RESEÑA DE LIBROS
 

AGUAZUQUE: EVIDENCIAS DE CAZADORES, RECOLECTORES Y PLANTADORES EN LA ALTIPLANICIE DE LA CORDILLERA ORIENTAL GONZALO CORREAL URREGO

" (El) proceso de traducir los patrones de restos materiales en patrones causativos del comportamiento humano parecería tratarse de una tarea sencilla y directa... Desafortunadamente, la aparente facilidad con que algunos arqueólogos realizan el salto desde los restos materiales hasta el comportamiento humano es altamente ilusorio, producto de su fuerte deseo por identificar los patrones causales de tal comportamiento humano, combinado con la falta de conocimiento sobre lo complejo que resulta el proceso de razonamiento involucrado en semejante salto"

(Bruce Smith: Prehistoric Patterns of Human Behavior. Academic Press, 1978. Nueva York).

Lo más probable es que todo el gremio de arqueólogos en Colombia haya leído el informe sobre Aguazuque en el transcurso de las dos primeras semanas de su aparición en el mercado. Las expectativas por un libro así son altas, particularmente porque las características que tiene ese sitio pocas veces aparecen ante los ojos de los investigadores. No cabe la menor duda: Correal tiene magnetismo para toparse con algunos de los sitios arqueológicos más importantes de Colombia.

No creo que valga la pena entrar en una descripción sobre el informe que publica Correal, pues ya los lectores habrán pasado por más de 300 páginas de ella; y para quienes gusten de coleccionar datos, este es un volumen en donde uno encuentra pormenorizada la presentación de los restos arqueológicos encontrados por el investigador. Se enmarca dentro de su estilo tradicional de trabajo, ofreciéndonos como siempre obras de referencia y consulta bastante completas sobre sus excavaciones.

Aparte de encontrarse industrias líticas, restos de fauna y flora -algunos indicando ya la domesticación-, objetos procedentes de áreas geográficas relativamente apartadas, y una cronología estratigráfica desde el año 5025 AP hasta el 2725 AP (las dos unidades estratigráficas superiores no están fechadas), uno queda con la sensación de no vislumbrar por ninguna parte un con texto asociado; me refiero específicamente a los patrones espaciales del registro material que permitan en alguna medida producir un modelo inicial del comportamiento de esta gente. Claro está, la tarea imperativa del arqueólogo es registrar lo más cuidadosamente posible lo encontrado. Pero más de veinte años nos separan de las metodologías que no permitían trascender hacia la reconstrucción histórica en arqueología, y apenas recientemente se introducen en la arqueología colombiana nuevos conceptos y nuevas visiones sobre el pasado. Nadie está diciendo que vayan a ser aceptadas con facilidad. Siempre lo nuevo se mira con ojos de reserva.

Lo interesante de Aguazuque es que podría ser el primer sitio en la región montañosa alta de Colombia que permitiese una asociación con el ahora atacado término de "Peleoindio"(Gnecco 1990). Aun cuando no hay evidencia alguna de cerámica en este sitio, su cronología es Formativa; y un estudio más contextualizado de la evidencia hortícola podría suministrar datos extremadamente importantes para comenzar a considerar una subdivisión dentro del Formativo, en la cual no necesariamente deba existir cerámica temprana para definirlo. Sin embargo, Aguazuque en este momento forma parte de un gigantesco e impersonal período llamado "Precerámico", cuando sus elementos permitirían un análisis mucho más profundo dentro del con texto de los procesos culturales de las Américas. Para Colombia tenemos cerámica temprana en San Jacinto (Oyuela 1987), Puerto Chacho (Legros 1990), Araracuara (Herrera de Turbay et. al 1990), y los conocidos sitios excavados por Reichel-Dolmatoff en la costa del Caribe (Reichel-Dolmatoff 1986). ¿Qué estaba ocurriendo entonces en los altiplanos? ¿Por qué un grupo humano que elaboró el ritual funerario a tal grado de complejidad y que supuestamente practicaba la horticultura, llevaba casi 2.000 años a la saga de la cerámica?

Más complejo aún resulta pensar que, según los datos disponibles, estos grupos de bandas de cazadores- recolectores del altiplano se mudaron a las tierras bajas, en algún momento alrededor del año 3000 o 4000 A.C., para luego volver a las montañas con un gran invento: la cerámica. El que la hayan adoptado del foco Formativo de la costa norte, o del todavía no comprobado foco Formativo de selva tropical del oriente es algo absolutamente desconocido; y, precisamente, sitios como Aguazuque podrían suministrar una respuesta.

