Tibitó

En el año de 1980 el arqueólogo Gonzalo Correal excavó un sitio donde la intervención del hombre en la formación de varios depósitos con huesos quemados de fauna extinguida es incontrovertible. Es un lugar a cielo abierto al centro-oeste del altiplano (cerca de El Abra), al borde de un pantano extinguido. Muy cerca del lugar de los hallazgos hay terrazas sobre las cuales se han hecho recolecciones de instrumentos líticos superficiales, pero en las que nunca han aparecido huesos de megafauna ni puntas de proyectil.

Con el precedente que en 1953 Thomas van der Hammen había recuperado en el área una pieza dentaria de mastod onte, y había hecho un diagrama de polen junto con el estudio de un perfil estratigráfico en Tibitó (al norte de Bogotá), Correal exploró el área hasta localizar un depósito de huesos de mastodontes y caballos (Cuvieronius hyodon, Haplomastodon y Equus A.). Asociados estrechamente con ellos recuperó algunos artefactos, huesos de venados, restos de cremaciones y carbón, en un estrato sellado por sedimentos recientes e inalterado, que arrojó una edad de 11.740 ± 110 años A.P. (GrN -9375) (Correal 1981). Es decir, dentro del Interestadial de Guantiva y en correspondencia con la Zona 1 del Tequendama y las ocupaciones más claras de El Abra.

Los huesos corresponden a varios individuos de diferentes especies, lo que lleva a Correal a interpretar el sitio de Tibitó como un lugar de matanza y faenad o, pero enfatizand o en la "disposición selectiva de los restos en los depósitos 1-2-3, sitios en donde es evidente la asociación de molares (principalmente) y algunos restos de esqueleto post-craneal (caballo y mastodonte) ... Esta nueva situación, así como la ausencia total de extremidades de mastodonte, nos obliga a considerar el carácter de los depósitos 1-2-3 dentro de un contexto cultural mucho más amplio que trasciende de la simple actividad de matanza y despresamiento de piezas de cacería" (Correal, 1981: 129-130).

Los artefactos asociados son algunos raspadores sobre núcleo, lascas acondicionadas para cortar y unos cuantos perforadores en hueso. Todos estos instrumentos se pueden incluir dentro de la Clase Abriense con excepción de un raspador plano-convexo elaborado con cuidado ("tequendamiense"), similar a los mencionados en Tequendama, El Abra, las tierras bajas del Magdalena y algunos asociados a los conjuntos de la serie Joboide. Parece que algunos huesos de venado y mastodonte también fueron utilizados como instrumentos. Una vez más, las puntas de proyectil están ausentes.

Chobshi y Cubilán

La cueva negra de Chobshi se encuentra en el Cantón de Sigsig, provincia de Azuay, un poco por encima de los 2.400 m de altitud y los sitios de Cubilán, 3.100 m sobre el nivel del mar, en el límite entre las provincias de Azuay y Loja, sobre la Cordillera Oriental de Ecuador, al sur del país (Lámina 9).

Gustavo Reinoso excavó durante muchos años en la Cueva de Chobshi, reuniendo una buena colección de artefactos de piedra y hueso y muestras de carbón. En 1970, Reinoso entregó a Bell algunas muestras que analizadas en el laboratorio de la Universidad de Texas arrojaron fechas entre 10.000 y 8.000 años antes del presente (Lynch y Pollock, 1981: 95). Dos fragmentos de hueso sin quemar fueron datados luego en el Smithsonian Institution alrededor de 8.600 años A.P. (Lynch y Pollock, 1981: 99).

Los restos animales corresponden a venados (Odocoileus virginianus), conejo, paca y puercoespín (Coendu bicolor). Lynch escribe que: "... los sudamericanos tempranos pronto comenzaron a orientar su adaptación más hacia los recursos vegetales, particularmente en los Andes Centrales donde existe evidencia de una agricultura postglacial temprana, y hacia una gran variedad de alimentos de origen animal. La cueva de Chobshi evidentemente representa un estadio temprano en este proceso de diversificación y aporta nuevos datos en la riqueza de animales de presa disponibles, aun fuera del hábitat alto y frío de los camélidos andinos" (Lynch y Pollock, 1981: 101).

Pollock clasificó 46 tipos de artefactos fabricados sobre diversas rocas; la obsidiana es escasa y el chert de bandas, las rocas volcánicas metamórficas y criptocristalinas son comúnes (Ibíd: 116). Las puntas de proyectil fueron divididas en 15 tipos, dentro de los cuales Pollock clasifica "implementos lanceolados y almohadillados" (Ibíd: 113) que corresponden a los que otros autores denominan "puntas Ayampitín". Al respecto, Lynch escribe en el mismo artículo: "El artefacto más claramente asociado con la tradición andina de caza y recolección es aquella lanceolada y almohadillada o punta Ayampitín con cuyo nombre a veces se reconoce este complejo cultural" (Lynch y Pollock, 1981: 101-102). Los autores concluyen que Chobshi tuvo lazos culturales con el Perú y con el área de El Inga aunque las puntas "cola de pez" típicas de El Inga no se encuentran aquí y la obsidiana es muy rara.

