Reseña de Libros

ARQUEOLOGIA DE SAN AGUSTIN ALTO DE EL PURUTAL

A través de las informaciones arqueológicas de San Agustín se conocía que muchas de las esculturas tuvieron pintura, pero que con el transcurrir de los años y su exposición a la intemperie la perdieron. Aunque con fecha anterior al año de 1984 se decía en la región que habían encontrado una estatua totalmente pintada en su plano frontal con varios colores, el hallazgo no se concretó hasta que uno de los inspectores de monumentos del Parque Arqueológico Nacional la redescubrió y popularizó el hallazgo.

La curiosidad que generó, por su importancia llevó a que se tomaran medidas inmediatas para su preservación. El Instituto Colombiano de Antropología dispuso protección provisional y la Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales del Banco de la República financió la realización del trabajo de investigación del yacimiento donde fue encontrada la citada estatua.

En este libro, el arqueólogo Julio César Cubillos reúne los resultados de la investigación arqueológica de salvamento que condujo en el año 1984 en el Alto del Purutal, con el objetivo de ilustrar el contexto cultural del cual hacía parte la estatua. El yacimiento se ubica en un ramal de la cordillera entre la cuenca del río Magdalena y la hoya de la quebrada El Tablón. Este ramal tiene "un rumbo aproximado de occidente a oriente y presenta dos eminencias: la occidental, que corresponde al Alto de El Purutal, y la oriental, al Cerro de la Pelota, accidentes topográficos identificados como conos volcánicos, por sus rasgos morfológicos, separados entre sí por una distancia de menos de dos kilómetros" (p. 14).

El autor inicia su estudio haciendo un recuento de las exploraciones realizadas con anterioridad en la zona, correspondiente ésta al sitio cono cido con el nombre Cerro de la Pelota, y se refiere a las descripciones hechas por Agustín Codazzi quien visitó el lugar en el año 1857 y las de IC. Th Preuss quien estuvo allí en el año 1914.

Posteriormente, Cubillos describe el procedimiento empleado para el reconocimiento del Montículo y las excavaciones que realizó. A partir de una serie de sondeos perimetrales identificó la forma ovoidal del montículo, con una longitud aproximada de 34 m en su eje mayor y de 32 m en el menor, y, una altura, tomada en la cúspide de éste, de 3.20 m. Una vez delimitado el montículo y con la operación de un centenar de sondeos con media caña, se localizaron varias estructuras de piedra cubiertas por el relleno.

La primera que excavó corresponde a una estructura conocida como Templete, la cual identificó con el No. 2. En la parte posterior de esta estructura encontró una estatua que se hallaba desplomada hacia adelante y en la parte anterior de la misma en frente del monolito, pudo constatar que en este lugar habían efectuado sus antiguos habitantes, la práctica del entierro simbólico del fuego. Una muestra de carbón vegetal tomada de este sitio dio como resultado del análisis de C 14 una fecha del siglo VI D. de C.

El autor hace una descripción muy detallada de esta estatua y se refiere a que "el mensaje cultural de la obra esculpida es el de un sacrificio de niño, llevado a cabo por un personaje de alta categoría mágico-religiosa, cuya máscara antropozoomorfa lo transforma en la misma deidad" (p. 56). De acuerdo con las interpretaciones simbólicas dadas por varios autores a las representaciones escultóricas concluye que "la máscara en mención, representa la combinación de dos deidades expresadas la una con boca felina como símbolo del sol y la otra con atributos de pez como símbolo del maíz" (p. 60).

La segunda estructura de piedra que excavó, corresponde a una tumba de fosa rectangular, con esquinas redondeadas, de 2.30 m de largo, 1.0 m de anchura media y 0.40 m de profundidad, bajo una capa de relleno artificial que tiene un espesor promedio de 2 m. Dentro del sepulcro fueron encontrados pedacitos de carbón vegetal, 12 fragmentos de cerámica, fragmentos de obsidiana y una busarda. El análisis de una muestra de carbón de este sitio proporcionó una fecha del siglo I a. de C. Esta tumba no presenta huellas de haber sido utilizada y al parecer es anterior a la construcción del montículo.

