Reseña de Libros

 

RELATOS MÍTICOS KABIYARI

 

Francqis Correa

El Servicio Colombiano de Comunicación publica el segundo texto de la serie "Relatos y Leyendas Orales", en el que presentan diez relatos míticos de la comunidad Kabiyari de habla Arawak, habitantes de las riberas del río Cananarí (afluente del Apaporis) en la región del Vaupés. Estos relatos le fueron narrados al antropólogo Francois Correa hace uno diez años por Gustavo Kabiyari y complementados con variaciones mitogónicas en conversaciones con José y Benedicto Kabiyari.

El libro consta de dos partes. En la primera se presentan los diez relatos míticos, los cuales incluyen temas como la Anaconda Ancestral y el origen de los Kabiyari, el origen del Universo, el origen de la horticultura, el origen de la coca y el tabaco, del Yuruparí, el origen de la lengua idiomática, del trueno y del fuego, el origen del curare, las flechas, las máscaras y los bailes. Esta es una parte estrictamente mitogónica en la que danza la palabra que narra, describe y devela los misterios del acto de crear. Allí la palabra enuncia y describe lo que emerge y lo que nace.

Esta sección del libro es titulada por el antropólogo como Mitología Kabiyari. Pero más que mitología, un tratado mítico en relación de expresividad en logos, como ciencia mitológica Kabiyari es más bien un pequeño segmento o "capítulos" o "espacios narrativos" de enunciados y descripciones de lo acontecido en la mitogonía Kabiyari. Es un pequeño corpus, ilustrativo, de aquello que tiene que ver con el crear y el nacer en los tópicos mencionados. Tiene que ver con los espacios y tiempos del crear y nacer.

En la segunda parte el antropólogo presenta una Lectura de los Mitos, su lectura, apoyada en la observación etnográfica que le permite contarnos las relaciones ecológicas con la "antropogénesis", "la cosmogénesis", "la génesis de la horticultura" y la maloca Kabiyari. Sin embargo esta lectura es también una interpretación. Es, indudablemente, una lectura de modernidad. La dificultad reside justamente en la interpretación. Allí es donde reside con más exactitud lo mitológico, tal como lo percibe Lévi-Strauss cuando dice de sus mitológicas que son a su vez mitologizaciones, que son a su vez un mito. Por ello esta lectura de los mitos Kabiyari de Francois Correa es mitológica o mejor mitográfica, puesto que es más etnográfica que etnológica si se retoma la distinción lévistraussiana entre etnografía, etnología y antropología.

En esta lectura el antropólogo F. Correa nos presenta el uso del espacio (de vivienda, de cultivo, de pesca, de recolección y de cacería) en su vivencia masculina y femenina mediante el equilibrio ecológico y la presencia de la ritualidad del saber de los payé (chamanes). Está acompañada de dos mapas en los que se ubica el territorio Kabiyari en el espacio cultural del Vaupés, de un "módulo de construcción" de la maloca y de once fotografías que ilustran y contextualizan etnográficamente los relatos.

De los Kabiyari había publicado hace unos años el etnólogo francés Francqis Burgue un ensayo sobre el territorio Kabiyari y su mitología. Se complementa así otra documentación respecto al modo de existencia y estilo de vida Kabiyari. En esta ocasión el antropólogo y los editores insisten en el problema de identidad cultural coincidiendo así con otro interés de modernidad.

William Torres C.


 

EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS EN GUADUERO - CUNDINAMARCA

 

Cecilia de Hernández y Carmen de Fulleda

Dentro de los trabajos efectuados en el Magdalena Medio, debe resaltarse que la presente investigación es de las pocas en las cuales encontramos información acerca de los grupos que habitaron el área entre el 500 A. C. y el 500 D. C. Por tanto se convierte en una fuente de información importante para las regiones aledañas en búsqueda de la explicación al origen de las migraciones hacia dichas zonas.

El trabajo realizado en Guaduero comprende la excavación de algunos pozos de sondeo y una cuadrícula que corresponde al basurero de un taller cerámico. Sin embargo, la escala del trabajo es tan reducida que ni siquiera se determina la extensión total del yacimiento en sus alrededores y los pozos de prueba efectuados no se utilizan para determinar otras áreas de actividad asociadas al taller.

