Reseña de Libros

VEN CONMIGO AL AMAZONAS

Relatos de los niños indígenas del Amazonas

AMPARO FORERO RAMOS y NIVIA CRISTINA GARZÓN

Quienes estamos dedicados al estudio de las culturas indígenas acostumbramos recurrir a la pintura, hecha por los entrevistados, para acceder a una información que nos entrega de forma confiable un enorme número de datos sobre muy diversos factores, ya no sólo acerca del contenido mismo de la cosmovisión del informante sino de los aspectos estrictamente formales de la misma.

Pero esto que es práctica frecuente no pasa de convertirse en un simple recurso metodológico; da buenos réditos para la investigación en cuestión, en cuanto datos, e incluso en cuanto material "decorativo" de una publicación, tal el caso de cuando las ilustraciones se dan sin el debido análisis. Desde luego su sola presentación ya es útil pues suministra a otros estudiosos información de primera mano.

En el caso de las autoras del presente volumen (la psicóloga Amparo Forero y la antropóloga y bióloga Nivia Cristina Garzón) la intención trasciende el simple interés científico para dar paso a una obra (en modo alguno un "ensayo" como lo pretenden en la introducción) la cual llena una finalidad que se está tomando indispensable en Colombia: la actividad divulgativa de imprimir libros con destino a la infancia, en orden a aproximar a esta franja estratégica de lectores potenciales información asequible sobre dos de los factores más controvertidos del país: el ecológico y el de las culturas indígenas.

Muchas personas piensan que lo pintado y escrito por los niños indígenas puede ser un buen camino para lograr esta aproximación. Es aquí donde se requieren algunas precisiones acerca de la conveniencia de este tipo de productos.

Ya hemos dicho que como documento son de enorme utilidad para los investigadores de las culturas indígenas quienes, por lo general dejan de lado el estudio de la cosmovisión infantil, la cual resulta un excelente espejo para reflejar no las pautas ideales de una cultura -cosa propia de los adultos que son los encuestados habitualmente- sino la más desprevenida concreción cotidiana.

En forma corriente se entiende como "literatura infantil" aquel conjunto de obras elaboradas expre­samente para ser leídas por esa gente menor en años y mayor en imaginación y preguntas. No obstante, en estricto sentido, la literatura infantil sería aquella elaborada por niños. Viene de inmediato la cuestión de la propiedad de llamar "literatura" a este tipo de creaciones surgidas aparentemente de una gran espontaneidad, libre de la sujeción a normas y escuelas coyunturales, pero nunca emancipada del todo ya que los condicionamientos estructurales vienen dados de manera ineludible por la cultura respectiva, siendo esta la gran utilidad de tal tipo de creaciones ("espontáneas") para el estudioso de las culturas.

Entra en esta polémica el hecho de cómo los niños y jóvenes son las presas comunes del esnobismo -algo que se da en todas las sociedades- lo que permite visual izar en su hacer re creador, más que en el de los adultos, las prácticas habituales, y las fisuras de la tradición por donde penetra. lo foráneo obligando a la permanente reelaboración cosmovisional. .

La "literatura" elaborada por niños ha tenido como destino a los adultos, y por no ser literatura en el sentido estricto no puede calificarse ni de buena ni de mala. Igual ocurre con la plástica; de ahí que en los concursos de "pintura infantil" lo único que quizás se pueda "premiar" sea la constan­cia, que  s una virtud horrorosamente adulta. Desde hace unos años se pretende que esta "literatura" también vaya dirigida a los párvulos, presumiendo que la información detentada por un niño  puede llegar mejor a los otros miembros de su franja  generacional.

En el enredijo de opiniones sobre el asunto se destacan con nitidez dos prejuicios: el de creer que las obras para infantes deban lindar con la obviedad "para que puedan comprenderlas", y, el otro, el de pensar que las creaciones de los niños resultan sencillas y obvias. Los dos son trasunto fiel de aquella idea que trata de encasillar a los niños como subadultos. achacándoles las no virtudes de los mayores que, desde luego, no equivalen a sus defectos.

Siguiendo estos muy discutibles y deleznables principios se produce en el país y en el mundo un género de literatura perfectamente idiota, hecha por adultos convencidos de que los niños tienen su mismo nivel de simpleza. En Colombia, así como es de frecuente dedicar los maestros más ignorantes de un plantel a enseñar a los estudiantes más jóvenes, encontramos de modo paralelo que un buen número de obras pretendidamente literarias elaboradas con destino a los niños, no son de la mejor factura; entre otras razones por la enorme dificultad que conlleva escribir para los niños, bien, desde luego. De los varios géneros (¿?) este es el que requiere de mayor talento; y es bien sabido que esto último no abunda. Repechar esta colina ha dejado muchos muertos. La literatura más conveniente para niños es simplemente la mejor.

