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Aspectos simbólicos compartidos por los pueblos del norte del continente se traslucen además en ciertos temas, como las aves con alas desplegadas, con casi dos mil años de historia. El hombre-ave, es un tema frecuente en muchas mitologías, un elemento conceptual que forma parte de un pensamiento mítico americano relacionado con los poderes de transformación del chamán145. En la orfebrería, estos conceptos también se expresan en piezas del sur occidente colombiano, como en los pectorales hallados cerca a Popayán y también, en los pectorales acorazonados146 que, producidos desde el auge de la tradición metalúrgica antigua de esas regiones, sobrevivieron hasta épocas más tardías. Esta manera particular de interpretar la transformación del hombre en ave aparece desde el altiplano nariñense al sur, hasta las regiones centrales del país, cubriendo buena parte de los valles de los ríos Cauca y Magdalena147 (Mapa No. 2). Influenció, como vimos, a los muiscas del altiplano cundiboyacense, quienes adoptaron la forma básica en algunas de sus piezas, pero transformándola en la mayoría de los casos, dándole la interpretación distinta que caracteriza a los pueblos del norte: el ave con alas desplegadas, claramente diferenciable, con distintos elementos que la humanizan como son figuras y rostros humanos o un cinturón y que tiende a ser representada con múltiples cabezas.
Estos elementos particulares son evidentes desde que las aves «internacionalesn fueron producidas en el norte de Colombia y la baja Centroamérica e interpretaciones locales del tema se integraron en algunos estilos regionales. Desde entonces, la manufactura e inter cambio de estas piezas cobró fuerza en extensas regiones, continuó hasta la conquista española y su valor simbólico aún perdura entre algunas comunidades. Existen referencias documentales sobre «águilas» de oro, para el istmo centroamericano, el norte de Colombia, las Antillas, el occidente venezolano, las Guayanas y los llanos orientales. En la región de la Sierra Nevada de Santa Marta, los conquistadores observaron frecuentemente el «oro de águilas y señalaron la presencia de estos pectorales o colgantes como parte del atuendo de los indígenas del área:
«... traen orejeras de oro, y en las narices moquillos de oro, patenas, y águilas de oro en los pechos... »148
Más al oriente, observaron águilas de oro y de tumbaga en cercanías del lago de Maracaibo donde formaron parte del intenso intercambio de las comunidades de esta zona con las de la Sierra Nevada de Santa Marta y del Valle de Upar:
«...estas águilas se nombran en muchas partes...que son piezas de oro llanas, en figura de aguila abiertas las alas y delgadas, y pequeñas y mayores e otras más gruesas, de oro de diversos quilates e diferentes leyes...e otras encobradas.»149
En los llanos orientales, un español advirtió el uso e intercambio de pectorales en forma de ave con múltiples cabezas, cuya descripción hace pensar en las piezas manufacturadas por muiscas y taironas:
«... y estando él y otros soldados con el dicho vecino, reconociendo la tierra de los Llanos, vino a este testigo y a los demás un indio de la tierra adentro de los dichos Llanos, que según pareció después era mercader.. ..
«..y que asimismo vio este testigo un águila de oro que el dicho indio traía, que tenía siete cabezas de un oro muy fino que tiraba de puro fino a verde; la cual águila pesaba hasta cincuenta y cuatro o cincuenta y cinco pesos. Y preguntado el dicho indio que de dónde traía aquella pieza con otros que rescataron soldados secretamente, el dicho indio dijo que de la tierra adentro a donde había otras sierras como estas de este Nuevo Reino... »150
Las aves con alas desplegadas y múltiples cabezas, también fueron populares en la región del Orinoco y en las tierras altas de Guayana, donde un «águila» bicéfala dragada recientemente del río Mazaruni, confirma las descripciones de las crónicas, abriendo nuevas posibilidades para el estudio e interpretación de la producción metalúrgica en el legendario «dorado de Manoa.»l5l.