Así mismo, no se menciona la comprobación de la estratigrafía de la cuadrícula con otros pozos para determinar si el estrato único que encuentran las investigadoras corresponde a una formación natural o intencional; es decir, si se hizo un hueco para botar el material o si éste fue arrojado formando un montículo que luego fue cubierto con material de deposición natural.

La tipología del material cerámico se hace con base en la forma y la ausencia o presencia de decoración, permitiendo un manejo claro y fácil del material. Sin embargo, debido a la especificidad de la excavación y la carencia de una prospección en el área no se puede determinar la función de algunas o todas las vasijas mediante su asociación en otros contextos, ya sea funerarios, habitacionales, etc.

Con respecto al material lítico encontrado en asociación con los desechos del taller, las autoras afirman que éste indica la presencia de consumo de maíz. No se niega que tradicionalmente los metates y las manos de moler lleven a estas conclusiones, pero teniendo en cuenta que se está utilizando como desgrasante el tiesto molido, ésta puede ser una de las causas por las cuales se encuentran estos instrumentos. En otros términos, el contexto de asociación de ambos artefactos está mostrando otra función. Sumado a esto, no encontramos un análisis geológico del material lítico que lo identifique, permita saber su procedencia -local o foránea, o si son de río-, dureza, composición, etc. Tales características están directamente relacionadas con la función de los instrumentos.

Las dos fechas obtenidas para el yacimiento indican que fue ocupado por un largo período de tiempo. No obstante, en ellas existe una incongruencia que no es explicada en el trabajo. La fecha obtenida en el nivel 8 es posterior en unos 600 años a la del nivel 6. La primera fue determinada con el método de termoluminiscencia y su confiabilidad podría estar sujeta a alguna alteración de su tipo natural o humano aún por determinarse. En general, el proyecto sufrió serias limitaciones pues fue formulado en términos muy específicos, es decir que sólo se abarcó la excavación de una cuadrícula y la descripción del material encontrado en él. No se hizo un intento de delimitar el área circundante y mucho menos de observar qué estaba sucediendo a nivel local y regional. Con esto, sólo se estableció un sitio tipo con el cual se lograron unas conclusiones evidentes como la especialización en producción de material cerámico y que el sitio corresponde al período formativo.

Esto lleva a la conclusión, que un trabajo arqueológico no puede limitarse a la descripción incompleta de un sitio para luego saltar a integrarlo en un modelo general como el período formativo. Primero hay que caracterizar el área y sus habitantes, o de otra forma el yacimiento arqueológico, como el caso de Guaduero, pasaría a ser igual que otros sitios formativos de la costa o de los altiplanos. La interacción medio ambiente y cultura da resultados que difieren unos de otros y en esto debemos enfatizar. Esto permite establecer patrones de comparación y/o diferenciación con las zonas aledañas.

Es cierto, que a veces económicamente es imposible abarcar grandes extensiones de terreno para lograr estos objetivos, sin embargo, existe la posibilidad de hacer este tipo de investigaciones a nivel bibliográfico, es decir, a través de trabajos arqueológicos realizados en otras áreas. En este caso pudimos observar que en la investigación realizada por Marianne Cardale en Pubenza (1976), el material encontrado es bastante similar al excavado en Guaduero. El tipo cerámico identificado por Cardale como Pubenza Rojo Bañado presenta formas y decoración similares a todos los tipos identificados por Hernández y Fulleda en Guaduero. En cuanto a la pasta, los tipos de Guaduero se asemejan a los del tipo Pubenza Policromo, pues en ambos se utiliza el desgrasante de tiesto molido. Este es un dato que hubiera sido interesante explotar, por cuanto Cardale sugiere que el tipo Pubenza Rojo Bañado es anterior al Pubenza Policromo, aunque después se siguen utilizando los dos contemporáneamente. En Pubenza también se encuentran piedras de moler y al respecto Cardale comenta que son blandas y livianas lo que hace pensar que no se utilizaron para moler alimentos duros como el maíz, sino que sirvieron posiblemente para moler yuca cocida. En Guaduero, sin más evidencia que la presencia de piedras de moler y metates en un basurero de taller cerámico, es difícil inferir una dieta basada en el maíz. La altura a la que se encuentra este yacimiento permite pensar que hay presencia de una mayor variedad de productos.

Si queremos participar en las nuevas tendencias de la arqueología y hacer investigaciones de tipo regional es necesario que de una u otra forma, ya sea en el terreno o a nivel bibliográfico, obtengamos la mayor cantidad de información que permita reunir y despejar el panorama arqueológico y no seguir trabajando con sitios-tipo aislados.