La obra en cuestión es un ensamblaje de pinturas y relatos hechos por varios niños indígenas de la región de Araracuara (curso medio del río Caquetá), cuyas edades oscilan entre los 6 y los 14 años (exceptuando el prólogo dictado por el gran Sabedor Uitoto, Vicente Makuritofe). La ausencia de cualquier tipo de análisis a los materiales consignados, parece poner de manifiesto la intención de ofrecer la obra para constituida más como lectura para niños que como publicación etnográfica para adultos. El propósito viene reforzado por el título, convertido en invitación formulada por los niños amazónicos a los niños de la cultura dominante para adentrarse de la mano en su maravilloso mundo. Sabemos. por haber estado un poco al tanto en la larga génesis de la obra, que esta fue la intención. En definitiva, el resultado es más un precioso documento etnográfico que una obra literaria. De tomarse de esta última manera no sería posible defenderla, tanto más si se tiene en cuenta que el castellano es la segunda lengua de los muchachos que aquí escriben.

Vista sin esta pretensión la obra es una verdadera delicia. La frescura de la narración hace olvidar ciertas deficiencias de forma, que hubieran podido corregirse sin perjuicio del sabor, sobre todo teniendo en cuenta los destinatarios. Las pinturas, distribuidas y utilizadas con gran maestría por parte de la diseñadora. no son en modo alguno un complemento decorativo sino parte integral del relato que desfila en palabra e imagen sumiéndonos en ese mundo espléndido de la infancia indígena amazónica que apenas comienza a ser contaminado por el consumismo. Desde luego no todos los niños indígenas de Colombia pueden pintar un mundo tan amable como éste. Seguramente si solicitásemos a los muchachos indios que viven en la ciudad de Arauca -capital de una de las regiones más opulentas de Colombia y. desde luego, con una de las clases dirigentes más corruptas en el manejo de los dineros oficiales- los veríamos tomar como motivo las canecas de basura donde escarban con sus madres para recoger el alimento cotidiano.

Abundar en obras como esta conviene en un país donde nuestros niños (los pocos que logran escaparse un tanto del sumidero de una programa­ción televisiva digitada por mercachifles) tienen pocas oportunidades para asomarse a ese mundo prístino de la Amazonia. hábitat de algunas de las culturas que más tienen que decide al despilfarrador hombre de la sociedad de consumo.

Fernando Urbina
Profesor Universidad Nacional de Colombia

 

EL MUNDO SELVÁTICO DE LOS HUITOTOS

Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales

MARIA CECILIA LOPEZ - ANDRÉS PLATARRUEDA

Las guacamayas, aves solares; el arco iris, esa anaconda multicolor del firmamento; las estatuas sagradas, las flautas de pan y las trompetas; el Don de las fuerzas, la coca; el ritmo de los danzantes al golpe de cascabeles y bastones... El baile de la tortuga... y esta es sólo la carátula extendida; luego vendrán 18 espléndidas láminas y un texto que nos lleva, de la mano de un sueño, a hundimos hechizados en el mundo de una tribu muy representativa de la Amazonia colombiana: los uitotos (o con 'h', como lo prefieren los editores).

No se yerra el sendero si se afirma que el mito ha sido la fórmula mediante la cual el hombre se humanizó. Y es a los mitos, entretejiéndolos en un fino relato y recreándolos y complementándolos pictóricamente, a los que recurren sus autores: la antropóloga María Cecilia López y el maestro en artes Andrés Platarrueda, los dos de la Universidad Nacional, adscritos al Programa Mito e Infancia del Núcleo de Estudio Uitoto y Muinane de la Facultad de Ciencias Humanas. Así, ellos le ofrecen a la infancia colombiana la ruta de compenetración óptima -por lo integral- para interiorizar los profundos valores y sabias actitudes de una tribu milenaria.

La Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales se anotó un punto muy alto con la edición de esta obra etnográfica, continuación armónica y necesaria de una serie que cuenta ya con cuatro títulos de temas arqueológicos. La colección pretende y logra acercar a la infancia los resultados de las investigaciones en arqueología y ahora también en etnografía, disciplinas complementarias, estudios que vienen siendo auspiciados por el Banco de la República y otros entes culturales.

