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Hallazgos -enterramientos-Se excavaron un total de dieciséis enterramientos en el sitio Palogordo II correspondientes a no-natos o neonatos en sus primeras semanas de vida extrauterina (3 o 18.8%), infantes entre 2 y 9 años (3 o 18.8%), adolescentes de 11 a 15 años (5 o 31.3%) y adultos de más de 20 años (2 o 12.5%) y tres cuya edad no fue posible determinar. La determinación de sexo es mucho menos segura por lo que no puede tomarse en cuenta como un dato sobre el cual hacer inferencias. En general, el estado de conservación de los esqueletos es muy deficiente y esto dificultó la identificación y análisis de los restos óseos, debiendo para este efecto buscarse apoyo en el estudio de las denticiones el cual aportó la mayor parte de los datos sobre nutrición, sexo, edad y patologías. Pese a tratarse de una muestra restringida los datos sobre la edad probable de los enterramientos muestran una proporción muy alta de jóvenes, ya que al agrupar no-natos, neonatos, infantes y adolescentes estos suman 68.9% frente a solo un 12.5% de adultos. Estas cifras muestran un cuadro de mortalidad marcadamente distinto del patrón normal, lo cual indicaría una mortalidad infantil muy alta en la población de esta aldea; debe insistirse, no obstante, en que el tamaño de la muestra no permite hacer inferencias definitivas. El estudio de las denticiones indica una dieta compuesta en buena parte por alimentos duros cuya masticación causó una fuerte abrasión dentaria en adultos e incluso en niños de 10 a 12 años. No son muy frecuentes las caries u otras patologías dentales adquiridas aun cuando en los esqueletos cuyos maxilares se conservaron se observan malformaciones y apiñamiento probablemente atribuibles a deficiencias nutricionales severas que pudieron ocasionar raquitismo. Este dato se confirma por la existencia de incoherencias en las tablas de erupción, puesto que el orden y edad de reemplazo de las piezas dentales desiduas por permanentes presenta desórdenes e irregularidades. Sorprende la escasez del ajuar funerario; de los dieciséis entierros localizados solo dos registraron algún tipo de ajuar (un collar en uno de los casos y un conjunto de yunque y martillo en el otro) mientras que otros dos entierros de no-natos o neonatos se hallaron dentro de vasijas de tipo doméstico reutilizadas como urnas funerarias y otros dos estaban asociados con fragmentos grandes de vasijas, también de tipo doméstico. Fuera de estos pocos vestigios culturales solamente aparecieron asociadas lajas de piedra sin trabajar o escasamente modificadas. Cuando se pudo determinar la forma de la tumba correspondía a una fosa simple oval, o bien rectangular con bordes redondeados. Hay una marcada preferencia a la orientación de fosas y esqueletos en dirección este-oeste presentándose un solo caso de orientación noreste-suroeste y otros varios que no se pudieron determinar. Es de especial interés la aparición de pares de juegos dentales en un solo enterramiento; este fenómeno observado en tres casos no pudo esclarecerse debidamente por la ausencia de huesos que podrían haber constatado la presencia de entierros de parejas de individuos en una sola fosa. La evidencia disponible puede interpretarse igualmente como el entierro de un solo individuo con las piezas dentales de otro fallecido con anterioridad.
Hallazgos -restos de fauna-Tres especies de mamíferos y tres especies más de animales no-mamíferos están representados en los restos óseos del sitio de Palogordo. Debe destacarse la utilización del venado de cola blanca (Odocoileus virginianus) relativamente abundante entre los desechos de alimentación y cuyos huesos se usaron para elaborar instrumentos y cuentas de collar. Aparte de esta especie se cazó el armadillo en bajas cantidades y el ratón (Sygmodon) ocasionalmente; en este último caso los contextos de hallazgo de los restos óseos parecen indicar no un uso regular de este animal en la dieta, sino más bien esporádicas utilizaciones masivas.