Digamos que si quisiéramos concentrarnos un poco en las estrategias adaptativas de los habitantes de Aguazuque, como punto de partida para tratar de explicar la dirección de los procesos culturales, es más bien poco lo que vemos con respecto a los dos o tres milenios anteriores; grupos humanos que viven de la cacería de venado, recolectan frutos silvestres, comen cavia, y de vez en cuando traen una roca del valle del Magdalena que sobresale en el sitio arqueológico por ser, obviamente, atípica. Pero las estrategias adaptativas no pueden reducirse a una visión tan simple de cacería y recolección. Aguazuque debe estar en capacidad de suministrar asociaciones muchísimo más complejas. Aun cuando nadie pone en duda que la estadística global aplicada a restos zooarqueológicos suministra una base sobre la cual puede interpretarse (a medias) el consumo diferencial entre especies, la estimación del mínimo número de individuos-especie es obligatoria para cualquier reconstrucción que pretenda ser sustancial. Lo mismo con respecto a los restos de plantas; pero, más aún, esta cuantificación debe corresponder, en alguna medida, a la distribución espacial de las variedades de artefactos líticos. De otra forma, no es posible inferir la relación ambiente natural-adaptación cultural; y mucho menos pensar siquiera en continuidades culturales.

Asociado a esta misma problemática podríamos mencionar el análisis de isótopos estables en huesos humanos. El autor logró hacer analizar cuatro de ellas para 13C en colágeno (infortunadamente no hay datos sobre el mismo isótopo en hidroxiapatita, pues suministra un claro indicador de la dieta animal vs. la dieta vegetal, esta última indicada por su fijación en el colágeno), 15N y Sr. Precisamente, lo interesante en la serie de Aguazuque sería determinar con una muestra más confiable la relación no solamente entre plantas C3 y C4, sino la relación entre ambas y la dieta animal, pero sobre todo ver su cambio a través del tiempo; qué pro porciones en cada unidad estratigráfica.

Hay muchos otros aspectos que podrían analizarse en este informe de Correal, incluyendo por supuesto la antropología física a la cual le dedica un gran espacio. Me parece bienvenida, particularmente por el intento de hacer diagnósticos diferenciales con alguna complejidad. Este es uno de los campos más difíciles de la biología humana prehistórica, pero me parece que se hace una buena presentación de los casos patológicos, aun cuando los diagnósticos diferenciales suelen hacerse un poco más estrictos entre paleopatólogos. Lo que desafortunadamente no es posible hacer son tablas de vida ni cálculos de esperanza de vida. Esto porque los datos sobre estimación de la edad no se presentan en cohortes estadísticas claramente delimita das de cinco años, y las edades se dan en términos como "primera infancia", "adulto joven", "adulto avanzado", etc., y no se estiman con precisión.

Para terminar quisiera hacer una breve mención al uso de cronistas en este trabajo. Desde el punto de vista metodológico, considero que no tienen cabida. El que se hayan encontrado restos de peces en Aguazuque en antiquísimas épocas anteriores a Cristo, no justifica traer a colación el Epítome del Nuevo Reino. Que estos peces, o algunos parecidos, existiesen aún en el siglo XVI AD nada contribuye a la reconstrucción medioambiental del segundo o tercer milenio AC.

Es un informe cuyos datos empíricos pueden ofrecer muchísimo más para la interpretación del pasado.

Felipe Cárdenas Arroyo

Depto. Antropología, Universidad de los Andes

MITOS KOGI

MANUELA FISCHER - KONRAD THEODOR PREUSS

Ediciones Abya- Yala y Mlal; Colección 500 años, No. 20.

Es muy notoria la tarea que viene desarrollando la editorial ecuatoriana Abya-Yala con su Colección 500 años, con la cual "se propone ofrecer un conocimiento serio y completo de los pueblos indios de América, en vista del 5° Centenario de la Conquista del Continente" (pág. 205).

El no hablar de 'descubrimiento' cuando se hace referencia a dicho episodio, nos hace tomar conciencia de la orientación de la citada Colección, la cual contribuye a desvelizar el rostro y a afianzar las raíces de una América India que ha sido objeto de cinco centurias de sistemático encubrimiento.

