Pinturas mural es han sido halladas en algunos edificios religiosos de esta ciudad, como el gran calvario de San Francisco, o las del siglo XVIII descubiertas en los muros de la iglesia de San Toribio, valores del pasado hoy sepultados nuevamente -por iniciativa del párroco- bajo una capa de pintura uniforme. Los muros de las casonas también han revelado su secreto: pinturas en frisos, leones, micos y otros animales, motivos florales, caracoles, personajes diversos, forman conjuntos de motivos que decoran la arquitectura civil colonial, mostrando una temática, una concepción y ejecución diferentes a las pinturas contemporáneas de otras regiones de Colombia. En Cartagena, no predominan las policromías como en el interior del país, sino más bien los dibujos a carboncillo y las pinturas monocromas con un especial manejo de los tonos sepias. También, hasta el siglo XVIII, se continuaron utilizando los pañetes de cal, a diferencia de lo ocurrido en el interior, donde fueron reemplazados por los de arcilla, de menor calidad y mayor riesgo de deterioro. En su temática, también aporta una nueva dimensión a la pintura mural colombiana. Se han descubierto algunas que podrían catalogarse entre las mejores del país, como aquellas realizadas a comienzos del siglo XVII en la casa que hoy pertenece a la familia Uprimny: dos campesinos (Fotos 2-4), un juglar y un guitarrista, fueron elaborados en una técnica que imita los gobelinos europeos.

Un reciente y asombroso descubrimiento, se encuentra en una gran casona de dos pisos construida en el siglo XVII, ubicada entre las calles de la Mantilla y Don Sancho. Su portada de piedra de acceso a un zaguán, que desemboca en un patio interior; una gran escalera comunica con el segundo piso, donde se abren dos espaciosos salones, de techo muy alto, adornados con ricos artesonados de la época. Se tiene escasa documentación histórica de esta casa, que hasta hace pocos años funcionó como inquilinato; la tradición local cuenta vagamente que allí se firmaron pactos de independencia y que fue lugar de nacimiento de próceres. Un primer examen visual de los muros, demostró que éstos estaban cubiertos por 20 o 25 capas de pintura, que se presentaban como un libro que invitaba a explorar una a una sus páginas cerradas. Toda la casa fue revisada a base de calas. Al eliminar progresivamente estas capas, se halló una inscripción correspondiente a la asociación de médicos de la ciudad, establecida en la casona a principios del siglo XX Profundizando la exploración, se llegó a las capas más antiguas, de la época colonial, situadas a 2 cm de profundidad, que nos mostraron su decoración, cuya temática, aunque ajustada a la vida cartagenera de la época, era prácticamente desconocida hasta el momento: 36 embarcaciones de distinto estilo -galeones y pinazas, carabelas y galeras- adornaban las paredes de las áreas de tránsito y salones más importantes de la casa.

 

Fotos 5, 6, 7, 8 y 9: Anclados con sus velas replegadas, navegando aisladas o en flotillas, variadas embarcaciones fueron dibujadas con rápidos trazos al carboncillo o en tonos sepias, sobre los muros de las áreas de tránsito de la casa de La Mantilla en Cartagena.

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