Entre los no-mamíferos es notable el consumo de aves de la familia Columbidae (palomas) cuyos huesos también se utilizaron para confeccionar cuentas de collar. Es probable que fueran atrapadas mediante el uso de redes de hilo de algodón. Una especie de pequeño tamaño del género de los Iguanidos también se consumió en bajas proporciones. En los ríos y quebradas de la zona se capturaron cangrejos del género Neostrengería consumidos también en muy bajas cantidades.
Una mención especial merecen los abundantes restos de gasterópodos (caracoles) de tres diferentes especies presentes en todo el registro arqueológico de la excavación. El consumo intensivo de cara coles también se ha registrado en el vecino sitio de Los Teres (Cadavid, 1984) y plantea interesantes interrogantes. Por un lado el aporte nutricional de estas especies es mínimo dado su tamaño y para que constituyan un verdadero complemento proteínico es necesario consumirlos en grandes cantidades, pero este tipo de demanda proteínica estaría mucho mejor satisfecha por el consumo de otros tipos de animales, presentes en el área en cantidades presumiblemente adecuadas para satisfacer las necesidades de una población como la de Palogordo. La presencia de caracoles arborícolas en estas cantidades no se considera un fenómeno normal en un medio como el del cañón del Chicamocha; es probable que esta sobrepoblación de gasterópodos asumiera la forma de una plaga de cultivos y que su alto consumo fuese tan solo la natural respuesta de la población indígena al problema.
Es interesante, en todo caso, el hecho registrado en las excavaciones, del consumo de tan solo unas pocas especies, tanto de mamíferos como de no-mamíferos en un medio que, aunque no especialmente rico, sí ofrece otras especies entre las cuales cabe citar el conejo (Silvylagus), el fara (Didelphis marsupialis) y varias especies de reptiles. Es probable que se consumieran hormigas santandereanas que, aun en la actualidad se encuentran en el sitio en los meses de abril y mayo, pero no hay evidencias arqueológicas de este tipo de actividad.
Hallazgos -materiales misceláneos-En el sitio se encontraron varios fragmentos tubulares de arcilla sin cocer cuyo uso no es conocido. También fueron encontrados fragmentos de cuarzo, tanto trabajados (cuentas de collar), como sin trabajar. Es de interés el hallazgo de fósiles de amonita utilizados como cuentas de collar mediante la perforación de un pequeño agujero central (ver fotografía 30).
La actividad doméstica en PalogordoLos análisis de fosfatos efectuados sobre las muestras de tierra tomadas en los perfiles y plantas de las excavaciones junto con las frecuencias de distribución de material cerámico, líticos y desechos de alimentación permitieron elaborar un índice compuesto (ver Cuadro 4) que refleja el comportamiento espacial y temporal de la actividad doméstica en esta plataforma de vivienda.
En general se evidencia una mayor actividad expresada en índices mucho más altos para los niveles 1 y 2 en toda la plataforma Palogordo II así como en la plataforma Palogordo III mientras que en Palogordo I la actividad no es tan intensa en el nivel 1 y se hace mucho mayor entre los niveles 2 y 5 llegando al máximo este último. En Palogordo II solo escapan a esta tendencia las cuadrículas IIC que registra altos en los niveles 4 y 5, IIG que mantiene un índice alto hasta el nivel 5 y la cuadrícula IIJ la cual, pese a seguir la tendencia general, registra en los niveles 3 y 4 índices muy altos (ver Cuadro 4).
Tanto el índice compuesto como los valores de fosfatos por separado sugieren que en la vivienda excavada en el corte Palogordo II se experimentaron cambios en las áreas de actividad a lo largo del tiempo. En un principio (siglos IX a XI) la mayor actividad de preparación de alimentos, desecho de basuras sobre el piso de vivienda y talla de artefactos se concentró en la parte sur de la plataforma (cuadrículas IIH, G, C, y B). Posteriormente (siglos XII al XIII) esta actividad se desplazó hacia la parte central (cuadrículas IID, A, 11 y F) y en los últimos períodos de ocupación (siglos XIV y XV) fue mayor en la parte norte (cuadrículas IIE, I y J). No obstante, el área situada al extremo norte (cuadrícula IIJ) tuvo desde los siglos XII al XIII) una fuerte actividad, que en la misma época era mucho menos intensa en el área central de la plataforma.