La poca importancia dada en la América Hispana a las tradiciones indígenas se refleja en lo tardío y fragmentario de la edición en español de la obra etnológica de Preuss. Y no sólo nos referimos al presente escrito: igual ocurre con otros de su autoría, entre los cuales figura su vasta recopilación y estudio de la religión y mitología Huitoto (Religion und Mythologie der Uitoto, I-II, Ed. Vandenhoeck & Ruprecht, Gbttingen, 1921-1923), trabajo que inició poco antes de emprender su aproximación a los kogi.

La presente obra reúne la serie de mitos kogi o Kágaba recopilada en 1915, unida a la que logra Manuela Fischer entre 1986 y 1987. En total son 43 relatos; 27 y 16, respectivamente.

En la 'Presentación', Fischer nos hace una breve aclaración del concepto 'mito'; allí afirma -entre otras cosas bien ponderadas- que el "interés sociológico y antropológico que puede suscitar el mito se debe ... al hecho de que se trata de textos reconocidos por todos los miembros de un grupo y cuyo fundamento se basa en la confianza que los auditores le dispensan al narrador. Además, son textos aplicados en situaciones de una importancia social 'excepcional': en ritos de pasaje, en reuniones o sirviendo de base para resolver conflictos tal como lo practican los Kágaba" (pág. 12). Luego bosqueja una mínima introducción a la etnografía de los kogi (págs. 12-15), destacando enseguida lo que el mito es para ellos: cumple la función de 'ley', pero la narración puede modificar el relato según la coyuntura (págs. 15-17). Posteriormente se hace un recuento de las obras de los principales etnógrafos que se han ocupado de la etnia (págs. 17-20), insistiendo en el aporte de Preuss (págs. 20-22) y en lo relacionado con la traducción de sus textos (págs. 22-23), labor encomendada a la antropóloga Ortiz. Esta presentación concluye con una breve aclaración sobre el nuevo conjunto de relatos aportados por Fischer (pág. 24). A continuación se consigna una bibliografía en donde figuran 22 títulos (págs. 25-28).

La obra resulta fundamental sobre todo por permitir estudios comparativos no sólo con las mitologías de otros pueblos, sino al interior de la misma mitología kogi, por cuanto ya existe otro corpus, el establecido por Reichel (Los kogi, Ed. Procultura, I-II, 2da. ed., Bogotá, 1985); además, la presente obra comprende dos corpus: el de Preuss y el de Fischer; por haber sido recogidos los tres en diferentes épocas -mediando un lapso generacional entre cada uno de ellos- se hacen más interesantes aún por cuanto permiten vislumbrar procesos de cambio al interior de una mitología.
Por desgracia, en la edición de Abya-Yala el corpus mitológico se presenta descontextualizando en extremo. Los mitos reseñados por Preuss fueron publicados en edición bilingüe (kogi-alemán) dentro de una vasta obra (Forschungsreise zu den Kága ba-Beobachiun gen, Textaufnahmen und sprachliche studien bei einem Indianerstamm in Kolumbien Südamerica, Verlags Anthropos, Viena, 1926) que incluyen tres grandes secciones: una referida a la etnografía general; otra que comprendía mitos, canciones y descripciones de fiestas, y una tercera dedicada expresamente a la gramática de la lengua kogi; con posterioridad (1927) se publicó un léxico que contiene aproximadamente 2.000 términos (datos consignados por Fischer en las págs. 2 1-22). Al entresacar de allí los solos textos míticos, se pierde un marco de referencias que posibilitaría una mejor comprensión de los mismos. De ahí que la lectura resulte difícil por carecer de claves simbólicas suficientes. Para compensar esta falla, se hubiera podido aumentar el número de notas explicativas; de hecho, muchas de las que elaboró la traductora (Ortiz) con esta finalidad fueron inexplicablemente suprimidas.