Una tercera estructura del montículo corresponde al Templete No. 1 que fue alterado por los buscadores de tesoros, y fue donde encontraron la estatua pintada que popularizó este sitio. Cubillos no excavó esta estructura en previsión como él mismo lo anota "de no provocar mayores perjuicios a la maltrecha estatua pintada" (p. 66), la cual requería de un proceso de restauración a corto plazo, ya que fue dañada por los guaqueros y en el manipuleo por pararla.

El autor a partir de las evidencias antes señaladas, para concluir propone que "la construcción artificial corresponde a una estructura cere monial dedicada a venerar divinidades felinas e ictiomorfas y a propiciar la fertilidad, las buenas cosechas y la concesión de otros favores a la comunidad por medio de sacrificios humanos" (p. 103).

Anota que los templetes están situados cronológicamente en el siglo VI d. de C. y que el monticulo es singular dentro del ámbito de la cultura arqueológica de San Agustín, pues es de los pocos, hasta ahora, que presenta dos templetes.

Esta obra del investigador J. C. Cubillos está minuciosamente ilustrada con fotografías y dibujos de los planos y cortes de las excavaciones y del proceso de restauración que se llevó a cabo del Templete No. 2. Constituye un valioso aporte para el conocimiento general de la cultura arqueológica de San Agustín y muestra el interés de entidades tales como la Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales y del Instituto Colombiano de Antropología por aunar esfuerzos para la recuperación de datos básicos y para preservar vestigios culturales monumentales y únicos.

ANA MARIA GROOT DE MAHECHA

 

"MITOS COLOMBIANOS"

Javier Ocampo López. Publicado por: El Ancora Editores

Es un tanto útil, desde el punto de vista de la antropología, hacer un comentario sobre el libro "Mitos colombianos" escrito por el historiador, escritor y profesor de la Universidad Pedagógica; Javier Ocampo López (1988), debido a dos factores; primero, el temario del libro presenta un panorama general de la mitología colombiana, tema de interés especial para la antropología. Segundo, el autor no consultó más a fondo la extensa bibliografía que existe sobre el tema; particularmente la información que proviene de la Antropología. Resumiendo al autor le faltó ser más exhaustivo y erudito, pues el tema lo exige y lo amerita. Sin embargo es de aclarar que el libro ofrece interés para el público general y para lectores especializados.

La obra pone de manifiesto la urgente tarea, por parte de la Antropología, de ofrecer al público general y especializado, un panorama global de la mitología colombiana, porque lo que hasta el presente han realizado los antropólogos son trabajos de investigación etnográfica muy detallados de tal o cual grupo, pero no ha habido una intención por parte de esta ciencia de llegar a un plano más general y/ o etnológico. A este respecto, debido a la convivencia participante, su método principal de investigación, se puede decir que la antropología, en nuestro medio, ha adolecido tradicionalmente de un acusado particularismo. Por esta razón el trabajo de Javier Ocampo no deja de ser un ensayo, que bien vale la pena ser analizado, especialmente en lo concerniente al plano de generalización que sobre el tema propone el autor.

El autor argumenta que un estudio profundo sobre los mitos folclóricos de Colombia y en general de América Latina debe partir del análisis de las supervivencias etnoculturales indígenas, europeas y africanas. Aquellas que han sobrevivido en los actuales pueblos indígenas "testimoniales"; en los pueblos mestizos, con mezcla de los diversos elementos etnoculturales y en algunos pueblos europeos y africanos que han conservado elementos culturales de los lugares de origen" (p.p.: 14). Para lograr este objetivo el autor trató el tema dividido en cuatro partes, a lo largo del libro, como a continuación se va a exponer.