Mathilde Temme excavó los sitios de Cubilán (Cu-26 y Cu-27) a comienzos de los ochenta. Cu-26 es un campamento fechado alrededor de 9.000 años A.P. Raspadores, perforadores, desechos de talla, puntas de proyectil (foliáceas y pedunculadas) y varios fogones asociados fueron encontrados; no se hallaron restos de fauna (Temme, 1982: 136-164). Cu-27 fue interpretado como un taller, fechado ca. 10.500 años antes del presente. Temme encontró una gran cantidad de desechos de talla, abundantes núcleos y lascas, percutores, raspadores y algunos cuchillos bifaciales. Tampoco hubo restos de fauna. Ernesto Salazar escribe: "Temme no ha realizado un exhaustivo estudio comparativo de los materiales de Cubilán, pero es bastante claro que los sitios son más afines a Chobshi y El Inga, que a los complejos líticos que señala la mencionada investigadora" (Salazar, 1988: 98).

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Lámina 8. Cerro del haló, en Ecuador (cortesía E. Salazar).

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Lámina 9. Cueva Negra de Chobshi en Ecuador (cortesía E. Salazar).

El Inga y San José

El yacimiento de El Inga se encuentra entre el cerro haló y la Cordillera Oriental, al oriente de Quito (Lámina 8). En la base oriental del cerro haló se encuentran los sitios de Lozón, San Cayetano, San Juan y San José (Salazar, 1988: 95). El Inga, a 2.550 m de altura, fue descubierto en 1947 por Kaplan y excavado en 1960-1961 por R. Bell. La colección de artefactos de superficie en los alrededores del sitio fue iniciada por W. Mayer - Oakes en la misma época. En 1965, 1967 y 1968 Mayer - Oakes hizo extensas colecciones superficiales en San José, sitio que excavó en 1971 (Mayer-Oakes, 1984: 134).

A pesar de la popularidad de El Inga en la literatura arqueológica y de la enorme cantidad de objetos provenientes de allí (más de 80.000), la cronología no es consistente y la estratigrafía aparece disturbada por labores agrícolas. Un análisis de radiocarbón de este lugar dio un resultado de 9.030 ± 144 años antes del presente.

En San José, Mayer-Oakes intentó fechar los cinco niveles reconocidos valiéndose de muestras de C-14 y utilizando análisis de hidratación de obsidiana. Los resultados obtenidos con las muestras de carbón son mucho más recientes que los logrados con las lascas de obsidiana. Estos últimos oscilan entre 9.321 y 11.248 años antes del presente (Mayer-Oakes 1984: 134).

Es de resaltar la diferencia entre el conjunto de artefactos de San José y El Inga. En el primero no aparecen bifaces y no hay puntas de proyectil mientras que el segundo es bien conocido por la variedad de puntas que posee. Mayer-Oakes ha dividido los hallazgos entre puntas pedunculadas y lanceoladas. La primera clase, presente en todos los niveles de El Inga, llamada por Mayer-Oakes Fell's Cave Stemmed, es el tipo conocido como "fishtail" o "cola de pez", al que se le atribuye una distribución muy grande desde Centroamérica hasta el extremo sur del continente. Una segunda clase corresponde, según Mayer- Oakes, a una variante de las puntas peruanas de Paiján, fechadas alrededor de 10.000 años A.P. (El Inga long Stemmed). En tercer lugar agrupa puntas que casi no han aparecido completas en El Inga y cuya característica es su pedúnculo ancho (El Inga Broad Stemmed). Varios ejemplares se reportan para otros sitios del cerro haló y para el área cercana a Otavalo. Por último, una cuarta clase está compuesta por las puntas lanceoladas de Ayampitín (El Inga Shouldered Lanceolate) que en El Inga constituyen el 12% del total de puntas encontradas. Desde luego, de todos estos artefactos hay variantes locales.

De el suroccidente de Colombia se han publicado seis interesantes ejemplares, hallados en superficie en contextos poco claros en el Valle de Popayán, en el alto río Cauca (Blera y Gnecco, 1986). La constancia del adelgazamiento y la escotadura basal y la morfología general de tres de ellas -al menos- las relacionan con las tercera y cuarta clase de Mayer-Oakes para El Inga. Anteriores estudios de conjuntos de artefactos trabajados sobre obsidiana en la región de Popayán también han recalcado el parentesco tecnológico con El Inga (Gnecco, 1982).

 

Perú y el norte de Brasil

En 1958 Augusto Cardich publicó los resultados de sus trabajos en Lauricocha, en un sitio a más de 4.000 m de altitud, en donde obtuvo una fecha de 9.500 años antes del presente para las primeras manifestaciones culturales. Desde entonces se han hecho bastantes investigaciones en la sierra y la costa peruanas. En los últimos años se han publicado extensos resúmenes e interpretaciones de los más significativos trabajos hechos en el Perú (Lynch, 1980; Lavallée, 1985; Cardich, 1988). Se pueden mencionar en la sierra el Complejo 1 de Guitarrero, excavado por Lynch y fechado entre 12.000 y 9.000 años A. P. (Lynch, 1980); la Fase Puente de Jaywamachay, excavada por MacNeish y fechada alrededor de 10.000 años (Lavallée, 1985); Pachamachay, fechado entre 11.000 y 9.000 años por Ramiro Matos Mendieta; Toquepala, estudiada por Emilio González y después por Muelle y Ravines y con fechas alrededor de 9.500 años antes del presente; la fase 7 de Telarmachay, con fechas entre 12.000 y 7.000 años A. P. (Lavallée, 1985: 429); Tres Ventanas, datado por Engel en 10.000 años A.P. (Cardich, 1988: 18); las fases Pacaicasa (20.000 - 15.000 años A.P.), Ayacucho (14.000 - 13.000 años A.P.) y Huanta (13.000 - 11.000 años A.P.) de Pikimachay, excavado por MacNeish y muy conocidas y discutidas desde su publicación. La mayoría de autores no se niega a aceptar la fase Ayacucho, pero existe mucha reticencia hacia la fase Pacaicasa por considerársele poco definida y mal representada en Perú (ver Lavallée, 1985: 415).