Pasando a otra cuestión, un aspecto que no se debe perder de vista -incluso teniendo en cuenta la obra completa- es algo referente al tiempo empleado en la recolección de información. Resulta en extremo preocupante que buena parte de los datos que se poseen (y que se continúan allegando) sobre culturas amerindias provengan de breves trabajos de campo. Es el caso de Preuss: tres escasos meses entre los kogi... tres escasos meses entre los Huitoto. Nunca la genialidad y la dedicación -de las que Preuss hace gala- al elaborar la información pueden compensar las ventajas de una larga permanencia -requisito para una buena compenetración- entre las gentes de la cultura estudiada. Desde luego es una lástima que Preuss -por motivo del estallido y desarrollo de la Primera Gran Fiesta Universal de la Muerte (al decir de Thomas Mann)- no hubiese podido hacer otro tanto, al menos, en otras colectividades aborígenes colombianas que no han sido estudiadas. Hay etnias en las cuales una larga permanencia se hace más necesaria que en otras para la obtención de una óptima información. Tal es el caso de los kogi, con quienes Preuss tuvo problemas a causa de la celeridad con que pretendía adelantar las averiguaciones, toda vez que se trata de una cultura caracterizada por su especial desconfianza hacia los 'hermanitos menores' (los 'blancos'). El investigador venía de superar con relativo éxito este escollo entre los Huitoto, una cultura más abierta. Este proceder apresurado -y sin la pericia ni disciplina de Preuss- tiene entre sus fundamentos un prejuicio muy extendido entre los etnógrafos: el pensar que la cultura de un pueblo 'primitivo' es fácil de dilucidar por tratarse de gentes con mentalidades y cosmovisiones 'sencillas' frente a la muy 'compleja' del estudioso, quien armado de sutiles teorías puede liquidar rápidamente el inventario cultural de una etnia tras otra. Por fortuna esta actitud superficial -primitiva, sin comillas-, aficionada a fórmulas reduccionistas de gran cubrimiento -herencia del Positivismo del siglo XIX- se ha venido superando al darse paso a los estudios de profundidad. Una nueva actitud ética apuntala el comportamiento de aquellos investigadores contemporáneos que rebasan el esquema etnocentrista de verse como poseedores de una cultura superior a aquellas objeto de su estudio. Es el caso de Reichel. En su obra, Los kogi, logra ese tono en el que se percibe la confianza depositada en él por sus amigos indígenas; algo que no se siente en Preuss, quien deja translucir esa actitud distante, propia del que convierte al 'informante' en objeto de observación, comportamiento que no permite un auténtico diálogo. Sinembargo, con viene anotar la acotación de Manuela Fischer (pág. 24): "Si se comparan p. ej. las versiones de Preuss y de Reichel del mismo mito, parece que las narraciones en español sean más extensas ya que la lengua extraña obviamente no puede transmitir las mismas sutilezas que el kogi y a la vez más evidente la necesidad de explicar lo narrado a un oyente no kágaba".

Ojalá se procediera en un futuro próximo a revisar el texto en kogi para establecer una traducción no simplemente del alemán sino del kogi mismo y teniendo en cuenta como contexto la obra completa. Así se está procediendo, con excelentes resultados, con la obra del mismo Preuss sobre los Huitoto, trabajo, ya a punto de concluir, adelantado por G. Petersen de Piñeros en colaboración con el indígena huitoto Don Eudoxio Bigidima, en la Universidad Nacional de Colombia. Mientras eso sucede se aprovechará lo que hay, que es muy útil.

De su propia recopilación, M. Fischer opina lo siguiente (pág. 24): "Al recopilar estos mitos la intención inicial no fue tanto filológica cuanto tratar de relacionar las representaciones iconográficas prehispánicas con los protagonistas de las narraciones míticas actuales. Lo que resultó inesperado fue la observación de que los primeros mitos recopilados por Preuss más de sesenta años atrás y las narraciones de 1986/7 habían mantenido su función al interior de la sociedad y por lo tanto su integridad y complejidad narrativa".

Para concluir es pertinente solicitar a los editores corregir para una futura edición el levantamiento del texto que está plagado de errores, no sólo tipográficos.

Fernando Urbina

Profesor de la Universidad Nacional de Colombia

SANTA FE DE BOGOTA RAICES MUISCAS

RAFAEL ANTOLINEZ CAMARGO

De manera muy precisa el autor selecciona textos sobre la conquista y la colonia que dan una clara visión sobre el comportamiento de españoles y aborígenes de acuerdo con variadas circunstancias, épocas o regiones.

Al leer un texto es importante insistir en la comprensión de todas las palabras, por ello, un breve diccionario de algunas voces chibchas fue necesario adicionar para mayor entendimiento de la obra.

La última parte del libro es una evidencia de la finalidad de la publicación. Puede considerársela dentro de un amplio margen educativo que al parecer, su lectura, puede ser aplicada en varias asignaturas como historia, español y literatura. Con lo anteriormente expuesto, se aprecia claramente que la información contenida en este libro, puede ir dirigida a estudiantes de cuarto grado de educación elemental hasta el grado onceavo de educación secundaria.

Este libro es adecuado para que un estudiante de cursos elementales descubra que la lectura es importante para que se le vayan abriendo los diveros horizontes que ofrece el conocimiento.

