Colinas de poca altura dominan el paisaje de la región de San Pedro de Urabá en las estribaciones de la Serranía de Abibe.

El proceso de colonización de la región se encuentra hoy bastante avanzado, pero aún continúa con fuerza su desarrollo. Los pocos bosques que todavía perduran están siendo talados, para luego de extraer alguna madera, quemarlos y reemplazarlos por pastos. Esta deforestación indiscriminada ha traído como consecuencia el agotamiento de las corrientes de agua, lo cual, sumado ala poca lluviosidad de la región, ocasiona graves problemas de sequía.

Por las mismas causas son evidentes ya en algunos sitios los estragos de la erosión y del empobrecimiento de la tierra. La mayor parte del terreno se encuentra actualmente cubierto de pastizales, los cuales son utilizados en algunos casos para ganadería extensiva de reses y unos pocos carneros. Una porción bastante menor de la tierra se halla cultivada, siendo el maíz, el arroz, la yuca y el fríjol los principales productos agrícolas. El bosque ocupa el escaso terreno restante.

En general, la tierra está dividida en propiedades de mediana extensión que son administradas y trabajadas por sus propios dueños.

La guaquería

Los inicios de la guaquería parecen remontarse unos veinte años cuando se llevaron a cabo las obras de construcción de la carretera que comunica el pueblo actual de San Pedro con zonas de mayor desarrollo económico como Montería. Para esta época, la región debía estar prácticamente despoblada y bastante cubierta de bosque, y es probable que aún habitaran allí algunos indígenas.

Las primeras guacas, que debieron haber sido descubiertas durante la construcción de la vía, fueron saqueadas por los obreros y demás empleados de la obra. Una vez abierto el acceso, la región fue poblándose con gentes en su mayoría venidas desde Córdoba, atraídas por las posibilidades de conseguir tierra, trabajo y mejores condiciones de vida. Durante este proceso de colonización, el descubrimiento de guacas parece haber sido muy esporádico y habérsele atribuido muy poca importancia, pues a lo largo de todo este tiempo la actividad de guaquería no floreció.

Sin embargo, en la actualidad, el saqueo de guacas ha tomado un auge enorme. Este hecho tuvo sus comienzos hace unos dos años cuando las obras de recuperación y ampliación de la carretera remo vieron nuevamente considerables cantidades de tierra, arrasando numerosas tumbas indígenas y sacando a la luz su contenido de objetos cerámicos, líticos y de orfebrería. Desde entonces, los habitantes de la región se percataron de la posibilidad económica que les ofrecía la búsqueda de estos objetos, especialmente los de oro, dando comienzo a una intensa guaquería.

Posteriormente comenzaron a llegar los compradores y revendedores de piezas para adquirir a precios bajos todo lo desenterrado. Algunos de ellos han establecido relaciones permanentes con la gente de la región, manteniendo así un estímulo constante para el saqueo de las tumbas. Como producto de estas actividades, el Museo del Oro ha recibido en oferta un buen número de piezas procedentes de la zona durante los últimos dos años.

La guaquería ha venido siendo desarrollada por los habitantes de la región, tanto hombres como mujeres, quienes se dedican a ella durante el tiempo que les dejan libre sus labores agrícolas, ganaderas y domésticas. Consiste en una actividad más o menos esporádica y que no cuenta con ninguna tradición en la zona. Pudo observarse la forma desordenada y aleatoria como excavan las tumbas, ya que según explican ellos "no se encuentran paredes". Es frecuente además que rompan las piezas de oro por no utilizarlas herramientas adecuadas ni tener el suficiente cuidado. La cerámica la destruyen prácticamente en su totalidad durante la excavación debido a que para ellos no presenta ningún interés por tener muy poco valor comercial.

La guaquería se ha ejercido con bastante intensidad durante estos últimos años. Al recorrer la región, se aprecia una gran cantidad de hundimientos sobre el terreno producto de los trabajos de esta actividad, los cuales se encuentran incluso en los patios de las casas, detrás de las cocinas o en medio de los caminos. Actualmente, el área cerca al pueblo y las zonas próximas a la carretera están casi totalmente saqueadas. Para encontrar una guaca sana se hace necesario caminar un buen trecho hacia veredas más alejadas.