En la costa norte se conocen los sitios de Pampa de los Fósiles, Cupisnique, Huarmey y Paiján, a los que se asignan edades entre 11.000 y 10.000 años A.P. (Cardich, 1988: 18). También se debe mencionar la fase Amotape de la región Chira-Talara fechada entre 11.500 y 8.000 años A. P., donde grupos de cazadores explotaron con intensidad los recursos de los manglares (Richardson 111, 1978: 274- 289). En la actualidad Cardich trabaja en el norte de la sierra, en cavernas de Cajamarca, sobre un conjunto lítico que denomina Complejo Cumbe (Cardich, comunicación personal). El sur de Perú se ha visto desde el norte de Chile (Núñez, 1983: 55-60; Lavallée, 1985: 417; Santoro, 1989: 40-41). Santoro incluye los sitios de Toquepala, Tojo- Tojone, Las Cuevas, Hakenasa, Caru, Patapatane, Tuina y San Lorenzo, en un Período Arcaico Temprano, con fechas entre 11.000 y 8.000 años antes del presente, que divide en dos fases. Sugiere que en la puna (seca y salada) el Arcaico Temprano debe contemplarse "como herencia del Paleoindio" del que no hay registros (Santoro, 1989: 54). Estos grupos se caracterizarían por un patrón de movilidad interambiental en la fase más temprana y por su establecimiento regularizado en los ambientes de altura, en la fase final.

En general, las ocupaciones más antiguas conocidas desde los yacimientos arqueológicos precerámicos de Perú, muestran cazadores de grandes mamíferos con un equipo instrumental compuesto por diversos bifaces y variados tipos de puntas de proyectil, casi siempre foiiáceas y pedunculadas. El amplio conocimiento y la cantidad de publicaciones sobre los primeros pobladores peruanos nos exime de descripciones más detalladas.

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Lámina 10. Area del Boqueirao da Pedra Furada, Estado de Piauí, en Brasil.

En el nororiente de Brasil, en la región de Sao Raimundo Nonato, en el estado de Piauí, un equipo dirigido por la arqueóloga franco-brasilera Niède Guidon ha estudiado una serie de abrigos bajo roca, en tres de los cuales se han obtenido fechas para ocupaciones anteriores a 11.500 años A.P.: La Toca do Boqueirao da Pedra Furada, la Toca do Sitio do Meio y la Toca do Caldeirao dos Rodríguez I (Lámina 10). Aunque en los dos últimos se han logrado fechas entre 18.000 y 12.000 años antes del presente, el sitio de La Toca do Boqueirao da Pedra Furada ha permitido a los excavadores obtener fechas hasta cerca de 50.000 años antes del presente. No obstante, los niveles mejor estudiados y publicados tienen fechas entre 32.160 +- 1.000 años A.P. (GIF 6653) y 17.000 ± 400 años A.P. (GIF 5397) (Guidon, 1984: 157-171; Guidon y Delibrias, 1986:769- 771). Guidon ha establecido dos fases llamadas Pedra Furada y Serra Talhada; la primera de ellas con límites cronológicos entre 32.000 y 17.400 años A. P. Durante esta fase los artefactos son cuchillos, raspadores, lascas "utilizadas tal cual o con algunos retoques" (Guidon, 1984: 171) y núcleos, todos sobre rocas de cuarzo o cuarcita.

Hasta el presente no se ha publicado nada sobre fauna asociada y restos vegetales, aunque las paredes rocosas de la región están adornadas con pictografías y representaciones naturalistas de animales. "La inexistencia de puntas, aun en madera o hueso (...) y la representación en el arte rupestre de propulsores y dardos, pero nunca de arcos y flechas, son indicios que podrían ser característicos de estos cazadores de la región semi-árida del nordeste del Brasil" (Guidon, 1984: 170).

 

El Cono Sur

El Cono Sur de América está formado por el territorio que ocupan Chile, Uruguay, Argentina y Sur de Brasil, ubicándose en la porción meridional del continente. Este territorio presenta una variedad importante de ambientes influidos no sólo por la latitud sino también por la altura sobre el nivel del mar. La parte noroeste está dominada por la Cordillera de los Andes y forma una extensa planicie denominada Puna, que se ubica por encima de los 3.000 m. s.n.m. Sobre ésta se levantan picos nevados que llegan a los 6.000 m.s.n.m. y recortan este paisaje plano y extremadamente árido. Desde la Puna se desprenden valles y quebradas que bajan por las vertientes del Atlántico y del Pacífico. Hacia el sur, la Cordillera de los Andes se vuelve más estrecha hasta sumergirse en el Pacífico, formando innumerables fiordos en la porción meridional de Chile. En la parte central de este país, se extiende un angosto valle de clima templado y húmedo. Hacia el este, en las latitudes medias de Argentina, se encuentra la región pampeana; una amplia llanura con abundantes pastizales y con un clima templado húmedo sobre el Atlántico y templado seco en su porción más próxima a la cordillera. Al sur de la pampa, entre los Andes y la costa Atlántica, está la región patagónica, una gran meseta árida y fría, cubierta sólo por pastizales duros y arbustos achaparrados. Al este y al norte de la pampa, la llanura húmeda y templada llega hasta Uruguay y el sur de Brasil. Entre ésta y la cordillera, se encuentra una llanura de clima árido y cálido, cubierta en parte por un bosque xerófilo, denominado región chaqueña. Las regiones selváticas del norte de Paraguay y de la Provincia de Misiones de Argentina, limitan el sector septentrional del Cono Sur.

