2. El paisaje y el hombre de las cordilleras, 7500 a. C. hasta hoy

Alturas Medias: la región calima

Para ilustrar la forma como interactúan los factores humanos y naturales para modificar el paisaje, podemos recurrir a un diagrama simple de polen (Figura 1) de la región calima en la cordillera Occidental de C una altura un poco mayor a los 1.200 metros sobre el nivel del mar y colaboradores, 1987).

El diagrama muestra la influencia del clima global, por ejemplo desplazamiento de los cinturones de vegetación (marcados por la retirada del cedro) a finales de la última glaciación, y en el retorno gradual condiciones más secas y frías (zona 5B) hace cerca de 700 años. Pero la historia del polen también se reflejan los efectos de la influencia del hombre sobre el paisaje. El primer polen de maíz hace su aparición hacia el año 5000 a. C., durante el período Precerámico, pero durante los siguientes cinco milenios el bosque predomina sobre el resto de vegetación. Luego, casi súbitamente y mucho después de aparecer cerámica hacia el año 700 a. C. (sin calibrar), vemos un cambio ecologico significativo. El período Yotoco se inicia por la época de Cristo (comienzo de la zona de polen 5A3) con un episodio de tala forestal masiva. Las gramíneas pasan a ocupar el lugar preponderante; hay un salto en el porcentaje de polen de maíz. Poco después se puede reconocer e los perfiles del suelo un fenómeno de erosión localizada y algo depósitos aluviales (Bray y colaboradores, 1988: 24-34). Por la misma época se produce un "fenómeno local" menor que también contribuyo a reestructurar el paisaje. La salida del valle de El Dorado se permitiendo el drenaje de un lago, y en lo que pasó a ser tierra el pueblo Yotoco construyó un sistema de campos drenados. En paisaje nuevo y más abierto, el gran número de puntos de caminos y cementerios sugiere que la población era relativamente grande.

Además, el descubrimiento de unas cuantas tumbas muy ricas es indicio de una jerarquía social. Según la mayoría de los criterios, el pueblo Yotoco había alcanzado un nivel de organización correspondiente al cacicazgo.

Diagrama de Polen de la Hacienda El Dorado, región Calima, cordillera Occidental, Colombia. Analisis de José G. Monsalve (Según Bray et al. 1987).


Las tendencias establecidas durante los primeros siglos de la era cristiana prevalecieron durante el período Sonso (aproximadamente desde el año 1200 hasta la Conquista), cuando la población parece haber alcanzado su pico y la mayor parte de la tierra se usaba para la agricultura o los asentamientos. Por último, con la pérdida demográfica acaecida durante la Colonia, buena parte del medio ambiente fue repoblado por bosques y permaneció en ese estado hasta que se reanudaron la tala y quema durante el presente siglo. En resumen, podemos identificar d fases de actividad agrícola: una primera (cuando había poca densidad demográfica o no estaba muy desarrollada la agricultura) la cual afecto sólo en forma mínima el paisaje, y otra posterior que introdujo cambios fundamentales. También ocurrieron cambios culturales, incluyendo posible reemplazo de un grupo étnico por otro en el momento de transición entre los períodos Yotoco y Sonso, pero sin ningún signo colapso. Los niveles de población (una simple medida biológica de eficiencia) se mantienen, y no hay indicios de tensión traumática hasta la Conquista. Por último, la regeneración acelerada del bosque muestra que el manejo que le dieron los indios a la tierra no inflingió daños permanentes a los suelos de las cordilleras.

Más al sur, en el valle de La Plata, una de las pocas zonas estudiadas sistemáticamente, la historia de los últimos dos milenios e semejante a la de la región calima, con un pico poblacional justo antes del contacto con los europeos (Brennan, 1985: 171-179). Podría argumentarse ahora que muchos de los elementos de este patrón son reconocibles también en las zonas altas de los Andes.

Las cordilleras altas, 7500 a. C. hasta nuestros días

La evidencia más completa proviene de una serie de estudios de polen realizados en la cordillera Oriental, especialmente en las turbas y lagos de las zonas de páramo por encima de los 2.500 m (van Geel y van der; Hammen, 1973; Schreve-Brinkman, 1978; Hooghiemstra, 1984; Kuhry,  1988). La secuencia se remonta hasta el Pleistoceno, pero me limitaré a describirla desde comienzos del Holoceno, hacia el año 7500 a. C.

a) 7500-5500/5000 a. C. (Zonas IV y V de polen en los Andes; intervalo X de Kuhry en el holoceno). El clima es algo más cálido que en la actualidad. El paisaje refleja que la intervención humana es mínima, aunque existe solamente un registro de polen de maíz en el Páramo de Peña Negra I, hacia el 6200 a. C. Este único polen de maíz probablemente fue arrastrado por el viento desde una altitud inferior.

b) 5000-1 000 a. C. (Zonas VI y VII de polen en los Andes; parte del intervalo Y de Kuhry). Es el clima más cálido y es el punto más alto de la línea de bosques. En la zona de páramo hay un número relativamente grande de registros de polen de maíz a partir del 4650 a. C., aunque, Kuhry (1988: 127) piensa que este polen proviene de actividades agrícolas adelantadas en altitudes inferiores sobre las pendientes orientales del valle del Magdalena.

c) 1000 a. C. - 150 d. C. La fecha del año 1000 a. C. (3000 BP) marca el comienzo de la zona VIII de polen en los Andes, constituyendo un límite climatológico que también se ha reconocido en la cordillera Central (Salomons, 1986) y en la Sierra Nevada de Santa Marta (van der Hammen, 1979). En todas partes, las temperaturas descendieron a los niveles actuales y aumentó la influencia humana sobre el paisaje. En las tierras bajas, cerca de la laguna de Agua Sucia en los llanos orientales, las llanuras abiertas surgieron hacia el año 1000 a. C. y tal parece que su aparición se debió en parte a la tala y quema de los bosques (Wijmstra y van der Hammen, 1966: 82).