Los cementerios y las tumbas

La mayor parte de los cementerios que se visitaron se encontraban ubicados sobre los filos de las montañas. Ocasionalmente se observan sucesivas agrupaciones de tumbas, una tras otra, siguiendo los filos. Se presentan sobre aterrazamientos aparentemente naturales y no exhiben exteriormente ningún rasgo que los identifique, a excepción de los conjuntos de huecos dejados por los guaqueros. Estos cementerios se componen de varias tumbas, pero el rango en que varía el número de ellas no se determinó.

La forma de las tumbas constituye un problema complicado. Como se anotó anteriormente, los guaqueros dicen no encontrar "paredes" y por ello excavan sin ningún método. Además de los elementos topográficos, los indicios para hallar un entierro los constituyen la presencia de tiestos, la existencia de tierra blanda y revuelta y la aparición de lo que ellos conocen como "la pinta", es decir, partículas pequeñas de carbón. A cierta profundidad debe aparecer también la "teja" o el "techo" del entierro, consistente en un plato pando de cerámica enterrado un poco encima del muerto.

En sus excavaciones, los guaqueros abren huecos cuadrados de 1 metro o algo más de ancho, los cuales excavan siguiendo los anteriores indicios, aunque poniendo especial atención sobre "la pinta". Con bastante frecuencia este último elemento desaparece, ante lo cual, si el hueco no es aún muy hondo -menos de 80 cms. Aproximadamente vuelven a taparlo, pero si ya alcanza alguna profundidad, siguen buscando a veces hacia los lados en el fondo del hueco.

Según datos proporcionados por un guaquero, la forma original de las tumbas es de pozo cuadrado de 1 m de lado y al parecer algunas tienen una cámara lateral pequeña de más o menos 1 m de ancho. La profundidad varía entre los 0.4 y 5 mts. Los entierros son de tipo primario y según informaciones se colocaba el cadáver estirado de cúbito dorsal. Los huesos se encuentran bastante deteriorados y se quiebran o deshacen al tocarlos. Se supo también de la existencia de entierros secundarios en urnas.

En las tumbas fueron depositados como ajuar objetos de orfebrería, cerámica, concha y piedra y al parecer también astas de venado y pedazos de carbón. En ocasiones el ajuar no presenta piezas de oro sino algún objeto de cerámica, unos pocos elementos de concha y/ o algunos de lítica, que los guaqueros en su jerga denominan "centellas". Estos casos, así como cuando el entierro no presenta ningún ajuar, son conocidos por los guaqueros como "tumba de pobre".

Durante el recorrido hecho por la región, se buscaron visualmente probables sitios de habitación antiguos; sin embargo no fue posible detectarlos pues no se observaron aterrazamientos artificiales sobre las laderas o en los filos de las montañas, ni ningún otro tipo de estructura que hubiera podido servir como vivienda o para su ubicación. Dada la suave ondulación del terreno es muy probable que la gente más bien hubiera aprovechado las planicies naturales para situar sobre ellas sus construcciones.

La orfebrería

El siguiente es un primer ordenamiento de la información proporcionada por gentes de la región e intermediarios acerca de las piezas de orfebrería que se encuentran en las tumbas. Esta información se complementó con datos del Museo del Oro sobre piezas muy relacionadas con las anteriores y procedentes de la misma región. Los objetos se denominan a continuación con el nombre utilizado por los arqueólogos, y en seguida entre paréntesis, con el nombre o nombres empleados en la zona.

Pectorales en espiral doble ("Ramos")

Son piezas muy comunes. Tienen la forma de dos espirales convergentes unidas por un puente (Láms. 2 y 3). Su tamaño varía entre los 4 y los 17 cms. de ancho. Fueron elaborados con la técnica del martillado en oro de alta ley. Los hay de lámina angosta y de lámina ancha, y algunos son de sección transversal redonda, hechos de una especie de alambre grueso. Generalmente son planos pero también los hay con volumen, un poco cóncavos o con las espirales cónicas. Existen otros tipos de piezas similares que podrían constituir variantes de esta forma:

-Piezas en forma de dos espirales divergentes que descansan sobre, o suspendidas de, una línea recta (Lám. 2). Existe además una forma un poco más complicada de esta variante (Lám. 3).

-Piezas constituidas por un alambre largo doblado en forma de herradura, en cuyos extremos se retuerce formando dos espirales cónicas ("Coronas") (Lám. 3).

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Lámina 2. Pectoral en espiral doble y pieza relacionada. Nos. 32.738, 32.718.

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Lámina 3. Pectoral en espiral doble y piezas relacionadas. Nos. 32.341, 32.303, 32.591.