El Cono Sur americano aportó las primeras informaciones sobre el poblamiento temprano de América. A pesar de que esta región había atraido el interés de la comunidad científica a fines del siglo pasado y a comienzos de este, debido a los hallazgos e hipótesis de Florentino Ameghino (1881), recién en 1936 los descubrimientos de Junius Bird, en el extremo sur de la Patagonia, entregaron los primeros datos sobre una ocupación temprana del continente (Lámina 13). Las cuevas de Fell y Palli Aike contenían un componente datado entre ca. 10.000 y 11.000 años A.P. que evidenciaba una tecnología bifacial elaborada, con la producción de puntas de proyectil del tipo "cola de pescado", y una economía que, en lo referente a sus componentes faunísticos, se basaba en el guanaco (Lama guanicoe) y como recurso ocasional o complementario, en el caballo americano (Mengoni Goñalons, 1986).

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Lámina 11. Perfil del sitio Monte Verde antes de empezar la excavación (cortesía de T. Dillehay).

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Lámina 12. Estructura ceremonial descubierta en el sitio Monte Verde (cortesía de T. Dillehay).

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Lámina 13. Vista de la excavación en la Cueva Fell durante la expedición de Bird, en 1972 (cortesía de J. Hyslop).

Las excavaciones efectuadas por Laming Emperaire (1968) y por Bird (1983) en 1972 confirmaron esta caracterización inicial y precisaron la cronología de las primeras ocupaciones. Ambos sitios se han transformado en una de las evidencias más fuertes sobre la ocupación humana del sub-continente a fines del Pleistoceno, debido a la calidad de la asociación, las escasas evidencias de perturbaciones post- depositacionales y la clara secuencia estratigráfica en donde se encuentran los niveles culturales.

Hace poco se ha descubierto en la Cueva Medio (Provincia de Ultima Esperanza, Chile) un contexto similar al de los niveles inferiores de las Cuevas Fell y Palli Aike (Nami, 1985-1986, 1987, 1989). En este sitio, ubicado sólo a 1 km de la Cueva del Milodon, aparece un componente Fell 1 al que pertenecen dos puntas completas del tipo "cola de pescado", en asociación con huesos de caballo americano (Hippidium sp.), guanaco y probablemente un felino extinto (Felis listai). El material lítico recobrado en este componente incluye tambiénunavariedad de instrumentos confeccionados en tufa, calcedonia y vulcanita: raspadores, roederas y cuchillos. La asociación faunística está compuesta por restos de milodon (Mylodon listai), cánidos (Dusicyon culpaeus) y cérvidos. Los huesos más abundantes corresponden a caballo americano sugiriendo que este mamífero fue la presa principal. Cuatro fechas de C14 provenientes de muestras de fogón, dieron como resultado: 9.595 ± 115 años A.P.; 10.310 ± 70 años A.P.; 10.550 ± 120 años A.P. y 12.390 ± 180 años A.P. Estas dataciones coinciden con la edad estimada a partir de la asociación faunística. Sin embargo, debe destacarse que las dos últimas fechas provienen del mismo fogón, siendo la de 12.390 un poco más antigua que las demás. Por eso, y hasta que no se efectúen nuevas dataciones, debe considerarse la de 10.550 como la más probable. Los primeros informes de esta investigación indican una clara asociación, con pocas evidencias de perturbación; las estructuras (tales como fogones) en posición original, indican que este sitio está ofreciendo información de alta calidad para el problema del poblamiento americano.

Fuera del continente, en la parte occidental de la Isla de Tierra del Fuego, los recientes hallazgos efectuados en el alero rocoso de Tres Arroyos (Massone, 1984) ofrecen pruebas de una colonización temprana de la isla. En los niveles inferiores de este sitio se ha registrado un contexto de lascas e instrumentos con retoque marginal, asociados a restos óseos de caballo americano y guanaco, fechados entre 11.900 y 10.300 años A. P. `

