Pero también, las comunidades del altiplano, la Sierra Nevada de Santa Marta y las llanuras del Caribe colindaban y estuvieron unidas, a través de zonas intermedias, a la esfera de influencia de extensas regiones al oriente: el occidente venezolano, las Antillas y el Orinoco. Aunque poco sabemos del desarrollo de la metalurgia a través del tiempo en estas últimas regiones, las fuentes documentales hablan de numerosos centros de producción y del intenso intercambio en que se vieron involucrados139 Allí, entre grupos de distinta extracción cultural y lingüística —principalmente carib y arawak.— y con organización diferente, la función de la metalurgia tuvo una orientación sensiblemente distinta. Como lo ha señalado Whitehead ( 1990), una de las razones de la ausencia casi total de hallazgos en esa parte del continente podría ser que las prácticas sociales o rituales específicas de cada grupo —como las ofrendas o las costumbres funerarias— no serían la razón principal de la producción metalúrgica. Esta utilización se menciona en muy pocos casos en las fuentes documentales. El uso de piezas metálicas sería más bien extensivo y orientado principalmente hacia un intercambio regional que reforzaría los lazos de poder entre élites de distintos grupos. Es éste el tipo de intercambio tan detalladamente analizado por M. Helms (1987) para estas regiones y que también fue común en la esfera de influencia del norte de Colombia y el istmo Centroamericano140 La distinción fundamental entre la producción y uso de la metalurgia en esas dos esferas de influencia radicaría entonces en la orientación básica de su función dentro de las sociedades, hecho seguramente relacionado con diferencias en la misma naturaleza de la organización y estructura social.

Existen aspectos simbólicos que trascendieron todo tipo de fronteras en esas extensas regiones que compartieron el uso de la tumbaga y la particular tecnología a ella asociada, y también piezas con forma, tema e iconografía similares. El valor simbólico de metales y objetos fue la esencia de su «poder» y la razón principal de su importancia en el intercambio.

Como lo ha advertido H. Lechtman (1975), las tecnologías son sistemas simbólicos en sí mismos ligados a sistemas de creencias particulares. Serían así fundamentales los conceptos implícitos en la estructura, color, brillo y aún el olor de los metales y en la manera como son transformados mediante los procesos metalúrgico141 Así debió ocurrir con las propiedades de la tumbaga y con las técnicas de fundición, la aleación del oro con el cobre y el dorado por oxidación. Citando algunos ejemplos, el lustre y olor de la tumbaga influyó en que piezas de este material fueran tan apreciadas por las comunidades de las Antillas, quienes no las producían pero las obtenían por intercambio del continente, región que denominaban la «isla de guanin», fuente ancestral de la tumbaga También, la mitología de los tukanos del noroeste amazónico mantiene aún viva la importancia simbólica del cobre y de la tumbaga142 con sus colores rojizos y connotaciones de fertilidad, y del proceso de transformación de los metales mediante la fundición y las aleaciones: éste se equipara a un desarrollo embriónico que en el mito se asocia a la secuencia de colores —amarillento, rojizo, cobrizo— por que pasa la luna, una vez fertilizada por el sol143.

El uso generalizado del dorado por oxidación señala la preocupación en dar esa apariencia relacionada con el color del oro, tal vez por su asociación con la energía fertilizadora del sol, un símbolo aún tan vivo, por ejemplo, en la mitología de los koguis, quienes exponen al sol las piezas de oro heredadas de sus ancestros para recargarlas y restablecer su fuerza vital144. Aquella tecnica no implica solamente recubrir la pieza con el oro sino incluir este metal como constituyente de la misma. Tal vez esto exprese —como lo ha planteado H. Lechtman (1975)— la necesidad de que la energía del oro formara parte de la esencia misma de la pieza.

 


 

139
Ver, por ejemplo: Langebaek 1989-90 Whitehead 1990.
140
Helms 1979.
141
Ver: Reichel-Dolmatoff 1981: 31.
142
Guanín: tumbaga. Ver: Whitehead 1990
143
Reichel-Dolmatoff 1981: 20-23
144
Reichel-Dolmatoff 1981: 26.
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