Según informaciones de guaqueros "los ramos se consiguen en el pecho del muerto", de donde puede deducirse que cumplían la función de pectorales. A veces se encuentran ajuares constituidos por uno solo o por varios de ellos.

Estos pectorales presentan una amplia distribución: han sido hallados también en las llanuras del Caribe, el valle medio del río Cauca, Panamá y Costa Rica, así como en las zonas bajas al norte de la Sierra Nevada de Santa Marta, donde presentan diferencias tecnológicas -fueron fundidos en tumbaga y dorados superficialmente-. Este tipo de pieza, al lado de otras formas igualmente difundidas, integran un conjunto orfebre que antecedió a la consolidación de los estilos regionales posteriores, tanto en el istmo como en el centro y norte de Colombia, y que se ubica cronológicamente antes del año 1000 de nuestra era (Falchetti, 1987: 4-7). En Panamá algunas de estas formas, incluyendo los pectorales en espiral doble, conforman el denominado "Grupo inicial" de orfebrería, el cual constituye la manifestación metalúrgica más antigua conocida en el istmo (Cooke y Bray, 1985: 41-42).

Colgantes Semilunares ("Medialunas").

Son piezas que según información de los guaqueros aparecen con mucha regularidad. Su forma es la de una lámina plana recortada en medialuna, en algunos casos más y en otros menos abierta. Cuentan con un orificio en el centro hacia la parte superior, seguramente para suspenderlas y casi siempre presentan decoración repujada de puntos rodeando el borde (Lám. 4). Ocasionalmente exhiben también decoración repujada sobre el centro de la pieza, con un mismo diseño. Sus dimensiones varían entre 4 y 22 cms. de ancho por 1.5 y 7 cms. de alto. Según algunos guaqueros estas piezas se encuentran en las tumbas sobre la frente del muerto y en ocasiones se hallan dos o más, una sobre otra. Fueron piezas hechas también con la técnica del martillado en oro de buena ley.

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Lámina 4. Colgantes y narigueras semilunares. Nos. 31.849, 31.853, 32.537, 32.689, 32.608, 32.535.

Pectorales circulares ("Platos" o "discos").

Son piezas muy comunes constituidas por una lámina plana, o a veces un poco cóncava, de forma circular. Casi siempre tienen decoración repujada de puntos en el borde y ocasionalmente en el centro, donde aparecen variantes de un mismo diseño geométrico (Lám. 5). En su mayoría presentan una perforación hacia el borde, aunque a veces está localizada en el centro. En algunas piezas existen dos perforaciones o cuatro hacia el borde. Su diámetro varía en un rango de 9 a 18 cms. Seguramente fueron utilizados como pectorales y de acuerdo con información de los guaqueros se encuentran a veces más de diez piezas "encarradas", es decir una sobre otra, en un mismo entierro.

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Lámina 5. Pectoral circular con decoración repujada. No. 32.809.

Tecnológica y formalmente son piezas muy relacionadas con el grupo anterior. En su mayoría son de oro de alta ley, pero las hay también de tumbaga dorada superficialmente.

Una variante de este tipo la constituye una pieza de forma casi circular pero un poco achatada, insinuando un cuadrado.

Existen otras piezas que también son conocidas como "platos" en la región, pero que se ordenan mejor en grupos diferentes. Son muy similares a las anteriores en forma y decoración, pero de menor tamaño y con los orificios dispuestos en otra distribución. Sin duda eran destinadas para cumplir otro tipo de funciones. Podrían dividirse en tres grupos según el criterio funcional:

-Colgantes y colgantes de orejera. Son láminas circulares planas o circulares cóncavas con o sin decoración repujada y con un solo orificio hacia el borde. Ocasionalmente se presentan en parejas, en cuyo caso podría tratarse de colgantes de orejera. Su diámetro varía entre los 3.5 y 6 cms.

-Aplicaciones para textil. Su uso se deduce de la cantidad y disposición de los orificios: pueden presentar dos opuestos hacia el centro, dos un poco juntos hacia el borde o cuatro opuestos en parejas hacia el borde. Su diámetro promedio es cercano a los 5 cms.

-Pezoneras. Su forma es circular cóncava o circular cónica, sin orificios. A veces se presentan en parejas. Su diámetro varía entre los 2 y 6.5 cms.

