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Figura 3.
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Gordon (1957) ha reunido los datos ecológicos e históricos
correspondientes a la región que se extiende entre el Golfo de
Urabá y el río Magdalena y su mapa resume la distribución cambiante
de los pastizales y los bosques desde la época prehispánica hasta
nuestros días. argumento fundamental de Gordon es que, pese a
ciertas fluctuaciones climatológicas menores, la vegetación natural
de esta zona es bosque follaje ancho. Sostiene que las sabanas son
antropogénicas, derivadas la actividad agrícola prehistórica, la
cual dio lugar a formaciones concretas de hierro y capas duras y
finalmente condujo al reemplazo de la cobertura arbórea original
por gramíneas racimosas y especies resistentes al fuego como son
las palmas. Los tres patrones diferentes que aparecen en la Figura
3, resumen el efecto de las poblaciones humanas cambiantes y de las
modalidades de uso de la tierra durante la época precolombina, ' la
Colonia y en años recientes.
Esto nos lleva de nuevo al tema de la deforestación y a preguntarnos de qué manera se adaptaron las comunidades indígenas de esta zona a un ambiente semiacuático el cual permanecía, en su mayor parte, inundado durante varios meses al año. La historia se relaciona con la construcción y el abandono (mucho antes de la Conquista española) de los sistemas hidráulicos más grandes y sorprendentes de la América indígena.
En la planicie de inundación del río Sinú se han identificado campos antiguos drenados (Plazas y Falchetti, 1986). La evidencia más completa proviene de un sitio ubicado a 90 km al oriente de la cuenca del San Jorge en la depresión de Mompós, donde un equipo multidisciplinario estudió un desarrollo cultural prolongada dentro del contexto de un ambiente inestable y cambiante.
La depresión de Mompós es un vasto delta interior de 6.000 km2 cuya altura promedio es de solamente 20 m sobre el nivel del mar. En esta depresión convergen las aguas de los ríos Cauca, San Jorge y Magdalena, los cuales rebosan su cauce e inundan gran parte de la zona entre abril y noviembre. Durante ocho meses del año, el paisaje está constituido por un complejo cambiante de ciénagas, pantanos, caños y ríos de diversas edades. La depresión tectónica es una trampa sedimentaria gigantesca que recibe la escorrentía de casi un 25% del país. Durante los últimos 7500 años, el promedio de sedimentos depositados ha sido de 3 a 4 mm por año. En el centro de la cuenca se han acumulado cerca de 30 m de sedimento durante los últimos siete milenios, aunque esta cifra es algo menor en los márgenes de la depresión. En compensación, el peso del sedimento ha causado, desde la época de Cristo, un hundimiento que oscila entre 1.8 y 5 m (Eidt, 1984: 73-86; Plazas y colaboradores, 1988).
La tasa de sedimentación no ha sido uniforme; su variabilidad tiene relación con las oscilaciones climatológicas, los cambios en el nivel del mar, la alteración del cauce del río Magdalena y también con la cantidad de material en suspensión arrastrado por los ríos que bajan de las cordilleras. Este es el factor que establece la relación entre los fenómenos andinos y la historia de la planicie de inundación. La pluviosidad abundante de las montañas aumenta los depósitos sedimentarios en la depresión de Mompós, tendencia que se acentúa debido a la deforestación y la minería. En épocas recientes, la deforestación en la cabecera del río San Jorge ha acelerado el proceso de erosión y acumulación de limo en los lechos de los ríos del sistema del bajo San Jorge, produciendo inundaciones prolongadas en áreas muy vastas (Parsons y Bowen, 1966). Estos fenómenos podrían explicar lo sucedido durante la deforestación prehispánica descrita en la sección anterior.
Pero el factor humano no ha sido el único que ha influido en el paisaje. En la Figura 4 aparecen los cambios climatológicos ocurridos en el área durante los últimos 3000 años. La cuenca está llena de bandas de turbas formadas durante las épocas de poca lluvia en las cordilleras y de sequía en las tierras bajas. Durante las épocas secas, el nivel de los lagos y los ríos desciende, se reduce el transporte de sedimentos y las áreas de inundación se encogen, mientras aumentan el depósito de turbas y el tamaño de los pantanos estancados, las sabanas y los bosques sabaneros invaden los que antes eran pantanos abiertos y en los canales hechos por el hombre se forman suelos orgánicos negros derivados de la vegetación. de pantano (Wijmstra, 1976; van der Hammen, 1986a; Plazas y colabora dores, 1988). La presencia de tres o cuatro suelos bien desarrollados, separados por estratos gruesos de arcilla, es representativa de unos períodos de estabilidad relativa (episodios más secos) separados por épocas de sedimentación acelerada.
