9.1 El método

Basar la interpretación de los petroglifos -sobre todo los no figurativos- en las opiniones que dan los indígenas actuales, es útil, como dato complementario, pero es un camino que no inspira confianza por cuanto los seres humanos tienden a explicar en los términos de su cultura particular todo lo que experimentan -y no puede ser de otra manera-, sin que haya garantía de correspondencia entre la significación por ellos inferida y la originaria.

 

Se han de buscar, por lo tanto, aquellas ejecuciones en que el tema haya sido tratado en términos más figurativos, de tal manera que al echar mano de los mitos sean reconocibles los términos de la comparación. Cuando se trata de buscar conexiones estilísticas en el sólo nivel gráfico, se ha de proceder al contrario, es decir basándose menos en lo figurativo, en razón de que la simple analogía temática no impone necesariamente conexión; tampoco lo da el tratamiento en sí mismo del tema -valga la verdad-, aunque aquí es más probable garantizar los préstamos e influjos formales. La estadística de rasgos es una buena opción para este tipo de trabajo (cf. Falchetti, 1979).

 

 

 

 

 

 


La búsqueda de realizaciones figurativas en conexión con los mitos la inicié en 1969 cuando tuve la oportunidad de contemplar en el territorio del Vaupés algunos petroglifos, bajo el influjo de la lectura de un libro que se ha convertido en crucial dentro de la etnología colombiana: Desana, de Reichel.

10. Un petroglifo en el río Caquetá

El 13 de febrero de 1978 localicé un grabado, para mí muy especial (Ilustración 14; Carpeta No. 3, lamina No. 27), sobre la margen izquierda de la raudalera de Guaimaraya. Finalizaba una larga búsqueda: encontrar una evidencia que garantizara la analogía temática entre una obra de la plástica rupestre y un relato mítico. Los compañeros indígenas integrantes de la expedición confirmaron la interpretación, coincidiendo cada uno por aparte en identificar la imagen grabada con alguna de las variables del mito del Hombre-boa, o de la Canoa-culebra.

Para ese entonces contaba con dos largas versiones del mito de Diijoma (la metamorfosis del hombre-serpiente-águila), la una recopilada por Preuss en 1913, cerca de Florencia (Caquetá) y la otra recogida en 1976 en las inmediaciones de Leticia de labios del abuelo José García -mi preceptor y segundo padre- quien hacia parte de la expedición.

Esa noche, reunidos en el coqueadero (mambeadero), se profundizó en la tradición con el abuelo José (Ilustración 15), nieto de Kima Baiji (Boca-de-tambor-sagrado), su sabio antepasado quien fuera considerado el más grande ráfuema (hombre poseedor de la palabra sagrada) entre los muinanes de La Sabana (río Cahuinarí), la gran nación india hoy dispersa. También se encontraba su hijo Octavio García, compañero de muchas aventuras y su sobrino Noé Rodríguez, el Tigre de Guaimaraya, el Loco... él estaba allí en su maloca ofreciendo su coca y su tabaco y respondiendo en el contrapunteo ritual el recitativo del abuelo. Así habló don José:

Todos somos los mismos hombres porque todos salimos de los trozos de la misma boa. Todos los grupos son iguales como iguales fueron los pedazos en que se repartió la gran culebra. Tanta fue la prudencia en el reparto que el trozo central, donde la boa es más gruesa, no se tocó en la distribución, sino que avanzando desde los dos extremos hacia el centro, al llegar a la parte gruesa se la dejó intacta para no cometer injusticia.

De ese trozo central saldrá el maguaré, la pareja de tambores sagrados, cuya voz convoca a los hombres a la unidad del rito que ha de consumir periódicamente a los grupos en la indeterminación niveladora del origen común.

En el petroglifo se plantea gráficamente la relación hombre-serpiente. Recién encontrado el grabado pensé que podría simbolizar la salida de Diijoma por el costado del monstruo que lo había devorado. El mito coruporta variables del relato de la Canoa-culebra que incluyen, entre otros muchos, el tema anterior: introducción de Diijoma en el vientre de la serpiente y su salida posterior. El acto de romper el costado coincide con la muerte de la sierpe a la que el cacique reparte luego entre los hombres, acto que permite la configuración (nominación) de las diferentes etnias.

Había que escoger si el glifo era representación del episodio inicial o del terminal. Por fortuna el examen de los trazos del extremo inferior permitió hacer la analogía. Este diseño conforma una segunda figura, oblicua, con rasgos androides.

La bifurcación de la línea serpentiforme en dos figuras antropomorfas hace pensar no en la salida de Diijoma del vientre de la boa, sino en la segmentación de la culebra que da origen a las diferentes tribus. Variantes más explícitas del mito, como las provenientes de culturas del Vaupés (supra, 6.-), y la propia de los uitotos y muinanes sobre Jiiuri Painueni (supra, 5.2.-), vendrían posteriormente a confirmar la escogencia.

El mito amazónico que habla de la unidad del género humano narra cómo los hombres venían en el vientre de la Canoa-culebra (Ilustración 16). Ellos eran la Canoa-anaconda que remontaba los ríos desde oriente. Cuando arriba al lugar', la segmentación de la Boa Ancestral da origen a los diferentes grupos humanos, los cuales, en algunas de las múltiples variantes del mito, incluyen no sólo a las naciones indias -vecinas del conglomerado al cual pertenece el narrador ocasional- sino también a los hombres extraños, venidos de lejos en sus naves insólitas, atronadoras, que contrastan y apagan el canto líquido del remo.