Hacia el norte, en la meseta patagónica, los sitios de los Toldos y El Ceibo evidencian la ocupación de esta región a fines del Pleistoceno. El primero está formado por una serie de cuevas y abrigos ubicados en un cañadón en la Provincia de Santa Cruz, en Argentina (Lámina 20), que fueron inicialmente excavados por Menghin (1952) y en la década pasada por A. Cardich (1977). En la cueva 3 se ha recuperado una secuencia de ocupaciones, cuyos niveles inferiores contienen dos componentes culturales. El más antiguo ha sido denominado Nivel 11 y está caracterizado por instrumentos confeccionados por retoque marginal unifacial sobre lascas grandes y espesas de diferentes formas. El contenido faunístico de este nivel indica un intenso consumo del guanaco y la presencia de pocos restos de fauna pleistocénica: un caballo americano (Parahipparion) y un camélido extinguido (Lama gracilis). Un fechado radiocarbónico de este nivel dio 12.600 años A.P., convirtiéndolo en la datación más temprana del territorio argentino. En los niveles que yacen encima de este se han registrado evidencias del componente "Toldense" con una asociación faunística similar pero con una tecnología diferente caracterizada por raspadores y raederas más planas y mejor formatizadas, puntas triangulares y cuchillos bifaciales, y otros elementos similares al Período 1 de la cueva Fell. Este componente ha sido datado entre ca. 9.000 y 11.000 años A.P. (Cardich, 1977). En un cañadón cercano se ha descubierto recientemente la cueva de El Ceibo donde se ha registrado una secuencia similar a la de Los Toldos, pero aún no ha sido fechada (Cardich et. al., 1982).

En el presente decenio se han hallado en la región pampeana nuevos sitios referentes al poblamiento temprano de América. Esta región había sido ya estudiada desde fines del siglo pasado cuando F. Ameghino reunió una serie de restos líticos y óseos y les asignó una gran antigüedad, a pesar de que la gran mayoría de estas evidencias carecían de información estratigráfica y contextual. En consecuencia no pueden ser consideradas seriamente en la actualidad. Algunos sitios no han sido evaluados con detalle; hallazgos tales como el cráneo humano del puerto de Buenos Aires (Diprotomo), o el de Arroyo Siasgo, podrían efectivamente representar evidencias de ocupación humana en la región en el Pleistoceno Tardío (Politis, 1985).

Los sitios hallados en los últimos años en la región son La Moderna, Arroyo Seco, Cerro La China y Cerro El Sombrero. El sitio 1 de Cerro La China, una cueva poco profunda en el sistema serrano de Tandilia, contiene restos de la ocupación más antigua, bien fechada, en la región pampeana. En este sitio se ha recuperado un contexto lítico con bifaces que incluyen una preforma y un fragmento de punta "cola de pescado", asociados a una placa de gliptodonte (Eutatus seguini) en un nivel fechado en 10.720 ± 300 y 10.790 ± 120 años A.P. En el sitio 2, localizado a cielo abierto cerca del sitio 1, se recobraron también dos puntas completas del tipo "cola de pescado" (Lámina 14) junto con abundantes desechos líticos de reducción bifacial (Flegenheimer, 1986, 1987). El sitio 3, también a cielo abierto, presenta un perfil estratigráfico similar al 2; en él se han hallado algunos artefactos unifaciales y abundantes lascas y esquirlas fechadas en 10.610 ± 180 años A.P. Aunque los desechos líticos indican que hubo reducción bifacial en el sitio, no se han encontrado puntas de proyectil ni otros artefactos confeccionados mediante esta técnica. Con base en los datos radiocarbónicos, la situación estratigráfica y las características del conjunto lítico, Flegenheimer concluye que las ocupaciones tempranas de los tres sitios estarían estrechamente correlacionadas.

Desde los trabajos iniciales de Madrazo (1972) un gran número de puntas de proyectil "cola de pescado", completas y fragmentadas, fueron halladas en la cima del Cerro El Sombrero, y en el sistema serrano de Tandilia, a pocos kilómetros de los sitios de Cerro La China (Flegenheimer, 1987). La colección lítica procedente del Cerro El Sombrero está formada por 29 fragmentos de puntas halladas en superficie. En un sedimento muy delgado y compacto que cubre algunas depresiones en la cima del cerro también se recuperaron algunos fragmentos y dos ejemplares completos (Flegenheimer, comunicación personal). Recientemente, en una excavación poco profunda de un alero de la falda del cerro, se hallaron nuevos ejemplares de puntas del mismo tipo. La inusualmente alta densidad de artefactos y las características del contexto, en el cual están representados todos los pasos de manufactura de puntas, sugiere que Cerro El Sombrero fue un sitio cuya principal actividad fue la confección y reemplazo de puntas líticas (Flegenheimer, 1987).

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Lámina 14. Puntas de proyectil "cola de pescado" del Cerro La China (cortesía de N. Flegenheimer).

La Moderna es un sitio multicomponente localizado en las barrancas del arroyo Azul (Lámina 19) en la Provincia de Buenos Aires. La primera investigación del sitio fue llevada a cabo en 1972 y 1973 (Palanca et. al. 1972; Palanca y Politis, 1979), mientras que una segunda etapa de excavaciones se desarrolló entre 1982 y 1983 (Politis 1984; 1985). El componente temprano de La Moderna ha sido interpretado como un sitio de caza de un gliptodonte (Doedicuris clavicaudatus) localizado en los bordes de un pantano del Pleistoceno Final- Holoceno Tardío. Además de los restos de Doedicurus se han registrado en este nivel huesos de otras especies de gliptodonte (Glyptodon y Sclerocalyptus), guanaco, ñandú (Rhea americana) y coipo (Myocastor coypus). Sólo el Doedicurus se relaciona con la ocupación humana. El conjunto lítico está formado por lascas y esquirlas de cuarzo cristalino de tamaño variado. En las excavaciones de 1972-1973 se recuperaron 258 lascas, 690 esquirlas y más de mil microesquirlas. Aunque es difícil determinar cuáles son las lascas que representan un estado de reducción primaria o secundaria, se ha observado que 12 de ellas muestran algunas evidencias de retoque (Palanca et. al., 1979). En la temporada 1982-1984 se recuperaron muy pocos restos líticos (39 lascas y esquirlas de cuarzo cristalino, dos de cuarcita y uno de ftanita/dolomita silicificada). La cronología de este componente permanece aún poco clara. Mientras que la posición geológica y la asociación faunística sugieren una edad del Pleistoceno Final, un fechado radiocarbónico obtenido sobre un resto de Doedicurus dio como resultado 6.550 ± 160 años A.P. Esta muestra podría haber sido contaminada por la napa freática que afecta el nivel cultural y en consecuencia debe considerarse como una "edad mínima" (Politis, 1985).