La inexistencia de huellas de postes de la vivienda y la consecuente imposibilidad de levantar un plano de la misma impide correlacionar los datos existentes sobre actividad doméstica con los espacios arquitectónicos de la vivienda.
La evidencia existente, no obstante, sugiere que dentro de la vivienda los espacios dedicados a las diferentes actividades (cocina, tallado de líticos, áreas de desecho, etc.) no estuvieron muy rígidamente delimitados en ninguna época. El desplazamiento de las áreas de mayor actividad en sentido sur-norte a lo largo del tiempo puede estar obedeciendo a la excavación de numerosas tumbas y deposición de entierros en la parte sur lo cual habría constituido una restricción para el uso de estas áreas, por lo menos en las épocas inmediatamente posteriores al enterramiento. No hubo fuera de este desplazamiento dentro de un espacio restringido otras acciones tales como el abandono temporal o definitivo de la vivienda. después de los enterramientos.
La evidencia del análisis de fosfatos para los cortes Palogordo I y III indica comportamientos relativamente similares con excepción de la anomalía registrada en Palogordo I. La limitación espacial de las excavaciones en estos cortes restringe las posibilidades de un análisis como el planteado para Palogordo II.
Un área plana localizada cerca a la aldea con condiciones aparentemente óptimas para el cultivo fue investigada mediante la excavación de dos pozos de prueba y análisis de fosfatos con el ánimo de comprobar la posible utilización del área como campo de cultivo. Los resultados (ver Cuadro 3) demuestran que no se dio allí ningún tipo de actividad humana. Este resultado deja abierto el interrogante respecto a los sitios utilizados para los cultivos, ya que en este lugar situado sobre el abrupto cañón del río Chicamocha no hay muchas áreas que puedan cultivarse.
Discusión y consideraciones finalesGracias a las investigaciones arqueológicas realizadas tenemos un panorama parcial de la vida en una aldea Guane en el período que hemos denominado temprano y que está comprendido entre los siglos IX y XII de nuestra era. Las viviendas se organizaron en forma dispersa sobre áreas muy extensas utilizando las escasas áreas planas correspondientes a las terrazas del cañón del río Chicamocha, en el cual prima un clima árido con vegetación subxerofítica y condiciones muy deficientes para el desarrollo de las labores agrícolas, este, no obstante, brinda la posibilidad de un rápido acceso a diferentes pisos térmicos, desde el cálido en las terrazas inferiores a la orilla del río hasta el templado en las mesetas de Barichara y Los Santos. La ubicación sobre el cañón del Chicamocha les permitió además una comunicación rápida con las diversas etnias chibchas asentadas en esta región que se ha denominado, con razón, como una área de confluencia (Pérez, com. pers.). Parece ser que inicialmente el terreno sobre el cual se construyeron las viviendas no recibió una adecuación especial; la posterior acumulación de desechos sobre el piso de la vivienda elevó el nivel de este, dando lugar a la creación de plataformas cuya elevación sobre el terreno circundante puede alcanzar los 50 cm. En la actualidad las plataformas se han erosionado en el perímetro presentando el aspecto de montículos redondeados. Los habitantes de la aldea enterraron a sus muertos dentro del espacio doméstico sin que esto conllevara el abandono temporal o permanente de la vivienda; solamente se produjo el desplazamiento de las áreas de actividad doméstica hacia sectores no ocupados por enterramientos. No se detectaron tampoco dentro de la vivienda áreas que evidenciaran una actividad específica sino que, por el contrario, la talla de piedra, concha y hueso y uso de cerámica se realizó indistintamente en toda el área.