Figura 2.
Cambios tentativos de temperatura (F), variaciones de humedad (G) e influencia humana en la vegetación natural (1-1) en la zona de páramo de la cordillera Oriental, Colombia (según Kuluy, 1988).


En las cordilleras Central y Oriental, la intervención del hombre se reconoce a partir del comienzo de la zona VIII de polen, intensificándose hacia las últimas centurias antes de Cristo, cuando la agricultura se diseminó desde las faldas bajas hasta las cuencas altas intermontañosas. En las zonas altas, estos acontecimientos están marcados por la disminución de los elementos forestales, el aumento de los pastos, la presencia de polen de maíz y la aparición de la primera cerámica en el registro arqueológico. En el refugio rocoso Zipacón I, a 1.550 metros sobre el nivel del mar, hay cerámica, maíz cultivado, batata y aguacate en un estrato cuya base ha sido fechada hacia el 1320 ± 30 a. C. (GrN-1 1, 125, Correal y Pinto, 1983). La tipología de la cerámica indica que este depósito se prolonga durante la mayor parte del primer milenio antes de Cristo. Los datos del polen indican que en el paisaje predominaba todavía el bosque, y los excavadores sugieren que los cultigenos (y también uno de los tipos de cerámica) provienen del valle del Magdalena, principal ruta de comunicación con el Caribe. Hacia mediados del primer milenio antes de Cristo, los sitios con cerámica y/o evidencia de actividad agrícola son demasiado numerosos como para enumerarlos uno por uno (véase Bray, 1984: 318).

d) 150 d. C. hasta la fecha. Con el establecimiento en las llanuras altas de los pueblos de agricultores que usaban la cerámica, la principal influencia sobre la vegetación es el hombre y no el clima. Hacia la época de Cristo, el bosque de la montaña prácticamente desaparece para dar paso a tierras pobladas de pastos y arbustos de la especie Nyrica. Hay un aumento de las quinopodiáceas-amarantáceas y una elevación en la curva de la Dodonaea (especie pionera e indicador de la erosión del suelo) en muchos de los diagramas de polen de la cordillera Oriental. Este incremento de la Dodonaea parece ser un marcador excelente de la agricultura indígena intensiva en dichas áreas (van Geil y van der Hammen, 1973: 88).

En resumen, en los Andes colombianos hay evidencia de la presencia humana a partir de la etapa lítica. En los diagramas de polen se aprecian indicios del cultivo del maíz a partir del quinto milenio, pero hacia principios de nuestra era (o unos cuantos siglos antes) hay una deforestación masiva y relativamente acelerada. En mi opinión, esto marca el surgimiento en los Andes de un paisaje dominado por la actividad agrícola humana.
A manera de corolario se podría agregar que, en ninguna de las zonas sobre las cuales tenemos información, parece haberse producido una interrupción importante en el crecimiento demográfico. Es probable que. las poblaciones numerosas y la agricultura intensiva pudieran haber causado algún daño local, pero no un deterioro generalizado o permanente del medio ambiente. En las zonas en que casi desapareció la población. indígena después de la Conquista, los suelos estaban en condiciones suficientemente buenas como para permitir la regeneración de los bosques. Esta regeneración se puede apreciar en los diagramas de polen de Calima, la cordillera Central (Salomons, 1986: 152-156) y la Sierra Nevada de Santa Marta (Herrera de Turbay, 1985).

En primer lugar, las zonas altas ofrecen algunos de los datos más importantes que poseemos y, en segundo lugar, los acontecimientos ecológicos de los Andes tienen repercusiones directas sobre los ambientes de las zonas bajas. Con referencia al valle del Magdalena medio, Jungerius (1976: 123) sostiene que la erosión generalizada del Holoceno puede atribuirse a la incisión permanente de las quebradas y el despeje dé la vegetación estabilizadora realizado por el hombre. Sobra decir que los grandes ríos de las tierras bajas nacen en los Andes y que el flujo de las aguas y la carga sedimentaria (dos de los factores críticos para la agricultura en las tierras bajas) son afectados directamente por la deforestación y la erosión del suelo en las zonas altas. Tras este preámbulo podemos entonces pasar a referimos a las tierras bajas del Caribe.

3. Adaptaciones de las sabanas y las tierras de inundación: la región del Sinú y la depresión de Mompós

A lo largo de la costa Caribe de Sudamérica el aire corre permanentemente hacia el oriente, produciendo divergencias atmosféricas y depresiones. Estos fenómenos hacen que buena parte de las costas de Colombia y Venezuela sean casi un desierto. A pocos kilómetros tierra adentro hay una franja ancha de tierras bajas en donde se alternan las lluvias y la estación seca (Parsons, 1980). En la actualidad, estas tierras bajas del Caribe son sabanas abiertas con grandes brazos de planicies de inundación, pero esto no siempre fue así.

 

 

 

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