El sitio 2 de Arroyo Seco es multicomponente, a cielo abierto y está ubicado en la llanura pampeana, en la Provincia de Buenos Aires a orillas del Primer Brazo de los Tres Arroyos (Lámina 15). El componente temprano del sitio está caracterizado por instrumentos unifaciales sobre lascas con retoque marginal (Lámina 16), que incluyen tipos tales como raspadores frontales, raederas laterales simples y dobles, "Pieces esquielle"y la mitad de una piedra de boleadora. La asociación faunística esta compuesta por abundantes restos de guanaco, lo que sugiere que esta presa fue el principal recurso de carne, mientras que el venado de las pampas (Blastoceros bezoarticus), los caballos americanos (Hippidion onohippidium) y el megaterio (Megatherium americanum) fueron recursos complementarios (Fidalgo et. al., 1986; Politis, 1984; Politis et. al., 1987). Un fechado de C14 efectuado sobre hueso de megaterio dio como resultado 8.390 +_ 240 años A.P. ubicando este componente hacia los inicios del Holoceno. Es importante destacar que, además de los mamíferos mencionados, también se hallaron en este nivel restos de otras siete especies extinguidas, lo que indica un conjunto faunístico típico del Pleistoceno Final, más que la supervivencia ocasional de algunas especies hasta los inicios del Holoceno. En consecuencia, es probable que la antigüedad del Componente Inferior del sitio sea un poco mayor que la indicada por la datación. Una de las características destacables del sitio es la presencia de 18 esqueletos humanos, la mayor parte de ellos completos, hallados en entierros simples y múltiples, debajo del Componente Inferior (Lámina 17). Este conjunto de entierros corresponden a episodios de inhumación diacrónicos que según dos fechados radiocarbónicos se ubicarían entre ca. 6.500 y 8.560 años A. P. Esto indica que por lo menos parte de los entierros corresponden al Componente Inferior. El entierro múltiple número 10 fue hallado a mayor profundidad que las inhumaciones fechadas y presenta características particulares que sugieren una mayor antigüedad (Lámina 18).

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Lámina 15. Vista parcial de la excavación de Arroyo Seco 2.

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Lámina 16. Material lítico del componente inferior del Arroyo Seco 2.

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Lámina 17. Arriba, centro. Entierro infantil descubierto en Arroyo Seco 2.

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Lámina 18. l Arriba, derecha. Ajuar funerario de un entierro de Arroyo Seco 2.

En los valles centrales y meridionales de Chile se destaca el hallazgo de dos sitios tempranos: TaguaTagua y Monte Verde. El primero ha sido citado abundantemente en la literatura sobre el poblamiento de América, pero aún no se ha publicado un informe completo. Este sitio representaría una ocupación temprana de grupos cazadores recolectores que explotaron algunos mamíferos extinguidos (mastodonte, ciervo extinguido, etc.), y que poseían una tecnología de lascas con retoque unifacial marginal. La ocupación temprana de TaguaTagua fue datada en 11.300 años A.P. (Montané, 1976). La otra evidencia proviene de Monte Verde, un sitio a cielo abierto ubicado a orillas del arroyo Chinchihuapi (Lámina 11), en el sur de Chile. Este sitio presenta un nivel de ocupación datado entre 13.000 y 12.500 años A.P. (Dillehay, 1984) que ofreció una colección sin precedentes de instrumentos de piedra y hueso escasamente formatizados. Entre los primeros se cuentan los basamentos de estructuras de vivienda de planta rectangular y uno de planta circular (Lámina 12). Distintas evidencias señalan que los ocupantes de este nivel tenían una rica y variada dieta basada en las plantas silvestres y complementada con distintos tipos de carne (mastodonte y pequeñas presas). En un informe completo recientemente editado por Dillehay (1989) se ha publicado la primera parte de la información arqueológica obtenida -en el sitio y los informes de las disciplinas auxiliares. Debajo de este completo nivel de ocupación fechado entre 13.000 y 12.500 años A.P., se ha registrado un fogón de asociación con una decena de instrumentos (cantos rodados con uno o dos lascados) de donde proviene una fecha de 33.000 años A.P. (Dillehay, 1989). La escasez de las evidencias no permite aún realizar mayores consideraciones sobre este nivel temprano de ocupación que deberá explorarse más intensamente para evaluar su aporte al problema del poblamiento americano.

 

Discusión y conclusiones

La evidencia resumida en los apartados anteriores permite abordar el proceso de ocupación humana del continente a través de nuevas perspectivas.