La mayoría de las publicaciones de tipo antropológico se especializan en cubrir el tema de manera cien tífica. Es agradable pensar que ediciones que tocan esta materia, como la de Antolínez, puedan ser accesibles a otros medios.

A pesar de ser un texto claro en su expresión, el autor debió tener en cuenta que existen características de información que van de acuerdo con el desarrollo cognoscitivo del estudiante, esto permite ver que hizo falta situar al lector con el tiempo, es necesario hacer comprender este concepto tanto a un niño como a un adolescente (aún a una persona adulta) para que exista una lógica correlativa que favorezca un mayor entendimiento de la obra.

Al finalizar su obra el autor sugiere realizar algunas actividades para que sean efectuadas por los estudiantes. Desafortunadamente la mayoría de ellas no se ajustan a lo que la educación colombiana desea ofrecer en el momento. La enseñanza pretende no sólo proporcionar la información indispensable, sino formar a los educandos ayudándoles a desarrollar una mente inquisitiva e inquieta. En ciencias sociales el niño o el joven debe pensar. Ya no se trata de dar lecciones memoriza das o realizar simples resúmenes; lo importante es relacionar todo conocimiento con su mundo inmediato para familiarizarlo con hombres lejanos; costumbres diferentes, etc. Así, el alumno se da cuenta de la experiencia humana como unidad y adquiere cabal conciencia de su personalidad nacional. Se pretende con este método, enseñarlos a razonar. Esto ofrece bases sólidas para defender sus opiniones. Es preciso, cuando se preparan actividades escolares, poner en práctica métodos activos que permiten la interacción de los estudiantes con la posibilidad de orientar su trabajó hacia la generación de criterios.

En cuanto a aspectos estrictamente formales de la edición, se debe observar, que el empaste del libro deja mucho que desear pues se supone que va a tener un manejo constante por parte de los niños y se puede apreciar que las hojas se desprenden con facilidad. Ojalá para nuevas ediciones se tenga en cuenta esta anotación.

Cabe destacar en este momento, la manera como el autor culmina el análisis histórico que he reseñado en las líneas anteriores: "Hace pocos días me encontré con ltzamaní, en una calle cualquiera. Tejía mantas con sus manos sabias. Ahora es vendedor ambulante".

Ivonne Delgado Cerón

LA SELVA HUMANIZADA

ECOLOGIA ALTERNATIVA EN EL TROPICO HUMEDO COLOMBIANO

Bogotá, 1990

FRANÇOIS CORREA (Editor)

Una valiosa compilación de textos relativos a las con cepciones, uso y manejo étnicos del trópico húmedo en el territorio colombiano, era más que necesaria. El antropólogo Fran Correa realiza esta labor con la colaboración de asiduos investigadores de sociedades y comunidades que habitan las regiones selváticas del Darién, el Pacifico y la Amazonia. El libro La Selva Humanizada agrupa los siguientes artículos: "Fauna, trabajo y enfermedad entre los Cuna" (Jorge E. Morales), "La agonía de la gallina de los huevos de oro. Crisis adaptativa y nutrición en el noroccidente antioqueño" (Aída Galves A.), "Los Embera-Chami en guerra contra los cangrejos" (Luis Guillermo Vasco), "Sistemas agrícolas tradicionales en el Medio río Caquetá" (Angela Andrade), "Ocupación y utilización del espacio por indígenas y colonos en el Bajo Caquetá" (Carlos A. Rodríguez y Clara Van der Hammen), "Convivir con las Dantas" (Roberto Pineda), "Uso de la Selva Tropical por los indígenas Tukano del Vaupés"(Darna Lee Dufour), "Algunos conceptos de los indios Desana del Vaupés sobre manejo ecológico"(Gerardo Reichel Dolmatof), "La reciprocidad como modelo cultural de reproducción del medio y la sociedad Taiwano"(François Correa) y "Ecosofía Makuna" (Kaj Árhem). Estos documentos se pueden agrupar en dos tipos de análisis: los unos acopian documentación exhaustiva de carácter técnico-ecológica respecto a la apropiación y manejo de la selva por indígenas, mientras que los otros autores muestran los conceptos mítico-filosóficos de los diversos órdenes selváticos con los cuales conviven los amerindios. Estos dos tipos de análisis hacen de este libro un valioso documento de conocimientos, información y consulta para restablecer una adecuada relación con la selva y las sociedades que con ella conviven, por parte de la sociedad colombiana e internacional.

