En la Amazonia, cuando se sigue la tradición, los bancos rituales se confeccionan con maderas muy duras, denominadas genéricamente palos-de-corazón. Pertenecen al mismo taxón en el que entran las especies arbóreas de donde se extraen los grandes postes de las malocas, las inmensas casas comunales. Estos postes con frecuencia son reutilizados en la construcción de las nuevas moradas. Así se convierten en símbolo de la conexión que debe existir entre la realidad destruida y la nueva forma. El mito uitoto de la reposición del mundo luego de ser aniquilado por el diluvio de agua hirviente, habla de cómo el nuevo se hizo posible gracias a la permanencia de unos palos-de-corazón. Ellos crean el vínculo entre lo periclitado y lo que comienza a ser vigente.
Respecto a estos palos-de-corazón y su simbolismo, transcribo a continuación fragmentos del mito uitoto narrado por el abuelo muinane José Garcia. Se trata de un relato (Urbina, 1982: 21 ss., y 1986: 112) cuyo tema central es el origen del tabaco, elemento indispensáble para rehacer la humanidad y la cultura que han sido aniquiladas por el diluvio de agua hirviente, la catástrofe cósmica causada cuando un héroe pícaro (Kechatoma, el Tuerto, compañero del fundamentoso Jitoma, el Sol) atenta contra la esencia (tuétano) de un animal.
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En este mundo no habla nada,
ni selva, ni serranías
y tampoco nosotros -los hombres- hablamos aparecido.
Estaba el mundo solo y triste.
Entonces,
por mandamiento de Dios apareció Buinaima.
Él buscaba por todos los rincones
después que habla pasado el diluvio y decia:
-¿A quién podria preguntar?
¿Con quién podria hablar?
Pues yo soy hombre.
Yo soy brujo.
Yo soy poderoso.
Yo soy el que conoce a Dios.
¿Quién habrá que me responda?
Asi andaba por el mundo...
No habla hierba. No había nada.
Apenas estaba mermando el diluvio,
enfriándose el agua.
Él continuaba andando,
escuchando,
preguntando,
conversando consigo mismo.
A nadie encontraba.
Nadie contestaba.
Entonces,
apareció una mujer en medio de la playa
que se formó al bajar las aguas.
Era una isla seca en medio del mundo.
Alli se formó una mujer.
Era sapo.
Sapo venenoso.
Pero en ese tiempo era gente.
Era como sirena.
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Ella cantaba solita
y ese hombre andaba escuchando,
poniendo atención,
pero nada oía;
ni mosca,
ni zancudo,
nada.
Ningún animal hablaba.
El hombre andaba lleno de tristeza.
A media noche oía cantar a ese sapo (...)
Entonces él caminaba y caminaba y caminaba.
Descansaba un rato y luego,
otra vez,
caminaba y caminaba.
y al otro día ella cantaba nuevamente en medio de la noche.
Él seguía acercándose,
acercándose.
Llevaba tres días de camino:
día y noche buscando quién cantaba en medio de la noche.
Por fin llegó al lugar donde cantaba esa mujer.
(...)
El hombre al verla al otro lado del agua
se puso muy contento (...) y dijo:
-Yo vine (...) para ver si quieres ser mi compañera,
para ver si me quieres acompañar en este mundo.
(...)
¡Ven donde yo estoy!
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y así respondió la mujer:
-Cómo es que yo, siendo mujer,
deba ir a buscarte?
Has de ser tú, por ser hombre,
quien debe venir a buscar la mujer.
Entonces, Buinaima dijo:
-Pero, ¿cómo voy a pasar?
Estás rodeada de agua.
y la mujer replicó:
-¿Es que no vas a encontrar,
ahí, donde estás,
una rama, un bastón,
algún resto del mundo destruido?
Coge unos palos-de-corazón,
una rama,
y golpea con ella el agua.
Verás que ha de quedar como un camino.
Asi, lo hizo,
por ese sendero corrió Buinaima
y llegó por fin donde ella estaba.
(...)
He de dejar sin comentar con suficiencia esta interpolación bíblica que nos recuerda de inmediato el episodio del cruce del Mar-de-1as-cañas (un pantano) por parte de los israelitas a cuyo frente iba Moisés portando su bastón-de-poder. Diré, al menos, que se trata de una lectura abiayalense del pasaje del Antiguo Testamento (Ex 14), el cual queda incluido armónicamente dentro de un mito amazónico porque éste tiene la capacidad de acogerlo estructuralmente; de lo que se trata es de destacar el poder residente (kratofania) en un madero. Al fin de cuentas los dos sirven para inaugurar nuevos mundos: el de la Tierra prometida al final del Éxodo y el del mundo renovado y confirmado por la acción demiúrgica del héroe cultural Buinaima.
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En antigua, entre algunos clanes uitotos y muinanes, los bancos estaban sujetos a una cuidadosa elaboración que daba como resultado cuidadosas tallas de madera con representaciones de ciertas bestias, entre las que figuraban especialmente animales cavadores. Este mismo simbolismo lo reporta Reichel (1986: 139) para los tukanos orientales. Se trata de animales tales como el armadillo (Dasypodidae), o el oso hormiguero (Myrmecophaga tridactila) que escarban la tierra; el primero se profundiza. El comportamiento de esos animales vehiculiza el pensamiento -lógica de lo concreto- para visualizar eso de ahondar en un conocimiento, en "ir abajo a sacar lo esencial". Para los uitotos y muinanes conocer equivale a sacar del fondo.
Con el remozamiento cultural que se está dando en algunos grupos uitotos y muinanes (efecto de la concientización y aplicación de la nueva Constitución Política), lo cual se manifiesta en la profusa construcción de malocas, comienza a darse un renacer de los. bancos.
El banco es visto como el asiento (fondo, recipiente, sede, fundamento) de la tradición ancestral.