Paralelo a estas oscilaciones climatológicas importantes hay un ciclo más débil con una periodicidad de 120 años aproximadamente, el cual es lo suficientemente marcado como para producir suelos negros en el sistema de canales, pero no lo bastante como para generar depósitos generalizados de turbas (Plazas y colaboradores, 1988: 64).
Los períodos de mayor sequía se deben a las fluctuaciones del clima global, y en las partes altas de las cordilleras (van der Haminen, 1986a), en los llanos orientales (Wijmstra y van der Hammen, 1966; Livingstone y van der Hammen, 1978) en la amazonia brasileña (Absy, 1979) y en los núcleos de hielo extraídos en Quelccaya, Perú (Thompson y colabora dores, 1985) se han reconocido episodios correspondientes. La secuencia de períodos húmedos y secos debe, por tanto, ser válida para todo el norte de América del Sur.
En la cuenca del San Jorge se han estudiado detalladamente los problemas relacionados con la necesidad de enfrentar las fluctuaciones del ambiente durante los últimos 3000 años (Plazas y Falchetti, 1981,1986; Plazas y colabóradores, 1988). El drenaje del San Jorge está cerca del límite occidental de la Depresión de Mompós, rodeado por sabanas ondulantes ubicadas a una elevación de 30 a 100 metros sobre el nivel del mar que se extienden hacia el occidente hasta el Sinú. Estos terrenos elevados forman parte del cinturón antropogénico de sabanas y carecían casi totalmente de árboles en la época de las primeras entradas españolas (Gordon, 1957). Plazas y Falchetti (1987) han trazado mapas de aproxima damente 500.000 hectáreas de campos y canales antiguos ubicados en la planicie de inundación del San Jorge y sus tributarios. Este amplio sistema hidráulico no tenía por objeto controlar las inundaciones únicamente, sino mejorar el contenido de nutrientes, el drenaje y la aireación de los campos de camellones en donde se hacían los cultivos (Eidt, 1984: 86-84). En un sitio a lo largo del caño Careta se encontró polen de maíz (Parsons, 1977), pero los datos de fraccionamiento de los fosfatos tomados de suelos antiguos señala la existencia de cultivos mixtos de maíz, yuca y otros tubérculos (Eidt, 1984). Este tipo de cultivo prevalece también en la actualidad.
La fecha aproximada de la primera ocupación de la tierra de inundación del San Jorge es el año 800 a. C., la cual coincide con la iniciación de un período seco que se prolongó durante más de 400 años. Es probable que estos primeros inmigrantes hayan llegado desde el occidente, porque su cerámica granulosa-incisa simple tiene relación con la de Momil y Ciénaga de Oro, en la región del Sinú. Poco después de llegar a la cuenca del San Jorge, este pueblo comenzó a construir canales, uno de los cuales, en Caño Pimienta, tiene una fecha de 810 a. C. ± 120 (GrN-14472). Otro canal, relacionado con un lecho desaparecido del Caño Carate, ha sido fechado hacia el 330 a. C. ± 80 (GrN-14475). De la plataforma de habitación del Cogollo es otra fecha uno o dos siglos posterior, asociada con un sistema de canales, parte de la cual está estratificada debajo de canales de fecha posterior y parte cubierta actualmente por las aguas de la Ciénaga de Los Patos. Por consiguiente, hacia la época de Jesucristo estaban bien establecidos los sistemas hidráulicos y comenzaba a desarrollarse la población en las planicies de inundación.
