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INDICE
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Foto 2. El lote Laboratorio-La Muela, sitio de los trabajos
arqueológicos descritos en este artículo.
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Foto 3. Zona del río La Vega o Farfacá
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Foto 4. Roca con pictografías en el
río La Vega.
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En el sitio objeto de este estudio existió una ocupación
prolongada por una sucesión de grupos humanos distintos. En efecto,
el estudio del material cerámico ha permitido establecer la
presencia de dos ocupaciones que han sido referenciadas en
diferentes lugares del altiplano: Herrera y Muisca. Al período
Herrera -identificado como el de los primeros agricultores (Cardale
1987)- corresponden los vestigios más antiguos. Entre las
actividades de las gentes de ese tiempo se encuentran la
explotación de la sal y tal vez el trabajo de megalitos; a ellos se
ha atribuido el trabajo del «Templo de Goranchacha» y de los demás
litos hallados en la Universidad. Su cerámica -en la cual predomina
una técnica de decoración con incisiones- es más abundante en los
estratos más profundos y, en particular, en la parte plana de la
Universidad
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1
. En
términos generales, puede afirmarse que la cerámica Herrera es
abundante hasta los siglos IX-X, y que luego su presencia disminuye
drásticamente (Castillo 1984, EA 1988). El segundo conjunto
cerámico -en el cual predomina la pintura como técnica de
decoración- corresponde a los muiscas que aún habitaban el lugar a
la llegada de los españoles y que seguramente permanecieron en él
durante la primera Colonia. En el sitio objeto de este informe
predomina esta cerámica propia de comunidades muiscas.
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Foto 5. Monolito ubicado en predios de la UPTC
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La investigación documental permitió determinar que el sitio
aquí estudiado fue denominado por los primeros españoles
|Cercado
grande de los Santuarios, según consta en acta del Cabildo de
la Ciudad de Agosto 14 de 1539 (ver sección Documental). Es sabido
que se conocieron con el nombre de santuarios y adoratorios los
templos donde los primeros españoles encontraban oro y los bohíos
en los cuales los indígenas hacían ofrendas y entierros (Casilimas
y López 1978; Londoño 1992), de manera que no es difícil aceptar
que el yacimiento arqueológico investigado corresponde a un lugar
que desempeñaba, a la llegada de los españoles, un papel espiritual
y que tuvo importancia como sitio ritual de entierros perteneciente
al asentamiento precolombino.
En efecto, el sector se distingue por una alta densidad de
enterramientos humanos: por ejemplo, se han detectado 100 en la
base del edificio central, 40 en las bases del edificio de
Metalurgia, 37 en el invernadero de Hoja Caduca y 35 en el
Laboratorio-La Muela. Es notoria la gran diversidad en cuanto a
formas de enterramiento que debe reflejar, por un lado, los cambios
que se dieron, a través del tiempo, en las costumbres funerarias y,
por otro, la diferencia de condición y jerarquía de los individuos
en una misma época.
Los entierros se agrupan a veces dentro de un bohío de
habitación, como el de 3,5 m de diámetro excavado por Neila
Castillo (1981) en el Huerto de la Colina, en cuyo interior
encontró restos de un fogón y, bajo su piso, seis enterramientos.
También, en la zona de los laboratorios de Metalurgia, el EA excavó
un sitio de vivienda de 15m de diámetro con nueve entierros bajo un
piso compacto. Otras veces, las tumbas se agrupan y se comunican
entre sí; en el lugar que hoy ocupa el invernadero de Hoja Caduca,
el EA registró siete tumbas relacionadas.
Pudieron determinarse distintas formas de cavar las sepulturas:
pozos profundos de hasta 70cm, medios pozos de 35cm, pozos dobles y
pozos con cámara. Desde el punto de vista de la disposición
corporal se encontró que, en la mayoría de los casos, se recogieron
los miembros superiores e inferiores del cadáver antes de colocarlo
dentro de la tumba sentado o acostado hacia el lado derecho o
izquierdo; sólo se tiene un caso de entierro en posición
horizontal.