Cinturones y diademas (La gente de la región utiliza estos mismos nombres)

Se encuentran con alguna frecuencia en las tumbas. Son láminas rectangulares, angostas, ocasionalmente con decoración repujada, o "dibujados", como dicen los guaqueros. Es difícil determinar si cumplían la función de diademas, cinturones o alguna otra. Sus dimensiones son: 6 por 50 cms. aproximadamente. Fueron también elaboradas en la técnica del martillado en oro de gran pureza.

Colgantes, pectorales y cuentas de collar zoomorfos ("Animalitos") Son bastante comunes las piezas que representan figuras zoomorfas. La gente de la región las ha clasificado en varios grupos para los cuales tienen diferentes nombres. Se distinguen de todas las piezas anteriores en cuanto a tecnología, habiendo sido elaboradas en la técnica de la fundición a la cera perdida en aleaciones con proporciones variables de oro y cobre.

Pueden clasificarse en varias formas generales:

-Colgantes en forma de animales con cola levantada ("Saltarroyos" o "perritos"). Son piezas que representan uno o tal vez varios tipos de animales echados sobre sus cuatro patas, en actitud expectante y con la cola levantada y curvada hacia adelante. Algunas exhiben un pico, que a veces semeja al de un loro, mientras otras presentan una especie de hocico curvado hacia arriba o hacia abajo. Además de encontrarse en forma unitaria, se hallan también con frecuencia en grupos de dos o de tres animales del mismo tipo. Menos comunes son las piezas compuestas por seis figuras (Lám. 6).

Dentro de la colección del Museo existen otras representaciones de animales muy relacionadas con las anteriores que difieren de éstas en una o más características como la estructura del cuerpo, la forma del hocico y/ o de la cola, la posición de la figura, etc.

El tamaño de las piezas varía entre 2 y 8 cms. de largo por 2 a 6 cms. de alto.

La marcada estilización de las figuras hace difícil su identificación zoológica, a lo cual se suma que algunos ejemplares parecen representar animales fantásticos donde se mezclan características de diferentes especies. Este parece ser el caso de los cuadrúpedos con pico de loro.

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Lámina 6. Colgantes en forma de animales con cola levantada. Nos. 32.762, 32.336, 32.707, 31.930, 32.666, 32.783, 32.763, 31.931.

Como los pectorales en espiral doble, animales de cola levantada han sido hallados en el valle medio del río Cauca, las llanuras del Caribe, Panamá, Costa Rica y esporádicamente en la Sierra Nevada de Santa Marta. En Panamá esta forma se encuentra asociada a los denominados "Grupo inicial" y "Grupo internacional" de orfebrería, con cronologías anteriores al año 1000 d. de C.: desde comienzos de la era cristiana hasta el 500 d. de C. el primero, y desde el 400 hasta el 900 d. de C. el segundo (Cooke y Bray, 1985: 41-45: Falchetti, 1987: 4-9).

De otro lado, la categoría de piezas conformada por animales múltiples hace también parte del grupo de orfebrería más antiguo del istmo centroamericano (Cooke y Bray, 1985: 42).

Colgantes en forma de rana ("Ranas" o "Sapos")

Los colgantes con figura de rana exhiben varias formas que en general se distinguen claramente de las de otras regiones (Lám. 7). Se presentan casi siempre de manera unitaria, aunque dentro de la colección del Museo existe una pieza compuesta por tres animales. Alcanzan una longitud máxima de 4.5 cms. aproximadamente. En su mayoría son huecas, bastante livianas y elaboradas en tumbaga dorada.

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Lámina 7. Colgantes en forma de rana. Nos. 32.778, 32.661, 32.473, 32.474.

Colgantes y pectorales en forma de ave ("Aguilas" y "mujercitas") Dentro de este gran conjunto se agrupan las distintas representaciones de aves y animales que muestran algunos rasgos de ave. Como elemento recurrente todas estas piezas están provistas de una cola extendida de forma triangular. Las formas que integran el conjunto se pueden discriminar así:

-Piezas conocidas en la región como "águilas" o "mujercitas", caracterizadas por tener un cuerpo redondeado, cuello largo una especie de cara lisa doblada hacia atrás, y en ocasiones un pico. Siempre se presentan en parejas unidas en el cuerpo y la cola. Son pequeñas, alcanzando un tamaño máximo de unos 5.5 cms. de largo (Lám. 8).