Monika Therrien


 

ARQUEOLOGÍA DEL ALTO VALLE DE TENZA

 

Roberto Lleras Pérez

Este libro constituye una contribución a la arqueología del departamento de Boyacá y particularmente a una zona sobre la que se había escrito muy poco. En efecto los escasos reportes referentes a las columnas de Ramiriquí era lo único que se conocía para el área. El informe de Lleras viene a subsanar parte del vacío existente en el contexto arqueológico de las áreas aledañas a Tunja.

El esquema del informe comprende dos partes: La primera referente a una extensa recopilación geológica y ecológica y la segunda a una reconstrucción histórica de las ocupaciones de la zona desde sus inicios hasta la Colonia. Dentro de este último tema, Lleras identifica ocupaciones de la zona por parte de las gentes del Período Herrera -también reportados para la Sabana de Bogotá- y posteriormente habitada por el grupo comúnmente denominado Muisca.

En este trabajo es de gran importancia la reseña de una serie de manifestaciones culturales tales como petroglifos y pictografías en varios conjuntos rocosos y particularmente del taller de columnas líticas de Tibaná. Sumado a esto, el registro de las columnas dispersas en varios sitios de la región, y la recopilación de la información de algunas de ellas reseñadas con anterioridad por otros autores en artículos de difícil consulta. El autor propone una posible relación entre las columnas y los grupos del período Muisca pero la falta de material cultural asociable a ellos no le permite identificar su filiación cultural con exactitud. Sin embargo, como él mismo lo dice, es un rasgo que abre interesantes perspectivas de investigación aun por fuera de la zona. En efecto, al establecer correspondencia con este tipo de vestigios en áreas relativamente alejadas como Tunja y El Infiernito, encontramos que el material cerámico asociado de ambos sitios difiere enormemente del encontrado en la zona del Alto Valle de Tenza. Dicha cerámica forma un conjunto (estilo) muy local que se relaciona con las primeras manifestaciones de grupos de tradición "muiscoide" en la zona, ubicables hacia el siglo VIII después de Cristo. Su relación con las gentes del Alto Valle de Tenza aún está por establecerse tanto por cuestiones de estilo como de cronología.

Lleras observa ciertas dificultades en correlacionar el material de la zona del Período Muisca con el de otras áreas del altiplano cundí boyacense. El autor dice que los tipos Arenosos de Sutamarchán y Tunja son más antiguos que el Desgrasante Gris. En realidad, en las últimas investigaciones en Tunja, Valle de Samacá, Leiva y Sutamarchán, ambos tipos cerámicos aparecen juntos en todos los sitos en donde han sido reportados. Pero aparte de esto, realmente la dificultad estriba en el tipo de homologación que se está haciendo con el material. En palabras de Lleras "el problema radica en que el Desgrasante Gris no puede utilizarse como indicador cronológico puesto que está presente a todo lo largo de la ocupación Muisca prehispánica (por lo menos desde el siglo XI) y subsiste durante el período Colonial" (p. 53).

Definitivamente este tipo cerámico es el más conflictivo de cuantos se hayan establecido para el altiplano cundí boyacense debido a que fue definido con base en la composición de la pasta, material que se encuentra en formaciones geológicas que recorren todo el altiplano. Al utilizar este criterio (la pasta), como marcador fundamental para conformar los tipos de todo el "territorio Muisca", es natural que la cerámica se vea igual y engañosamente contemporánea. Tal parece como si la clasificación obedeciera a una visión totalizante, es decir que todos los cacicazgos que habitaron el altiplano cundí boyacense pertenecieran a la misma gente. Sin embargo, al respecto, desde los cronistas hasta la misma arqueología, incluido este trabajo (p. 106) se encargan de mostrar continuamente una composición cultural heterogénea de los grupos que habitaron la región en la esfera política, social, económica, lingüística, prácticas funerarias y material cultural. Dentro de esta última, la cerámica muestra una diversidad local tan notoria, que como el mismo Lleras lo anota, "ofrecen un panorama que desconcierta. Mientras que los mismos datos etnohistóricos vinculan inequívocamente el área con el norte del territorio Muisca (Zacazgo) los tipos cerámicos encontrados pertenecen a tradiciones de la región sur (Zipazgo)" (p.106).

