Es de aclarar que no hay contradicción entre lo que el anónimo
describe empleando términos de la generación de ego
|( «Primos
hermanos, hijos de dos
|hermanos o de dos
|hermanas se
llaman ni más ni menos q[ue] si fueran
|hermanos»), y lo
que el Diccionario de la Real Academia define con términos de la
primera generación ascendente
|( «Si es hijo [hija] de
|tío
carnal se llama primo hermano o carnal»). La posición
genealógica de los parientes conectantes es la misma en un caso u
otro, puesto que no será distinta la lectura cuando proyectamos la
relación entre «tíos carnales» para un ego de su generación siendo,
en tal caso, «dos hermanos o dos hermanas», como puede ser
fácilmente constatado en los diagramas.
En cambio, nos interesa resaltar que las clasificaciones del
parentesco se proyectan históricamente, notablemente aquí en tres
generaciones. Lo que afirma un primer resultado de la
argumentación: en cuanto el sistema se proyecta a través de las
generaciones, la clasificación adquiere un sentido sociológico que
progresivamente segmentado, adicionalmente demuestra la dificultad
del referente consanguíneo que guía la descripción de nuestros
anónimos. Y, por supuesto, el sentido provisional del cual he
partido.
Un resumen de estos últimos resultados permite concluir, en
primer lugar, que la terminología de parentesco muisca fusionaría
las generaciones extremas y opondría terminológicamente los afines
y los consanguíneos en las generaciones intermedias. Al vincular el
análisis del comportamiento de las clasificaciones del parentesco
de la generación de ego con el de las generaciones alternas, es
claro cómo de manera análoga al hecho que los hijos de un hermano y
una hermana son afines, puesto que la filiación se transmite a
través de uno de los géneros, lo que para el anónimo aparece como
distinción entre parientes patri y matrilaterales en la primera
generación ascendente lo que manifiesta es la oposición de dos
líneas de filiación entre quienes el matrimonio sería
permitido.
Y ello se apoya en una segunda conclusión. No obstante se han
despejado algunas confusiones he seguido muy de cerca la
descripción de las glosas de los Diccionarios. Estos destacan cómo
para precisar el contenido de las glosas, los anónimos
recurrentemente apelan a las relaciones entre parientes de por lo
menos dos generaciones. La dificultad estriba en que el propio
referente sociocultural les hace interpretar el parentesco muisca
desde un punto de vista consanguíneo aún para aquellas glosas que
ellos mismos consideran se refieren a parientes afines. Espero
haber demostrado que dicha perspectiva no sólo es equívoca sino
que, aún siguiendo sus propias descripciones, es demostrable que el
sentido clasificatorio de las glosas muisca hace evidente que los
vínculos de parentesco se transmiten a través de las generaciones
proyectando históricamente el sistema.
Para concluir, retomaré dichas características a partir de la
generación de ego observando la proyección de sus resultados
sociológicos según han sido analizados en otros sistemas
dravídicos. Dicho sistema se halla asociado con el intercambio
recíproco de hermanas verdaderas o clasificadas; en cuanto la
reproducción de una línea de filiación depende de la reproducción
de la línea alternativa con la cual dicha relación se establece, la
reciprocidad del intercambio deberá ser garantizada a través de las
generaciones. A la larga, el sistema retiene la oposición de los
consanguíneos y los afines a través de las generaciones,
particularmente capturada por el anónimo en la proyección
generacional de la descripción de las glosas para los denominados
«primos segundos». En breve, la reproducción del sistema y, con
este, de la sociedad, se basa en la proyección histórica de la
alianza. En el gráfico que sigue la proyección a través de las
generaciones incluye las glosas en las generaciones
intermedias.