Los macuna
La sociedad Macuna es un típico representante de la "cultura de selva tropical". Los macuna constituyen uno de los 15 a 20 grupos de habla Tucano que viven en el área comprendida entre los ríos Vaupés y Apaporis y a ambos lados de la frontera entre Colombia y Brasil en el noroeste amazónico. El siguiente perfil de la sociedad macuna está en parte basado en mis propias observaciones durante mi estancia entre ellos al principio de los años 1970, y en parte en una imagen, tal vez algo idealizada, de la sociedad macuna pintada por ellos mismos 3.
La población macuna comprende unos 500 habitantes, que viven en grandes casas comunales -llamadas malocas en la literatura etnográfica- distribuidas a lo largo de los ríos y las quebradas de la selva. En cada maloca viven de tres a cinco familias (15 a 20 personas) estrechamente relacionadas por vínculos de parentesco. Los macuna son horticultores de tala y quema, pescadores y cazadores. El alimento básico proviene de la yuca brava. La población está subdividida en clanes que están clasificados entre sí como hermanos o cuñados. Las alianzas matrimoniales no pueden ocurrir dentro del mismo clan ni tampoco entre clanes clasificados como hermanos, pero son altamente aceptados y recomendados entre clanes clasificados como cuñados. Los hombres de una maloca generalmente pertenecen al mismo clan; por lo tanto tienen que buscar esposas en otras malocas. Al casarse la mujer se va a vivir con la familia del hombre.
Cada maloca constituye una unidad política y económica relativamente independiente. Es como una pequeña aldea bajo un mismo techo. Cada familia nuclear tiene una identidad clara pero las actividades económicas están coordinadas dentro de la maloca como unidad. Cuando se tala y quema el monte para los cultivos, todos los hombres de la maloca participan -por lo menos idealmente-. El producto de la caza y la pesca se reparte entre los miembros de la maloca, y cada día debe compartirse mínimo una comida -si no todas- con las familias de .la maloca. Podemos decir que la maloca -al lado de la familia nuclear- es una unidad básica en la economía de los macuna.
Las mujeres son responsables de la agricultura. Son ellas las que siembran, cuidan los cultivos y recogen la cosecha. Los hombres son principalmente cazadores y pescadores. La economía familiar se basa esencialmente en una necesaria complementareidad, una interdependencia mutua, entre hombre y mujer. Fuera de esta básica división de trabajo no hay ninguna otra diferenciación económica en la sociedad macuna. Todos los hombres adultos son cazadores y pescadores y todas las mujeres agricultoras. Tanto los hombres como las mujeres disponen del conocimiento y los medios necesarios para el cumplimiento de los papeles económicos de cada uno. En otras palabras, el grupo doméstico controla los recursos para sobrevivir y vivir bien según el estándar y los valores de la sociedad macuna. La tierra, la selva y sus ríos, la caza y los peces pertenecen a todos. Cada clan es asociado tradicionalmente a un territorio determinado. Dentro del territorio de cada clan sus miembros son libres de cazar, pescar y tumbar monte para cultivar. El área cultivada y sus productos pertenecen al grupo familiar que los cultiva, pero cuando el cultivo se abandona -generalmente después de dos a tres años- y otra vez se vuelve selva, el terreno queda nuevamente a disposición del uso colectivo del clan.
Las mujeres trabajan en los cultivos todas las mañanas, hasta el medio día cuando el calor se hace insoportable. El resto del día lo dedican ellas a preparar la yuca para hacer el casabe (una torta de masa de yuca): se pela, se ralla, se exprime y se cocina sobre un tiesto. El trabajo de la mujer es continuo y parejo día tras día. El trabajo del hombre es, por el contrario, irregular y su producto, por tanto, también lo es. El hombre caza o pesca fundamentalmente para el uso inmediato de la familia. Las raras veces que se pesca o se caza en gran escala, el producto será ahumado y compartido con otras familias de varias malocas en vez de ser almacenado. Así los macuna viven bien; la dieta de casabe, pescado y carne está bien balanceada, y por lo general rica tanto en calorías como proteínas. Y esto con, relativamente, poco trabajo. Mientras que las mujeres trabajan, en promedio, tres horas diarias en los cultivos, los hombres gastan un poco más de dos horas diarias en caza y pesca.