Entre los wayúu de la Guajira, las piezas en forma de ave, obtenidas por intercambio, han sido tradicionalmente artículo de dote, símbolo de filiación clánica, objeto de intercambio y adorno de fiestas especiales152. En el siglo XVIII, en la región de Riohacha:
«Estos indios bravos que, viven en el monte del Rio de Hacha también pescan conchas...Lo que sólo apetecen es águilas de oro, y celebran mucho a San Juan. Alli el modo de contratación es: esta águila o este tabaco o vino, etc., por tantas conchas cerradas haya o no haya perlas adentro...»l53
Cuando se realiza un matrimonio entre familias wayúu que habían sido enemigas, el acercamiento se realiza presentando uno de los dos objetos sagrados de este tipo aún existentes en la Guajira: un «águila» de oro con dos cabezas154.
También, el último cacique de Talamanca en Costa Rica, suspendía de su cuello varios colgantes de oro en forma de ave, heredados de sus ancestros, como símbolo de su prestigio tradicional155. Tradicionalmente entre los Bribris (talamanqueños), el «águila» -originalmente de oroera posesión importante de personas con jerarquía social. El águila, o una representación simbólica de este elemento, debía acompañar a estos individuos después de la muerte:
«Murió en la noche, y a la mañana siguiente se colocó el cuerpo en la hamaca y fue cubierto con género de corteza de árbol. ..Encendióse un fuego entre cánticos...Era éste el fuego sagrado. . Duró la ceremonia como una hora, hasta que todos los instrumentos y armas que el difunto había usado, fueron representados por un montoncillo de semillas y astillas, sobre el algodón. Pero el difunto era un grande hombre y su «águila» no podía olvidarse. Cortóse una ruda representación de ella en la cáscara de la raíz de yuca, y se colocó en lo más alto de sus otras propiedades... »156
La tumbaga y su tecnología y las aves con alas desplegadas son buenos ejemplos de creencias compartidas por muchas comunidades dispersas en extensos territorios del norte de Suramérica y de la baja Centroamérica (Mapa No. 2), materializadas en objetos sagrados cuyo valor estaba precisamente en el simbolismo que encerraban en su material, tecnología e iconografía.
Distintas comunidades adaptaron esos elementos a su propia organización y sistemas de creencias. La expresión particular de rasgos compartidos, es más cercana entre comunidades con vínculos ancestrales aún vivos en mitologías actuales, como es el caso de los grupos de la Sierra Nevada de Santa Marta y el altiplano cundiboyacense, cuyo parentesco se refiere además a su pertenencia a una misma familia lingüística, a su estructura social y de pensamiento. De la misma manera, se aprecia una cercanía particular entre los cacicazgos del norte de Colombia y la baja Centroamérica, cuya unión ancestral mantuvo siempre su fuerza tradicional, y donde distintas sociedades los grupos chibchas y sus vecinos atribuyeron a la metalurgia funciones muy propias en la vida social y ritual.
145 |
ver: Reichel-Dolmatoff 1988. |
146 |
La interpretación de estas como expresion del «vuelo charnamico.. fue realizada por Reichel-Dolrnatoff 1988. |
147 |
Ver Falchetti 1978. |
148 |
Vasquez de Espinosa. Comprendio y Descripción de las dias Occidentales. En: Duque Gómez 1958: 322. |
149 |
Oviedo 1537/1944: III |
150 |
Santafè 1576 En: Friede 1976: VII 118-119. |
151 |
Ver Whitehead 1990. |
152 |
Ver: Langebaek, 1989-90: 219 |
153 |
Santa Gertrudis 1775/1970: I, 103 |
154 |
Betania 1964: 108-109 |
155 |
Ferrero 1981: fig. 34. |
156 |
Gabb, William. On the in chan Tribes and Languages o Costa Rica. 1875. Traducción: Tribus y lenguas indígenas de Costa Rica. Revista del Archivo Nacional XXXIII: 303-456. San José, 1969. En: Bozzoli 1986: 110-111. |