En la revisión que hemos intentado, hacemos énfasis en datos nuevos o en aspectos poco conocidos de trabajos que se suponen publicados en extenso. Sitios o hallazgos que podrían tener interés, como en el caso del alero Quirihuac, en Perú, o las probables puntas acanaladas de La Hundición, en Venezuela, entre muchos otros, no son mencionados porque no han sido publicados con detalle y porque la información disponible sobre ellos es mínima.

Muchos investigadores (Krieger, MacNeish, Bryan) propusieron un poblamiento americano por grupos que carecían de puntas de proyectil bifaciales, anteriores a Clovis. Sin embargo, los sitios que utilizaron como evidencia de la existencia de estos grupos o eran superficiales -y por tanto no ofrecían posibilidades de una estimación cronológica confiable- o permitían discusiones sobre el carácter antrópico de los artefactos, la confiabilidad de los fechados o las características de las asociaciones faunísticas. Muchos trabajos críticos también se han publicado (Lynch, 1974; Vance-Haynes, 1969; Owen, 1984 y otros). Estos autores discutieron el carácter antrópico de los componentes de la fase Pacaicasa de Pikimachay o la falta de rigurosidad en la utilización de criterios geomorfológicos para el establecimiento de las secuencias de la región del río Pedregal, en Venezuela. Otros aún llevaron sus dudas sobre la secuencia de Cerro Chivateros en el Perú, los sitios "tandilienses" de Margarita, El Oro y Laguna Blanca Grande o de Atuel IV, en Argentina, la Cueva de Eberhardt o del Milodón, en el extremo austral de Chile e, incluso, sobre la capa V del sitio Alice Boer, en Brasil (ver Bate 1985: 3).

Los niveles inferiores de Monte Verde y La Toca do Boqueirao da Pedra Furada proporcionaron información sobre restos culturales con fechas alrededor de 30.000 años. En Monte Verde apenas se empiezan a obtener los primeros datos y la información es escasa todavía. Por ello, este nivel se puede considerar como una evidencia que debe ser explorada, profundizada y analizada con cuidado, antes que como una prueba de la presencia del hombre hace 30.000 años en Chile. El contexto, la interpretación estratigráfica y las fechas radiocarbónicas de Pedra Furada son más completas y firmes. No se han planteado problemas sobre los artefactos ni sobre el método de excavación, aunque las fechas son muy antiguas. Desde este yacimiento se han ofrecido evidencias que permiten defender una ocupación humana de América del Sur 20.000 años antes de la expansión de Clovis en las llanuras norteamericanas. Aun no es posible conocer otros aspectos culturales de los grupos más antiguos, pues los restos faunísticos son escasos y el contexto arqueológico es pobre en información.

Las ocupaciones posteriores al nivel más antiguo de Pedra Furada ocurrieron en momentos mucho más recientes. Con excepción de una fecha en este lugar de 17.000 años A. P. y de la edad presumible alrededor de 20.000 años del nivel más profundo de El Abra, datos libres de controversia se agrupan entre 14.000 y 12.000 años antes del presente. La fase Ayacucho de Pikimachay, el componente superior de Monte Verde, El Abra, Taima-taima, y quizás el nivel 11 de Los Toldos y El Ceibo, señalan una ocupación efectiva de los diferentes ambientes sudamericanos y una notable diversidad en la tecnología y la explotación de los recursos. La variación en las estrategias adaptativas va desde la explotación intensiva de las plantas, como es el caso en Monte Verde, hasta la caza y consumo de mastodontes como ocurre en Taima-taima.

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Lámina 19. A la derecha del Arroyo Azul se hacen las excavaciones del sitio La Moderna.

A partir de 12.000 años se cuenta con claras pruebas de la ocupación humana de casi todos los ambientes más importantes en América del Sur. Inmediatamente después de la retirada de los glaciares los grupos cazadores recolectores tempranos ya ocupaban el extremo suramericano e incluso llegaban hasta Tierra de Fuego, Durante este período la caza del guanaco y del caballo americana parecen haber sido la base de la dieta, por lo menos durante algunas épocas del año; la tecnología lítica se diversificó, apareciendo una mayor capacidad en la reducción bifacial. Las puntas "cola de pescado" provenientes de los sitios del extremo sur y de la región pampeana indican la estandarización de estos instrumentos y sugieren su eficacia para las actividades de caza. Extensas regiones del sur de Brasil desarrollaron una tecnología de lascas y láminas y una economía que se basa en la explotación de fauna aun viviente.

En el sur de Brasil y en Uruguay también se han registrado algunas puntas "cola de pescado", similares a las del extremo sur y a las pampeanas, pero en yacimientos superficiales. Con base en la morfología, la tecnología y las relaciones métricas de las puntas, Politis ha propuesto que los ejemplares provenientes de estas cuatro regiones pertenecen al mismo modelo de punta de proyectil. No se ha explicado el significado de la distribución espacial discontínua junto con unas fechas restringidas, ni cómo funcionaban estas puntas dentro de cada sistema cultural. Con excepción de los sitios del extremo sur y Cerro La China, los hallazgos han sido hechos en superficie, por lo que es difícil considerar la posición de estos artefactos en los sistemas de tecnología y subsistencia de cada una de estas regiones. Se debe recalcar que los cazadores-recolectores que las habitaban compartían algunos conceptos tecnológicos y morfológicos a finales del Pleistoceno, lo que no significa que fueran los mismos grupos o que compartieran otros rasgos culturales, sino tan solo aquellos conceptos involucrados en la producción de un modelo específico de punta de proyectil.

