Ficha bibliográfica
Titulo:
Arqueología del cercado grande de los santuarios
Edición original: 2005-05-23
Edición en la biblioteca virtual: 2005-05-23
Creador: Helena Pradilla Rueda-Germán Villate Santander-Francisco Ortiz Gómez




INDICE




Foto 2. El lote Laboratorio-La Muela, sitio de los trabajos arqueológicos descritos en este artículo. | |
 

 

Foto 3. Zona del río La Vega o Farfacá | |.
 

 

Foto 4. Roca con pictografías en el río La Vega.

 


En el sitio objeto de este estudio existió una ocupación prolongada por una sucesión de grupos humanos distintos. En efecto, el estudio del material cerámico ha permitido establecer la presencia de dos ocupaciones que han sido referenciadas en diferentes lugares del altiplano: Herrera y Muisca. Al período Herrera -identificado como el de los primeros agricultores (Cardale 1987)- corresponden los vestigios más antiguos. Entre las actividades de las gentes de ese tiempo se encuentran la explotación de la sal y tal vez el trabajo de megalitos; a ellos se ha atribuido el trabajo del «Templo de Goranchacha» y de los demás litos hallados en la Universidad. Su cerámica -en la cual predomina una técnica de decoración con incisiones- es más abundante en los estratos más profundos y, en particular, en la parte plana de la Universidad | 1 . En términos generales, puede afirmarse que la cerámica Herrera es abundante hasta los siglos IX-X, y que luego su presencia disminuye drásticamente (Castillo 1984, EA 1988). El segundo conjunto cerámico -en el cual predomina la pintura como técnica de decoración- corresponde a los muiscas que aún habitaban el lugar a la llegada de los españoles y que seguramente permanecieron en él durante la primera Colonia. En el sitio objeto de este informe predomina esta cerámica propia de comunidades muiscas.

Foto 5. Monolito ubicado en predios de la UPTC

La investigación documental permitió determinar que el sitio aquí estudiado fue denominado por los primeros españoles |Cercado grande de los Santuarios, según consta en acta del Cabildo de la Ciudad de Agosto 14 de 1539 (ver sección Documental). Es sabido que se conocieron con el nombre de santuarios y adoratorios los templos donde los primeros españoles encontraban oro y los bohíos en los cuales los indígenas hacían ofrendas y entierros (Casilimas y López 1978; Londoño 1992), de manera que no es difícil aceptar que el yacimiento arqueológico investigado corresponde a un lugar que desempeñaba, a la llegada de los españoles, un papel espiritual y que tuvo importancia como sitio ritual de entierros perteneciente al asentamiento precolombino.

En efecto, el sector se distingue por una alta densidad de enterramientos humanos: por ejemplo, se han detectado 100 en la base del edificio central, 40 en las bases del edificio de Metalurgia, 37 en el invernadero de Hoja Caduca y 35 en el Laboratorio-La Muela. Es notoria la gran diversidad en cuanto a formas de enterramiento que debe reflejar, por un lado, los cambios que se dieron, a través del tiempo, en las costumbres funerarias y, por otro, la diferencia de condición y jerarquía de los individuos en una misma época.

Los entierros se agrupan a veces dentro de un bohío de habitación, como el de 3,5 m de diámetro excavado por Neila Castillo (1981) en el Huerto de la Colina, en cuyo interior encontró restos de un fogón y, bajo su piso, seis enterramientos. También, en la zona de los laboratorios de Metalurgia, el EA excavó un sitio de vivienda de 15m de diámetro con nueve entierros bajo un piso compacto. Otras veces, las tumbas se agrupan y se comunican entre sí; en el lugar que hoy ocupa el invernadero de Hoja Caduca, el EA registró siete tumbas relacionadas.

Pudieron determinarse distintas formas de cavar las sepulturas: pozos profundos de hasta 70cm, medios pozos de 35cm, pozos dobles y pozos con cámara. Desde el punto de vista de la disposición corporal se encontró que, en la mayoría de los casos, se recogieron los miembros superiores e inferiores del cadáver antes de colocarlo dentro de la tumba sentado o acostado hacia el lado derecho o izquierdo; sólo se tiene un caso de entierro en posición horizontal.