Después de una corta introducción; la primera parte del libro, describe algunos de los mitos indígenas más conocidos, utilizando para ello fuentes históricas y antropológicas. A lo largo de la descripción de la mitología de varios grupos, v.gr. guahíbos, tunebos, kogis, witotos, entre otros; describe también la relación conceptual que existe en las mitologías indígenas con diferentes cuerpos astronómicos -sol, luna, estrellas-. También describe la cosmogonía y mitos de creación relacionados con la culebra y el jaguar, entre otros temas.

En la segunda parte del libro el autor describe con algún detalle la mitología chibcha, empezando por los mitos de los dioses creadores, Bachué la madre de los chibchas, Chía, la diosa luna, Bochica, el dios civilizador, Chibchacún, el Atlas de los muiscas, el mito de El Dorado, entre otros.

En la tercera parte del libro el autor describe los mitos hispánicos y negros. A este respecto nos dice que un estudio sobre los mitos en España debe tener en cuenta la influencia de diversos pueblos en la conformación del español y su cultura, desde los tiempos prehistóricos hasta la época contemporánea. Y agrega: "España presenta un conjunto de sociedades con diversas ideas, mitos, creencias, tradiciones, vigencias, técnicas y formas que se han mezclado a lo largo del tiempo, o que han pervivido a pesar de las diversas influencias (pp.: 135). De esta manera el autor describe brevemente las influencias míticas de los celtas, íberos, celtíberos, fenicios, griegos en la mitología española.

De otra parte, el autor trae a recuento un hecho importante, consistente en citar mitos y leyendas del mundo antiguo y medieval sobre tie rras y pueblos ignotos, vigentes en el pueblo español al momento del descubrimiento y conquista de América y nos dice:

"Los descubridores, conquistadores y colonizadores de América traían en su mentalidad colectiva, en sus ideas, tradiciones y actitudes un mundo mítico de leyendas y fantasías que motivó e impulsó los descubrimientos geográficos. En sus ideas míticas aparecen personajes, animales y lugares que fueron buscados por los europeos en sus exploraciones: gigantes, pigmeos y monstruos marinos terrestres, fuentes de la eterna juventud, el árbol de la vida, las mujeres amazonas, las siete ciudades de Cibola, el lago del sol, la sierra de La Plata, la ciudad de los césares, la tribu perdida de Judá, las leyendas de los apóstoles, y en especial, Santo Tomás, y la famosa leyenda de El Dorado, que fue el mito para la conquista del Nuevo Reino de Granada "(pp.: 142).

En la cuarta y última parte del libro, el autor describe los mitos folclóricos de los campos colombianos y sostiene que en Colombia existen numerosos mitos folclóricos, relacionados con otros mitos de América y del mundo, los que conforman una mentalidad mítica, cuyo estudio es indispensable para el conocimiento de las ideas, sentimientos y actitudes populares ante los cambios acelerados de la época contemporánea. De esta manera el libro hace referencia al frecuente hecho por parte de los campesinos de hablar de la Madremonte, el mito tutelar que impera en la selva y rige los vientos, las lluvias y todo el mundo vegetal; o del Hojarasquín del monte, el mito de ' las selvas con apariencias zoomorfas y antropomorfas, con cuerpo musgoso, entrelazado de bejucos y coronado de flores silvestres; o de la Patasola, el mito femenino de gran ferocidad, con cabellera enmarañada y con una sola pata; o del Pateparro, el genio maléfico, masculino, que lleva el muñón de la canilla que le falta metido en un tarro de guadua; o el Bracamonte, el mito de las zonas ganaderas, que espanta a los ganados en las cercanías del monte y anuncia la peste de los hatos; o de la Llorona, que se distingue por sus plañidos macabros y aparece como una mujer de largas vestiduras y rostro de calavera llevando en sus brazos a un niño muerto; o de los mitos del Mohán, el Poira, el Cucacuy, la Candileja, las Ilusiones, la Mancarita, entre otros.

En fin, el libro introduce al lector en el tema de las creencias míticas enraizadas en los diferentes grupos étnicos que se mezclaron a lo largo del tiempo, hasta conformar la nacionalidad colombiana.

ALVARO BAQUERO M.

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