No poseemos mayor información respecto al tipo físico de los habitantes de Palogordo; solo podemos inferir, con base en los escasos restos óseos, una estatura media y una complexión mas bien delgada. Sorprende la proporción de enterramientos correspondientes a niños y jóvenes, lo cual podría interpretarse como evidencia de una mortalidad inusualmente alta en los grupos de edad que van de 0 a 20 años. No obstante, la población analizada es muy pequeña y los datos sobre edad no suficientemente confiables como para poder asegurar la existencia de un fenómeno de este tipo. Aún así, cabe señalar que las condiciones nutricionales no debieron ser ventajosas: hay, sin duda, una relativa escasez de tierras agrícolas vecinas y, sorprendentemente algunas tierras planas cercanas no se utilizaron en absoluto. Ciertamente se consumió maíz en varias formas y otros granos y tubérculos como lo demuestra la existencia de metates y otros instrumentos líticos para triturar, pero no aparecen estos artefactos en las cantidades que podrían esperarse cuando existe un consumo masivo. Las necesidades de proteínas animales fueron suplidas mediante la cacería y recolección de algunas especies, aun cuando el repertorio existente en el registro arqueológico es restringido y se dejaron de utilizar algunas especies que existían en la región desde esa época, tales como el conejo y el fara, entre otros. Una de las presas de caza más frecuentemente utilizada fue el venado de cola blanca; complementariamente se consumieron ratones, pequeñas iguanas, aves y cangrejos. Se recolectaron y consumieron en abundancia los caracoles terrestres, cuya presencia es indicativa de plagas que pudieron afectar las cosechas. Fragmentos de huesos y esqueleto dérmico de armadillos así como conchas de caracol fueron usados para tallar artefactos y adornos personales. En este tipo de industria, así como en la lítica la característica principal es la elaboración expeditiva de artefactos sin retoques a los cuales sólo se les realizaron las modificaciones indispensables para adaptarlos al uso. En la industria lítica hay una moderada cantidad de artefactos multifuncionales cuya elaboración es igualmente tosca. Al morir los habitantes de Palogordo no llevaron a sus sencillas sepulturas prácticamente ningún objeto; solamente en uno de los casos se encontró un collar formado por cuentas de diversos materiales como ajuar. Los no-natos o neonatos que murieron fueron colocados dentro de vasijas domésticas con huellas de uso, otros individuos jóvenes se acompañaron de fragmentos, más o menos grandes, de vasijas también domésticas. Casi invariablemente los individuos se enterraron en dirección este-oeste y en posición flexada. No hay, tampoco, en el registro arqueológico evidencias que nos indiquen que este sencillo modo de vida aldeano se vio, en alguna forma, afectado por la influencia de culturas externas. Esto no quiere decir, por supuesto, que la aldea de Palogordo estuviese aislada del contexto cultural del área Guane o del complejo de los Andes Orientales ya que las características del material cerámico han permitido aclarar estos nexos y situar dentro del panorama arqueológico regional la prehistoria de esta zona. En la extensa región que se ha ido conociendo dentro de la literatura arqueológica como Andes Orientales, dos regiones extremas han sido investigadas en detalle: el altiplano cundiboyacense y la parte central de la Sierra Nevada de Mérida (especialmente la cuenca del río Chama). Al intentar comprender en conjunto esta cadena de culturas relacionadas lingüísticamente es importante tener. información sobre todas ellas y, en especial sobre las que ocupan lugares geográficos intermedios. La región de los cañones del Chicamocha, Suárez y Fonce y las mesetas de Barichara, Los Santos y Bucaramanga, ocupada desde aproximadamente en el siglo IX por la etnia Guane, es precisamente una de esas áreas intermedias cuyo estudio reviste tanta importancia. En un artículo anterior (Lleras, 1989 b) se esbozó la idea de la existencia de dos diferentes fases de desarrollo en el período Guane; una fase temprana que se inicia alrededor del siglo VIII o IX