La puntualidad etnográfica de las ilustraciones se da sólo en aquellos acuciosos observadores que han vivido sin prisas de periodista con sus amigos indígenas, lo que permite captar con propiedad, el espíritu, la forma y los gestos. Así van desfilando ante los ojos del lector la utilería de una tribu selvática, su cotidianidad, sus ritos, la maravilla del entorno -ríos, flora, fauna- de nuestra Amazonia, captados por Platarrueda, uno de los pinceles mejor dotados para la magia de los mitos, traídos a cuento por María Cecilia en los diálogos, soto voce, de un niño con su padre.

No es simplemente información de primera mano lo que esta obra aporta en forma apropiada. Es ante todo una perspectiva para abordar las realidades culturales de una nación indígena actual, manera de mirar ajena a los prejuicios que nublan la conciencia de la sociedad dominante, muchos de cuyos miembros, después de 500 años de desprecio, no han vislumbrado aún la maravilla de la sabiduría aborigen, la cual debe ser parte fundamental de su propia identidad.

Pero vamos por buenas rutas. El Quinto Centenario del arribo de los conquistadores europeos (el título de 'descubridores' también lo usurparon -como tantas otras cosas.,. en este caso a los protoamerindios) se va convirtiendo, en aras de una elemental dignidad en coyuntura para autodescubrir nuestra raíz indígena y poder aquilatar la síntesis que ha de permitimos mirar confiados hacia adentro y hacia afuera con orgullo.

Sólo la escritura y el trazo amoroso de quienes fueron capaces de interiorizar al otro, puede fraguar obras así...

Fernando Urbina Profesor
Universidad Nacional de Colombia

 

NUESTRA EXPRESION 2

Cuentos - Cultura Piapoco

Narrados por
MANUEL PINZÓN y HECTOR PEREZ
Compilados por Henry Ureña et. al.

Libro bilingüe (piapoco-castellano). Volumen de 16 x 23.5 cm, formato vertical, pasta blanda, 106 págs. Las dos versiones vienen contrapuestas: donde termina la una comienza la otra al revés. La versión piapoco está ilustrada a todo color; la castellana, tiene los mismos dibujos pero sólo en línea. Esta última viene con una presentación, de la cual carece de la lengua vernácula.

Hasta hace muy poco tiempo, la mayor parte de las versiones de mitos indígenas que andaban por ahí en forma un tanto asequible no eran otras que las editadas por el Instituto Lingüístico de Verano y hacían gala de todas las taras inherentes a los propósitos do evangelización perseguidos por esta institución, una de las más funestas transnacionales creadas para aniquilar las culturas indígenas del mundo entero, generando de paso la aceptación de la american way of life. La historia del ILV en Colombia es un tanto más curiosa si se tiene en cuenta que fueron algunos ideólogos de la "izquierda" (ya en ese entonces era difícil definida y lo es aún más ahora) quienes propiciaron la venida de dicho instituto y todo con el fin de hacerle contrapeso a los misioneros católicos.

Las críticas hacia dicha institución resultaban inocuas toda vez que los aportes efectivos de los lingüistas no confesionales brillaban por su ausen­cia, o a lo más quedaban reducidas a los conventículos académicos altamente especializados. Por fortuna, desde hace ya unos buenos años, las cosas empezaron a cambiar decididamente. Con mucha frecuencia vienen apareciendo grupos de investigadores que aúnan a sus intereses estrictamente académicos, la necesidad de retomar a las comunidades el resultado de sus estudios. El opúsculo que comento es una clara muestra de este esfuerzo.

Las cosas marchan bien desde el comienzo en este libro. Su carátula trae a cuento la representación pictórica (basada como todas las ilustraciones en los originales elaborados por indígenas piapocos) de uno de los mitos más difundidos entre los pueblos de la Amazonia y la Orinoquia: el "Árbol de todas las frutas", una de cuyas más significativas variables -la de los uitotos y muinanes- refiere cómo al ser cortado el gran árbol por los hombres primordiales, para obtener semillas y alimentos, generará de su tronco el gran Amazonas y de sus ramas, la red infinita de sus' afluentes. Algunas versiones orinocenses -no la presente de los piapocos- refiere el asunto al Orinoco. Seguir la pista de este mito en sus múltiples variables, es considerado asunto de gran importancia por los estudiosos de las culturas de la Orinoquia y de la Amazonia, por estar allí en juego el tema del origen de la domesticación de las plantas, problema de trascendental importancia para el establecimiento de las secuencias culturales que permitan una intelec­ción apropiada de la larga evolución de la gran civilización amazónico-orinocense. Un manejo comparativo y estadístico de muchos datos fosilizados en los mitos permitirá, en su correlación con las investigaciones arqueológicas y lingüísticas, plantear no pocos problemas y avizorar soluciones. Es aquí donde radica entre otras muchas razones, la importancia de la publicación de este tipo de obras.