A partir del siglo I de la era cristiana hay evidencia de aldeas nucleares de aproximadamente 600 habitantes. Además, hace su aparición, junto con piezas de alfarería más antiguas, un estilo nuevo de cerámica (la tradición modelada-incisa). Esto marca el comienzo de una tradición cultural asociada con los zenúes protohistóricos, la cual florecía todavía en algunos sitios en el momento del contacto con los europeos. En el bajo San Jorge, el período comprendido entre los siglos III y IX fue una época de apogeo cultural. Los asentamientos fueron casi continuos a lo largo de los principales canales navegables; se usaron los túmulos para depositar entierros lujosos con piezas complejas de oro; los sistemas hidráulicos funcionaron a plena capacidad. Plazas y Falchetti (1987: 498) han contado más de 400 plataformas de vivienda en un sector de 1.400 hectáreas a lo largo de los caños Marusa y Barrancuda, y calculan una densidad demo gráfica cercana a los 160 habitantes por km en esta zona.
El uso de canales largos permitía que el agua corriera con mayor rapidez a través del sistema, reduciendo la sedimentación en la zona del canal y aumentando el depósito de material en los sectores bajos de la cuenca. En las áreas inundables, algunas zonas de 1.500 a 2.000 hectáreas fueron convertidas en tierra agrícola gracias a la construcción de carne llones cortos y poco espaciados.
El sistema no era estático. Los cauces de los ríos cambiaban; los canales viejos quedaban seultados debajo de las capas gruesas de sedimentación y se construían otros nuevos, no siempre conforme al patrón anterior. Los campos abandonados y las zonas de canales se convertían en zonas de asentamiento con plataformas de vivienda y, de esa manera, la remodelación era continua.
Durante siglos, la organización social y cultural de los zenúes adaptó su tecnología a las fluctuaciones climatológicas y a los cambios del sistema hídrico, pero a partir del siglo X se observa un abandono gradual de la zona de inundación. Este abandono no marca el final de los zenúes como tradición étnica y cultural. Algunos zenúes sobrevivieron sin perder muchas de sus costumbres y se localizaron en sitios que no estaban sometidos a las inundaciones, tales como Ayapel y Montelíbano en la cuenca del San Jorge, y las sabanas del drenaje del Sinú. En las crónicas españolas aparecen descripciones de estas aldeas zenúes y sus templos y montículos funerarios, pero en los escritos de la época de la Colonia no se hace referencia a las obras de drenaje ni a los sistemas hidráulicos.
Después de abandonadas, estas tierras inundables permanecieron deshabitadas hasta el año 1300 de nuestra era aproximadamente, cuando fueron ocupadas por otros grupos relacionados con los malibúes protohistóricos del valle del Magdalena. Estos pueblos trajeron consigo una nueva forma de cerámica (perteneciente a la tradición incisa-alisada) y construyeron sus asentamientos en los terrenos altos, cultivando la tierra pero sin usar los canales y camellones. Cuando las expediciones españolas vieron por primera vez la zona, las tierras inundables estaban prácticamente desiertas.
Las razones por las cuales los zenúes abandonaron la planicie inundable del San Jorge no son, en absoluto, claras. La conquista y la invasión pueden ser descartadas; lo que la arqueología muestra es un repliegue voluntario y progresivo. Este abandono coincide con la iniciación del periodo seco del siglo XIII, aun cuando el sistema había sobrevivido uno todavía más severo alrededor del 600 d. C. Un súbito traumatismo militar o ecológico no parece encajar en el cuadro por lo que tendríamos que considerar un tipo más insidioso de tensión; los costos de inversión crecientes involucrados en el mantenimiento de una población en aumento en un ambiente inestable. Tal vez el mantenimiento continuo y la reconstrucción del sistema hidráulico fue más de lo que la sociedad pudo soportar. Sea como fuera lo que eventualmente vino a reemplazar los grandes esquemas hidráulicos de los zenúes fue la horticultura de bajo costo y baja inversión de las comunidades malibúes.
En el San Jorge lo que sufrió la tensión fue un sistema ecológico artificial, no uno natural. La Conquista acarreó la usual disminución de población y relocalización de asentamientos. El bosque retomó a la planicie inundable (como ocurrió en las cordilleras), y la depresión de Mompós no se reabrió para el asentamiento hasta el siglo XIX cuando la moderna economía ganadera de transhumancia fue desarrollada (Parsons, 1980). Si los actuales experimentos de readecuación del viejo sistema de campos tienen éxito (Plazas y Falchetti, 1986) podremos ver de nuevo los camellones activos en la cuenca del San Jorge.