d. C. y dura hasta el siglo XIII y una fase tardía que arranca a partir de ese momento y dura hasta la época de la conquista española en el siglo XVI. Estas fases pueden detectarse con claridad en la cerámica arqueológica que se divide en dos grandes complejos, el temprano y el tardío, cuya cronología, características tecnológicas y formales y distribución espacial son claramente diferenciables. En Santander el complejo cerámico Guane temprano comprende los tipos: - Los Santos Carmelito burdo Estas clases cerámicas han sido definidas por Cadavid (1984) y este estudio para los sitios de Los Teres y Palogordo. La distribución parece, concentrarse en las partes media y baja del cañón del río Chicamocha y sobre las mesetas de Barichara, Los Santos y Bucaramanga, siendo más escaso hacia la porción sur y oriental del departamento. En el complejo cerámico es evidente la coexistencia de tradiciones de decoración por pintura y por incisión junto con una gran diferencia en las técnicas de manufactura correspondientes a los tipos domésticos y ceremoniales. Dentro del complejo Guane tardío se encuentran los siguientes tipos: Oiba Rojo sobre Rojo-naranja Los tipos han sido definidos básicamente a través de las investigaciones de Sutherland (1972). La distribución se concentra principalmente en la porción suroccidental de Santander; sur de la meseta de Barichara, parte alta del cañón del río Chicamocha, cañón del río Suárez, valle del río Fonce y Serranía de los Cobardes. Hallazgos de cerámica de este complejo tardío son frecuentes incluso por fuera del territorio delimitado para la etnia Guane en el siglo XVI (Morales, 1984) en contextos arqueológicos Muíscas, Muzos y Yareguies (ver por ejemplo, Lleras, 1989 a). Pese a que la ocupación de las etnias de filiación chibcha cubre solamente los últimos siglos en la prehistoria de los Andes Orientales la idea de que estas ocupaciones comprenden no solo una, sino dos o más fases de desarrollo, no es extraña a la arqueología regional. Las investigaciones en el área Muisca (Boada, 1987; Castillo, 1984; Boada, Mora y Therrien com. pers.) han permitido también allí identificar dos grandes complejos cerámicos con una distribución espacial y una cronología diferentes. En los Andes Venezolanos Wagner (1965, 1967) planteó dos patrones (Andino y Subandino) con una distribución espacial diferenciada pero que pueden estar representando también dos fases sucesivas de ocupación. Antes de las ocupaciones chibchas se encuentran horizontes de cerámica incisa con poca o ninguna relación demostrable con las subsecuentes ocupaciones (Miquimu en los Andes Venezolanos, Herrera en el altiplano cundiboyacense, Antigua en Santander, etc.) sobre las cuales no poseemos datos en esta investigación y que no entraremos, por tanto, a discutir aquí. Es perfectamente lógico que en los Andes Orientales a lo largo de cerca de nueve siglos de ocupación chibcha se produjeran cambios, más o menos notables, que rompieran la homogeneidad cultural. Estos cambios pudieron producirse como consecuencia de la dinámica interna de los grupos, por efecto de la llegada al área de nuevas oleadas de poblamiento o como resultado de la interacción de las diferentes etnias en sus regiones limítrofes; es posible, finalmente, que los tres factores concurrieran en la formación del complejo multicultural de los Andes Orientales. En Santander los dos grandes complejos cerámicos y las dos fases que ellos definen, representan a nivel regional la prehistoria de los Andes Orientales. En la primera fase, que hemos denominado Guane temprano, es evidente un estrecho parentesco con la cerámica del patrón andino venezolano y con el complejo Ranchoide (Ardila, 1988). En especial el tipo Los Santos Carmelito burdo presenta notables similitudes con la cerámica doméstica procedente de la parte alta de la Sierra Nevada de Mérida; también se pueden correlacionar algunas de sus características, en especial el borde doblado con los tipos domésticos del Complejo Portacelli cuyas fechas son algo más antiguas. La mayor antigüedad de una cerámica relacionada (Portacelli en el complejo Ranchoide) en la península de la Guajira y