En el sitio objeto del presente informe, se encontraron dos bohíos de enterramiento contiguos -de 15 y 5m de diámetro- con 19 entierros en su interior. A diferencia del bohío de habitación, caracterizado por un sitio compacto sobre lajas de tumbas, en el de enterramiento se encuentran tumbas exteriores, restos de animales y plantas depositados como ofrendas, pequeños hoyos dejados por postes de posibles barbacoas, tierra compactada con inclusión de materiales orgánicos y restos de combustión. Sobre el piso del bohío se hallaron hondonadas sobre las cuales se sostenían los muertos, «canales» que unían los diferentes entierros y, en el perímetro del bohío, huellas de postes y canales de desagüe.

No obstante la destinación funeraria predominante, el material encontrado permitió también estudiar elementos de la vida cotidiana de los muiscas. El hecho de la muerte -manifestado culturalmente en las formas de entierro del cuerpo- se contrapone a la vida que se expresa con ofrendas de maíz, frijol, carne de animales diversos, herramientas, vasijas, etc. Es así como, con el estudio del ritual y las costumbres funerarias, nos adentramos necesariamente en la vida cotidiana de estos grupos humanos.

La mayor cantidad de huesos animales hallados en el área de estudio corresponde a venados y curíes. Posiblemente, el alto consumo de su carne -subrayado por los primeros españoles- guarde alguna relación con la destinación ritual del lugar. El testimonio de las crónicas sobre la abundancia del venado y sobre el manejo y reglamentación de la cacería, junto con la frecuencia del animal en el registro arqueológico, nos hace pensar en la existencia de un gran conocimiento sobre la especie, cristalizado en hábitos y en la necesidad de normas de manejo. Además, los restos de venado, que casi en su totalidad corresponden a la especie |Odocoileus virginianus -el venado de cornamenta- son de un tamaño superior al de ejemplares de otros registros arqueológicos: este mayor tamaño podría corresponder a las características de los venados de la zona fría, aunque también podría indicar un incipiente proceso de mejoramiento de la especie gracias a su manejo por parte de los muiscas (ver sección Fauna).

En cuanto a los curíes -también destacados por las crónicas como alimento frecuente- advertimos que, si se atiende, más que al volumen de carne consumida, al cálculo de número mínimo de individuos, resulta ser el animal más frecuente. Su abundancia parece natural ya que se trata de un animal doméstico sobre el cual no pesaban las reglamentaciones restrictivas que se impusieron al consumo del venado. En menor proporción se registran ratones, a veces enteros -cuando aparecen colocados a manera de ofrenda dentro de las tumbas- o fragmentados. Probablemente, fuera de contexto ritual constituían una carne apetecida, pues la etnografía de comunidades vivas como los tunebos así lo señala y ya los cronistas españoles se horrorizaban de su consumo.

Restos de aves, conejo, fara y lapa aparecen principalmente dentro del bohío de enterramiento pero, significativamente, un grupo de animales como el puma, los cánidos, el coatí de montaña y el cachicamo de las tierras bajas de oriente, aparece al sur del bohío en un área cuyo significado nos es desconocido. Los primeros animales -el venado, los ratones y el curí- proporcionaban alimento cotidiano; los segundos, en cambio, tienen sin duda un significado distinto. Se trata de animales menos frecuentes, que probablemente jugaban un papel simbólico diferente en la cultura muisca. También podemos afirmar que recolectaban caracoles -cuatro variedades diferentes- asociados a la dieta y al ritual.

1 A unos diez metros del sitio Laboratorio-La Muela, se excavó, en 1994, un enterramiento que creemos pertenece al período Herrera: el cuerpo estaba acostado con los miembros flejados, modalidad poco frecuente en los entierros muiscas del sector; los únicos objetos asociados al enterramiento, son dos tiestos grandes -pertenecientes al tipo Tunja Desgrasante Calcita del período Herrera- colocados sobre el cráneo, intencionalmente deformado. La datación de los huesos arrojó la fecha de 1680 ± 60 B. P. calibrada, y 1870 ± B. P. convencional (Beta 774951).

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