Una vez reseñados los petroglifos sitos en la zona y comparados con los encontrados a lo largo del río por diversos investigadores, hube de concluir que el tema había sido tratado profusamente tanto de la manera como era representado en dicho petroglifo, como en otras múltiples formas (Carpeta No. 3, láminas No. 1-68; Ilustraciones 17, 18, 19). El grabado en cuestión resultó una buena clave que permitía entender la posible significación de otros que, incluso, podrían ser tomados e interpretados a primera vista de una manera totalmente diferente (Carpeta No. 4, lámina No. 51, Ilustración 20, en el cual las volutas pueden ser vistas como un tipo de arreglo de cabello y no como serpientes).

En la serie de petroglifos que comportan el tema del llamado hombre- ofidio o de la canoa-culebra, dos rasgos permiten relacionar los diferentes y profusos grabados que integran este conjunto. En primer lugar, existe un grupo en donde aparece un identificador de hombre' que bien puede ser el rostro, la figura (cabeza, cuerpo y extremidades de proporciones humanoides) o una mano. Por otro lado, tenemos el rasgo básico identificador de serpiente, conformado por la unidad mínima de la línea almenada .Ω. , que en algunos casos se redondea . La relación de estos trazos mínimos con el tema hombre' queda garantizada por la existencia de petroglifos con estos diseños   o así   y aun como también ,   y   se cree, pues, que la relación hombre-víbora fue representada de muchas maneras.

Uno de los conjuntos mas importantes lo constituye un grupo de petroglifos de Guaimaraya donde parece representarse, nuevamente, el proceso de segmentación de la Serpiente que da origen a los cuatro ancestros (Ilustraciones 21, 22, 23).

Averiguaciones posteriores permitieron encontrar similitudes no sólo formales en el tratamiento de la relación hombre-sierpe en otras culturas extraamazónicas de ayer y de hoy; semejanzas que se dan no exclusivamente en el nivel gráfico sino también en el oral de los mitos y en el mimico de los rituales (Girard, 1976: 2027 y Ss.). Uno de los símbolos de Quetzacoatl (Sejourné, 1959: 183) conserva el trazo básico -línea almenada- tan recurrente en el grupo de petroglifos en donde se desarrolla el tema de la Canoa-culebra y/o el Hombre-serpiente, en especial en lós encontrados en la región de Guaimaraya. Igual ocurre con la representación de la serpiente originaria a quien los mayas identifican con su ancestro, tal como lo trae a cuento Girard (1966: 81). Conviene confrontar esta imagen con uno de los petroglifos sitos en Guaimaraya (Ilustración 24) en donde figuran apéndices vermiformes adosados al cuerpo central. En la estela funeraria de Ullumbe y en muchas otras de la plástica agustiniana (Preuss, 1974, plancha No. 8) encontramos el mismo trazo básico limitando el rostro o conformando otras representaciones de la serpiente. Entre los tukanos actuales se da con mucha frecuencia la misma representación que simboliza expresamente la Canoa-culebra (Reichel, l978a: 33).

11. Post scriptum

Este escrito conserva con algunas correcciones el texto del informe rendido a la Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales del Banco de la República de Colombia, en 1981. Conviene señalar, por su importancia, nueve eventos posteriores pertinentes, que serán tenidos en cuenta a fondo en la elaboración del volumen que se redacta actualmente y del cual el presente artículo es su núcleo fundamental:

a) el hallazgo en 1985 de un gran pedregal (Peñas Negras, arriba de Cuemaní, río Caquetá) con un buen número de conjuntos de pocetas naturales interconectadas por canalitos artificiales en asociación con figuras rupestres (ver Urbina, 1986:31 y ss.), obras que muestran analogías con la fuente de Lavapatas de San Agustín (Ilustración 25);

b) las evidencias suministradas por el equipo franco-brasileño comandado por Guidon que permiten remontar el arte rupestre suramericano (nordeste brasileño a una antigüedad por encima de los 20.000 años (Monzón, 1987);

c) el artículo de Alvaro Botiva "Arte rupestre del río Guayabero: pautas de interpretación hacia un contexto socio-cultural", editado en Informes Antropológicos No. 2, Ican, Bogotá 1986, excelente síntesis y comentario de las teorías sobre el arte rupestre amazónico;

d) la publicación en 1989 del articulo de Guillermo Páramo "Lógica de los mitos: lógica paraconsistente", en el que se hace uno de los aportes más significativos -a nivel mundial- sobre la problemática de la lógica y del mito;

e) la confirmación en 1990-1992 de la existencia de innumerables pictografías en la Serranía del Chiribiquete hecha por investigadores del Inderena, de la Universidad Nacional de Colombia y de una Misión española;

f) las evidencias arqueológicas presentadas por investigadores de la Fundación Erigaie, las cuales permiten remontar la fecha de ocupación humana de la región de Araracuara hasta los 9.300 años a.p., lo cual da pie para avanzar hipótesis acerca de la hechura de las obras rupestres en fechas no muy tardías;

g) la creación de la cátedra de Arte Rupestre en la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia por obra del profesor Guillermo Muñoz (1992), con lo que se reconoce plenamente a nivel universitario dicha problemática y su gran riqueza teórica,

h) la traducción -y próxima publicación- del libro de Preuss sobre la mitología de los uitotos (1921-1923), hecha por la lingüista Gabriela Petersen, profesora de la misma universidad, lo cual facilitará la confrontación con los corpus de mitos que se han recopilado en los últimos años, e

i) la constitución de resguardos durante 1988 en el antiguo Predio Putumayo, por obra del gobierno del Presidente Barco, que confirió el control' de las tierras ancestrales a sus legítimos dueños: los grupos aborígenes.

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