cuenca del lago de Maracaibo parece apoyar la idea de una migración de los grupos chibchas a partir de las tierras bajas del litoral Caribe hacia los Andes Colombo-Venezolanos en la segunda mitad del primer milenio de nuestra era. También la cerámica ceremonial del complejo Guane temprano (Villanueva Ocre sobre Crema-negro) guarda relaciones con complejos y tipos de las tierras bajas del litoral caribe y la Serranía de Mérida; en este caso con el tipo Cocos Blanca pintada del Complejo Ranchoide y con la Serie Tierroide en Venezuela. La segunda fase o Guane tardío muestra una muy fuerte influencia del complejo Muisca cuya área de dispersión situada inmediatamente al sur se sobralapa con frecuencia con la de este. Se conservan, por supuesto, elementos importantes del complejo temprano y es posible, incluso, que el tipo Los Santos Carmelito burdo se siguiera manufacturando en una forma ligeramente modificada como cerámica doméstica: será necesario clarificar este asunto mediante la excavación de sitios de habitación tardíos. Parece ser que la mica, incluida en la pasta o en un baño de agua arcillosa, desaparece como elemento decorativo y desgrasante, pero las formas y los motivos básicos de decoración del tipo Los Santos Micaceo fino son adoptados por el tipo Chicamocha Inciso-impreso que se hace extremadamente popular y amplía su dispersión sobre una extensa región (ver Pérez, en proceso). Del tipo Villanueva Ocre sobre crema-negro al Oiba Rojo sobre Rojo-naranja se transfieren algunas de las formas principales (múcura, copa) aún cuando el tipo tardío registra una mayor variedad y experimentación en las formas. También hay una notable continuidad en la técnica y motivos decorativos. En el aspecto en que se registra un cambio más fuerte es en las condiciones de manufactura: hay un drástico retroceso en el control de las condiciones de cocción pasando de una cerámica muy dura y compacta a una frágil, laminar y erosionable. La transición entre el Guane temprano y el tardío debió operarse en una forma gradual, aun cuando todavía no tenemos evidencias atribuibles a una época de transición. Alrededor de finales del siglo XIII se dejaron de manufacturar los tipos Micaceos y Villanueva Ocre sobre Crema-negro y se inició la producción del Oiba Rojo sobre Rojo-naranja y el Chicamocha Inciso-impreso. Simultáneamente cambió el patrón de enterramiento pasando de las tumbas de fosa sencilla a las tumbas de pozo y cámara lateral y los enterramientos comenzaron a ser acompañados de un ajuar más abundante. Es probable que el cambio se registrara también a nivel de la industria textil como parecen probarlo algunos hallazgos recientemente fechados (M. Cardale, com. pers.). La transición al período tardío también representó para la etnia Guane una expansión territorial y el dominio compartido de sectores extraterritoriales (Lleras, 1989 a). A la vez se operó un cambio en la dirección predominante de intercambio y contacto cultural; en el Guane temprano son, como ya mencionamos, fundamentales las relaciones con las regiones al norte y oriente (Macizo de Santurbán, Guajira, Cuenca de Maracaibo, Sierra Nevada de Mérida y Sierra Nevada del Cocuy). Por el contrario en el Guane tardío los hallazgos arqueológicos y los datos etnohistóricos muestran una fuerte relación con el valle del Magdalena por el occidente y con el altiplano cundiboyacense por el sur. Un cambio así podría explicarse por la atracción que habrían generado en la fase temprana el norte como foco de migración y en el período tardío el sur como centro de la etnia chibcha de mayor poder y desarrollo: la muisca. La hipótesis aquí planteada es, por supuesto, tan solo una primera aproximación a la interpretación del muy complejo panorama cultural de los Andes Orientales en uno de sus sectores. Lo más importante, por ahora, es desechar los esquemas simplistas que han primado y según los cuales sólo ha existido un período Guane, homogéneo e inalterado de principio a fin. La comprensión de cómo se desarrollaron estos cambios en los territorios Chitarero y Lache permitirá complementar el cuadro del desarrollo de los Andes Orientales. |

