Sin embargo, una correlación de todos los rasgos entre las diferentes tradiciones cerámicas particularmente de forma y diseño está aún por hacerse. Hasta ahora, las correlaciones han sido hechas fundamentalmente con base en la pasta, textura, técnica de manufactura, etc. y una serie de características entre las que se encuentran la forma y la decoración, pero como marcadores secundarios. De esta manera, se aglutina bajo el mismo rótulo ( i.e. Desgrasante Gris) una serie de características tanto similares (pasta, desgrasante, cocción, técnica de manufactura) como diferentes (formas y diseños). Y es en estas últimas en donde el artífice materializa toda una carga cultural que lo identifica; al dejarla en segundo plano prácticamente estamos olvidando el rasgo más importante en el proceso de identificar grupos humanos. Bajo esta perspectiva cabe preguntarse para dónde nos va a llevar la clasificación tradicional y qué tan precisas son las correlaciones de materiales que se han hecho.

A propósito de la clasificación cerámica, en una investigación recientemente publicada se trató este mismo tema causando gran polémica (ver Boada, Mora y Therrien, 1988). En ella se proponía enfatizar criterios como la forma y los diseños pensando en que eran características más relevantes en la identificación de grupos humanos.

Precisamente la posición de Lleras fue una dura crítica a la propuesta arguyendo que la clasificación tradicional era perfectamente viable como herramienta de análisis. Ahora veo claramente que tampoco funciona para él a pesar de su ardiente defensa.

En efecto, cada vez es más clara la necesidad de diseñar una tipología que contemple la diversidad estilística para poder manejar conceptos de identidad y territorialidad en donde la expresión plástica y estética representan categorías de diferenciación social a nivel intra e intergrupal.

A parte de esta discrepancia de ideas referentes a la clasificación cerámica, debo felicitar al autor por el estilo tan ameno que tiene para escribir. En realidad es difícil leer los reportes arqueológicos por la gran cantidad de datos y descripciones, particularmente de la cerámica, a la cual se dedica generalmente tres cuartas partes de los informes convirtiéndolos en verdaderos ladrillos. Aquí, por el contrario, el diseño de fichas que sistematizan la información, dejan espacio para tratar el problema de poblamiento y desarrollos locales y permiten al lector concentrarse en el verdadero problema sin verse interrumpido por una tediosa descripción de material que sólo interesa o es leída por aquél que trabaja en la zona. Así mismo, la edición de este informe es infinitamente superior a las anteriores y el libro puede manejarse sin temor a que se desbarate entre las manos. Debo sí señalar que es una lástima la deficiencia en calidad y cantidad de las ilustraciones gráficas y fotográficas. Enfatizar en esta forma gráfica de recopilación de datos facilitará el intercambio de información en términos de la discusión antes planteada.

Ana María Boada Rivas


 

DE MISAHUALLI A CHAGUARAMAS, EN CANOA DEL AMAZONAS AL CARIBE

 

Pinto, P., A.C. Montoya & R. Franco (ed.)

La colaboración editorial del Inderena, la Comisión Colombiana del V Centenario del Descubrimiento de América y la Universidad Nacional de Colombia, permite conocer algunas de las crónicas de quienes acudieron a la cita en Quito para navegar en canoa del Amazonas al Caribe. Nuevos cronistas, como los antiguos de Indias, relatan y narran acontecimientos relativos a: "Historia indígena de los ríos Napo, Yasuní, Ampiyacu y Solimoes" (R. Franco), "El último `patrón' del Napo" y "la Iglesia Madre Central" (J.R. Pulecio), "De Quito al Amazonas, naturaleza y hombre" (C. Domínguez), "Arqueología del Napo" (A. Bolaños), "Nombres Vernáculos de Plantas Amazónicas" (P. Pinto y L. Menéndez), "Alimentación y futuro amazónico" (T. Estévez), "Cairi, procesos de colonización y mestizaje" (A.C. Montoya), y la reseña general del viaje por su gestor y director Antonio Núñez Jiménez, permiten en 320 páginas con fotografías y mapas ilustrativos, asumir la navegación de Misahuallí (aldea de habla quichua) cerca a las cabeceras del río Napo en el Ecuador, continuando por su afluencia con el Amazonas hasta Manaos (Brasil) y desde allí retomar aguas arriba las tributadas por el río Negro al Solimoes, para por medio del brazo Caciquiare continuar por el Orinoco hasta Chaguaramas en las costas de la Isla Trinidad en el Caribe. Más de trece mil kilómetros.