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Lámina 20. El cañadón de Los Toldos (cortesía de A. Cardich).

Al otro extremo, en el norte de América del Sur, al final del Pleistoceno se observa una gran diversidad. Al mismo tiempo, el Tardiglacial y el Holoceno Temprano se pueden caracterizar por una gran estabilidad cultural, si se tiene en cuenta que no se presentan cambios notables en la tecnología ni en la relación de las frecuencias porcentuales de artefactos durante períodos mayores de 2.000 años en los sitios excavados, como ya lo han hecho notar otros autores (Bray 1984: 308). La diversidad y la estabilidad pueden interpretarse como una amplia diferenciación de estrategias adaptativas acomodadas a la explotación de medioambientes distintos. Casi todos los autores han postulado la utilización de distintos ecosistemas por parte de un mismo grupo. En tal sentido son las propuestas de Stothert (1985) para la costa ecuatoriana y Salazar (1988) para la sierra, Lynch (1971) para plantear sus modelos de transhumancia, Correal y van der Hammen (1977) para el altiplano de Bogotá, varios autores en Ochsenius y Gruhn (1979) para Taima-taima, Thomas van der Hammen (1981) para hablar de las relaciones entre el Magdalena y los Andes en Colombia, Ardila (1988) al intentar explicar la dinámica del poblamiento temprano en el área.

Lynch (1971, 1973, 1980, 1981) ha llamado la atención sobre la antigüedad del manejo de plantas, dándole importancia al papel de los cazadores recolectores transhumantes en la selección, manipulación y traslado de especies vegetales como paso previo a la domesticación. Ha escrito que "Sea como fuere, los sudamericanos tempranos pronto comenzaron a orientar su adaptación más hacia los recursos vegetales, particularmente en los Andes Centrales donde existe evidencia de una agricultura postglacial temprana, y hacia una gran variedad de alimentos de origen animal" (Lynch 1981: 101).

La diversidad de estrategias adaptativas estables al final del Pleistoceno y la agricultura postglacial temprana abogan por una antigüedad de la ocupación de América del Sur mucho mayor que 12.000 años.

Varios investigadores se han referido a la importancia de las transformaciones ocasionadas sobre el litoral por las oscilaciones del nivel del mar, con el consecuente incremento o disminución de las áreas costeras (Ortiz-Troncoso, 1989; Bryan, 1983, Gruhn, 1988) y algunos han propuesto un "modelo de entrada costera temprana" (ver Gruhn, 1988: 1989). Dentro de este modelo Gruhn plantea la posibilidad de que poblaciones adaptadas al litoral, con tradiciones líticas no especializadas, hayan ingresado en Suramérica mucho antes que al interior continental de Norteamérica (Gruhn, 1989: 7). A su ingreso en Suramérica los grupos de inmigrantes habrían tomado tres rutas hacia el interior: una a lo largo de la costa atlántica, una siguiendo la costa pacífica y, la tercera, siguiendo el piedemonte oriental de los Andes hasta Patagonia (Gruhn, 1988: 89). Más tarde se movilizarían cazadores recolectores en la conquista de los territorios del interior andino.

Esta visión favorece hipótesis como la planteada por Rouse (puede verse Bryan, 1983: 139) quien sugiere que una tradición de puntas acanaladas "cola de pez" se originó en el sur de Suramérica alrededor de 11.000 A.P. y luego se expandió hacia el norte, hasta alcanzar Ecuador. No obstante, esta visión también da cabida a la propuesta del desarrollo independiente de grupos ocupantes de medioambientes con diferencias marcadas (Mayer-Oakes, 1985; Bryan, 1983; Ardila, 1989).

De todas maneras, hoy no es posible explicar el poblamiento de Suramérica sin aceptar una antigüedad mayor de 12.000 años. La diversidad, el desarrollo independiente o la adecuación de elementos tecnológicos "en expansión" a condiciones locales solo son el producto de un lento proceso de exploración, colonización y conquista de nuevos espacios, de crecimiento y formación de bandas, de saturación del espacio conocido disponible (véase Ranere, 1980; Borrero, 1988). Aún es necesario estudiar mucho los ecosistemas del final del Pleistoceno, encontrar más yacimientos arqueológicos, ensayar nuevas hipótesis y utilizar y desarrollar mucho más las teorías sobre adaptación y cambio cultural que construye la antropología, antes de tener una explicación definitiva del poblamiento americano, en general, y de Suramérica en particular. Pueda ser que nuestro artículo motive la ejecución de trabajos en las regiones que aun permanecen desconocidas y que genere la necesidad de intensificar la investigación en los diferentes aspectos del apasionante problema del poblamiento de América del Sur.

AGRADECIMIENTOS

Debemos gratitud a los Drs. A. Cardich, T. Dillehay, N. Flegenheimer, J. Hyslop, J. R. Oliver, E. Salazar por permitirnos utilizar sus fotografías, algunas sin publicar. También agradecemos a Fernando Urbina por fotografiar los objetos de las láminas 1 y 2, a Guillermo Melo por la lámina 3 y a Julio Ariza por el dibujo de la lámina 2.

 

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