-Piezas denominadas también "águilas", provistas de un pico saliente hacia el frente y dos alas triangulares que se desprenden de ambos lados del cuerpo. Siempre se presentan en forma unitaria. Son menos comunes y más pequeñas que las precedentes.

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Lámina 8. Colgantes en forma de aves. Nos. 32.597, 31.925, 32.338, 32.662, 32.601, 30.768, 32.787, 32.663.

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Lámina 9. Pectoral en forma de ave con placas colgantes.

-En la colección del Museo existen otras tres piezas pequeñas similares a las anteriores que constituyen formas al parecer poco comunes: una es una pareja de animales semejantes a aves con la cabeza en forma de cruz; la otra es también una pareja con la cabeza lisa y curva, doblada hacia adelante y la tercera es un ave con las alas desplegadas en forma de L.

-Por último, pueden agruparse las figuras de ave de mayor tamaño. Además de la gran cola triangular, casi todas ellas exhiben un par de alas desplegadas hacia los lados y curvadas hacia abajo. En algunos casos son muy elaboradas, a veces adornadas con grandes placas colgantes (Lám. 9). Al parecer se manufacturaron en muy pequeñas cantidades y es probable que algunas fueran piezas únicas. Alcanzan a medir hasta un poco más de 10 cms. de altura. Por sus dimensiones pueden incluirse dentro del grupo de los pectorales.

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Lámina 10. Cuentas de collar zoomorfas y cilíndricas. Nos. 32.800, 32.767.

Los dos grupos de pequeñas "águilas" dobles y unitarias y algunos pectorales bicéfalos muy simples se relacionan estrechamente con otra de las formas dispersas sobre el norte y centro de Colombia y el istmo centroamericano en épocas tempranas. Esta forma, al lado de los pectorales en espiral doble, los colgantes en forma de figuras de animales con cola levantada y las representaciones de animales múltiples, componen el denominado "Grupo inicial" de la orfebrería panameña (Cooke y Bray, 1985: 41-42; Falchetti, 1987: 4-7).

-Otro grupo de colgantes zoomorfos, lo constituyen varias piezas relativamente planas de parejas de animales compuestos por un cuerpo abultado, cuello y cola alargados y dos ojos saltones.

Cuentas de collar zoomorfas ("Mariapalitos" y "muñequitos' (Lám. 10). Son piezas muy frecuentes en los ajuares. Las cuentas denominadas "Mariapalitos" tienen la forma de animales muy simples compuestos de un cuerpo alargado y liso, una cabeza casi triangular y dos ojos saltones. Aparecen con la cabeza levantada dando la impresión de estar deslizándose. Su tamaño promedio es de 3.5 cms. de largo. Las cuentas denominadas "muñequitos" representan probablemente otro tipo de animales. Constan de una cabeza semiesférica, una especie de cuerpo conformado por dos triángulos consecutivos y una cola rectangular. Su tamaño es menor que el de las piezas anteriores.

Ambas formas se han hallado también en el valle medio del río Cauca: en la colección del Museo se encuentran algunos ejemplares provenientes del Quindío y el sur de Antioquia y en el "Tesoro de los Quimbayas", descubierto en el Quindío en el siglo pasado, existe un collar de cuentas muy similares a los "mariapalitos" (Pérez de Barradas, 1966: fig. 27).

Otro conjunto de piezas de amplia dispersión sobre la "provincia metalúrgica del norte" antes del año 1000 d. de C., está muy relacionada con el estilo de orfebrería "Quimbaya clásico", definido básica mente a partir del "Tesoro de los Quimbayas". Este conjunto, denominado "Tradición quimbayoide" se extiende por una buena parte del occidente colombiano y tiene una gran fuerza en el istmo centroamericano (Falchetti, 1987: 4-7). Las cuentas denominadas "mariapalitos" y probablemente los "muñequitos", son algunas de las formas que integran esta "Tradición".

Cascabeles ("Campanas")

Son piezas también típicas de la región. Su forma es generalmente esférica, esferoide o cónica y presentan una prolongación cilíndrica que sirve para asirlos y agitarlos. Son pequeños, con una longitud máxima de 3.5 cms. aproximadamente. Fueron manufacturados por la técnica de la fundición a la cera perdida.

Este tipo de piezas hace también parte del denominado "Grupo Internacional" de orfebrería en el istmo panameño (Cooke y Bray, 1985: 41-42).