En enero de 1986, durante el Primer Simposio Mundial de Arte Rupestre realizado en La Habana, Antonio Núñez Jiménez (Viceministro de Cultura de Cuba, geógrafo y arqueólogo de la Academia de Ciencias de La Habana) presentó el proyecto de este viaje en la reunión especial de la Comisión del V Centenario. En abril de ese año se aprobó el proyecto: "En Canoa del Amazonas al Caribe", durante la IV Conferencia Iberoamericana del V Centenario realizada en San José de Costa Rica, con la participación de 23 países.

El domingo primero de marzo del 87 partió de Quito la expedición compuesta por 51 personas representantes de entidades científicas de ocho países con territorios en la Amazonia y el Caribe (Brasil, Colombia, Cuba, Ecuador, Perú, Puerto Rico, República Dominicana y Venezuela). La expedición llegó a Cuba el 22 de noviembre. Sin embargo los textos publicados sólo corresponden a una pequeña muestra del trayecto entre Quito y Chaguaramas (Trinidad). Es triste que una expedición de esta magnitud no publique sus resultados en forma conjunta, ya que brillan por su ausencia -como suele decirse- los resultados de los brasileños, ecuatorianos, venezolanos, dominicanos y boricuas, predominando en la publicación los textos de los colombianos.

Tal parece que la labor de cronista en este tipo de expediciones sigue marcada por esa antigua herencia de los antiguos viajeros y navegantes que nos legaron esos documentos y textos que hoy nombramos como Cronistas de Indias. Indudablemente el recorrido escogido da que hablar y que pensar primordialmente respecto a esos habitantes milenarios de la Amazonia y la Orinoquia en su encuentro con los europeos. Todavía hoy es necesario hablar de la continuidad de ese encuentro y de los acontecimientos que se han gestado -violentos, transculturantes, etnocidas, ecocidas... y también aquellas gestiones de reconstrucción y revaloración cultural-...

Doble recorrido: El primero, el cual se intentó reconstruir con esta expedición, corresponde a los antiguos desplazamientos y migraciones étnicas y culturales que posibilitaron el poblamiento prehispánico desde la Amazonia hasta las Antillas, de comunidades Arawak y Karib, entre otras. Justo de los Arawak se constituyó la primera crónica etnográfica escrita en América: Los Taíno que vivían en Guananí, bautizada como "La Española" por Colón, son los protagonistas del texto del "pobre ermitaño" catalán Ramón Pané que por mandato del almirante Colón es redactado en el interludio del segundo y tercer viaje al Nuevo Mundo. Y desde aquel legendario documento se hace mención por primera vez a los temidos caribes. Arawak y Karib: antiguos viajeros, navegantes y guerreros, en la plenitud de descubridores de espacios.