El antropólogo Kaj Arhem, director del Departamento de Antropología Social de la Universidad de Gotenburg (Suecia), retorna el concepto de ecosofía planteado por su colega Naess Ame para plantear que los conocimientos nativos respecto a su medio son un "sistema integral de ideas, valores y prácticas" que permiten precisarlos como "una filosofía de la naturaleza investida de valor normativo; conocimiento ecológico convertido en creencia" (pág. 122). Indudablemente, corno bien lo afirma este autor la ecosofía es parte eminente del saber chamanístico en la codificación cultural de estas sociedades. Y es justo este carácter de filosofía práctica del saber chamanístico el que marca una diferenciación tajante en relación a las prácticas que las sociedades industriales realizan en su expansión hacia los territorios selváticos. Mientras éstas se rigen por el criterio de dominar la naturaleza bajo la enfática oposición cultural entre naturaleza y cultura-sociedad; los amerindios se perciben en continuidad, como un cuerpo continuo natural-social-cultural. Es así como las sociedades industriales requieren crear, aunque tardía y parcialmente, una actividad conceptual, práctica, técnica, política e ideológica determinada como ecología. una vez que se ven abocados ante el inminente riesgo de la destrucción del planeta por su despliegue de industrialización y saqueo comercial.

El libro La Selva Humanizada evidencia una actitud diferencial en el orden del saber respecto al trópico húmedo. Ecología y Ecosofía dan soluciones por senderos diferenciados. La ecosofía es conceptualización y filosofía práctica, es inmanente al modo de existencia amerindio; la ecología es llamado de alerta con expresiones de conocimiento científico-técnico y se manifiesta también como política e ideológica, es más, se concreta como carrera universitaria en pre-grado y post-grado. Este libro se publica como una muestra de "ecología alternativa", como lo explicita el subtítulo, y curiosamente determina una planicie textual de vecindad entre ecología y ecosofía: presenta documentos privilegiadamente ecológicos como el de Rodríguez y Van Der Hammen, el de Angela Andrade y el de Dama L. Dufour respecto a las técnicas de producción y apropiación del medio de carácter hortícola, pesca, cacería y recolección con inventarios estadísticos sistemáticos. Complementariamente suministra una documentación ecosófica de carácter mítico, chamanístico y sociocultural relativos a las sociedades Cuna, Catío, Emberá Chamí, Taiwano, Desana, Tukano, Macuna, Tanimuka, Miraña, Andoke, Uitoto y Muinane.

Selva y ecosofía: un espacio y un saber. De la selva, la comunidad científica ha logrado acopiar un extenso conocimiento en relación a sus ecosistemas en sus componentes geológico, biótico, pluviométrico, hídrico, agrológico, taxonómico, etc., pero a pesar de ello la apropiación social y técnica por parte de las sociedades occidentales tiende a convertirla en desierto por su empeño en dominarla. La Selva Humanizada es una invitación a complementar los esfuerzos de conocimiento y práctica ecológica con el saber ecosófico que están dispuestos a donamos quienes han gestado un modo de existencia con la selva. Para la comunidad científica, y en particular para quienes desarrollan pro gramas y proyectos en la selva tropical, es necesario recordar el criterio planteado por Merton en sus investigaciones sobre la sociología de la ciencia: La humildad científica es vital, esta humildad debe manifestarse en preguntar a quienes saben vivir en la selva. En enero de 1989 asistimos con Oscar Román, un nimáirama (chamán huitoto) de Araracuara, a una exposición que presentaba un biólogo marino en las instalaciones de la Corporación Araracuara respecto a la ejecución de un proyecto "científico" -como lo denominó el expositor- para la construcción de estanques piscícolas; la técnica a implementar era la misma que se ha desarrollado en el interior del país, argumentando además que los habitantes de la región no tenían conocimientos respecto al cultivo y cría de peces. Después de la reunión Oscar me explicó en su casa que esa técnica, al igual que las implementadas en zoocría, no tendría éxito porque las condiciones del medio, en la interacción de los períodos de alta lluviosidad y de "verano" hace inadecuado ese tipo de estanques. Indicó además el tipo de tecnología que ellos han implementado desde siempre para el cultivo y cría de algunas variedades de peces, de acuerdo a los períodos de inundación y disminución del cauce de los ríos. Y concluía diciendo: "Como él es científico, cree que nosotros no sabemos de nada. Y como todos los científicos, nunca nos preguntan nada. Todos sus proyectos científicos fracasan".

William Torres C.

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