Figuras antropomorfas

Aunque son poco comunes, conforman un grupo definido con rasgos homogéneos. Generalmente son huecas por detrás, bastante planas y algo naturalistas; probablemente todas fueron utilizadas como colgantes. En ocasiones se muestran sentadas sobre una lámina que podría representar una especie de banco (Lám. 11). En la colección del Museo existe una pieza en donde la figura humana se asocia con un animal, específicamente con un ave, aunque no se combinan (Lám. 12). Sobresale a su vez por su notable realismo un fragmento de figura femenina sedente, elaborada con gran volumen y en la que se detalla tanto el frente como la espalda.

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Lámina 11. Figuras antropomorfas "quimbayoides". No. 32.865, 32.335, 31.923, 31.924.

Estas piezas muestran grandes semejanzas con las figuras antropomorfas del estilo "Quimbaya Clásico", lo cual las vincula a la denominada "Tradición Quimbayoide". Los elementos "quimbayoides" más característicos que presentan son la desnudez, las formas suaves y redondeadas, los rostros tranquilos con ojos semicerrados y las espirales a cada lado de la cabeza. La posición de la figura sentada sobre un banco es también un elemento típico "Quimbaya Clásico".

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Lámina 12. Figura antropomorfa y zoomorfa" quimbayoide". No. 32.333.

Las figuras antropomorfas "quimbayoides" forman parte del denominado "Grupo Internacional" centroamericano, con una concentración especial en la costa atlántica de Costa Rica (Cooke y Bray, 1985: 43).

Narigueras ("Chagualas")

Son piezas usuales en los ajuares. Las diferentes formas que se encuentran según los informantes de la región son:

-Narigueras semilunares planas o levemente cóncavas, a veces con decoración repujada o en relieve. Al parecer las hay martilladas y fundidas. Ocasionalmente su forma es elíptica o circular (Lám. 4).

-Narigueras en forma de "n" con remates, llamadas en la región "narigueras de clavo". Fueron elaboradas con la técnica de la fundición, en ocasiones con trabajo de filigrana.

-Narigueras circulares de alambre.

-Narigueras planas con aletas laterales y decoración repujada.

-Narigueras elípticas huecas. Fueron elaboradas con la técnica de la fundición y en algunos casos en filigrana. Según informantes son comunes en la región las narigueras "cocas", es decir huecas.

-Narigueras triangulares macizas. En su elaboración se utilizó la técnica de la fundición a la cera perdida.

Las procedencias de las tres últimas formas exigen aún verificación, pues es probable que procedan de otros centros actuales de guaquería en las llanuras del Atlántico.

Piezas como las narigueras elípticas, huecas y las triangulares macizas hacen parte del "Tesoro Quimbaya" (Pérez de Barradas, 1966: fig.12). En la colección del Museo existe también un buen número de ellas con procedencias que cubren casi toda el área de dispersión del estilo "Quimbaya Clásico". De verificarse su origen en sitios más al norte de esta área podrían incluirse dentro de la "Tradición quimbayoide".

Otras cuentas de collar

Son piezas bastante usuales. Las más comunes, que según expresión de un informante, "salen en toda tierra", son unas cuentas cilíndricas muy cortas y de diámetro muy pequeño (Lám. 10). Otras, son en forma de barril, bicónicas, cilíndricas a manera de canutillos, esféricas y esferoides (Lám. 13). También se presentan cuentas alargadas de sección cuadrada. Algunas formas fueron elaboradas con la técnica de fundición y otras por medio del martillado.

Orejeras

Al parecer no son muy comunes las piezas con esta función. Como probablemente algunos "platos" pequeños fueron colgantes de orejera, estas últimas consistían, tal vez, en un simple alambre de forma circular. De acuerdo con informantes de la región, se presentan orejeras circulares huecas, aunque para ellos éstas eran "chagualas", es decir narigueras. En la colección del Museo del Oro existe un par de orejeras circulares de alambre con pequeños remates.

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Lámina 13. Remates cóncavos y cuentas de collar bicónicas, cilíndricas y esferoides. Nos. 32.702, 32.704, 32.561.

Alambres ("Hilos")

Se encuentran frecuentemente en las tumbas. Son simples fragmentos de alambre muy delgado. Es casi imposible conocer su función aunque tal vez se trata de elementos en proceso de elaboración. Los informantes también aseguraron la existencia de alambres algo más gruesos doblados en forma similar a una horquilla y con los extremos retorcidos en espiral. Según ellos dentro de una misma tumba se encontró uno de estos alambres y un pectoral en espiral doble.