El segundo recorrido, también de viajeros, navegantes y soldados -algunos de ellos guerreros como Aguirre "La Ira de Dios"-, pero también de expedicionarios y estudiosos como Humboldt y estos modernos "canotié" que nos donan sus crónicas en este libro. Pero hay algo que queda, por una u otra razón, como un vacío en su espacio cronista y que corresponde en variación diferenciada con el legado de Pané, el ermitaño catalán. El narrador está asombrado ante lo visto. Lo visto es la cotidianidad del estilo de vida de quienes habitan en los espacios por donde transcurre la mirada asombrada del viajero. Su mirada y su escritura es en sí misma un transcurso, es el transcurso en su cronos viajero que lo ata al espaciamiento vacío de su mirar, de ver, de transcribir. Aunque el desplazamiento sea al ritmo de canoas, no es posible captar con detenimiento los acontecimientos que fulguran diferenciados en uno u otro afluente del sendero seguido y trazado. Nuestros nuevos cronistas, a diferencia de los primeros, ya cuentan con otros cronistas y su escritura se ve marcada por ellos. Los textos modernos no pueden prescindir de lo bibliográfico al tiempo que deben narrar lo que acontece en su presente. El politólogo Roberto Franco, del Inderena, así lo asume en su texto con el que empieza el libro: conjunción de documentación histórica y de sus diarios de viaje. Y así se cierra el libro, como enfatizando con insistencia la actividad cronística: igual atención en el texto de la antropóloga colombiana Ana Cecilia Montoya respecto a la colonización y mestizaje en Trinidad. Con un intermedio de crónica arqueológica del peruano Aldo Bolaños ("Observaciones generales sobre la arqueología del río Napo") en el que sólo se puede limitar a señalar tipologías generales de relación entre horizontes culturales para postular posibles investigaciones futuras entre un hojaldre de figuras de fragmentos de cerámica sin mayor interrelación con el texto. A uno Y otro lado, en el paginaje, de este intermedio arqueológico y entre los polos del politólogo y la antropóloga, se presentan las crónicas del presente inmediato de este viaje respecto al mesianismo, los últimos vestigios de un patronato de hacienda, una lista -sin más- de nombres vernáculos de plantas recogidas y clasificadas de acuerdo a la taxinomia de la ciencia botánica, una valiosa comparación entre la alimentación endógena y las propuestas "alimenticias" que llegan con la colonización -vividas y valoradas en su corporeidad por quien redacta la crónica-, y el transcurso narrado geográficamente entre Quito y el Amazonas cuyo autor no puede escapar a su propia cronografía geográfica: El geógrafo Camilo Domínguez redacta su texto desde el primero de marzo saliendo de Quito hasta el 29 de marzo al llegar a Iquitos. El 27 de marzo, como un preludio de final de texto, al llegar a Santa Clotilde, "un pueblo de unas 70 casas y unos 400 habitantes": "Para dormir en tierra solicitamos permiso para tender las hamacas en una pensión donde vivían empleados del Banco Agrícola. Estos son estudiantes de contabilidad de la Universidad de la Amazonia de Iquitos que se encuentran realizando prácticas. Allí se tiene la costumbre de dormir con la luz de una lámpara prendida toda la noche y con el radio encendido. Para colmo de males uno de los empleados llegó borracho a las 3 de la mañana y lloraba y trasbocaba sin cesar. Un niño se asustó y acompañaba los lloriqueos mientras que uno de nuestros compañeros de viaje roncaba como un león.

Total, me levanté y salí corriendo a refugiarme en la lancha, pero allí roncaba otro de los compañeros con toda la potencia de su enorme caparazón. Santa Clotilde perdió todo su encanto esa madrugada "... ¿Qué hubiese hecho Aguirre con su Ira de Dios y su voluntad de traidor?".

La expedición en canoa del Amazonas al Caribe dejó aún otra actividad cronística: convocó y realizó dos simposios y un seminario con la participación de dele gados de Europa, Estados Unidos y América Latina. El primero en Iquitos (Perú), convocado por el Instituto de Investigaciones de la Amazonia Peruana (IIAP) y el Instituto Veterinario de Investigaciones Tropicales de Altura (IVITA). El segundo sesionó en Leticia (Colombia) como Simposium Internacional sobre Investigación y Manejo de la Amazonia, organizado por el INDERENA; el seminario organizado en homenaje a la expedición lo realizó el Instituto Nacional de Pesquisas Amazónicas (INPA), en Manaos (Brasil); así mismo sostuvieron "conversatorios" en la Universidad las Indias Occidentales (Trinidad y Tobago), en la Universidad de Guayana y de las Antillas, en la Isla de Guadalupe (Dpto. de Francia), con la Sociedad de Historia de la Isla de Nevis, en la Universidad Central del Este (República Dominicana) y en el Museo del Hombre Dominicano. Con esta otra actividad cronística se puso en discusión la necesidad de proponer y desarrollar políticas adecuadas en beneficio de las gentes y del espacio amazónico como responsabilidad de los Estados.

El proyecto "En Canoa del Amazonas al Caribe" fue y es valioso, no sólo por el recorrido de los territorios y sus gentes, además de su cronística, sino porque es en sí mismo una convocatoria a navegar en nuevas crónicas -en ese legado de escritura con espaciamientos vacíos, al que no escapa-: Hoy cerca al V Centenario del arribo de la colonización podemos convocar nuestros cuerpos viajeros a navegar no sólo por las sendas de los afluentes y el cauce gigante del Amazonas, sino también por las sendas de la inmensa diversidad de cultura diferenciada en múltiples formas de existencia. Esto es lo escapado de la cronística, estos son sus espaciamientos vacíos. En ellos podemos viajar y navegar.

William Torres C.

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