En el sitio objeto del presente informe, se encontraron dos
bohíos de enterramiento contiguos -de 15 y 5m de diámetro- con 19
entierros en su interior. A diferencia del bohío de habitación,
caracterizado por un sitio compacto sobre lajas de tumbas, en el de
enterramiento se encuentran tumbas exteriores, restos de animales y
plantas depositados como ofrendas, pequeños hoyos dejados por
postes de posibles barbacoas, tierra compactada con inclusión de
materiales orgánicos y restos de combustión. Sobre el piso del
bohío se hallaron hondonadas sobre las cuales se sostenían los
muertos, «canales» que unían los diferentes entierros y, en el
perímetro del bohío, huellas de postes y canales de desagüe.
No obstante la destinación funeraria predominante, el material
encontrado permitió también estudiar elementos de la vida cotidiana
de los muiscas. El hecho de la muerte -manifestado culturalmente en
las formas de entierro del cuerpo- se contrapone a la vida que se
expresa con ofrendas de maíz, frijol, carne de animales diversos,
herramientas, vasijas, etc. Es así como, con el estudio del ritual
y las costumbres funerarias, nos adentramos necesariamente en la
vida cotidiana de estos grupos humanos.
La mayor cantidad de huesos animales hallados en el área de
estudio corresponde a venados y curíes. Posiblemente, el alto
consumo de su carne -subrayado por los primeros españoles- guarde
alguna relación con la destinación ritual del lugar. El testimonio
de las crónicas sobre la abundancia del venado y sobre el manejo y
reglamentación de la cacería, junto con la frecuencia del animal en
el registro arqueológico, nos hace pensar en la existencia de un
gran conocimiento sobre la especie, cristalizado en hábitos y en la
necesidad de normas de manejo. Además, los restos de venado, que
casi en su totalidad corresponden a la especie
|Odocoileus
virginianus -el venado de cornamenta- son de un tamaño superior
al de ejemplares de otros registros arqueológicos: este mayor
tamaño podría corresponder a las características de los venados de
la zona fría, aunque también podría indicar un incipiente proceso
de mejoramiento de la especie gracias a su manejo por parte de los
muiscas (ver sección Fauna).
En cuanto a los curíes -también destacados por las crónicas como
alimento frecuente- advertimos que, si se atiende, más que al
volumen de carne consumida, al cálculo de número mínimo de
individuos, resulta ser el animal más frecuente. Su abundancia
parece natural ya que se trata de un animal doméstico sobre el cual
no pesaban las reglamentaciones restrictivas que se impusieron al
consumo del venado. En menor proporción se registran ratones, a
veces enteros -cuando aparecen colocados a manera de ofrenda dentro
de las tumbas- o fragmentados. Probablemente, fuera de contexto
ritual constituían una carne apetecida, pues la etnografía de
comunidades vivas como los tunebos así lo señala y ya los cronistas
españoles se horrorizaban de su consumo.
Restos de aves, conejo, fara y lapa aparecen principalmente
dentro del bohío de enterramiento pero, significativamente, un
grupo de animales como el puma, los cánidos, el coatí de montaña y
el cachicamo de las tierras bajas de oriente, aparece al sur del
bohío en un área cuyo significado nos es desconocido. Los primeros
animales -el venado, los ratones y el curí- proporcionaban alimento
cotidiano; los segundos, en cambio, tienen sin duda un significado
distinto. Se trata de animales menos frecuentes, que probablemente
jugaban un papel simbólico diferente en la cultura muisca. También
podemos afirmar que recolectaban caracoles -cuatro variedades
diferentes- asociados a la dieta y al ritual.
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1
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A unos diez metros del sitio Laboratorio-La Muela, se excavó,
en 1994, un enterramiento que creemos pertenece al período Herrera:
el cuerpo estaba acostado con los miembros flejados, modalidad poco
frecuente en los entierros muiscas del sector; los únicos objetos
asociados al enterramiento, son dos tiestos grandes -pertenecientes
al tipo Tunja Desgrasante Calcita del período Herrera- colocados
sobre el cráneo, intencionalmente deformado. La datación de los
huesos arrojó la fecha de 1680 ± 60 B. P. calibrada, y 1870 ± B. P.
convencional (Beta 774951).
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