Tapas y cuellos de "poporo"

No se obtuvo información directa en la región acerca de estas piezas. Es probable que se usaran ajustándolas sobre calabazos en los que se guardaba la cal utilizada en la masticación de la coca. Los ejemplares de la colección del Museo del Oro presentan dos formas: semiesférica y casi bicónica; alcanzan a medir cerca de 10 cms. de alto. Fueron elaborados martillando láminas de oro de gran pureza.

En cercanías de Turbo, se encontraron también hace algunos meses, dos cuellos de poporo muy relacionados tecnológica y formalmente con los anteriores. Uno de ellos tiene la misma forma casi bicónica del de San Pedro de Urabá pero es un poco más delgado mientras que el otro es aproximadamente cónico y termina en la parte superior en una especie de esfera cubierta de lóbulos semejante a una calabaza (Lám. 14).

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Lámina 14. Cuellos de "poporo" y otras piezas procedentes de Turbo, similares a las de San Pedro de Urabá. Nos. 30.776, 30.775, 30.774, 30.773, 30.772.

Todas estas piezas presentan una notoria similitud con ejemplares fundidos de "poporos" y cuellos de "poporo" del estilo "Quimbaya Clásico" (Plazas y Falchetti, 1985: 207). En el recientemente descubierto "Nuevo Tesoro Quimbaya" existen cuatro cuellos de formas largas y estilizadas. El hallazgo de las piezas de la región de Urabá es otra evidencia más de la fuerza de la "Tradición quimbayoide" en el noroccidente colombiano en el primer milenio de nuestra era.

Colgantes (?) semilunares huecos ("Colmillos" o "cachos")

Son piezas con volumen, huecas, de forma semejante a un colmillo. Presentan dos orificios, uno en cada extremo, que servían probablemente para pasar una cuerda con la cual se suspendía la pieza.

Remates cóncavos

Son piezas pequeñas, formadas por una lámina cóncava hundida en el centro de cuyo interior se desprende una especie de manija tubular corta que probablemente encajaba en una estaca o en algún otro objeto cilíndrico (Lám. 13).

Por último, es interesante consignar algunos datos recogidos acerca de los ajuares. Según información de un guaquero "el oro se encuentra debajo del indio"; sin embargo, de acuerdo con otros informantes, no siempre ocurre así. El ajuar que presenta oro con frecuencia tiene también objetos de cerámica, concha y/ o piedra, y ocasionalmente carbón. Acerca de los contextos o configuraciones de conjuntos, de piezas dentro de las tumbas, todos los informantes coincidieron en afirmar que no existe ninguna regularidad notable al respecto, y que los diferentes tipos de piezas se encuentran mezclados en los ajuares. Cuando se les interrogó si existía alguna separación a nivel de las tumbas entre los dos grandes grupos de piezas que se evidencian desde el punto de vista tecnológico -las martilladas y las fundidas-, respondieron negativamente.

 

BIBLIOGRAFÍA

Bray, Warwick. "Goldwork", en Between Continents/ Between Seas: Precolumbian Art of Costa Rica. Edited by Elizabeth P. Benson. Harry N. Abrahams, Inc., Publishers. pp. 153-166. New York, 1981.

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Cooke, Richard G. and Warwick Bray. "The Goldwork of Panamá: An Iconographic and Chronological Perspective", en The Art of Precolumbian Gold: The Jan Mitchell Collection. Edited by Julie Jones. Weidenfeld and Nicolson. pp. 35-45. London, 1985.

Falchetti, Ana María. "Desarrollo de la Orfebrería Tairona en la Provincia metalúrgica del norte colombiano". Boletín Museo del Oro, No. 19, mayo-agosto, pp. 3-23. Bogotá, 1987.

Pérez de Barradas, José. Orfebrería prehispánica de Colombia. Estilos Quimbaya y otros. Texto. Obra basada en el estudio de las colecciones del Museo del Oro del Banco de la República. Madrid, 1966.

Plazas, Clemencia y Ana María Falchetti. "Patrones culturales en la Orfebrería Prehispánica de Colombia", en Metalurgia de América Precolombina. 45° Congreso Internacional de Americanistas, Universidad de los Andes. Banco de la República. pp. 201-227. Bogotá, 1987.

 

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Para una amplia visión del tema ver: Bray, 1981;1984; Cooke y Bray, 1985; Plazas y Falchetti, 1985; y Falchetti, 1987.
 
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