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Cada maloca tiene a la cabeza un miembro principal -llamémosle jefe aun si su autoridad es limitada-. El es uno de los mayores y más respetados hombres de la maloca. El organiza la construcción de la maloca y su deber es ordenar y supervisar las actividades productivas de las diferentes familias que conviven en la maloca. El es el responsable de mantener la armonía de la maloca. Aunque una maloca es un mundo en sí, es a la vez parte de una sociedad más grande. Es por lo tanto también una de las más importantes funciones del jefe mantener buenas relaciones con las otras malocas y, en general, con el mundo "afuera"
Por medio de su habilidad política puede un jefe ganar influencia sobre otras malocas; así él también puede llegar a tener autoridad sobre un territorio entero. A éste lo llamaremos jefe territorial y para él son válidas las mismas limitaciones que para el jefe de maloca. Su autoridad depende de su reputación y habilidad. El no tiene ningún medio a su disposición para imponer a sus seguidores sus deseos, así que apenas él se hace indigno de su confianza deja de ser jefe -sus seguidores simplemente le abandonan-. Un jefe adquiere y mantiene su influencia por medio de duro trabajo y generosidad. El es un dirigente quien a través de su trabajo y comportamiento ejemplar se hace digno de ser imitado. El es sobre todo un anfitrión generoso; un apreciado jefe territorial invita frecuentemente a sus seguidores a fiestas, rituales en su maloca. En esas fiestas se consume gran cantidad de chicha y se mambea coca. En ciertas ceremonias importantes también se redistribuye pescado, carne y frutas del monte.
Además de que dichas fiestas dan la oportunidad a los habitantes de dispersas malocas de reunirse, conllevan un profundo sentido religioso; son efectivamente ritos comunales. El ritual dramatiza la creación del mundo y la maloca se convierte en un mundo mítico en el cual los actores del drama de la creación son los mismos participantes del rito. La danza representa simbólicamente el recorrido mítico de los primeros hombres, los antepasados de los clanes, desde el lejano sitio de origen en el este donde todos los ríos convergen, hasta la mitad del mundo donde las generaciones actuales viven. Bajo la ceremonia resucitan los antepasados y tejen un revitalizador contacto con los vivientes. Las repetidas danzas rituales recrean de esta manera en un sentido místico -pero para los macuna real- el primordial momento de la creación. Para los macuna las danzas rituales logran y mantienen el orden cósmico. Sin esa fuerza revitalizadora de los bailes el mundo caería, se quebraría, todo se volvería caos, lluvia y sequía vendrían sin orden. Los árboles frutales pararían de producir frutos, los ríos se secarían y las mujeres pararían de menstruar y dar a luz. El papel político del jefe es, por tanto, altamente religioso, puesto que es el jefe quien -en coordinación con el chaman- controla que las danzas rituales se realicen regularmente y de una manera correcta. En otras palabras, su autoridad política está íntimamente ligada a su papel religioso. En la sociedad macuna, religión y política son dos lados de la misma moneda.
Esta breve descripción de la vida económica y política de los macuna nos da una imagen de un típico representante de la cultura de selva tropical: una población dispersa en asentamientos relativamente pequeños e independientes, un orden social igualitario organizado alrededor de jefes locales con poder restringido y una economía elemental centrada en la maloca. La producción es guiada por las necesidades de los habitantes de la maloca y no por posibilidades técnicas o ambientales. Las familias tienen acceso a los recursos necesarios y ellas controlan la producción. Puesto que la repartición de la producción -cosecha, pesca y caza- se hace dentro de la familia y los parientes que habitan en la maloca, la distribución está regida por el principio de generosidad mutua y no de intercambio calculado. La fuerza motriz de esta economía, así como su limitación, radica en lo que nosotros podríamos llamar una ideología de antiexcedente. Por lo tanto, la ideología social de los macuna condena la explotación de los bosques y de los ríos más allá de la necesidad inmediata del grupo doméstico. El que caza y pesca más de lo necesario para satisfacer sus necesidades hogareñas, se cree, sufrirá sanciones sobrenaturales: enfermedades, accidentes o muerte. Los macuna creen tanto los animales de la selva como los peces de los ríos tienen sus malocas, las cuales son visibles sólo a los chamanes. Y también, como la gente, todas las diferentes clases de animales tienen su jefe, un Amo de los Animales quien les protege y les cuida. Si los hombres cazan y pescan más de lo necesario el Amo de los Animales se vengará sobre ellos.
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Mi trabajo de campo entre los macuna fue realizado entre
1971-1974. He publicado varios trabajos sobre los macuna; véase
Árhem (1977, 1978, 1981, 1984, 1987).
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