Diez mitos en total conforman la obra. Son relatos cortos y esta parece ser una de las características de la tradición oral de cuibas, sikuanis y piapocos, forma contrastante con las mitologías de las etnias amazónicas que cuentan con larguísimos mitos, cuya recitación completa llega a ocupar varias sesiones, desde luego es un estilo y no, como alguien desprevenido pudiera pensar, una falta de talento. De ser cierta la crítica, sus larguísimos y complejos rezos serían una prueba de lo contrario.

Las sutiles diferencias entre estos relatos y los narrados por otros grupos de las planicies orinoco­amazonenses nos pone en presencia de la complejísima reticulación en que se diversifica el pensamiento amerindio haciéndose espejo de WlO de los medios más intrincados de nuestro planeta viviente. Por eso el poner atención a este tipo de literatura va generando un telón de fondo que permite ir acostumbrando la mente a la extrema complejidad y delicadeza de los ecosistemas de selva y de llanura, punto clave de oposición a la literatura para niños producida por la sociedad consumista, eminentemente reductora, simplificadora, uniformadora, unidimensionalizante, que busca convertir la complejidad maravillosa de los entornos naturales en la artificiosa simplicidad de la vaca y el potrero, muy rentable para unos pocos y en detrimento de los más, sobre todo de aquellos colombianos que están por venir, pensamiento ausente en los obsecuentes defensores del derrochador inmediatismo consumista.

Hasta el momento la infancia en nuestra sociedad, con exclusión de algunos marginados del sistema educativo formal e informal (televisión, radio) se nutre en una literatura para niños foránea, con todos los problemas de identidad que ello conlleva. Entre otros, el esquema de relación hombre-naturaleza se forja sobre un criterio de oposición excluyente y no de complementariedad. Lentamente, las orientaciones que están en la base del consumismo, para el que la naturaleza es simple campo de pillaje, se van introduciendo en la mente de las gentes -niños o adultos- a través de la aparente inocencia de los "cuentos de hadas" y sus sucedáneos, en donde las fuerzas de la vitalidad natural se encarnan en brujos y en otros personajes perversos, una vez que las venerables divinidades que representaban la tierra generatriz fueran vencidas por los dioses metafísicos.

Libros como éste nos ponen de presente la gran diversidad que tenían las mitologías amerindias a la llegada de los europeos, una vez hagamos la com­paración con los vastos corpus míticos que sus­tentaban los grandes imperios. Incluso en éstos la importancia de las divinidades femeninas era patente y no se había roto la articulación armónica entre los dioses que más se podían aproximar a la abstracción del poder y aquellos representantes del ámbito cósmico de las Fuerzas, mucho más evidentes en las mitologías tribales.

Estas hipótesis son discutibles. De todas mane­ras las mitologías amerindias aún sobrevivientes -este libro es una muestra de ellas- y sobre todo las de los pueblos que desenvuelven sus culturas en las selvas densas, y en las llanuras y bosques de galería, resultan hoy día modelos inapreciables para concebir e interiorizar unos valores fundamentales por parte de la sociedad mayor, en relación con un concepto positivo de los ámbitos naturales en los que el hombre no se sienta dueño sino parte de un juego de complejidad abierta.

Fernando Urbina Profesor
Universidad Nacional

 

                              

 

 

INTENTO DE DELIMITACION DEL TERRITORIO DE LOS GRUPOS ETNICOS PASTOS Y QUILLACINGAS EN EL ALTIPLANO NARIÑENSE

 

ANA MARÍA GROOT DE MAHECHA - EVA MARÍA HOOYKAAS
Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales,
Banco de la República

Para quienes, por una u otra razón, habían superado el esquema simplista y comúnmente aceptado sobre la distribución de los grupos étnicos en el siglo XVI en Nariño y el de los correspondientes complejos arqueológicos el panorama histórico de esta región se había tomado sumamente complicado. Numerosos interrogantes y vacíos de información impedían tratar en conjunto la información de las diversas fuentes con la seguridad con la cual se podía hacer en otras zonas. ¿Hasta qué punto podía confiarse en la información de Cieza de León y qué tan exacta era la delimitación por él establecida? ¿Por qué continuaban apareciendo vestigios arqueológicos claramente vinculados a la cultura Capulí en territorio Pasto? ¿Cómo se vinculaban históricamente los grupos indígenas actuales a los del siglo XVI?

Entre los especialistas interesados en el tema existía un enorme interés por conocer los resultados de los estudios enfocados en esta dirección y realizados desde 1975 por Ana María Groot, Eva María Hooykaas y Luz Piedad Correa. Una sana prudencia de las investigadoras las había llevado a abstenerse de divulgar los resultados en vista de la necesidad de allegar mayor información antes de proponer conclusiones y modelos. Felizmente esta segunda etapa se efectuó en 1989 y como consecuencia fue posible publicar el libro que reseñamos.

La primera parte comprende el estudio de las áreas lingüísticas efectuado por Eva María Hooykaas en 1975-1976. La delimitación de cada una de las áreas está precedida por una juiciosa evaluación crítica de las fuentes que pone de manifiesto las limitaciones y los errores que tienen las crónicas, los documentos de archivo, la cartografía, las leyendas y el idioma vivo. Llama la atención aquí la crítica que se hace a la "Crónica del Perú" de Pedro Cieza de León; con gran habilidad y perspi­cacia Hooykaas deja sin piso el muy favorable con­cepto en el cual se ha tenido siempre a este cronis­ta. Se demuestra aquí que Cieza no conocía con tanta profundidad como se creía muchos de los hechos que refiere y que, en más de un caso, estaba confuso respecto a la existencia y ubicación de sitios y provincias.

En el segundo capítulo de la primera parte, Hooykaas aborda ya de lleno el asunto de delimitar áreas de distribución de toponímicos. Para hacerlo debe, sin embargo, realizar una cuidadosa labor de estratigrafía lingüística con el fin de retirar las capas hispana y quechua "destapando" las lenguas Pasto, Kamsa y Sindagua. Como subproducto la autora logra delimitar también el área de distribución del quechua nativo (Inga) y el de los quechuismos tardíos. Los mapas de distribución que se obtienen son coherentes y revelan la existencia de núcleos territoriales con una fuerte y larga tradición de predominancia lingüística, especialmente en el área Pasto. Surgen, como es natural, áreas con mezclas y superposiciones en las fronteras y, además, algunas sorprendentes e interesantes extensiones no muy fáciles de explicar.

La segunda parte comprende los trabajos de prospección y excavación arqueológica realizados por Groot en las dos temporadas de trabajo. En líneas generales la definición de complejos cerámicos conserva los lineamientos que, a través de varios trabajos anteriores, había logrado obtener María Victoria Uribe. Hay, sin embargo, interesantes aportes que enriquecen los conocimientos de la arqueología de Nariño; entre éstos cabe destacar una nueva fecha del siglo VI que amplía considerable­mente la antigüedad del complejo Piartal y la reseña y descripción de terrazas de cultivo en la hoya del rió Guaitara.

Las conclusiones son, como podría esperarse, tentativas y supremamente prudentes. Algunos puntos básicos de primera importancia quedan, sin embargo, definitivamente resueltos; la identificación de los actuales grupos Awa-Kuayker como descendientes de los antiguos sindaguas y de los sibundores como supervivientes de los quillacingas despejan muchas dudas y aportan valiosas luces para los estudios etnográficos actuales.

Quedan todavía cuestiones fundamentales sin resolver. Es preferible que asi sea, pese al gran avance que significaría su definición, ya que las evidencias aportadas por la lingüística, la historia y la arqueología no son conclusivas. Aún tenemos una etnía histórica (la de los quillacingas) cuya existencia está comprobada por fuera de toda duda y que no puede ser identificada con ningún complejo arqueológico conocido y, por otro lado, un complejo arqueológico (Capulí) fechado entre los siglos IX y XV cuyo correspondiente grupo histórico no se encuentra.

El enfoque interdisciplinario cuya utilidad en este caso es tan evidente queda lamentablemente desaprovechado en buena parte debido a que en las consideraciones finales no se realizaron todas las comparaciones y discusiones que un material tan rico habría permitido.

A nivel gráfico podría haberse diseñado, por ejemplo, un sistema que permitiera superponer las áreas de distribución lingüística, las áreas de dispersión de los complejos arqueológicos y los territorios históricos delimitados por Cieza de León. En la presentación actual del libro tal labor le queda al lector y se vuelve un tanto complicada y dispendiosa, perdiéndose de esta manera buena parte del efecto.

En todo caso, la publicación tan largamente esperada representa un soplo de aire fresco y un innegable avance en la investigación de Nariño cuya arqueología había quedado prácticamente estancada desde la finalización de los trabajos de María Victoria Uribe si se exceptúan los cortos trabajos de salvamento realizados por Gilberto Cadavid en Tajumbina y Felipe Cárdenas en Pasto y cuyos resultados aún no se publican.

Roberto Lleras Pérez

 

                                      

 

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